Universal Pictures

Toda vez que, inmediatamente antes de comenzar una película, surge un globo terráqueo suspendido en el espacio, se sabe que se está por disfrutar de una producción de Universal. Estos estudios, uno de los grandes, de las "majors" tradicionales de Hollywood, nacieron el 8 de junio de 1912 de la unión de dos sociedades: la Independent Motion Picture Company, regida por Carl Laemmle, y la New York Motion Picture Company, perteneciente a Fred Balshofer. Hasta 1915, fecha en la que la empresa se traslada a sus instalaciones vecinas a Los Ángeles -las más amplias del mundo por aquel entonces, Universal City-, la firma se dedica principalmente a los cortometrajes seriados. Los formulismos, de hecho, serán también una constante en los largos creados durante el imperio de Laemmle y su hijo Carl Jr., caracterizados por una política conservadora, amiga de las obras genéricas de bajo presupuesto, y por ser el crisol donde se formarían talentos como los del director John Ford o el productor Irving Thalberg, luego aprovechados por casas de la competencia.
Los clásicos de terror El fantasma de la Opera (1925), El Dr. Frankenstein (1931), Drácula (1931), La momia (1932) y El hombre invisible (1933) son significativos de este período, al igual que secuelas como La novia de Frankenstein (1935), los films de la eterna adolescente Deanna Durbin, entre ellos la comedia musical Loca por la música (1937) y el drama Mentirosilla (1938), los vehículos humorísticos de W. C. Fields, por ejemplo You Can't Cheat an Honest Man (1939) y Never Give a Sucker an Even Break (1941), los seriales de Flash Gordon, los dibujos animados de Woody Woodpecker o los cortos de noticias. La ambiciosa cinta bélica Sin novedad en el frente (1930), que supone el primer Oscar para la Universal Pictures de Laemmle, y la suntuosa comedia Al servicio de las damas (1936), constituyeron excepciones en este sentido.
En 1936, con la compra de la compañía por parte de la Standard Capital Corporation de J. Cheever Cowdin, pero sobre todo en la década del cuarenta, cuando los estudios se fusionan, en 1946, con International Pictures, las finanzas de la sociedad, un tanto alicaídas a fines de los treinta, se sanean prodigiosamente a través de tres vías. Por un lado, con éxitos de Abbott y Costello como Abbott and Costello Meet Frankenstein (1948) o Abbott and Costello Meet the Invisible man (1951); por otro, con una avalancha de buen cine negro, y por último, con las fantasiosas aventuras que, protagonizadas por la belleza de Maria Montez o Yvonne De Carlo, sacan partido de la llegada del color mediante un excelente equipo de fotógrafos y decoradores.
Cowdin vende a Decca Records la Universal International en 1952, que en adelante será regida por Edward Muhl. El nuevo jefe de producción firma contratos con divos de la estatura de Tyron Power, Gregory Peck o Alan Ladd, además de potenciar las rentables colaboraciones del actor James Stewart y el realizador Anthony Mann, responsables de triunfos en taquilla como Winchester 73 (1950), Colorado Jin (1953), Música y lágrimas (1954) y El hombre de Laramie (1955). El decenio del cincuenta, cuando las cintas de serie B desaparecen por completo del repertorio de la empresa, deviene también en dos memorables trabajos de ciencia-ficción: It Came From Outer Space (1953), filmado innovadoramente en 3-D, y El increíble hombre menguante (1957), una historia tan espectacular como inteligente.
Mientras los estudios se encaminan a los años sesenta, crean asimismo la venturosas series cómicas de bajo presupuesto Ma and Pa Kettle y Francis the Talking Mule, al igual que aplaudidos melodramas y comedias de la mano del director Douglas Sirk, como, entre los primeros, Escrito sobre el viento (1956) o Angeles sin brillo (1958). Bajo la supervisión del productor Ross Hunter, Confidencias a medianoche (1959) principia, por su parte, el próspero tándem de Doris Day y Rock Hudson, integrantes de una flamante generación de estrellas que incluye a Tony Curtis, Julie Adams o Jeff Chandler. Tampoco puede olvidarse en este lapso la multitudinaria cinta de época Espartaco (1960) de Stanley Kubrick.
En 1962, la agencia de talentos MCA adquiere la compañía, pese a sus éxitos, en números rojos, e inicia una política de austeridad que la orienta a la televisión. La Universal, entonces, ahora presidida por Lew Wasserman, hace historia al elaborar las primeras películas expresamente concebidas para este medio, en concreto para la cadena NBC. Alfred Hitchcock será, en la gran pantalla, el director emblemático de esta etapa con obras como Charada (1963), Marnie, la ladrona (1964) o Cortina rasgada (1966), a las que deben sumarse por su calidad Matar un ruiseñor (1962) de Robert Mulligan y Noches de la ciudad (1969) de Bob Fosse.
La década del setenta comienza con una nueva moda impulsada por la Universal, el cine catástrofe, mediante Aeropuerto (1970) y sus secuelas -la espectacular Aeropuerto ´77 (1977), entre ellas-. A la par, la firma abre sus puertas a producciones acordes con los tiempos, como la fantasía de ciencia-ficción La amenaza de Andrómeda (1971) de Robert Wise, la ópera-rock Jesucristo Superstar (1973) de Norman Jewison, la comedia de época El golpe (1973) de George Roy Hill, la coral American Graffiti (1973) de George Lucas, el hipertaquillero thriller marino Tiburón (1975) de Steven Spielberg o el drama bélico El cazador (1978) de Michael Cimino.
El prestigio conseguido por los estudios durante décadas de dura labor se extiende también a los años ochenta. En este decenio, ahora con Sidney J. Sheinberg al frente de la firma, tienen lugar films más aclamados que comercialmente beneficiosos, con las enormes excepciones de E.T., el extraterrestre (1982), sobre todo, y de Regreso al futuro (1985) y sus continuaciones. Los títulos Quiero ser libre (1980), En el estanque dorado (1981), Desaparecido (1982), El precio del poder (1983), Dune (1984), Memorias de Africa (1985) o Brazil (1985), sin embargo, dejan muy alto el listón de la Universal.
Con los años noventa y la absorción de ésta por el poderoso grupo japonés Matsushita, Cuanto más, mejor (1990) de Spike Lee, el remake de El cabo del miedo (1991) de Martin Scorsese, Tomates verdes fritos (1991) de Jon Avnet, Atrapado por su pasado (1993) de Brian De Palma, Babe, el cerdito valiente (1995) de Chris Noonan o Corazón de dragón (1996) de Rob Cohen, mantienen la reputación de la productora, que posee en Pequeños guerreros (1998) y otro remake, La momia (1999), algunos de sus últimos frutos. El mundo, mientras tanto, sigue girando al principio de sus películas frente a los ojos atentos, y agradecidos, de los amantes del séptimo arte.