El planeta de los simios
(Planet of the Apes)
1968
Una nave espacial ve su misión abortada por problemas técnicos. Tras un aterrizaje de emergencia, sus tripulantes se encuentran en un mundo que representa la peor pesadilla darwiniana, un planeta donde los antepasados más directos del homo sapiens se han hecho con el poder. Con sus iguales reducidos a la categoría de bestias carentes de razón a las que cazar, los astronautas devienen una suerte de atracción de feria. Uno de ellos, no obstante, se rebelará contra los parlanchines simios.
A menudo, la ciencia-ficción ha servido para encubrir fascinantes alegorías sobre la realidad que nos rodea, para transmitir veladas advertencias ya acerca de los excesos contaminantes a que conduce el progreso, ya acerca de los peligros de la energía atómica o, más originalmente, de los totalitarismos o incluso de la producción de bienes en cadena. Sobre todo ello, El planeta de los simios (1968) aparece como el summum de la operación –en especial con ese plano final, impactante donde los haya, que según cuenta la leyenda fue idea de Blake Edwards-, uno de los mayores clásicos del género y buque insignia de la producción de la 20th Century Fox, que no obstante tuvo más de un reparo antes de ordenar la puesta en marcha del proyecto. Productor, realizador y actor principal se enfrentaron al todopoderoso capitoste Richard D. Zanuck con el libro de Pierre Boulle bajo el brazo, arrancaron de él una mínima financiación con la que realizar unas pruebas previas de maquillaje. Cuando éstas obtuvieron el visto bueno comenzó la verdadera pre-producción, y es que si algo resulta espectacular en la película –más allá de la dirección artística de William Creber y Jack Martín Smith, con esas ciudades de reconocida inspiración gaudiniana-, es la credibilidad y "humanidad", incluso en sus peores acepciones, de los chimpancés, orangutanes y gorilas que por su celuloide pululan. El responsable del trabajo de monos que representó maquillar a diario a Roddy MacDowall, Kim Hunter y compañía fue John Chambers, quien fue recompensado con un Oscar especial; además, se calcula que el coste en ese apartado pudo llevarse cerca de la tercera parte del presupuesto total del filme. Todo un fenómeno sociológico en su momento, la película dio pie a una prolífica serie compuesta por Regreso al planeta de los simios (1970) de Ted Post, Huida del planeta de los simios (1971) de Don Taylor, y La rebelión de los simios (1972) y Battle for the Planet of the Apes (1973), ambas de J. Lee Thompson. El listón estaba muy alto, y casi ninguna logró igualar las cotas de humor negro (y peludo), esa turbadora atmósfera que tantos asocian con la presencia de Rod Serling -padre de la serie de TV The Twilight Zone-, como guionista de la primera versión del original.