La noche de los muertos vivientes
(Night of the Living Dead)
1968
Sin que venga mucho a cuento, súbitamente comienzan los cadáveres de un cementerio a cobrar vida, despiertan para colmo hambrientos y el único elemento que parece figurar en su dieta es la carne humana. Siete personajes de dispares características se esconden en una granja donde, a lo largo y ancho de una noche, serán asediados por las hordas de muertos vivientes.
Quizá el primero de los grandes renovadores del género de terror merced a producciones del más radical amateurismo, proclives a la exhibición de entrañas diversas, que consiguieron tanto éxito mediático como de público, George A. Romero vio como su nombre quedaba inevitablemente ligado a esta película y a sus posteriores secuelas, aunque absorbido por los estudios su trayectoria posterior sólo destacaría por la irregular Martin (1977), la gamberra Creepshow (1982) y la interesante aunque muy modesta Atracción diabólica (1988) –tres cuartos de lo que sucedió con figuras tan prometedoras como las de Tobe Hooper y Sam Raimi, realizadores de La matanza de Texas (1974) y Posesión infernal (1983) respectivamente. Con un presupuesto de menos de 200 mil dólares, La noche de los muertos vivientes (1968) es una tosca y desagradable puesta al día del viejo mito zombie, sorprende por su completa falta de tacto y sus brutalmente conseguidos efectos especiales y de maquillaje. Y mientras Romero se empantanaba con Zombie (1979) y El día de los muertos (1985), su guionista John A. Russo escribía un manual sobre cómo realizar películas baratas que se ha convertido en obra de cabecera para muchos estudiantes de cine. En 1990, el genio del maquillaje Tom Savini dirigió un prescindible remake de este original film.