Tiburón
(Jaws)
1975
Tras una fiesta nocturna en la playa, una joven reta a su novio a una carrera de natación; borracho, él cae sobre la arena mientras ella se mete en el agua y comienza a nadar. Días más tarde sus restos, horriblemente mutilados, aparecen entre las algas que la marea deposita sobre la orilla. Para el jefe Cody de la policía se trata del ataque de un gran tiburón blanco; no obstante, las autoridades locales prefieren ignorar dicho juicio para no perjudicar al turismo.
Fue Tiburón (1975) una de las primeras películas que se atrevieron a cuestionar en taquilla las inmensas recaudaciones de clásicos como Lo que el viento se llevó (1939), además de significar el primer gran éxito de Steven Spielberg, un joven que sería conocido con el paso del tiempo como "el Rey Midas de Hollywood" gracias al éxito de Encuentros en la tercera fase (1977), En busca del arca perdida (1981), E.T., el extraterrestre (1982) y de films por él producidos como Poltergeist, fenómenos extraños (1982). Amparándose en los miedos que el mar genera en el subconsciente humano, en el no menos atávico temor a ser devorado por una fiera, facturó Spielberg una cinta intachable de principio a fin, un paseo por los infiernos que esconde el océano y, por encima de todo, un tour de force con el suspense y el escalofrío como recurrente y obstinada meta –téngase en cuenta que, a diferencia de tantas imitaciones, uno de los grandes aciertos del film consiste en mantener escondida a su criatura protagonista durante casi 82 minutos. Aún así, la llegada de Spielberg al proyecto fue cuando menos accidental, pues leyó casualmente el guión de Peter Benchley –autor de la novela homónima en la que aquél se basaba-, en el despacho del productor Richard D. Zanuck mientras esperaba para resolver algunos detalles de su anterior film, Loca evasión (1974). Tras conseguir hacerse con la silla de director, el niño prodigio de la Universal tuvo que vérselas con un rodaje de auténtica pesadilla, plagado de motines, discusiones, sabotajes, accidentes y, por supuesto, constantes retrasos en los plazos de producción. Los resultados, no obstante, compensaron con creces aquella desastrosa experiencia, sumieron a las plateas de todo el mundo en el más acuático de los horrores. Tres secuelas dirigidas por Jeannot Szwarc, Joe Alves –responsable de los efectos especiales del original-, y Joseph Sargent en 1978, 1983 y 1987, e innumerables productos entre lo interesante –Piraña (1978) de Joe Dante-, y lo decididamente deleznable siguieron la estela dejada en las aguas del séptimo arte por esta memorable producción.