Liturgia

Catequesis: LA CUARESMA

El 8 de marzo, miércoles de Ceniza, comenzamos el tiempo de Cuaresma . El sentido de la Cuaresma se puede resumir en que introduce la celebración del misterio pascual en el que Cristo salva al hombre del pecado y de la muerte eterna y transforma la muerte corporal en un paso a la vida verdadera, a la comunión eterna con Dios. Nos entrena en el paso de la muerte a la vida y la Iglesia entera se pone en camino a la resurrección, entrando en el esfuerzo de la conversión:

¿Qué implica esta conversión?

Que nuestra mentalidad, más o menos alejada del Evangelio, se convierta en mentalidad cristiana; que nuestros caminos de pecado se dirijan por los caminos de la gracia; que donde reinaba el egoísmo, cerrando las puertas a Dios y al prójimo se inaugure una apertura de docilidad con Dios y de amor práctico para con los demás.
Implica un cambio rotundo, una nueva dirección, empezando por la mentalidad, que es la raíz de la conducta.

¿Cuáles son los signos que caracterizan la Liturgia de Cuaresma?

Al comenzar este tiempo la Iglesia nos invita a inclinar la cabeza para recibir la ceniza, señal de humildad, y a abrir el corazón al arrepentimiento y a la esperanza. Nadie está libre de este empeño. Todo hombre, aún el más virtuoso, tiene necesidad de volver a Dios con más plenitud y fervor; en las celebraciones los ornamentos serán de color morado, signo de la penitencia de toda la Iglesia necesitada de reconciliación; no se adorna con flores el Altar, signo de la austeridad de estos días; se omiten el himno Gloria a Dios en el cielo y el canto del Aleluya; los instrumentos musicales se permiten sólo para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este tiempo.

¿Qué medios nos propone la Iglesia para estos días?

El mismo Jesús indica en el Evangelio de san Mateo (6,1-18) los medios especiales para mantener el esfuerzo de la conversión: la limosna, la oración y el ayuno; e insiste en las disposiciones interiores que los hacen eficaces.

Pero la verdadera imagen de la Iglesia en Cuaresma no es solamente la de un pueblo que ayuna y ora sino, sobre todo, la de una comunidad que se recoge en escucha orante de la Palabra de su Señor. La Palabra abundante y la oración fervorosa estimulará en nosotros un trabajo personal y comunitario de ayuno, no reducido a la abstinencia de alimentos, sino sobre todo en el ayuno del hombre viejo, el ayuno del pecado.

La renovación interior va así acompañada y favorecida por una austeridad exterior que en la práctica puede adoptar muchas posibilidades. Una de las señales de la recta inteligencia del ayuno es que termine en la caridad. Vivamos intensamente este paso del hombre viejo al hombre nuevo que se ha hecho esencia de la historia de la salvación y que nosotros asimilamos en nuestro proceso cuaresmal-pascual.

Todos tenemos algo que matar en nosotros para que renazca el hombre nuevo: el orgullo, la pereza, la ira, el ocio, la gula, la lujuria, el egoísmo,… todos tenemos algo que renovar. En esta subida hacia la Pascua no estamos solos. Cristo que una vez para siempre subió a la muerte para merecer la Vida sigue con nosotros y en nosotros el mismo camino. Con una actualidad misteriosa pero real se nos hace compañero de viaje para realizar en nosotros su Cuaresma y su Pascua, la obediencia y el triunfo, la muerte y la vida.

LA SEMANA DE CENIZA
(8 al 11 de marzo)

Es pórtico pedagógico de la cuaresma. No es ésta la primera semana de cuaresma. La liturgia la denomina “semana de ceniza”.
Pero nos introduce muy bien en todo lo que es esencial en la cuaresma: liberación, redención, plenitud. Y, para eso, es preciso renunciar a querer ser todo a la vez, a vivir desde la superficialidad y desde la incoherencia.
Por eso se nos predicará la necesidad de penitencia, limosna, oración. No se nos invita a la penitencia por puro placer de “fastidio”, se nos invita para llegar a la liberación.
No es tiempo de tristeza, es tiempo de alegría, de hacer penitencia sin que nadie se dé cuenta.
Es tiempo de caminar en compañía. El sentido comunitario debe crecer, ya que es toda la Iglesia la que está llamada a caminar hacia la Pascua.
No confundir la cuaresma con la imposición de ceniza. Muchos son los que van a imponerse la ceniza y sólo se trata de un rito mágico… ¡ni caso harán después a la cuaresma!

Para recordar:

El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son los únicos días de ayuno y abstinencia mandados por la Iglesia. Estas prácticas impulsan a la expresión de la penitencia por medio de signos visibles, gestos y obras diversas. Son expresión del deseo y el esfuerzo por la conversión, una reordenación radical de toda la vida para volver más profundamente a Dios. Implican el deseo y la resolución de cambiar la propia vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de la Gracia

La ley del ayuno obliga desde los 18 a los 59 años; la abstinencia a partir de los 14 años.

Todos los demás viernes del año son días de abstinencia de carne. La Conferencia Episcopal Argentina autoriza la posibilidad de reemplazar la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por una obra de caridad, o por una práctica de piedad

 

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