· Pieza para Ocho Sonidos (1995). Para piano solo. La escala do re mi fa sol la si do deja de tener, en esta pieza, su orden de rangos inalterables y es ordenada en función de las necesidades del compositor, que realiza su primer contacto con la denominada técnica serial. · Desarrollo de un Período (1995). Pieza tonal para piano. Muestra tres partes definidas y un primer intento de modulación en la parte media de la pieza. · Estancia (1998). Canción para soprano y piano con texto de Javier Sologuren. En esta pieza el piano lejos de convertirse en un instrumento acompañante busca declamar el poema junto con la cantante. · Estudio (1998). Para piano solo. Siendo hijo de los folkloristas Julio Portugal y Jesusa Valenzuela, Martín Portugal incluye en este estudio motivos rítmicos de la música andina de nuestro país. La primera parte se asemeja, por el carácter, a un yaraví, mientras que la segunda parte se asemeja más bien a una fuga de huayno. · La Agonía de Rasu-Ñiti (1999). Pieza para percusión. Es una pieza descriptiva hecha en base al cuento de José María Arguedas del mismo nombre. La utilización de platillos en la copa y demás instrumentos busca evocar la música propia de los danzantes de tijeras. · Danza (1999). Pieza para dos pianos y saxo soprano. Composicionalmente esta obra busca que los tres instrumentos tengan igual rango de participación dentro del discurso. El saxo tras su aparición se convierte en un elemento que desarrolla las idéas expuestas en un inicio por los pianos. El conocido crítico musical José Quezada comenta sobre esta obra: ".....una influencia de Ginastera y de Iturriaga bien asimilada por el joven compositor....se reconoce un lenguaje melódico propio....un tanto popularizante de cierto efectismo brillante bastante acertado". |