Escrito al Alcalde de Arganza, de fecha 21 de febrero de 2005
A/At. de D. Gabino Cascallana ALCALDE DEL AYUNTAMIENTO DE ARGANZA
Lunes 21 de febrero de 2005
Distinguido Sr. Cascallana:
Me dirijo a usted, con el debido respeto, para hacerle llegar mi profundo malestar por las actitudes especialmente hostiles hacia mi, por parte de uno o dos vecinos de Magaz de Arriba, que utilizan la propaganda subliminal y la rumorología mentirosa, para ir minando mi honestidad y mi credibilidad entre los vecinos del pueblo en el que yo también resido. Espero que ese veneno todavía no haya llegado a usted y que pueda leer este escrito de forma imparcial.
Como bien sabrá, estoy empadronado en este Ayuntamiento desde hace algo más de medio año. Hace cuatro años regresé a El Bierzo después de vivir en Barcelona durante 15 años.
Desde que he vuelto a mi tierra sigo manteniendo muy buena relación con mis amigos de toda la vida, en Ponferrada y por todo El Bierzo, pero también he tratado de integrarme con los vecinos de Magaz de Arriba, donde mis padres y otros familiares tienen casa y donde residieron, que yo recuerde, más allá de mis bisabuelos.
Entiendo perfectamente que no siempre se puede caer bien a todo el mundo. Pero yo soy capaz de convivir, incluso con gente que yo sé que me odia.
Lo que no entiendo es que haya algunas personas en Magaz de Arriba –muy pocas, por cierto, y muy concretas– que me odien por el mero hecho de existir. Por compartir espacio vital con ellos, como si fuera yo el que ha venido a Magaz a “invadir” yo qué sé qué. Y que ese odio, que ya es evidente, les haga hablar de mi, siempre a mis espaldas, insultándome y humillándome para anular mi voz y mi criterio. Para que mis vecinos de Magaz acaben de convencerse de que yo estoy poco menos que loco... Estas actitudes yo no las puedo ni quiero entender. Y no las voy a consentir.
Esos comentarios envenenados van pasando de boca en boca y, como también hay gente que me aprecia, más de una vez esos dardos llegan a mis oídos. Así, he sabido que una o dos personas de Magaz, con su peor intención, me han tachado de loco, de “gilipollas”, de fascista, alcohólico, chulo, acosador, zumbado y cualquier otro adjetivo que se les ha ido ocurriendo. No sólo con la intención de humillarme, sino también para anular cualquier posibilidad de defensa, porque nadie va a preguntar a un loco, que sólo va a responder “gilipolleces”, porque probablemente está borracho.
Llevo más de dieciséis años dedicado a mi trabajo de detective privado. Un sector en el que estoy muy bien considerado y donde tengo mi prestigio adquirido, hecho que se demuestra con los constantes viajes que realizo, al ser requeridos mis servicios en cualquiera de las provincias españolas.
Dadas las características de mi trabajo, he tenido que relacionarme con gente de cualquier estatus social y económico. Y, en mi vida privada, también puedo estar cómodo –o representar un papel– con cualquier tipo de persona. Y hacerle pasar un buen rato y yo pasarlo también, ya que de lo que se trata es de relajar tensiones, de integrar a unos vecinos con otros e intentar que haya un ambiente de cordialidad en este pueblo en el que residimos.
A pesar de que alguno me tache de clasista, yo sí que puedo pasar un rato con los vecinos más marginados, sin que por ello me avergüence. Mientras están conmigo, quizá no molestan a otros y no provocan reacciones violentas, como también he visto en el bar de Magaz de Arriba. Pero, parece ser, esas “relaciones” son vistas por algunos con recochineo y burla, y aprovechadas para justificar los adjetivos que me han ido poniendo, siempre de forma subliminal, por el boca a boca insultante y mentiroso, utilizando una técnica propagandística que a mi se me antoja más propia de la Alemania nazi que de la época y lugar en que vivimos.
Cada actitud mía, sea del tipo que sea, alguno la aprovecha para justificar un insulto. Y parece que ese sistema de envenenamiento, de rumor falso, de mala intención, ha funcionado a una o dos personas de Magaz para no sé qué intereses o, simplemente, por placer maquiavélico, viendo cómo se humilla a una persona, haciéndola perder cualquier prestigio o criterio, para así poder insultarlo eternamente y no permitir el derecho de réplica “porque este tío está zumbao”. Y esperan ansiosos poder clavar la puntilla, el remate, para así hundirme definitivamente. Y no. Yo no lo voy a tolerar.
Pero entre esas malas artes que percibo en algunos, la que ha colmado el vaso de mi paciencia ha sido el último comentario de un individuo que frecuenta Magaz de Arriba. Recientemente, ese sujeto se encontró en cierta discoteca con una de mis amigas, también vecina de Magaz, y le dijo que yo no era una compañía recomendable, que ella no sabía dónde se estaba metiendo – insinuando que yo soy peligroso– y que, además, yo tengo una “chocolatería privada”, sugiriendo, de la forma más ruin y malvada, que yo me dedico al tráfico de drogas o que las consumo. Y ya no es la primera vez que ese ser despreciable se acerca a mis amigas con las más aviesas intenciones.
Las opiniones de los demás hacia mi, aunque me importan, no puedo evitarlas. No puedo evitar caer mal a algunas personas y que, entre ellos, me insulten a mis espaldas. Pero lo que no puedo consentir es que, en una carrera loca de “aquí vale todo y a ver quién la dice más gorda”, ahora ya se me tache de delincuente. Y que yo tenga que permanecer callado para que no vuelvan a tacharme de “zumbao” o de alcohólico. Porque parece ser que, en Magaz, algunas veces, los diagnósticos médicos los podría hacer una camarera y los informes psiquiátricos los emite un fontanero... Por poner dos ejemplos...
Por eso, el pasado viernes, hablé con ese tipo miserable para que me explicara qué quería decir con lo de que yo tengo una “chocolatería privada” y qué intenciones tiene al sugerir que yo soy una compañía nada recomendable y, además, peligroso. Como era de esperar en cualquier cobarde, lo negó todo y, como otras veces, se puso en su papel de “cuerdo contra loco”. Pero seguía insistiendo en que él sabe bien a lo que me dedico. Y esta vez yo grabé toda la conversación. Grabé MI conversación. Para que no se pueda tergiversar la realidad, como ya ha pasado otras veces. Las cosas son como son y no voy a permitir que, en lo que atañe a mi vida, cada uno las pinte como más le interesa.
Yo tengo mi prestigio personal y profesional. Mi familia, que también vive en Magaz, goza de una imagen sin mancha. Y no voy a permitir que, por culpa de un acomplejado que me odia a mí sólo porque existo, mi entorno sufra o se acabe dudando de su honestidad.
A este escrito, además, le acompaño mi Curriculum Vitae para que usted mismo pueda comprobar mi grado de “gilipollez”. Y para que usted mismo valore si puede estar tan gravemente “zumbao” un profesional al que requieren desde cualquier punto de España o en el extranjero.
Y no se tome mi curriculum como un gesto de vanidad. Insisto: las cosas son como son. Y mi curriculum es exactamente así y no como otros quieren explicarlo.
Además, por si hay alguna duda en cuanto a mi derecho a grabar mis propias conversaciones, le adjunto alguna sentencia del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional que hacen referencia a esos instrumentos técnicos. La grabación la realicé únicamente para protegerme. Para que no haya versiones interesadas sobre cómo tuvo lugar aquella conversación.
Precisamente, para no crear más tensiones ni seguir alimentando esta espiral de odio, no voy a interponer ninguna denuncia por calumnias contra ese sujeto que ha insinuado que yo soy un delincuente. Lo único que pretendía era hablar con él para que me diera una explicación a sus palabras o, como finalmente hizo, para que él mismo se describiera como un ser despreciable, cobarde y malvado.
Con este escrito solicito que se haga lo posible para que se frenen esos comentarios intencionados y maliciosos hacia mi persona, especialmente cuando ya se llega al extremo de acusarme de ser un delincuente. Yo también resido en Magaz de Arriba y quiero vivir lo más tranquilo posible. No quiero que menosprecien mi prestigio profesional ni personal y, sobre todo, no puedo consentir que esos comentarios hacia mi puedan salpicar y ensuciar el honor de mi familia.
Le quedo muy agradecido por su tiempo y yo, honestamente, me pongo a su entera disposición para lo que precise.
Reciba un afectuoso saludo,

Francisco José Marqués Vuelta (D.N.I. 10.069.337-Y)