¿Qué fue de Baby Jane?

(What Ever Happened to Baby Jane?)

1962

 

 

 

Blanche y Jane son dos hermanas a quienes el brillo de las candilejas –y, para qué negarlo, también el egoísmo y alguna que otra psicopatía-, han enfrentado desde la más tierna infancia. Si Jane triunfaba de pequeña, es Blanche quien al crecer conoce las mieles del estrellato hollywoodiense. No obstante, un extraño accidente de coche la deja incapacitada, lo que creará una situación de odios y dependencias mutuas en la amarga pareja.

Entre los clásicos que Robert Aldrich firmara a lo largo de su carrera –por citar sólo tres: Veracruz (1954), El beso mortal (1955) y Doce del patíbulo (1967)-, poco o nada desentonaría la mención de este título, obra maestra a vueltas con las más crudas rencillas fraternales que recondujo la carrera de sus dos inmensas intérpretes. Bette Davis, ganadora de dos Oscar de Hollywood –por Dangerous (1935) y Jezabel (1938)-, y Joan Crawford, poseedora de otra estatuilla por su trabajo en Alma en suplicio (1945), sentaron cátedra tras varios años de semi-olvido, alejadas al menos de las brillantes producciones que en su día les dieran fama. Doce años habían pasado desde que la primera diera vida a la igualmente crepuscular Margo Channing de Eva al desnudo (1950); ocho desde que Crawford se convirtiera en la Vienna de Johnny Guitar (1954), con el añadido de que no había filmado ninguna película entre 1959 y el 1962 de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962). Por todo ello, la crueldad que el personaje de la una demuestra hacia la otra, también la nostalgia que ésta experimenta al recordar sus días de gloria –inolvidable el fulgor de su rostro ante el pase televisivo de Una mujer de su casa (1934)-, optan al simbolismo, permiten la extrapolación y la crítica hacia el modo en que la ciudad de las estrellas prescinde de éstas en cuanto la luz de su juventud comienza a desaparecer. Quizá tan sólo la mencionada Eva al desnudo (1950) y, por supuesto, El crepúsculo de los dioses (1950) del maestro Billy Wilder habían tocado el tema con tanta virulencia. Pero Hollywood es un ave fénix que no sólo resurge de sus cenizas sino que se muestra plenamente capaz de alimentarse de sus propios fantasmas, circunstancia que queda probada si se tiene en cuenta el número de papeles para mujeres maduras y perturbadoras que a partir de entonces poblaron las pantallas. ¿Más instantes para el recuerdo? Pues el peculiar menú con que Jane obsequia a su querida hermana o la pseudo-pedofilia que envuelve sus ensayos ante Victor Buono cuando decide intentar el regreso a la fama de que en verdad nunca disfrutó.     

 

 

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