![]() |
|
|
|
| Jesús resurge del sepulcro,
vencedor del mal y de la muerte Las tinieblas son consumidas por la
luz de Cristo. María es la primicia de
esta victoria de Dios uno y trino. El resucitado se le había aparecido como respuesta a su máxima fidelidad a toda la obra Redentora. |
![]() |
| Jesús asciende al cielo en la
gloria del Padre Después de habernos revelado al Padre, su amor y su misericordia, y después de haber cumplido el ciclo de su encarnación, pasión, muerte y resurrección, Jesús retorna a su Padre y Padre nuestro. Trae al seno de la Trinidad una novedad: Su verdadero cuerpo de hombre, formado y recibido de la Virgen María. |
![]() |
| El Espíritu Santo desciende sobre
María y sobre los Apóstoles La hija predilecta del Padre, la madre de Jesús, la esposa del Espíritu Santo, María, está en medio de los tímidos discípulos de su Hijo y goza con ellos de una nueva efusión del Espíritu. El Espíritu irrumpe libremente, con su fuego de amor arrollador. |
![]() |
| María, asunta al cielo, participa
del triunfo de Jesús redentor La Virgen Santísima, concebida inmaculada, es elebada por su Hijo, con el Padre y el Espíritu Santo, a la vida y a la gloria eterna en alma y cuerpo. Pasa súbitamente de la caducidad del tiempo al día eterno. Ella, la mujer nueva, nos precede en cuerpo y alma, junto a la Trinidad. |
![]() |
| Jesús corona a María Reina del
Cielo y de la tierra Perteneciendo totalmente a la Trinidad, llegando a ser Madre de Dios, María es superior a todos los ángeles y a todos los santos: es su coronación perfecta. Ella sola, por lo tanto, merece ser coronada Reina del Cielo por su Señor e Hijo, Jesús. Es algo justo y sabio que nosotros, hijos suyos, la celebremos con todo honor, estima, admiración y reconocimiento, como nos enseño a hacerlo Jesús, nuestro hermano mayor. |
![]() |