Poltergeist, fenómenos extraños
(Poltergeist)
1982
En una típica casa unifamiliar norteamericana vive una típica familia norteamericana, etc. Desgraciadamente (para ellos), los muebles comienzan a moverse solitos, el árbol del jardín despierta hambriento y la pequeña del lugar, Carol-Anne, insiste en comunicarse con alguien a través del televisor en cuanto se acaba la programación. Más adelante, Carol-Anne desaparece y, expertos mediante, se llega a la conclusión de que ciertos espíritus locales andan de muy malas pulgas.
Polémica en todos y cada uno de los apartados de su creación, Poltergeist, fenómenos extraños (1982) no ha podido librarse jamás del estigma de haberse realizado bajo la dictatorial batuta de Steven Spielberg. No sólo se encargó éste de pulir el guión, de contratar al equipo técnico y de dibujar todos los story-boards, sino que fue quien tomó las decisiones en la sala de montaje, recinto sagrado del creador de la película. Al parecer, Tobe Hooper se limitó a trasladar los designios del director de Tiburón (1975) al estudio de rodaje, y más allá de los contactos previos a la firma del contrato, apenas pudo ejercer su libertad creativa. Ni siquiera en cuanto a mundos oscuros pudo Hooper, realizador de la demoledora La matanza de Texas (1974), competir con el llamado Rey Midas de Hollywood, a quien ciertamente se le ve el plumero en la carga moral de la película, de tintes bastante reaccionarios. Para culminar el apartado negativo, decir que es esta una cinta calificada de maldita, pues dos de sus intérpretes, Dominique Dunne y Heather O'Rourke, murieron en circunstancias poco aclaradas, la una asesinada y la otra a causa de una extraña enfermedad de la que se contagió en el rodaje de Poltergeist III (1988), de Gary Sherman.
Las buenas noticias quedan, por tanto, circunscritas a los resultados estéticos, técnicos y comerciales del film. También destacable por los contrastes de una fotografía que pasa de lo colorido a lo sombrío con inquietante facilidad, los efectos especiales del equipo de Richard Edlund se mostraron terroríficamente adecuados, mientras que los protagonistas encarnaban a la familia americana de cualquier teleserie con notable convicción. Plagada de golpes bajos, pasará Poltergeist, fenómenos extraños (1982) a la historia por su factura y acabado, por la sensación de inseguridad que sus imágenes transmiten: más allá de moralinas, si a la familia Freeling le puede suceder esto, qué no nos sucederá a nosotros...