Gandhi
(Gandhi)
1982
Sir Richard Attenborough llevaba años intentando conseguir
la financiación de esta superproducción, como gesto de reconocimiento de un
británico hacia la persona de Mohandas Kaharamchand Gandhi, el hombre que
liberó a la India y demostró al mundo entero que es posible el diálogo entre
dos pueblos enfrentados. El punto de partida de la cinta es la estancia de
Gandhi en Sudáfrica a finales del siglo XIX y principios del XX, donde se le
niegan ciertos derechos fundamentales por ser considerado un ciudadano de
segunda clase. Poco tiempo después, Gandhi regresa a la India, un país
dominado por el Imperio Británico, que también niega los derechos y libertades
fundamentales, como a sus miles de millones de habitantes. El líder indio
inicia así una campaña de varias décadas basada en la presión a través de
la razón que culminará con la independencia del país asiático.
Para interpretar el papel de Gandhi, Richard Attenborough
barajó los nombres de diversos actores británicos, pero finalmente se decidió
por Ben Kingsley, un joven que contaba con una sólida trayectoria en el mundo
del teatro (había formado parte, entre otras, de la Royal Shakespeare Company).
La interpretación de Kingsley es magistral a lo largo de toda la película, que
parte desde un arrogante abogado de familia acomodada hasta el anciano que a
través de su experiencia y sabiduría puso en jaque al Imperio Británico y
aglutinó bajo su guía a toda una sociedad de sociedades.
Aunque por momentos su épica sea artificiosa, la historia en
sí es apasionante y está magníficamente narrada. La producción está a la
altura de cada una de las numerosas escenas multitudinarias, así como en la
cuidada recreación de época, que es impecable.
Más allá de la historia personal del mismo Ghandi, es de
destacar la recreación del nacimiento de la nación india y el papel de sus
distintos artífices, condicionados por un amplio abanico de complejidades
sociales y políticas, incluído el episodio de la escisión de Pakistán
Ganadora de premios Oscar a la mejor película, mejor
director, mejor actor principal, mejor fotografía, mejor guión, mejor montaje,
mejor dirección de arte y mejor vestuario, esta película merece un lugar de
honor dentro de toda la trayectoria del cine histórico, siendo una producción
que sostiene soberbiamente su narración y puesta en escena a lo largo de más
de tres horas.