¿Dónde estABBAS KIAROSTAMI?

 por Martha Gómez

 

 El sabor de la cereza/Tam e guilass

            Cuando el espectador, conmovido, espera que, una vez mas, la “persuasión” disuada; cuando se concentra la esperanza en el “persuasivo” sabor de una cereza o cuando la incertidumbre o el desasosiego nos rodean porque lo que esta en juego es una vida, Kiarostami, en forma imprevisible nos desconcentra, nos saca de clima y nos recuerda que esto es ficción.

            El cine es magia y parte de esa magia esta en esa empatia que nos enrola en una realidad inexistente que es tan real como la misma vida. Kiarostami chasquea los dedos, dice: ¡Corten!, nos descoloca, nos da una cachetada y nos recuerda que estamos viendo cine. Lo sorprendente es que la magia sigue.

            Por momentos, esta es una película árida como las canteras y los caminos que recorre esta muerte cansada de anunciarse; estéril como el pedido de ayuda que no encuentra respuestas; profunda como la insondable profundidad del pozo al que bastan para cubrir tan pocas paladas

            Badii solo necesita un testigo para su muerte; tales el tamaño de su soledad y, si el  espectador ha confiado en una  mano humana o en el sabor de una cereza para que lo rescaten del foso, Kiarostami le deja con toda humildad y, sobre todo, con un gran respeto por sus aptitudes, la posibilidad y el desasosiego de dirigir la ultima escena.

 

Bajo los olivos

            Kiarostami revela en el primer segundo de esta película lo mismo que revela en el ultimo de “El sabor de la cereza” . En un nos dice: “Esto es la filmación de una película”. En l otra nos sorprende diciéndonos: “Esto era una película”, no obstante, el espectador es consciente, por un efimero momento, aunque mas no sea en el de abonar su entrada, de que lo que va a ver es cine. Lo que no sabe es que, en este caso, es CINE, así, con mayúscula.

            Kiarostami no necesita de escenarios. Usa la vida. Y la vida esta hecha de imágenes, de palabras y de silencios y a ellos recurre con maestría, una maestría de perfil bajo, sin ostentaciones, para trasmitir su arte con la humildad de la simpleza, con un argumento simple, con la simpleza de lo humano.

            Kiarostami filma filmaciones aferrado a la idea de que “lo que pasa detrás de la cámara es mas fascinante que lo que pasa delante”. Pieles de cebolla, sorprendentes “mamouchscas”, sus películas se descascaran para mostrar otra película.

            En “Bajo los olivos” hay una herida sin cerrar que tiene categoría de grito aun resignado y contenido: es el que callan esos pausados campesinos iraquíes, todos sobrevivientes del terremoto de mil novecientos noventa.

            Pero hay otro silencio, individual y obstinado, que encuentra forma y se transforma en el silencio exasperante de Tahereh.

            “A través de los olivos es Romeo y Julieta con una infinita postergación del balcón de Verona, dice Cabrera Infante devenido poeta, o sea devenido el mismo.

Fuentes

 “Cine o sardina”. G. Cabrera Infante.

 

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