Matrix
(Fishburne, Laurence)
1999
Neo, un hacker, descubre al entrar en contacto con otro experto en informática, Morpheus, que lo que él suponía ser el mundo real y el año 1999 no es más que una compleja simulación virtual. Esta ficción, llamada Matrix, está generada por una red de ordenadores que, además de controlar a la humanidad desde el futuro, se alimenta de su energía vital. Al tomar conciencia de esta situación, Neo, predestinado a liberar a los hombres de la satisfecha esclavitud en que viven sin saberlo, se unirá a Morpheus y otros rebeldes en la lucha contra Matrix y sus agentes, computadores que adoptan forma humana para mantener la fantasía virtual y el sometimiento implicado en ella.
Clásico de la ciencia-ficción cinematográfica desde el mismo momento de su estreno, Matrix (1999) se ganó este privilegio gracias a su síntesis inmejorable entre un sólido guión que explora un tema de suma actualidad en la era internet (realidad vs. virtualidad) y efectos visuales y sonoros sencillamente mágicos. El largometraje escrito y dirigido por los hermanos Wachowski vino a establecerse de esta manera como un hito en un género en tantas ocasiones maltratado desde el punto de vista conceptual, plagado de producciones infantiles sin otro atractivo que ofrecer que un aluvión gratuito de efectos especiales. En Matrix (1999), todo lo contrario, los trucos dedicados a asombrar los ojos y los oídos, cosa que logran plenamente, están respaldados por una historia que, precisamente, trata de ellos, del límite día a día más delgado entre lo real y lo aparente, entre la vida de verdad y la cada vez más perfecta simulación de ella que permite la tecnología informática de fines del siglo XX y principios del XXI, todo ello contado como una entretenida narración sobre héroes y villanos, sobre hombres y máquinas. La película, de la que se esperan secuelas en los años 2002 y 2003, se alzó con los Oscars del 2000 al mejor montaje, los mejores efectos sonoros, los mejores efectos visuales y el mejor sonido, además de obtener los premios que otorga la British Academy a los mejores efectos visuales y al mejor sonido. Actoralmente, si bien no representa un trabajo singularmente notable de Keanu Reeves (Neo), significa un acierto de casting a la hora de la encarnación de un personaje joven de espíritu épico pero vulnerable, sin mencionar el impacto de esta estrella a nivel de taquilla, acrecentado por su emparejamiento con otro intérprete apreciado en este sentido, Laurence Fishburne (Morpheus).