La matanza de Texas
(The Texas Chain Saw Massacre)
1974
Varias tumbas han sido profanadas en un cementerio de un pueblecito de Texas y hacia allí se dirige la protagonista, acompañada de un grupo de amigos, para constatar que el nicho de su padre permanece intacto. El encuentro con una familia muy peculiar, no obstante, abocará a los jóvenes al peor de los infiernos.
Un certero puñetazo a las entrañas del espectador, eso significó La matanza de Texas (1974) en su día, y eso mismo sigue representando actualmente. Con un tratamiento casi naturalista del asesinato y/o descuartizamiento –quizá sólo comparable al utilizado por John McNaughton en Henry, retrato de un asesino (1986), pues ambos son films de la más barata factura que alcanzan resultados tan notables como atroces-, Tobe Hooper se postuló como la gran esperanza de un género que comenzaba a perder el miedo, cuando menos en su vertiente más alejada de los grandes estudios, al qué dirá la censura y al cuántos estómagos se desbordarán en la platea. Deudora de Romero y su La noche de los muertos vivientes (1968), no existe aquí poder de sugerencia, apenas se recurre a la elegante elipsis como tampoco al salvaguardador guiño travieso propio de tantas obras sobre psycho killers... Las supuestamente verídicas andanzas de Leatherface y familia resultan espeluznantes desde cualquier óptica, abrieron la puerta a una legión de jóvenes cineastas que crecerían profesionalmente en el gore de los años ochenta, lograron que aún hoy la sola visión de un gancho de carnicero ponga la piel de gallina hasta al más pintado. Desgraciadamente, ese Tobe Hooper que, al igual que John Carpenter, era capaz de encargarse de casi todos los apartados técnicos del film, se perdió en medianías de serie B –véase la secuela de esta misma cinta, de 1986-; tan sólo Poltergeist, fenómenos extraños (1982) dejó muestras –contadas, tamizadas por el espectro de Spielberg-, de su talento