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Una tumba que durase para siempre, una mansión eterna para el Rey-dios, era una necesidad imprescindible del culto a los muertos. Durante el siglo comprendido entre los años 2650 y 2550 a. de J.C., la riqueza humana y material de la nación debió de consumirse en gran medida para este único propósito. Para construir la gran pirámide de Kheops necesitáronse probablemente más de dos millones de grandes bloques de piedra caliza, algunos de los cuales pesaban hasta 15 Tm. Si bien la cifra de 100.000 obreros, indicada al historiador griego Heródoto por los intérpretes de su época, parece actualmente muy exagerada, en realidad debió de ser considerable el número de hábiles artesanos que tuvieron que trabajar continuamente en esa obra, y todo ello debió de reprentar una notable hazaña de organización. La posición astronómica de las pirámides, para cumplir con los requisitos del culto del dios solar Ra, la realización de los planos del edificio y la obra de albañilería de cada una de las piedras, especialmente en los corredores y cámaras interiores, todo ello se logró con una exactitud asombrosa.
El artífice de esta revolución cultural es el ministro-consejero del rey Djeser, su visir (como será llamado más tarde), de nombre Imhotep. Cuando los griegos conquistaron Egipto, Imhotep era aún considerado como un dios, y Manetón nos dice: A causa de su ciencia médica es considerado por los egipcios como Esculapio. El fue, también, quien halló el procedimiento de la piedra tallada para la construcción de monumentos... Djeser se interesa por Nubia (al sur de Assuán), Snefru lleva a cabo campañas en Nubia y en el Sinaí, al igual que Cheops. Este último, imitado por Chefrén y por Micerinos, levanta en la meseta de Gizeh las grandes pirámides, consideradas por los griegos como una de las Siete Maravillas del mundo. El hecho más notable del Imperio Antiguo -exceptuando su civilización material- es la transformación de la religión. Djeser había elegido Menfis como capital, lo cual no significa, evidentemente, el abandono religioso de Tinis y de Abidos, la ciudad de Osiris, pero permite una evolución religiosa durante la IV dinastía. Los sacerdotes de Heliópolis, ciudad cuyo dios principal es Ra, dios del Sol, parecen haber ganado influencia poco a poco en la corte, y los primeros reyes de la V dinastía (Userkat, Sahure) se hacen llamar "hijo de Ra"; es el principio de los faraones de la estirpe solar.
El rey (que desde la época tinita es ya Nesut-bit y Nebti) adquiere dos nuevos títulos: "Horus de oro" y sa-Ra (hijo de Ra). Su palacio es la "Gran Casa", Peraa (vocablo del que los griegos sacaron faraón: "el que vive en la Gran Casa"). Su nombre está rodeado por una línea ovalada (shenu) que simboliza el reinado del faraón sobre todo lo que está circundado por el Sol. El rey de Egipto es un monarca absoluto: Sus funcionarios y oficiales actúan según sus deseos (y no en virtud de una ley, por ejemplo). El funcionario principal es el consejero del rey, su visir (función que no aparece verdaderamente hasta el reinado de Snefru; Imhotep ha sido llamado abusivamente "visir de Djeser"). El visir acumula las funciones de primer ministro y de ministro de Justicia, de Agricultura y de Hacienda. Con intermedio de numerosos funcionarios, ayudados en sus tareas por los escribas, centraliza el cobro de los impuestos en especies (los productos de cultivo son acumulados en el doble granero, cuyo nombre evoca el dualismo entre el reino del Norte y el reino del Sur). La agricultura general del país está vigilada -casi diríamos "planificada"- por la administración general. Cada nomo tiene una organización sujeta al poder real. Los egipcios son, sin duda, el primer pueblo de la Tierra que estableció la omnipotencia de la burocracia: Jefes, subjefes, directores, directores adjuntos, son enumerados en el documento, acompañados de una pléyade de escribas. Los principales de éstos eran llamados jefes del secreto. Toda esta organización impresiona por su autoritarismo. No olvidemos que el problema fundamental para este pueblo de agricultores es el agua. El país está surcado por una red de canales, que es necesario vigilar, conservar y distribuir. Las tierras, que pueden pertenecer a particulares, son en su mayor parte tierras reales. El faraón es "dueño de los oficios", "jefe de los sacerdotes", etc. Semejante régimen exige inventarios y censos constantes. Pero el Estado, en la persona del faraón, no es sólo el dueño de los bienes de Egipto, sino el que asegura la circulación y consumo de los mismos. El doble granero es una reserva para los años de escasez, un ahorro impuesto, cuyo gerente es el rey. Por otra parte, el epíteto atribuido alguna vez al faraón, "el que gobierna los alimentos de todos los vivos", es bastante característico de este régimen, en el que se mezclan el estatalismo, el socialismo y el paternalismo. Un Estado centralizado no es cómodo de sostener cuando los medios de comunicación son difíciles. Cuanto más alejado se encuentra un nomo de la capital, más tentado está su jefe -el nomarca- de actuar como un pequeño faraón local. Bajo el Imperio Antiguo, el control de la provincia estaba en manos de los inspectores reales que recorrían el país. El sistema empezó a flaquear cuando las prodigalidades faraónicas comenzaron a mermar seriamente sus tierras y sus riquezas; a fuerza de distribuirlas, el rey se empobreció. Desde la IV dinastía, este estado de cosas se manifiesta por una decadencia de la autoridad central, cosa que llevará, poco después, a una era de disturbios y de vicisitudes llamada período intermedio.
En el Imperio Antiguo, las sepulturas se convierten progresivamente en obras colosales gracias al empleo de la piedra, tallada según una técnica que la tradición hace remontarse hasta Imhotep. Según su construcción, estas tumbas reciben el nombre de mastabas, pirámides escalonadas o pirámides. Heródoto fue el primero en explicar la construcción de las pirámides, en un relato tenido durante mucho tiempo por verídico (Heródoto II/124-126) y cuyo asunto es la crueldad de Cheops. A decir verdad, nada sabemos referente a estos constructores; sólo que aún se les tributaba culto en la Epoca Baja, lo cual nos obliga a pensar que no dejaron tan mal recuerdo en la memoria de los egipcios. He aquí los principales pasajes del texto de Heródoto: Cheops condenó indistintamente a los egipcios a trabajos de obras públicas. Unos fueron obligados a tallar piedras en las canteras de la cordillera arábiga y a arrastrarlas hasta el Nilo; otros a recoger estas piedras, que eran llevadas a través del río en barcazas, y llevarlas a las montañas de la parte de Libia. 100.000 hombres, relevados cada tres meses, estaban ocupados continuamente en estos trabajos; y costó diez años, durante los cuales el pueblo no cesó de estar abrumado con sacrificios de toda clase, sólo trazar un camino para acarrear las piedras, trabajo no inferior a la construcción de una pirámide... La edificación de la pirámide que lleva su nombre costó veinte años más de trabajo. Esta pirámide es cuadrangular, cada cara tiene ocho plethres de largo por una altura igual (ocho plethres representan aproximadamente 246 m). Toda ella está construida con piedras pulimentadas, ajustadas con el mayor cuidado (ninguna mide menos de treinta pies). Según el procedimiento empleado en la construcción de la pirámide, sus caras representaban primeramente una escalera en forma de peldaños. Cuando estuvo acabada y llegó el momento de revestirla, se utilizaron, para levantar las piedras destinadas a tal fin, unas máquinas de madera de pequeño tamaño. Una de estas máquinas alzaba la piedra que tenía que ir en la cumbre y la transportaba al primer escalón de la pirámide. Una vez allí, otra máquina la llevaba al segundo escalón, y así sucesivamente, caso de que hubiera tantas máquinas como escalones; o bien era la misma máquina, fácil de trasladar, la que servía para el transporte de todas las piedras... Sobre una de las caras de la pirámide se anotó en caracteres egipcios la cantidad de rábanos, cebollas y ajos consumidos por los obreros. Si recuerdo bien lo que mi intérprete me ha dicho al traducirme la inscripción, solamente el gasto en dichos alimentos se ha elevado a 1.600 talentos de plata (unos 75 millones de pesetas)... Cheops, para atender a sus gastos, llegó a tales excesos que, falto de recursos, exigió a su hija que se prostituyese y le procurase así todo el dinero que pudiese. No me han dicho la suma que consiguió por este medio, siguiendo las órdenes de su padre. Pero me han asegurado que, teniendo el proyecto de dejar a su muerte un monumento con su nombre, exigía a cada uno de los que tenían trato con ella el regalo de una piedra apropiada para ser empleada en los trabajos que se estaban ejecutando, y que mandó edificar con tales piedras la pirámide que está en medio de las tres, delante de la grande. . Para la imaginación popular, las pirámides son obras arquitectónicas maravillosas, que implican unos conocimientos excepcionales. Su orientación misma ha causado asombro, y sus medidas principales han parecido ser -al multiplicarlas por 1.000, 10.000, 100.000, etc.- dimensiones astronómicas (la distancia de la Tierra al Sol, de la Tierra a la Luna, etc.). Naturalmente, todo esto es pura fantasía. En primer lugar, supondría, ya que nuestros cálculos están hechos con el sistema métrico, que los egipcios habrían adoptado la "convención del metro", lo cual es, por lo menos, anacrónico. Además, conviene hacer notar que cualquier serie de números tomados al azar y multiplicados por un factor apropiado da un resultado tan satisfactorio, en cuanto a distancias astronómicas, como las dimensiones de las grandes pirámides. Uno de los responsables de la propagación de tales patrañas fue el ingenuo y crédulo abate Moreux, cuyos trabajos y estudios sobre los secretos de las pirámides contribuyeron, hacia principios de este siglo, a difundir lo que, de puro inverosímil, llega a lo rayano al ridículo. Al lado de las pirámides se levantan, casi siempre, las mastabas, donde se colocaban las momias de los servidores, consejeros y parientes del rey. Su distribución era análoga a la de las casas de una ciudad. La agrupación de mastabas formaba una ciudad de los muertos. Finalmente, ya que era obligatorio dedicar culto al alma del faraón difunto, las pirámides precisaban estar acompañadas de templos funerarios donde se celebrara la fiesta sed. El templo de Chefrén Kefrén)i es el mejor conservado de los monumentos funerarios. La gran sala de este templo, en forma de T, estaba decorada con veintitrés colosales estatuas de reyes difuntos. Al norte de las grandes pirámides se talló en una roca enorme un león con cabeza de hombre, probablemente la del rey, echado sobre el vientre: Es la célebre esfinge de Gizeh. No parece que esta escultura tuviera una finalidad concreta; tal vez, simplemente, en aquel lugar había una roca que reclamaba el cincel del escultor.
El arte estatuario Como sumo sacerdote de Heliópolis y comandante del ejercito, Re-hotep ocupó algunos de los cargos más elevados. Su esposa Nofret (su nombre puede significar "La buena" o "La bella") era miembro de la Corte. Es característico el contraste entre el color moreno de la piel del hombre y el pálido de la mujer. Exceptuando las esculturas de los reyes, las estatuas representan siempre a los personajes de menor tamaño que el natural. Son de piedra dura, de caliza o de madera, y están pintadas de colores vivos (ocre rojo para la piel de los hombres, ocre amarillo para la piel de las mujeres, verde turquesa para las joyas, negro para las pelucas y blanco para las vestiduras en general). Las actitudes clásicas de los personajes parecen indicar un cierto dogmatismo en los artistas que, de generación en generación, repiten el mismo estilo. Las estatuas más célebres del Imperio Antiguo son las de los reyes Djeser, Chefrén y Didufri, y algunas figuras de personajes civiles, como las muy conocidas del "alcalde del pueblo", Cheik-el-bled, como le llamó el equipo de excavación, y la cabeza de Salt. Ambas se hallan en el museo del Louvre. Citemos, para terminar, un tipo de arquitectura característico de esta época: los templos solares, para el culto a cielo abierto (especialmente el encontrado en la región de Abukir).
Como siempre ha ocurrido en la historia de los grandes pueblos, la decadencia se anuncia con disturbios internos y con derrotas exteriores. En el exterior, los faraones continúan la tradicional política de expansión hacia Nubia y de control del Sinaí, donde explotan grandes canteras. Un gran general, llamado Uni, inflige a los beduinos del Sinaí numerosas derrotas. Los vencidos aprovechan más tarde los primeros disturbios sociales, bajo el reinado de Pepi II, para vengarse y penetrar en el Delta. En el interior, la situación política y social se agrava progresivamente. Los nomarcas aumentan sus riquezas y su poderío. El nomarcado, convertido en hereditario, permite la constitución de un verdadero feudalismo, que escapa a la autoridad faraónica. Desde finales del reinado de Pepi II, una anarquía sume el reino en el desorden y en el terror. El pueblo se subleva y desposee a los nobles de sus tierras, y los disturbios brotan en todas las ciudades. Las listas de "reyes" que han sido halladas carecen de significado para nosotros. A finales de este oscuro período, cuando el país está dividido, saqueado y desorganizado, existen, sin embargo, algunas regiones que escapan de la tormenta políticosocial. El nomo de Herakleópolis tiene por jefe a un hombre enérgico y eficaz, Kheti, que se atribuye (en 2222 a. de J.C., según la tradición) el título del rey del Alto y del Bajo Egipto. Tras él, durante 150 años, se suceden los llamados reyes herakleopolitanos (IX y X dinastías). Entretanto, los nomarcas de Tebas, actuando como verdaderos políticos, preparan la reunificación de Egipto. Mientras Herakleópolis domina el Delta, Tebas se vuelve hacia el Sur y, después de una rivalidad política y militar que dura casi un siglo, triunfa sobre la ciudad del Norte. Con ello se inicia la época del Imperio Medio. Es de observar que los reyes de Tebas sólo son nomarcas, vasallos de los faraones de la IX y X dinastía, a pesar de lo cual son agrupados en una XI dinastía (2220- 2015 a. de J.C.) contemporánea de las dinastías herakleopolitanas. La evolución del arte y de la arquitectura funeraria
Se siguen construyendo pirámides para los reyes y mastabas para los altos funcionarios y los notables. Pero, significativamente, las pirámides se reducen y las mastabas se agrandan. Durante el período intermedio, las sepulturas pierden riqueza e importancia en su conjunto, los bajorrelieves y los ornatos son más toscos, y se produce un verdadero retroceso estético. La originalidad funeraria de la época consiste en la realización de maquetas de madera que reproducen sencillas escenas de la vida cotidiana, como podemos apreciar en esta. mujer amasando, ó en la cama de Tutankhamón, que también se colocó en su tumba. Este tipo de decoración aparece al final de la V dinastía, pero, indiscutiblemente, alcanza su mayor auge durante el primer período intermedio. Finalmente, desde el reinado de Unas, último rey de la V dinastía, los muros interiores de las tumbas están cubiertos de inscripciones que han sido llamados globalmente Textos de las pirámides y que se refieren a la divinización del faraón difunto. Posteriormente, todos los muertos tendrán derecho a un estatuto divino. Esta "democratización" de los destinos del alma es, sin duda, una consecuencia de la revolución social que se produjo bajo Pepi II. Los textos, al vulgarizarse, se convertirán en el Libro de los muertos. |
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