Breve
análisis de una mujer inolvidable:
REBECCA
Analizaremos una escena del film de Alfred Hitchcock que, aunque pequeña,
creemos que guarda una íntima relación con el resto de la película, y con
lo que podemos esperar a medida que transcurra ésta.
En las imágenes que acompañan a los créditos podemos ver un bosque
con árboles altos y de pocas hojas, aunque gran número de ramas. Este bosque
se encuentra rodeado e invadido por una espesa niebla, que llega a
transformarse en bruma. Todo esto, a su vez, se encuentra en profundo
silencio.
A partir de estas imágenes podemos plantear una hipótesis de lectura:
se trata de una historia turbia, poco clara, engañosa, confusa. Hay algo
oculto, siniestro, que alguien se esfuerza por esconder, que afecta la vida de
los personajes. El conjunto de los elementos que se presentan en los créditos
se combina para dar la idea de una historia dramática, intrincada, laberíntica,
donde hay alguien atrapado.
En las últimas imágenes podemos ver cómo se va formando un camino a
través de ese laberinto, y se ven también rayos de sol que se escurren a
pesar de la vegetación. Es como si, por fin, alguien echara luz sobre esos
hechos confusos, tenebrosos. Es un suceso oscuro que se esclarece. Si
prestamos un poco de atención vemos las flores que el sol llega a iluminar al
pie de los altos árboles, podríamos pensar que se trata de una mujer, de algún
amor. La luz llega con fuerza, a pesar de todo, a iluminar algo que, durante
largo tiempo, ha permanecido oculto, indescifrable, debajo de una superficie más
esclarecida pero igualmente artificial.
Además, hay un hecho singular durante la película que llama la atención:
conocemos cuál es el nombre de la protagonista (Joan Fontaine), pero en ningún
momento se menciona el nombre de su personaje. Podríamos pensar que esto se
debe a que, en realidad, el nombre más importante es el de la esposa muerta,
Rebecca, y que la nueva señora de Winter aparece como la pobre usurpadora de
un lugar que ni siquiera le pertenece, y al que no tiene derecho a aspirar,
por el profundo dominio de una primera e irrepetible señora de Winter:
Rebecca. Es considerada extraña, intrusa, de poca valía, por lo cual no le
es permitido ganarse un nombre ni una posición.
En el cuarto de Rebecca
En
la escena en que la protagonista entra en el cuarto de Rebecca, la estancia se
nos presenta borrosa, sin demasiada definición. Podemos ver que se está
tratando de dar la idea de misterio, de confusión y poca claridad que rodean
tanto a Rebecca como a su propia muerte. Indudablemente, hay un velo sobre
la vida de Rebecca. Ella aparece como una mujer misteriosa y casi poco
verosímil. Como si su vida se ocultara detrás del velo (o cortina) que la
protagonista debe descorrer para llegar al cuarto. Es entonces cuando la nueva
señora de Winter da la primera muestra de querer hacer de Rebecca una mujer más
creíble, más humana y, de esta forma, dejarla por fin en el pasado. Cuando
se introduce en la habitación, la protagonista abre las persianas y cortinas
que mantienen el lugar a oscuras, como echando no sólo luz sobre un espacio,
sino sobre la vida de la mujer que lo habitaba. Esta será la persona que
aclare el misterio, lo fantasmagórico que rodea a Rebecca. Incluso se pueden
ver flores, que representarían el amor, la esperanza, la frescura que acompañan
a la protagonista en su llegada a la oscuridad de Manderley.
Podemos decir entonces que esta escena guarda muy íntima relación con
las imágenes de los créditos, ya que sería como su confirmación, como
querer decir lo mismo con otras imágenes, de otra manera.
La diferencia entre estas dos escenas radica en que la perteneciente a
los créditos tiene lugar fuera de la casa, cuando todavía no hemos tenido
oportunidad de introducirnos en la trama, en la intrincada historia que rodea
a estos personajes. La correspondiente al cuarto de Rebecca ocurre,
naturalmente dentro de la mansión de Manderley, donde ya estamos sumergidos
en el laberinto que Hitchcock tan diestramente sabe tejer. Aquí ya estamos
conociendo a Rebecca desde una menor distancia, y tenemos la posibilidad de
seguir el desarrollo de los hechos desde dentro de la historia misma. En esta
escena se nos permite acompañar a la nueva señora de Winter en su camino
hacia el centro del problema y, posteriormente, hacia la resolución del
mismo.
Rebbeca,
una mujer inolvidable (Rebecca, 1940) Dirección: Alfred Hitchcock. Con:
Laurence Olivier, Joan Fontaine, George Sanders. Basada en la novela de Daphne
du Marier. Música: Franz Waxman