Un hombre-lobo americano en Londres

(An American Werewolf in London)

1981

 

 

 

Tras visitar brevemente el no muy acogedor pub La oveja degollada, dos jóvenes norteamericanos se pierden en la brumosa noche de la campiña inglesa. Allí, el ataque de una bestia no del todo identificada mata a uno y causa graves heridas al otro. Ya en el hospital, el superviviente conocerá a una encantadora enfermera mientras recibe la visita del espectro de su difunto amigo.

Aunque responsable de las comedias más gruesas e influyentes del momento –véanse Made in USA (1977) y Desmadre a la americana (1978)-, el irregular John Landis tuvo dos fugaces encuentros con el cine fantástico. Su contribución a  En los límites de la realidad (1983) -intento de recuperar la mítica serie The Twilight Zone junto a Steven Spielberg, Joe Dante y George Miller-, le sumió en una profunda crisis al producirse la muerte accidental de tres personas, incluido el actor Vic Morrow, en pleno rodaje. Antes, no obstante, este Un hombre-lobo americano en Londres (1981) tuvo el mérito de contribuir a una renovación del género que cineastas como el citado Joe Dante proponían desde hacía años. El humor, algunos aciertos visuales y la completa falta de prejuicios y pretensiones llevaron a cintas como Aullidos (1981) o la que nos ocupa a erigirse en vital referencia para la producción de la década recién inaugurada. La memorable transformación del protagonista en bestia, obra de Rick Baker, y secuencias como la del caos circulatorio que el licántropo produce en el corazón mismo de Londres no pueden catalogarse más que de míticas. En 1997, Anthony Waller dirigió la secuela Un hombre-lobo americano en París (1997), lejana a su predecesora tanto en la calidad de los efectos especiales como en el tono de la película, una mera repetición de las situaciones planteadas anteriormente.        

 

 

 

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