Encuentros en la tercera fase
(Close Encounters of the Third Kind)
1977
Mientras en el Desierto de Nevada aparece una escuadrilla de aviones extraviados durante la Segunda Guerra Mundial –aquí, el triángulo de las Bermudas-, un técnico de Indiana vive obsesionado con los avistamientos de OVNIs de que ha sido protagonista y a una mujer le secuestran a su hijo, en su propia casa. De todo ello nace una voluntad universal, tanto científica como particular en el bando humano, de entente entre las diferentes razas planetarias.
Frecuentemente acusada de blandengue, Encuentros en la tercera fase (1977) es una respuesta muy americana, si bien incrementada en dos grados por la reconciliadora personalidad del llamado "Rey Midas de Hollywood", a la cuestión de la vida extraterrestre y a las sorpresas que ésta nos pueda deparar. Lastrada por un metraje quizá excesivo pero fascinante en cualquier otro sentido, la película cuenta con una de las más deslumbrantes introducciones en la historia del séptimo arte; tras ella, la humana presencia de François Truffaut en el papel del científico protagonista no esconde la traviesa y juguetona voluntad de un director que, en la secuencia del desierto, comienza a anticipar sorpresas más propias de En busca del arca perdida (1981). Lucen, en el apartado actoral, Richard Dreyfuss –que sale de las aguas de Tiburón (1975) para caer en los proceloso mares del fenómeno OVNI-, y Teri Garr como su sufrida esposa, mientras que en sectores más técnicos cabe destacar la notable banda sonora de John Williams, con ese final de fraternidad a través del lenguaje musical que no deja de poner los pelos de punta. En cuanto a la cinematografía, un auténtico dream team al que debe añadirse el nombre de Douglas Trumbull, hombre clave en 2001: una odisea del espacio (1968), que en este filme se encargó de algunos efectos fotográficos. Premiada con dos Oscar –precisamente a la mejor fotografía y a los mejores efectos sonoros-, Encuentros en la tercera fase (1977) contó con un segundo estreno, tras ser remontada y añadírsele material extra, en 1980. Además, podría considerarse como la versión adulta (pero menos) de E.T., el extraterrestre (1982), con la que Spielberg arrasaría de nuevo en las taquillas de todo el mundo y acabaría de configurar un universo propio no tan infantil como onírico y amable.