INVASION

por Betina Broccoli

“No tome tan en serio mis ausencias, señora.

Le cuento un secreto: a mí me gusta jugar a los misterios...”

                                                (Lautaro Murúa a Olga Zubarry en “Invasión”)

 

            Aquilea.1957.Los edificios se presienten, oscuros, contra la noche cerrada. En el aire flota una sensación anormal de alarma y opresión. Un grupo de invasores se apodera progresivamente de una ciudad despreocupada sólo protegida por un pequeño grupo furtivo que iniciará la resistencia. Desde este punto de vista “Invasión” podría ser definida como una metáfora sobre la integridad, o más bien una representación sobre cómo el pánico, la aprensión, el egoísmo y la ignorancia abren el camino a tropas devastadoras. Esto hablando en general. En líneas más profundas puede hablarse de una astuta maniobra intelectual fiel al estilo literario y a los mosaicos secretos tejidos por Jorge Luis Borges.

            Durante casi treinta años Bioy Casares y Borges pudieron considerarse libretistas cinematográficos frustrados. Parecía difícil que este último aceptara trabajar nuevamente en guiones  para films luego del destino que tuvieron sus aportes previos. La adaptación de “El hombre de la esquina rosada” (R. Mujica, 1962) tomaba muy poco de aquel malevo Francisco Real creado por su prosa. ”Días de odio” (1964), una película basada en “Emma Zunz” y filmada por Torre Nilsson en sus primeros pasos en el cine, no trascendió los confines del folletín.

            ”Un pistolero, a quien siempre vemos de espaldas, se abre camino a balazos, contra agresores invisibles, en una enorme casa vacía”. De este modo arranca, con esta escena típica de film dentro del film,“El paraíso de los creyentes”, guión cinematográfico de Borges y Bioy Casares que jamás fue filmado y que, junto con “Los orilleros”, forma parte de un libro escrito en 1951.

            “Invasión”, primer largometraje dirigido por Hugo Santiago, está construído sobre un riguroso patrón y una montura precisa. Aquilea, como el lugar en que transcurre “La muerte y la brújula”, es, en rigor, Buenos Aires, extrañamente modificada, sin sus lugares comunes y marcas de clara identificación. Pero es Buenos Aires en su ritmo, en su color, en los arquetipos. Contra sus oscuras calles de adoquines se recortan los personajes que la defienden. Quien maneja a esas figuras es Porfirio, organizador de una trama cósmica que sabe de cargamentos de armas, indica la utilidad de la estrategia y no da explicaciones. Al mismo tiempo ese líder es un anciano reposado que pregunta poco y no se abate fácilmente. Todo su perfil se parece en algo al imaginado Isidro Parodi, quien alguna vez protagonizó cuentos policiales de los autores del argumento (“Lento y eficaz, el viejo Parodi cebaba mate en un jarrito celeste”). Desde este personaje hasta la intriga policial violenta, desde el misterio de sus móviles hasta el discurso de los personajes, todo se encuentra  impregnado del espíritu de Borges.Un hombre de la resistencia marcha hacia una bala que lo matará. Luego del disparo, escucha la pregunta “¿No vio el revólver?” .Agoniza diciendo:”No, yo era ciego”. Así de borgianos son estos hombres.

            El film en sí mismo sigue un camino distinto al comercial y si hay una subordinación, es la del director al autor. Está delineado con energía y certeza, con una fotografía fuertemente contrastada. Una cámara movediza atiende la composición hasta el último detalle estético. “Invasión” es una serie de imágenes trabajadas como si fueran aguafuertes, donde el blanco y negro recupera su poder expresivo. Con un ritmo cortado, ”La milonga de Manuel Flores” (Borges – Troilo) atraviesa la acción con fraseos puestos en cuotas y canta sobre crímenes venideros(“... para mí cuatro balas cuando esté clareando el día”.) y, con cierto humor áspero, comenta las tragedias en cuanto encuentra un respiro.

            Entre los temas de la película se ve un rígido manejo del miedo. ”Quisimos reflejar el miedo a través del comportamiento de los personajes principales -explica Santiago-, son tipos que tienen miedo y saben que tienen miedo. Y cada uno se inventa una muerte a su medida”. Cada uno se topa con  su muerte propia vinculada a su comportamiento y a su miedo. Solo Porfirio sobrevivirá para observar al grupo de jóvenes del Sur asumir el rescate de la ciudad con métodos  más agresivos y eficaces.

            Los amantes de “Invasión” coinciden en que su  mayor atractivo es la forma en que logra representar elementos fantásticos con escasos medios. Es eterno el concepto de que el cine argentino tiene que aceptar su pobreza de recursos, su pobreza tecnológica, su pobreza presupuestaria. Pareciera que estas limitaciones llevaran a realizar sistemáticamente un cine “realista”, con “personajes de la calle”, con “historias nuestras”, sin considerar como nuestros los cuentos de Arlt, Cortázar y los mismísimos Borges y Bioy Casares. Acusada de vanguardista, de formalista, de europeísta y  merecedora de hondos estudios por parte de prestigiosos medios franceses, ”Invasión” debe ser vista con ojos particularmente argentinos.

            Creado con un meticuloso diseño el film explica cada encuentro y cada enfrentamiento como una porción de un ajustado esquema hasta cuando despista al espectador con obstáculos y falsos desvíos. Más allá de imperceptibles fallas, el director sabe lo que hace y deben elogiarse la efectividad en la acción, la audacia de identificar visualmente a los enemigos con los bandos con vestimenta clara y el despojamiento de tono en los diálogos reconociendo que estos no son sino cifras en una perfecta maniobra fantástica. Sus seres rectos, decentes, perdedores sentenciados, casi parecerían redentores vencidos por el poder de los usurpadores; los jóvenes del “grupo del sur” toman hacia el final la narración central para empezar su propia resistencia con la convicción de esa juventud de la que tanto se espera y guiados por una mujer de las que poco se pretende en otros films argentinos. Seguramente, de ahondar en el  análisis, podríamos hacer surgir infinidad de símbolos, pero no son necesarios. Interesan más las imágenes enlazadas de los integrantes de aquél conjunto de jóvenes que recoge sus armas al final o la quietud de Porfirio que, junto a Herrera (quizás el mejor Lautaro Murúa de su intensa carrera de actor), espera una muerte propia.

 

INVASION. (Argentina, 1969)Argumento: Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Guión: Jorge Luis Borges y Hugo Santiago. Música: Edgardo Cantón. Fotografía: Ricardo Aronovich y Adelqui Camusso. Intérpretes: Lautaro Murúa (Julián Herrera), Olga Zubarry (Irene), Juan Carlos Paz (don Porfirio),Martín Adjemián (Irala), Daniel Fernández (Marcelo Lebendiguer), Roberto Villanueva  (Silva),Jorge Cano (Julio Vildrac),Ricardo Ormellos (Cachorro),Lito Cruz, Aldo Barbero, Hedy Crilla, Horacio Nicolai, Juan Carlos Galván, Claudia Sánchez, Hugo Santiago  y otros. Dirección: Hugo Santiago.

 

Bibliografía:

 

Cahiers du Cinema, año 1968

Clarín, 1969

Confirmado, año 1969

“La muerte y la brújula”, del libro “Ficciones” - Jorge Luis Borges

La Prensa, año 1969

La Revue du Cinema, año 1970

Le Monde, año 1971

“Los orilleros” y “El paraíso de los creyentes” - Jorge Luis Borges

“Seis problemas para don Isidro Parodi” - Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Un diccionario de films argentinos - Raúl Manrupe


Volver

Hosted by www.Geocities.ws

1