MANEJO LAPAROSCOPICO DE  LA COLECISTITIS AGUDA (C.A.)


Dr. Humberto Flisfish F., F.A.C.S., Dr. Salustio Montalva N., Dr. Luis Leiva P.
Departamento de Cirugía Sur, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.
Equipo Digestivo Alto, Servicio de Cirugía, Hospital Barros Luco - Trudeau

INTRODUCCION:
 

                               La cirugía Videolaparoscópica aplicada al tratamiento de la  patología litiásica y  alitiásica de la  Vesicula Biliar, ha ganado su lugar, luego de su nacimiento en Francia, en el año 1988 , en manos de Mouret y Dubois.  Han transcurrido más de 5 años de progreso en términos de morbilidad operatoria, compliciones intraoperatorias y complicaciones postoperatorias.  Por otro lado, en la medida en que  va amplíandose el espectro de sus indicaciones, se reducen día a día sus contraindicaciones.

                             Sin embargo, esta novedosa técnica tiene limitaciones y su reconocimiento es determinante en la decisión de convertir a cirugía laparotómica en el momento preciso, minimizando de este modo la incidencia de complicaciones.

                             En este contexto, la Colecisititis  Aguda (C.A.), es una entidad que fue inicialmente excluída por Dubois y Cols.para la Cirugía Videolaparoscópica.  Del mismo modo, Cuschieri la señaló como una contraindicación en 1990.  No obstante, en 1992 había consenso en Europa, que  la contraindicación correspondía en realidad a la Colecistitis Aguda Severa.

                           Así, paralelamente al desarrollo tecnológico de la Cirugía Videolaparoscópica y al incremento de la experiencia quirúrgica de los diversos equipos, la Colecistitis Aguda fue  dejando de ser una contraindicación y, hoy por hoy es una condición más de la patología de la vesícula biliar susceptible de ser operada con técnica videolaparoscópica en forma segura y eficaz , en manos de quienes se han adiestrado en esta técnica y sustentan una adecuada experiencia en la cirugía biliar tradicional.

                         Hasta el año 1992, dos años después que los Doctores Sepúlveda y Lizana efectuaran la primera colecistectomía laparoscópica en Chile, se habían comunicado más de 15.000 de estas  operaciones a lo largo del país.

                         Según Schirmer (1990), de todas las Colecistectomías videolaparoscópicas, sólo el 2.6% correspondían a C.A.  .Ya en 1992, Larsen reporta un 15% de Colecistitis Agudas en C.A..  En ese mismo año, diversos autores Chilenos, presentan un 12 a 16% de Colecistectomías Laparoscópicas en C.A.. En  Octubre de 1993, Hepp, Rios y cols.publican una casuística de 1.102 pacientes operados con esta técnica, en la cual destaca un 22% de C.A.
 

                       En nuestro Equipo Digestivo Alto del Depto. y Servicio de Cirugía del Hospital Barros Luco –Trudeau, en el período comprendido entre Febrero de 1992  y Febrero de 1993, se operaron  un total de 462 pacientes, de los cuales 112 eran C.A., con un 24.2%.

                     Es evidente entonces, que la C.A. es una indicación más de Colecistectomía con técnica videolaparoscópica y que las limitaciones actualmente están dadas por las condiciones de tipo tecnológico, la experiencia personal del cirujano y los aspectos anátomo-patológicos de cada paciente en particular, independientemente del método mismo.

                   Al hablar de Indicaciones y Contraindicaciones, nos referimos a situaciones en las cuales, dadas las limitaciones técnicas actuales, se hace más aconsejable usar una modalidad técnica u otra, orientadas siempre al mismo objetivo que es extirpar la Vesícula Biliar con todos sus cálculos; e interviniendo eventualmente sobre la Vía Biliar Principal u otro órgano relacionado con el proceso patológico en cuestión (colón, estómago, etc. ) si es necesario.
 

DEFINICION:
 

                       La Colecistitis Aguda la definimos desde el punto de vista clínico y anatómico; ya que nos interesa sospecharla, previo a elegir la técnica a usar, y reconocerla adecuadamente en el momento de la exploración videolaparoscópica para tener las consideraciones técnicas que analizaremos posteriormente.

                       Nos parece fundamental descartar cualesquiera de las complicaciones de la C.A. en el preoperatorio, si pretendemos un tratamiento videolaparoscópico de este cuadro.

                       No ahondaremos en los aspectos clínicos por considerarlos obvios.  No obstante, diremos que la presencia de Ictericia, pone un signo de alarma, ya  que es sabido que en el 20-25% de las C.A. coexiste Coledocolitiasis. Del mismo modo, el aumento de las Fosfatasas alcalinas, es  un argumento fiel para pronosticar una Coledocolitiasis, especialmente si existe una Bilirrubinemia normal.

                      Es recomendable, descartar también la patología Pancreática Aguda, con la medición de  Amilasas en sangre y orina.
 

                      La Ecotomografia Abdominal Biliar, se efectuará en todo paciente portador  de C.A. y que será sometido a técnica  laparoscópica.  Este examen debe hacerse lo más cercano posible al momento de la operación, pues sólo así podrán proyectarse sus hallazgos a la situación intraoperatoria que enfrentará el cirujano.  La experiencia  ha demostrado que en  un número no despreciable de casos, no existe correlación  entre el informe ecotomográfico y la realidad anatómica  intraoperatoria.

                    Nos interesará saber desde el punto de vista ecotomográfico respecto  de la presencia de una vesícula biliar de paredes engrosadas y edematosas, que no se vacía y que contiene o no un  material de mayor ecogenicidad ( barro biliar, empiema, hidrops vesicular), con o sin lumen vesicular presente, con o sin sombra acústica ( cálculos ).  Con la visualización de cálculo único o múltiples, grandes o pequeños.  Del mismo modo nos interesa conocer el diámetro de la Vía Biliar Principal; ya que al ser  éste mayor a 7 mm, existe fuerte sospecha de Coledocolitiasis.
 

                  Reconocemos en la actualidad contraindicaciones absolutas y otras relativas. Esta relatividad está en relación con la factibilidad de efectuar la colecistectomía laparoscópica en función de la experiencia del equipo quirúrgico, condiciones partículares del paciente y recursos tecnológicos disponibles.

                  Son contraindicaciones absolutas las siguientes:

1.- La Peritonitis Biliar Aguda, Secundaria a C.A. perforada, ya que es poco probable efectuar un adecuado aseo y manejo de la cavidad peritoneal infectada y masivamente contaminada.

2.- El Embarazo, ya que se ignora los efectos que el CO2 puede ejercer sobre el feto  y si acaso la fisiología propia del embarazo se altera o no por la  hiperpresión del neumoperitoneo.  Esta consideración ética se suma a una de orden técnico y clínico cuando se trata del  3er Trimestre, donde es  sabido que la Cirugía Biliar se asocia a alteraciones del curso natural del embarazo y además, existe mayor dificultad para maniobrar en una cavidad abdominal ocupada extensamente por el útero grávido.
 

3.- La Coledocolitiasis diagnosticada y no  resuelta en el preoperatorio, en ausencia de los recursos y experiencia necesarias para resolverla en la operación.  La Colangiopancreatografia endoscópica Retrógrada preoperatoria, es una alternativa para tratar la Coledocolitiasis; efectuándose la Colecistectomia laparoscópica después.
 

4.- La sospecha de Cáncer de Vesícula Biliar, por tumor endoluminal o parietal descrito a la ecotomografia o por engrosamiento de la pared vesicular de más de 4 mm.

5.- La falta de experiencia en Cirugía  Biliar tradicional y/o en cirugía biliar videolaparascópica, además de la carencia del equipo o  instrumental que esta técnica altamente dependiente de la  tecnología exige.

                   Las indicaciones corresponden a todas aquellas C.A. que no presentan  las contraindicaciones absolutas ya descritas.  Ciertas contraindicaciones  llamadas “Relativas”, en un período inicial de la técnica, han pasado en la actualidad a ser indicaciones.  Tal es el caso  del paciente con laparotomías previas en el hemiabdomen superior.

                    El  concepto de Indicaciones y  Contraindicaciones  nace de una adecuada evaluación pre operatoria de cada paciente portador de C.A.

                    Cuando estamos operando una C.A. con técnica videolaparoscópica y nos sorprenden  condiciones que hacen inconveniente o imposible, o muy riesgoso para el paciente el procedimiento  en curso, entonces hablamos de criterios de conversión.

                   Entendemos la conversión como la decisión quirúrgica de pasar de una cirugía videolaparoscópica en curso, a una cirugía a cielo abierto o Laparotómica tradicional para complementar y terminar la Colecistectomía que quedó interrumpida.  Esto, representa una juiciosa evaluación de la situación intraoperatoria en términos de  factibilidad del procedimiento respecto a riesgos de morbimortalidad para el paciente, optándose por una alternativa más segura y factible que  la inicial.  La actitud dispuesta a la conversión impedirá que aumente el 3-8% de morbilidad actualmente aceptado para la Colecistectomía Videolaparoscópica.

                   En un estudio cooperativo chileno, con 4791 pacientes sometidos a Colecistectomía Videolaparoscópica, el porcentaje de conversión total fue de 3.9%.  La causa principal de conversión fue la dificultad técnica : 32%; seguida de la Colecistitis Aguda: 21% ( 40 pacientes ).

Luego vienen la hemorragia intraoperatoria inmanejable: 10%; la Coledocolisiatis: 11%; la lesión  del cístico o vía biliar principal: 3% y las Fistulas: 3%.

                  En nuestro equipo, de un total de 462 Colecistectomías Videolaparoscópicas realizadas en el primer  año de  trabajo, se operaron 112 C.A.: 24.2%, con cinco conversiones 4.5%.

                 De lo expuesto, se deduce que hay condiciones urgentes y otras electivas para derivar a una  conversión desde  Cirugía Videolaparoscópica a Cirugía Abierta.

                La conversión electiva en C.A. nace inmediatamente después de la Videoinspección o más frecuentemente  luego de intentos de disección, con imposibilidad de continuar por condiciones de una encrucijada biliar muy difícil o presencia de plastrón, fistulas, etc., que no es posible resolver con seguridad. Esta decisión tomada a tiempo, protege al paciente y al cirujano de la conversión de urgencia que se produce como consecuencia de una complicación intraoperatoria grave, tal como  hemorragia inmanejable, lesión de la Vía Biliar y otras.  Bailey publica un 0.8% de casos de conversión de urgencia.
 

ASPECTOS TECNICOS:
 

1.- La técnica Videolaparoscópica para C.A. considera los principios comunes por todos conocidos  de la Cirugía Videolaparoscópica de la Vesícula Biliar.  Puede emplearse ya sea la técnica Francesa o la Americana.  En nuestra experiencia empleamos  la técnica Francesa.  No obstante, es oportuno comentar que en general hablamos de estas dos modalidades para referirnos a la posición del paciente, disposición del equipo quirúrgico y de los trócares en el abdomen.  Sin embargo, la Disección, generalmente es realizada empleando alternativamente y según las condiciones anatómicas locales, el gancho de Dubois y el grasper, además de otros instrumentos ad-hoc.
 

1ª-  Videoinspección:  Previa realización del neumoperitoneo e inserción del trócar periumbilical en forma clásica, se efectúa una videoinspección cuidadosa para evaluar las condiciones  locales y explorar el resto del abdomen.  Cuando hay cirugía previa en el hemiabdomen superior es conveniente en caso de comprobar hioperpresión al iniciar el neumoperitoneo  con la aguja de Veress, retirarse y acceder por otro sitio, que puede ser el flanco izquierdo, donde eventualmente se instalará el trócar de 10mm. Diámetro del hook, ya sea directamente con la aguja  de Veress o más seguramente mediante pequeña incisión peritoneoaponeurótica bajo visión directa (técnica de Hassan).  Esto para evitar caer en las adherencias y no lesionar inadvertidamente asas intestinales u otros órganos.

                  En C.A. encontramos la Vesícula Biliar tensa, “de paredes edematosas” friables, blanquecinas  o acartonadas ( colecistitis  aguda  parcialmente  enfriada  y  en  remisión;  generalmente
7mo – 8vo día de evolución); con o sin  plastrón a expensas de epiplón mayor, duodeno y/o colón transverso.

                 La encrucijada puede estar visible por la tensión de la vesícula y la contracción generada por el neumoperítoneo o más frecuentemente estará oculta por el proceso edematoso, adherencial y aplastronado vecino.  Ocasionalmente hacia el fondo y/o cuerpo vesicular puede haber un área oscura negruzca de necrosis. Puede existir liquido  libre en el espacio hepato renal. Ocasionalmente adherencias de operaciones previas envuelven la Vesícula.

                Bajo visión directa de introduce los  demás trócares  de modo clásico.

                En ciertas circunstancias puede ser necesario introducir un 5to trócar para uso de un separador, en el caso de pacientes muy obesos, con un gran epiplón  mayor que dificulta  las maniobras.  Se decidirá la ubicación de este trócar de acuerdo a las necesidades del caso en particular. Nos ha sido de utilidad este trócar adicional en el caso de pacientes con un hígado que presenta un lóbulo derecho flexuoso que cae como carpa sobre el campo opertaorio.  Lo mismo para separar el segmento externo del lóbulo izquierdo.

               En pacientes muy obesos, con gran panículo adiposo, los trócares e instrumentos llegan muy ajustados al sitio de disección; especialmente en hombres, donde la encrucijada billiar es de ubicación más profunda.  Cuando existe un ligamento redondo muy grueso que dificulta el acceso de la cámara y el gancho, se propone, el acceso con el  trócar de 10 mm. Diámetro y la cámara por encima del ombligo.
 
 

              Se completa la inspección con ayuda del irrigador que a modo de palpador puede tactar cálculos en el cístico o en el bacinete y que levantando la vesícula, le presenta la encrucijada al cirujano para evaluar la condición  anatómica y poder iniciar  la disección.  Cuando hay adherencias se debe inspeccionar muy bien por la posibilidad de que durante la entrada de los trócares se haya producido lesiones inadvertidas, especialmente de vísceras huecas o del hígado.  Allí será determinante el hallazgo de liquido libre de aspecto intestinal, sangre o bilis, como también hematomas de los mesos.
 

             Es conveniente intentar visualizar el Colédoco antes de disecar, pues cuando esto es posible, el colédoco se ve más claramente y puede estimarse con seguridad su localización para evitar  su lesión posterior.  Cuando comienza la disección, especialmente en C.A., hay tejidos friables que sangran con facilidad, infiltrándose los planos de clivaje, con lo cual la identificación del colédoco se torna más difícil.

          La videoinspección además, es la acción que permite la confección de un adecuado campo operatorio, sin el cual no debe iniciarse la disección.  El campo libre y el acceso lo más expedito posible hacia los diversos elementos anatómicos es condición sinequanon para intentar una Colecistectomía en C.A.

        Se evaluará en este tiempo también, si existe o no alguna otra patología abdominal o pelviana  asociada, con el objeto de dejarlas consignadas en el protocolo para su manejo ulterior o para decidir la conversión en caso necesario.

       En un estudio de 60 pacientes portadores de C.A. litíasica, los hallazgos más constantes a la Video inspección fueron:

- Vesícula Biliar tensa, con cálculo, obstruyendo el conducto clásico en 15 pacientes.
- Vesícula Biliar con inflamación aguda y predominio de edema en su pared en 36 casos.
- Patología Vesicular inflamatoria definida como severa; la cual consideraba placas necróticas, empiema y absceso perivesicular; en 9 casos.
 

1b -  Manejo de las adherencias:  ante adherencias de operaciones previas, que suelen sellar el espacio supra e infrahepático derechos, ocultando la vesícula biliar y alcanzando hasta el peritoneo parietal del flanco derecho y la línea media, es preciso hacer una liberación de éstas, ya sea con el hook o más fácilmente con la tijera de disección curva.

       Esto puede hacerse cuando luego de la videoinspección se encuentra esta coalescencia velamentosa que impide identificar la vesícula y el borde hepático y, modificando la  introducción de los trócares, se accede primero por el flanco izquierdo con trócar de 10 mm. Diámetro y el hook o tijera, liberando minuciosamente las adherencias siguiendo su plano vascular o seccionándolas y electrocoagulándolas.  Luego de aclarar la situación de introducirán los trócanteres restantes.  Sugerimos no exagera la liberación de adherencias e incluso dejar  aquellas que a nivel suprahepático permiten mantener elevado el lóbulo hepático derecho facilitando la exposición de la vesícula.  Después de la adhesiolisis de la línea media y el flanco derecho , se expone el área vesicular y se abordan las adherencias a nivel del fondo cuerpo y bacinete de la vesícula.

     Es conveniente seguir una metódica para facilitar la liberación vesicular.  Se abordará primero las adherencias entre el hígado y la pared abdominal, siguiendo con aquellas que hay entre el eplipón mayor  y ángulo hepático del colón con el fondo, cuerpo  y bacinete.
 

    Finalmente, se liberan las adherencias entre el duodeno y el bacinete con la encrucijada biliar, iniciando a este nivel la disección en relación al ligamento hépatoduodenal.  Para todo este proceso, es fundamental que el ayudante haga contratracción ya sea con la cánula para irrigación-aspiración que es usada como separador o con un Grasper que haga prehensión sobre la vesícula a nivel del fondo o cuerpo.

    Una vez que se accede a la encrucijada biliar, el procedimiento es el mismo que debe seguirse en una C.A. sin adherencias

    Toda la adhesiolisis puede hacerse con el Grasper, traccionando muy próximo a la pared vesicular, de modo de liberar las adherencias desde su plano  menos firme y avascular; efectuando electrocoagulación en caso necesario.  El hook se usará alternativamente, pero pensamos que es más peligroso  en la etapa de adhesiolisis que el  grasper corriente sin dientes o el forceps de Vancaillie especialmente diseñado para este efecto.  Las adherencias firmes deben ser seccionadas con tijeras.
 
 

    Previo a abordar el triángulo de Calot, es preciso hacer las maniobras encaminadas a facilitar esta disección.  Estas son la  Punción-aspiración vesicular y la Prehensión o toma  de la vesícula.  En este caso, la primera acción favorece la segunda.
 

1c -  Punción Vesicular:  Pretende evacuar el contenido vesicular para evitar su derrame accidental y facilitar la prehensión vesicular.  Se tomará cultivos de estos contenidos.  En este momento, si no había contaminación, ya la hay aunque sea en grado mínimo.

       La punción se realiza mediante una aguja de punción especialmente diseñada, que se introduce por el trócar subxifoideo de 5 mm. de díametro; o a través de punción percutánea con aguja gruesa para los casos de contenido espeso.  También puede realizarse mediante un agujero que se hace con el hook en la porción alta accesible del fondo vesicular y a través del cual se introduce la cánula de aspiración .  Una vez aspirada la vesícula, el ayudante toma un grasper y ocluye el orificio o toma desde sus bordes y levanta la vesícula hacia el espacio suprahepático derecho para exponer el pedículo.  Después, es posible movilizar cálculos desde el cístico y/o el bacinete hacia el cuerpo vesicular para así facilitar el manejo del pedículo.
 

1d -  Prehensión o toma de la Vesícula:  Una vez puncionada la vesícula puede plegarse y es  tomada con facilidad por el ayudante con su grasper.  El cirujano toma con otro grasper  introducido por el trócar de 5 mm. de diámetro del flanco derecho, haciendo presa en el bacinete y levantándolo. En ocasiones en que es muy difícil tomar la vesícula, puede emplearse para ello un grasper con dientes  o la pinza extractora de la vesícula.  También  se ha descrito la tracción a nivel del fondo vesicular o del cuerpo mediante un punto de  hilo firme que se tracciona con un grasper.  En el caso de vesículas pequeñas, empotradas en el hígado, de paredes gruesas y con inflamación aguda, puede ser muy difícil tomarla con los instrumentos.  Ahí, el ayudante deberá separar con el aspirador-irrigador, el cual pasará  por delante  del cuerpo vesicular en sentido transversal, desplazando el órgano hacia atrás y arriba, mientras el cirujano alternativamente se presenta el pedículo  ya levantando el bacinete o desplazando hacia  abajo el duodeno y tensando el ligamento  hépato-duodenal.

        Una vez superado el problema de tomar y traccionar adecuadamente la vesícula, se está en condiciones de abordar el pedículo.
 

1e -  Disección de la encrucijada Biliar:   Esta es al igual que en la colecistectomía  laparotómica, la esencia de la colecistectomia videolaparoscópica.

          Cuando de trata de obesos suele haber  una cubierta de grasa que oculta el cístico y  debe ser retirada con el hook, electrocoagulando cuidadosamente  para evitar hemorragias y pérdidas de los planos por infiltración sanguínea.  El edema de la pared vesicular en la  zona del bacinete, además de las adherencias y el proceso de pericolecistitis, hacen difícil la identificación de los elementos.  Se seccionará transversalmente el peritoneo visceral que cubre por delante  y por detrás la zona  de la unión del bacinete  con el nacimiento del conducto  cístico.  Encontrar este punto es crucial, pues de lo contrario, se pierde el plano  de disección al ir más arriba y se arriesga a  lesionar la Vía Biliar cuando se baja mucho  en la disección e inadvertidamente se trabaja en la unión cístico-coledociana, acción que suele llevar  a la lesión de la Vía Biliar.  En este trabajo es útil el disector curvo que permite  sin seccionar, divulsionar el tejido fibroareolar laxo en ciertas partes y firme en  otras, para encontrar un plano  entre la unión cístico-bacinete y la Vía Biliar principal  por un lado y entre el conducto cístico y la arteria cística por el otro.  En casos de disección muy difícil es de gran utilidad  el empleo de una pequeña tórula de gasa montada en un Grasper y que permite en forma roma y atraumática  adelgazar la zona del pedículo  al mismo tiempo que seca la zona y retira coágulos que impiden  una adecuada visualización  del mismo.  También es de gran utilidad efectuar lavados con el irrigador y aspirador , retirando el líquido hemático y los coágulos.  El agua irrigada a cierta presión ejerce  además un efecto disector al infiltrar las estructuras laxas, creando un plano de aspecto semi-transparente que facilita el uso del gancho, grasper o disector.

          Luego de identificar la unión cístico-bacinete, se procede a aislar el conducto cístico de la arteria cística, para lo cual se inicia una disección vertical y ascendente paralela  al cístico, que así es separado de la arteria cística.  Paralelamente se aisla la arteria.  Con el gancho se rodea el conducto  cístico y se adelgaza con movimientos ascendentes  y descendentes.  Aquí, recobra  vigencia la regla de oro de la Cirugía Biliar, heredada del Profesor Lucas Sierra: “Identificar cada uno de los elementos de la encrucijada biliar antes de seccionar cualesquiera de ellos: el conducto císitico, la arteria cística y el  colédoco”.  Si acaso esto no es posible se debe hacer una Colangiografía intraoperatoria transcística para visualizar la Vía Biliar Principal  y aclarar la anatomía antes de seccionar cualquier elemento.

         Nosotros empleamos además , la Colangiografía  Intraoperatoria Selectiva, frente a la  sospecha de Coledocolitiasis fundada en antecedentes clínicos; de laboratorio y en la  observación del calibre del colédoco.  Cuando éste presenta un diámetro mayor de 7mm. o se logran “palpar” cálculos en el colédoco, realizamos este examen.

       Una vez identificados todos los elementos, se procede a clipar primero la arteria cística, con un clip proximal  y uno distal  y luego el conducto cístico con dos clip en su porción vecina al colédoco y un clip en su porción vesicular.  Luego, se secciona primero la arteria que es muy frágil y después el císitico.
 

1f -  Disección del lecho vesicular:  Mediante el gancho y ocasionalmente usando  las tijeras curvas, se efectúa la Colecistectomía desde el cuello al fondo cuidando , en esta etapa de evitar dos posibles problemas: La ruptura de la vesícula que llevará a contaminación con  bilis y el vaciamiento de los cálculos a la cavidad peritoneal y, la lesión de lecho vesicular que produce hemorragia molesta y en ocasiones muy difícil de controlar.  Si se juzga  que se trata de una vesícula  con altas probabilidades de ser rota  o se rompe  definitivamente, es conveniente introducir una bolsa, la cual ingresa enrollada y marcada en su extremo libre a través de un trócar.  Desenrollada en el abdomen permite  recolectar los cálculos que han caído e introducir la vesícula ya rota o necrótica, impidiendo una mayor contaminación.  Esto facilita la posterior extracción de la vesícula.

        Después se revisa y lava con abundante suero el lecho vesicular y se inspecciona cuidadosamente en busca de escapes de bilis o hemorragia.  En caso  de conductos biliares accesorios, estos deben ser clipados o ligados mediante  endoligaduras.  La hemostasia se hace cuidadosamente con pinza atraumática conectada al electrocoagulador.
 

      La vesícula o la bolsa con la misma se depositan en el espacio suprahepático derecho previo a su extracción.  Se revisa la posición de los clips en los elementos seccionados, se lava la zona con suero y se planifica la extracción vesicular.
 

1g -  Extracción de la Vesícula Biliar:  Se realiza con la pinza extractora, tomando la vesícula desde el císitico y extrayéndola a través del orificio periumbilical de 10 mm. de díametro o  através del orificio de 10 mm. de  diámetro en el flanco izquierdo.

        Cuando existe desproporción entre el tamaño de la vesícula con sus cálculos y el orificio del trócar periumbilical, es conveniente ampliar este orificio para facilitar la extracción y evitar la ruptura con el esparcimiento de los cálculos en la cavidad abdominal.  Previamente se habrá aspirado la vesícula y se habrán extraído cálculos desde su interior con pinzas de Randall o Föerster para disminuir el tamaño vesicular.

       Cuando se han introducido la vesícula y sus cálculos en una bolsa, las maniobras de extracción se facilitan, pero ha de tomarse la precaución de no romper esta bolsa.  La presencia de la bolsa  evita la contaminación del trayecto del trócar y esto disminuye la  probabilidad de onfalitis posteriomente.  Es precisamente en los casos de C.A. donde la  bolsa de polietileno tiene su mayor indicación.

      La ampliación del orificio periumbilical para la extracción vesicular puede hacerse introduciendo unas tijeras cerradas y luego retirándolas abiertas, o puede hacerse mediante  un bisturí.  Todo bajo visión directa con la cámara.

      Otra alternativa es  usar un trócar de 20 mm. de diámetro, lo que facilita la salida de la vesícula con cálculos grandes en su interior, pero tiene la desventaja de  dejar un defecto muy grande que a futuro puede ser asiento de hernias incisionales.

    En todo caso de ampliación, se debe suturar la aponeurosis con un material como el Vicryl.
 

1h -  Drenajes:  En C.A. operada por Videolaparoscópia, el criterio para empleo de drenajes, en general, es el mismo que se usa para la Cirugía Biliar abierta.  Se usan en caso de requerir drenaje de bilis, pus u otro líquido como el intestinal  en el caso de fístulas reparadas o de zonas sospechosas de  yatrogenia.  Por ejemplo, aquellas donde  ha habido una liberación de adherencias muy laboriosa, con participación del duodeno y/o  el colón. En estas circunstancias y, agregamos aquellos casos que han resultado técnicamente muy difíciles y en los cuales la revisión final no permite  descartar una litiasis del colédoco (incapacidad de hacer una colangiografía intraoperatoria o ante colangiografía de interpretación dudosa).

       Los drenes no son para drenar  sangre.  La hemostasia debe ser realizada de modo cuidadoso durante la operación y, si esto no es posible, se debe convertir a cirugía abierta para realizarla con seguridad.
 

      Para instalar los drenes, usamos tubos siliconados delgados, los cuales se introducen a través del trócar  de 5 mm.de diámetro ubicado en el flanco derecho, empleando para ello un grasper (subxifoideo o del flanco izquierdo) insinuado en la boca del trócar; el cual se  exterioriza en la medida en que se va retirando este trócar.  Luego, el grasper toma el dren desde el exterior y lo introduce a través del trayecto parietal, para acomodarlo  en la cavidad peritoneal en la zona que se desea drenar, generalmente en el espacio subhepático derecho.  El dren es útil, pues en caso de filtarción de fluídos endógenos, permite intentar  un tratamiento médico , ya sea aspirando u orientando una fístula biliar externa  o intestinal  y de este modo evitar una reintervención precoz.  En otras ocasiones se usa un orificio de contraabertura alto en el Hipocondrio derecho, para obtener un trayecto directo y corto.
 

2.-  Antibioprofilaxis:  Nosotros  no usamos antibioprofilaxis en la cirugía videolaparoscópica de la C.A.. Si indicamos tratamiento antibiótico cuando encontramos una condición que lo requiera, tal como: empiema vesicular, absceso vesicular o hepático, gangrena vesicular o peritonitis biliar.  Otros  grupos usan de regla antibioprofilaxis con Cefalosporinas.
 

3.-  Complicaciones:  Diferenciamos entre complicaciones Intraoperatorias y Postoperatorias.
Las complicaciones intraoperatorias más frecuentes son:
 

a) Aquellas derivadas del neumoperitoneo (0.8% en Chile).  Son  responsables de una mortalidad de 1/100.000.  Se producen  como consecuencia  de la introducción de la aguja de Veress.  Entre ellas destacan: Enfisema subcutáneo, preperitoneal o del Ligamento redondo. Neumoomento, perforación de asas intestinales, hemorrgia en el sitio de punción de grandes vasos  ya sea con aguja, bisturía o trócares.  Otras menos frecuentes son:  neumotorax, neumomediastino y embolía gaseosa.
 

b) Complicaciones por la introducción de los trócares:  se producen  ante la presencia  de dibujo venoso aumentado en la pared abdominal (hipertensión portal) o cuando el paciente  ha tenido operaciones  previas en el abdomen y tiene adherencias peritoneo-viscerales.  Puede producirse entonces Hemorragias y Perforaciones de vísceras huecas o macizas (colón, estómago, intestino delgado, hígado,etc.).
 

c) Lesiones durante la disección de la encrucijada Biliar y extirpación de la Vesícula: especialmente ante adherncias, edema y  fibrosis a nivel de bacinete  y confluencia císticocoledociana.  Todo esto se agrava cuando aparece alguna variante o condición anatómica especial como: variante en la orientación clásica de la  tríada Cístico , Arteria cística y Colédoco. Variaciones en disposición de la arteria hepática y situaciones particulares, tales como Conducto  Cístico muy corto, vesícula sésil, Vía Biliar muy traccionada y fina, presencia de Fístulas Colecistocoledocianas,etc.
 

 En este tiempo quirúrgico se puede producir C.A., hemorragias a nivel de arteria cística y/o ramas de la misma o desgarros hepáticos.  La otra gran lesión  yatrógenica es el daño  de la Vía Biliar principal, consistente en  Sección Total o Parcial, perforación, resección o  clipaje.

 En Chile se reporta un 3.5 % de hemorragia en Colecistectomía videolaparoscópica y un 0.5 % de daño de la Vía Biliar Principal.
 

         Durante la disección del lecho en C.A., presentan especial dificultad aquellos casos de vesículas empotradas en el hígado, a lo que se agrega  por la condición de cuadro agudo, edema, friabilidad del parénquima hepático y de la lámina del  lecho, con fibrosis más o menos firme dependiendo del tiempo
 De evolución .  Pueden producirse hemorragias del lecho,  por perforación de venas de importante calibre y/o de conductos hepáticos principales o accesorios.  Otra lesión grave en este momento, especialmente cuando  se intenta liberar el fondo vesicular muy empotrado y edematoso, es la quemadura  y perforación del diafragma con el consecuente neumotórax si se lesiona además la pleura derecha.
 

d) En el momento de la extracción vesicular, puede ocurrir perforación de la vesícula con caída de los cálculos, pus y bilis al perítoneo, o hemorragia a nivel del orificio por donde se extrae la vesícula , especialmente si se ha efectuado ampliación del mismo.

Creemos que ante ruptura  vesicular, debe intentarse la extracción de todos los cálculos para evitar la formación posterior de colecciones supuradas intraabdominales.
Condición, esta última, que nos ha tocado vivir.
 

Entre las complicaciones Post-operatorias, reconocemos  la hemorragia que procede  de la arteria cística, por movilización de los clips o caída de la escara cuando ha sido electrocoagulada o  Hemorragia del lecho vesicular, el cual en el momento de la operación  se apreció seco, pero luego de recuperar cifras más altas de presión en el postoperatorio del paciente, sangra.  Esto ocurre en C.A. de vesículas empotradas especialmente. Otras causa de hemorragia  son bridas liberadas y no coaguladas, desgarros hepáticos, lesiones del diafragma, hemorragias en los sitios de inserción de los trócares y/o salida de drenes.
 

Otra complicación postoperatoria es el Biliperitoneo.  Se caracteriza por ser un  cuadro de evolución  arrastrada, de difícil diagnóstico, pero que debe sospecharse en todo paciente que en las primeras 12 – 24 horas de postopertario, no se encuentre libre de  molestias y se queje de dolor o distensión abdominal; y en el cual hay precozmente Taquicardia persistente y un abdomen que no es del todo blando y cómodo.  La fiebre, Ictericia y Peritonitis son tardías.  La causa de esta complicación suele ser: lesión inadvertida de la  Vía Biliar por sección, quemadura, desgarros o isquemia de la misma; filtraciones a través del cístico al desprenderse los clips en relación con obstrucción litiásica inadvertida del colédoco distal, o por  conductos biliares aberrantes.  La infección de las heridas operatorias es de menor significado  y poco frecuente, destacando la  onfalitis.

Pueden producirse abscesos intraperitoneales postoperatorios y/o sepsis debida a colecciones biliares o hemáticas infectadas; o lesiones por perforaciones intestinales que ocurren tardíamente como consecuencia de la caída de escaras secundarias a quemaduras  no pesquizadas inicialmente.  Esto ocurre aproximadamente en el 0.2% de los casos.
 

También se han  descrito cuadros  de Pancreatitis  aguda postoperatoria. Esta complicación, afortunadamente es muy poco frecuente, pero es muy grave. Constituyó el  único caso de mortalidad en una  serie chilena  de 207 casos reportados en 1992.

Otra complicación postoperatoria tardía es la aparición  de Hernias Incisionales, en relación a los orificios de entrada de los trócares, especialmente el periumbilical, sobre todo en pacientes sometidos a ampliación .

Las complicaciones intraoperatorias graves e inmanejables, son motivo de  conversión; lo mismo que la dificultad técnica que se traduce en falta del progreso en el desarrollo de la disección y precisión de la localización de los elementos.

La sospecha de complicaciones  postoperatorias en un paciente en buenas condiciones generales, con ausencia del cuadro  séptico sistémico y estabilidad hemodinámica permite una exploración y eventual solución  videolaparoscópica; pero ante un paciente grave, con compromiso séptico evidente o inestabilidad hemodinámica, ha de plantearse una reintervención Laparotómica  (por laparotomía) en forma oportuna  y eficaz.

En la  experiencia revisada de nuestro Equipo, en el Departamento y Servicio de  Cirugía del Hospital Barros Luco-Trudeau, durante el primer año (Feb. 1992  a Feb. 1993), sobre un total de 462 colecistectomías videolaparoscópicas, se operaron  112 C.A. de estos 112, se convirtieron a Cirugía Laparotómica 5 casos (4.46%); todos por hemorragia  intraoperatoria inmanejable por vía laparoscópica.  Respecto a las complicaciones postoperatorias; se presentaron  en 4 pacientes ( 4 de 112) 3.6 %.  Estas complicaciones correspondieron a 3 hemoperitoneos diagnosticados  y tratados por laparotomía  en el  postoperatorio inmediato y 1 absceso intraabdominal en relación a cálculos abandonados  en la cavidad peritoneal, que también requirió de laparotomía  y evolucionó favorablemente.  En esta casuística se encontró un 75 % de C.A. en el sexo femenino y un 25% en el masculino.
No hubo lesiones de la Vía Biliar principal, como tampoco casos de biliperitoneo tardío.
La mortalidad de esta serie fue de 0%.
 

Finalmente, queremos plantear la situación desafio que en Cirugía Videolararoscópica constituye la C.A. en la paciente embarazada, que cursa su primer o segundo trimestre de gestación.  Pensamos que en aquellos casos en los cuales resulte imposible un  enfriamiento y tratamiento médico  inicial de la C.A., con la solución quirúrgica definitiva diferida , el tratamiento quirúrgico, en la etapa aguda se hace necesario, por una evolución grave y asociada  a múltiples complicaciones materno-fetales con alta morbilidad para ambos (todo lo cual ya ha sido reportado por diversos autores).  En estas circunstancias debe tener el cirujano una alternativa  viable a la cirugía laparotómica tradicional, para evitar las limitaciones que ésta tiene en la mujer embarazada.  Y a la vez, ha de ser una técnica que no agregue factores ciertos o posibles de teratogenia (CO2, neumoperitoneo con aumento de la presión intraabdominal, etc.) o mortalidad materna y fetal.  En este sentido proponemos la cirugía video-laparoscópica sin  neumoperitoneo, con palillos u otro sistema similar de soportes.  Nosotros hemos iniciado con éxito esta técnica en embarazadas de primer  o segundo trimestre, según protocolo correspondiente.  Esta experiencia incipiente será motivo de próximas publicaciones es esta misma línea de trabajo.
 
 

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