La guerra de las galaxias

(Star Wars)

1977

 

 

 

En una galaxia muy lejana las tropas imperiales de Darth Vader secuestran a la princesa Leia. Antes de caer en tan malas manos, la intrépida joven envía un mensaje de socorro con su pequeño androide, R2D2, que de un modo u otro será recibido por Luke Skywalker, habitante del planeta Tatooine a quien el destino reserva proyectos de mayor envergadura. Su aprendizaje junto al maestro Jedi, Obi Wan Kenobi será el primer paso a la hora de emprender el rescate.

Posiblemente una de las diez películas más populares de todos los tiempos, desencadenante de una larga saga fílmica que ha devenido referencia cultural de primer orden a la hora de entender las últimas dos décadas del siglo XX, filón inagotable, en definitiva, de iconos visuales y temáticos... Todo ello, y posiblemente más, representa La guerra de las galaxias (1977), el proyecto de tres años de trabajo de una mente ingenua pero tremendamente perspicaz, que en su primer contrato con la 20th Century Fox ya controlaba hasta el último detalle del producto, incluidos merchandising y reproducción en cualesquiera soportes visuales fueran a aparecer en el futuro. La productora, que en sus previsiones iniciales esperaba repetir el éxito alcanzado diez años antes con El planeta de los simios (1968), vio como sus expectativas se quedaban increíblemente cortas. El universo de George Lucas, compuesto de viejos seriales televisivos, narraciones medievales y regurgitaciones diversas, tocó la fibra sensible de todos los públicos, tanto adultos como infantiles, y alcanzó un status de film de culto prácticamente irrepetible. La clave a los doce millones de dólares de presupuesto, también a la presencia de esos dos extraordinarios actores británicos que son Alec Guinness y Peter Cushing para dar cierto nivel al producto, radicó en el éxito del anterior film de Lucas, un American Graffiti (1973) que incluso fue nominado a seis Oscar. Todo lo sucedido a  partir de entonces –el laborioso trabajo de preproducción, el accidentado rodaje en Túnez y Londres, los sables láser, el lado oscuro de la fuerza, los seres de las arenas, la mitología jedi y un sinfín de motivos más, amén del ya mencionado fenómeno de masas-, es historia en mayúsculas del séptimo arte. Gracias a tan fulgurante éxito pudo Lucas culminar su primera trilogía con El Imperio contraataca (1980) de Irvin Kershner, y El retorno del Jedi (1983) de Richard Marquand. Años más tarde, él mismo volvería a sentarse en el sillón de director para dar inicio a una segunda trilogía, que al ser cronológicamente anterior iba a liar el orden numérico de los capítulos y que nacería con La amenaza fantasma (1999).

   

 

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