Paramount Pictures

 

 

Estos estudios emblemáticos de Hollywood, identificados por una montaña nevada a la que rodea un círculo de estrellas, nacieron de Famous Players Film Company, la empresa cinematográfica del pionero Adolph Zukor, que desde mediados de la década de 1910 a mediados de la de 1920 fue la más grande del mundo. A través de este último decenio, conocería diversos nombres, conforme era reorganizada y veía crecer sus intereses, por ejemplo, con la incorporación en 1926 de la importante red de salas de exhibición Balaban & Katz. Se llamaría Paramount Famous Lasky Corporation en 1927, Paramount Publix en 1930 y Paramount Pictures Inc. en 1933, cuando centralizó bajo esta denominación las ramas de producción, distribución y exhibición hasta entonces paralelas dentro del grupo. Durante esta etapa inicial, sus mayores éxitos fueron, en primer término, Alas (1927), con Clara Bow, y luego La loca orgía (1929), con la misma diva; El caíd (1921), con Rodolfo Valentino; La marcha nupcial (1928) de Erich von Stroheim y El virginiano (1929), con Gary Cooper, además de las series del detective Philo Vance, con entregas como las de 1929 ¿Quién la mató? (1929) y The Greene Murder Case (1929).

A partir de 1936, Barney Balaban, el dueño de la cadena de cines antedicha, presidió la firma desde Nueva York, secundado en California por Y. Frank Freeman. Ambos impulsaron una política tan conservadora como rentable, basada en las obras de género y el poder de convocatoria de las estrellas de la casa. Entre los logros de esta década, la del treinta, deben señalarse las brillantes comedias de los disparatados hermanos Marx El conflicto de los Marx (1930), Pistoleros de agua dulce (1931), Plumas de caballo (1932) y Sopa de ganso (1933), y las picantes de Mae West Lady Lou (1933), No soy ningun ángel (1933) y No es pecado (1934), las últimas dos junto a un jovencísimo Cary Grant. Si la Metro tenía a la Garbo, la Paramount poseía otra sublime belleza de importación, la alemana Marlene Dietrich, que hizo suspirar a los corazones masculinos en cintas como Marruecos (1930), La Venus rubia (1932), Deseo (1936) o Arizona (1939), a veces emparejada con Gary Cooper, la respuesta masculina al Clark Gable de la MGM y el héroe de los clásicos de aventuras Tres lanceros bengalíes (1935) y Beau Geste (1939). Ernst Lubitsch, con su famoso toque de sofisticación, y el siempre monumental Cecil B. De Mille, esplendieron detrás de las cámaras, por su parte, en producciones inolvidables; por ejemplo, Un ladrón en la alcoba (1932) del primero y Cleopatra (1934) o Unión Pacífico (1939) del segundo, así como lo hicieron en la pantalla Claudette Colbert en el film faraónico, en Medianoche (1939) y muchos más, Fredric March en The Royal Family of Broadway (1930) o El Hombre y el Monstruo (1933), Paul Muni en The Life of Emile Zola (1937), Jean Arthur en Una chica afortunada (1937) y Charles Laughton en The Beachcomber (1938).

De Mille continuó dando que hablar en los años cuarenta mediante Policía montada del Canadá (1940), Los inconquistables (1947) y Sansón y Dalila (1949), al igual que Preston Sturges con sus comedias Navidades en Julio (1940), Las tres noches de Eva (1941) y The Miracle of Morgan's Creek (1944). También la Dietrich y Jean Arthur con Berlín-Occidente (1948), Gary Cooper con El sargento York (1941) o Por quién doblan las campanas (1943) y Erich von Stroheim con Cinco tumbas al Cairo (1943). Ídolos nuevos o procedentes de otros estudios se sumaron al firmamento de la Paramount, como Barbara Stanwyck, Fred MacMurray, Henry Fonda o Ray Milland, a través de la mencionada Las tres noches de Eva (1941), Perdición (1944) o Días sin huella (1945). El género negro, con Historia de un detective (1945), y sobre todo con los films encabezados por Alan Ladd y Veronica Lake El cuervo (1942), La llave de cristal (1942) y La dalia azul (1946), conoció una popularidad inusitada. Las risas tampoco se detuvieron en la factoría de la montaña nevada, que lanzó en estas fechas la agridulce sátira Los viajes de Sullivan (1941), con la Lake y Joel McCrea, o Ruta de Singapur (1940) y sus diversas secuelas, llevando a la cumbre la fama de Bob Hope, Dorothy Lamour y Bing Crosby, protagonista, además, de la emocionante aproximación musical a la caridad Siguiendo mi camino (1944).

En 1949, cuando Balaban hubo de desprenderse de su poderosa red de salas de exhibición por orden judicial, el coloso hollywoodense empezó a tambalearse. De puertas afuera, sin embargo, el productor Hal B. Wallis, los directores Billy Wilder, William Wyler, Alfred Hitchcock y Cecil B De Mille y una generación flamante de estrellas liderada por Grace Kelly, Audrey Hepburn, Burt Lancaster, Kirk Douglas y William Holden mantuvieron muy alto el prestigio de la compañía durante el decenio del cincuenta. Los dramas El crepúsculo de los dioses (1950), El gran carnaval (1951), El mayor espectáculo del mundo (1952), Come Back, Little Sheba (1952), Traidor el infierno (1953), La angustia de vivir (1954) y The Rose Tattoo (1955), el policial Brigada 21 (1951), el western Duelo de titanes (1957), el musical Una cara con ángel (1957), la comedia El Farsante (1956), la cinta bíblica Los diez mandamientos (1956), las románticas Vacaciones en Roma (1953) y Sabrina (1954), y los thrillers Atrapa a un ladrón (1955) y De entre los muertos (1958), son sólo algunos de los títulos legendarios creados en esta década por el selecto ramillete de artistas antedicho, esfuerzos a los que debe añadirse el clásico de ciencia-ficción  La guerra de los mundos (1953), con John Barry.

Los años sesenta depararon cambios sustanciales a la administración de la Paramount. Barney Balaban se retiró en 1964, y en 1966 la corporación Gulf & Western Industries se hizo con el control de los míticos estudios. Charles Bluhdorn, el nuevo presidente, colocó al ex agente de prensa Martin S. Davis al frente de la sede de Nueva York y al ex actor Robert Evans en la cúspide de la de Los Ángeles. Pese a ser tiempos difíciles para la economía de la empresa, ésta produjo largometrajes memorables. El rostro impenetrable (1961), protagonizado y dirigido por Marlon Brando, y El hombre que mató a Liberty Valance (1962), con John Wayne, en lo que compete al género del Lejano Oeste; Desayuno con diamantes (1961), Verano y humo (1961), All the Way Down (1963) y Hud (1963) en el terreno dramático; El profesor chiflado (1963), Descalzos por el parque (1967) y Demasiados secretos para un hombre solo (1967) en el cómico y Becket (1964) en el histórico, mientras que Plan diabólico (1966) y La semilla del diablo (1968) se encargaron de asustar al público. Tampoco deben soslayarse en este período los rentables musicales pergeñados para el lucimiento de Elvis Presley.

Con las geniales películas de Francis Ford Coppola El padrino (1972) y El padrino, 2ª parte (1974), los números empezaron a cuadrar en la firma. Al Pacino y Robert De Niro con estos trabajos y Sérpico (1973), Bang the Drum Slowly (1973), Marathon Man (1976) y El último magnate (1976), se convirtieron en figuras de la casa en la década del setenta, así como Jack Nicholson con Chinatown (1974), Burt Reynolds con Rompehuesos (1974), el veterano Robert Mitchum con El confidente (1973), el joven Jeff Bridges con Bad Company (1972) y la adolescente Jodie Foster con Bugsy Malone, nieto de Al Capone (1976). Asimismo caben nombrar por su calidad las adaptaciones a la pantalla de Asesinato en el Orient Express (1974) y Muerte en el Nilo (1978) de Agatha Christie, la comedia Harold y Maude (1972), el western El último pistolero (1976), el film de acción urbana Los amos de la noche (1979), el drama coral de Robert Altman Nashville (1975), el biográfico y literario Tropic of Cancer (1970), la primera película de los cannábicos Cheech y Chong, Como humo se va (1978), y la plataforma al estrellato de John Travolta, Fiebre del sábado noche (1977), ésta no tanto por su excelencia como por su éxito masivo.

Sucediéndose en los años setenta y ochenta Barry Diller y Frank Mancuso en la cúpula de la compañía, que en 1989 cambiaría el rótulo de Gulf & Western por el de Paramount Communications Inc., la ciclópea productora brindaría en el segundo de estos decenios más de una satisfacción a los amantes del séptimo arte. El hombre elefante (1980), Gente corriente (1980), Cowboy de ciudad (1980), Rojos (1981), S.O.B. (1981), La fuerza del cariño (1983), Unico testigo (1985) y Los intocables de Eliot Ness (1987), por ejemplo, además de rotundos triunfos de taquilla como las tres entregas iniciales de la saga de Indiana Jones -distribuidas por la empresa-, y varias de la televisiva Star Trek, o Superdetective en Hollywood (1984) y otros vehículos de Eddie Murphy, Aterriza como puedas (1980), Popeye (1980), Grease 2 (1982), Oficial y caballero (1982), Flashdance (1983), Footloose (1984), Idolos del aire (1986) y Atracción fatal (1987).

La década del noventa, inaugurada con dos films de la altura de los policiales Asuntos sucios (1990) y The Two Jakes (1990), sería transitada con el buen pie de siempre por la Paramount, preparando el terreno para un nuevo milenio que, sin lugar a dudas, ofrecerá motivos para que millones de espectadores sigan ascendiendo embelesados la montaña mágica.

 

  

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