20th Century-Fox

 

 

Los estudios cuyo famoso cartel de presentación aparece cruzado por haces de luz y con una solemne fanfarria iniciaron su andadura tan pronto como en 1912. Fue en esa fecha cuando William Fox, el dueño de una importante cadena neoyorquina de salas de nickelodeons, creó una productora de películas llamada Box Office Attraction. Dotada ya en los primeros años veinte de instalaciones en Hollywood, esta compañía consolidó su prestigio durante el curso de dicha década contratando directores locales y extranjeros de la reputación de John Ford, entre los unos, o F. W. Murnau, entre los otros.

El año 1927 resultaría crucial en la vida de la empresa, todavía mediana. Si por un lado, Amanecer (1927) de Murnau le confirió un aura de seriedad artística incomparable por aquel entonces, la llegada del sonido al celuloide, por otra parte, fortaleció sus arcas de un modo inusitado. Hábilmente, los estudios emplearon la nueva tecnología, personalizada como Fox Movietone, en sus cortometrajes de noticias, que se proyectaban antes de las películas. Así, en mayo de 1927 obtuvieron un enorme triunfo cuando ofrecieron la única filmación sonora disponible del histórico vuelo de Lindbergh.

La Depresión, sin embargo, no respetó a la pujante firma, que hubo de fusionarse con la 20th Century Pictures en 1935, viendo como su fundador era reemplazado por Joseph M. Schenck y Darryl F. Zanuck. El cambio comenzó a dar sus frutos sin dilación. Zanuck, el nuevo jefe de producción, pronto elevó a la categoría de estrellas a figuras como Tyrone Power o Alice Faye, que demostraron ser altamente rentables. No obstante, sería en la década siguiente, la del cuarenta, cuando la 20th Century-Fox entró de lleno en una época dorada, gracias a estos y otros divos, como la rubia Betty Grable, cuyos musicales en Technicolor, por ejemplo Moon Over Miami (1941) o When My Baby Smiles at Me (1948), arrastraron multitudes a la pantalla. El western The Ox-Bow Incident (1943), el policial Laura (1944) y dramas de la talla de Las uvas de la ira (1940), ¡Qué verde era mi valle! (1941), La barrera invisible (1947) o Pinky (1949), mientras tanto, afianzaron la categoría artística de los estudios.

En los años cincuenta, sobre todo a partir de la renuncia de Zanuck en 1956, las finanzas de la productora empezaron a declinar, lo que no fue óbice para mantener la calidad de sus títulos. Los dramas Eva al desnudo (1950) y Pasión bajo la niebla (1952), las cintas de ciencia-ficción Ultimátum a la Tierra (1951) y La mosca (1958), las históricas ¡Viva Zapata! (1952) y Desirée (1954) y el musical Los caballeros las prefieren rubias (1953) son una buena prueba de la altura y variedad de sus esfuerzos fílmicos de entonces.

Los años sesenta, aunque también serían irregulares en materia económica, no harían mella en el prestigio de la 20th Century-Fox. Todo lo contrario. Pese al fracaso multimillonario de Cleopatra (1963), el regreso de Darryl F. Zanuck, ahora con su hijo Richard, a mediados del decenio, brindaría un éxito rotundo: Sonrisas y lágrimas (1965), que permitiría a la casa emprender otros proyectos ambiciosos como El extravagante Dr. Dolittle (1967), El planeta de los simios (1968), primera entrega de la que sería una saga antológica; Hello, Dolly! (1969) o Dos hombres y un destino (1969).

Los setenta, sin embargo, verían desaparecer definitivamente al mítico productor, suplantado por un nuevo mago de la gerencia cinematográfica, Dennis Stanfill, que sanearía la bolsa de la empresa con una seguidilla de títulos taquilleros. Los más emblemáticos de ellos fueron los bélicos Tora! Tora! Tora! (1970), Patton (1970) y M.A.S.H. (1970), el policial Contra el imperio de la droga (1971), los catastróficos La aventura del Poseidón (1972) y El coloso en llamas (1974), el literario Los tres mosqueteros (1974), las comedias de terror El jovencito Frankenstein (1974) y The Rocky Horror Picture Show (1975), el film satánico La profecía (1976) y, de un modo espectacular, la fantasía de ciencia-ficción La guerra de las galaxias (1977), una de las películas más rentables de la historia del séptimo arte, a la que le iría a la zaga otro triunfo económico de temática espacial, Alien, el octavo pasajero (1979).

Luego de pasar por las manos del petrolero Marvin Davis en 1981, la 20th Century-Fox sería adquirida en 1985 por el magnate mediático Rupert Murdoch, dueño, además, de las emisoras otrora pertenecientes a Metromedia Television, lo que redundaría en beneficio de los estudios, que de esta manera ampliaban su poder de difusión. Las cintas más recordadas de esta era son París, Texas (1984), Cocoon (1985), Legend (1985), Depredador (1987) y Wall street (1987), tan diversas como aplaudidas.

Con la década del noventa, la firma fundada en 1912 por William Fox mantendría altos los listones comercial y artístico a través de comedias como Solo en casa (1990) y Hot Shots! (1991), thrillers de acción cuales Speed, máxima potencia (1994) y Broken Arrow: Alarma nuclear (1996), películas de época como Braveheart (1995) y Los ladrones (1996) o la superproducción sideral Independence Day (1996), aparte de conocer un año singularmente fructífero en 1997 mediante la entrega Alien: Resurrección (1997), el dibujo animado Anastasia (1997), la comedia dramática Full Monty (1997) y, de una modo fastuoso, con la premiada y taquillera Titanic (1997).

El tiempo dirá si la actual X-Men (2000) y las futuras Terminator 3 (2001), Planet of the Apes (2001) y Fantastic Four (2001) alcanzan las elevadas cotas de popularidad y admiración conseguidas por tantos films de la 20th Century-Fox a lo largo de su dilatada andadura. Por lo pronto, la productora de los reflectores y la fanfarria ocupa desde hace ya casi un siglo un lugar insustituible en la historia del cine.

  

   

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