El exorcista
(The Exorcist)
1973
Tras descubrir un extraño símbolo pagano en una excavación arqueológica –símbolo demoníaco alrededor del cual se suceden insólitos accidentes-, un jesuita es llamado con carácter de urgencia a Maryland. Allí tendrá que vérselas con el caso de una muchacha que parece poseída por el demonio –habla lenguas muertas con tono de voz escalofriante y devuelve con fruición los alimentos previamente ingeridos-, enfrentamiento que requerirá de él hasta el último aliento de su fe.
Como ex-seminarista, William Peter Blatty tuvo acceso a los archivos de la Compañía de Jesús en Nueva York y, más concretamente, a la historia real de un muchacho que en 1949 fue poseído por el demonio y, tras tropelías diversas, fue convenientemente exorcizado. De tal germen brotó su exitosa novela y, apenas un año más tarde, la adaptación cinematográfica de la que él mismo sería productor. Con un coste de entre 8 y 10 millones de dólares –debidos a los constantes retrasos producidos durante un rodaje particularmente accidentado-, El exorcista (1973) ha recaudado más de 150 a lo largo de toda su trayectoria comercial, convirtiéndose no sólo en uno de los mayores éxitos de la Warner Bros., sino en una de las cintas más crudamente notables de la historia del cine de terror. La paulatina degradación de la atmósfera que envuelve a Regan -esa niña de doce añitos cuya cabeza gira 360 grados a la que uno se descuida-, el impresionante trabajo de maquillaje de Dick Smith y la solvencia de los intérpretes –atención a la envejecida humanidad de Von Sydow, habitual de la obra de Ingmar Bergman-, amén de unos efectos que no desperdiciaban la menor ocasión para tornarse entre asquerosos y literalmente vomitivos causaron honda impresión en las plateas de todo el mundo, de modo que incluso hoy día sigue la película prohibida a nivel videográfico en países como el Reino Unido, Suecia y Finlandia. William Friedkin, responsable de Contra el imperio de la droga (1971), se mostró especialmente exigente con técnicos y actores tras haber afirmado en un principio que El exorcista era "el peor pedazo de mierda que he leído en mi vida", y la película sigue apareciendo por ello como lo más logrado de su irregular filmografía. En 1977, John Boorman dirigió El exorcista II: el hereje (1977) plagado de excesos conceptuales, mientras que el mismo William Peter Blatty tomaría las riendas de la segunda secuela, El exorcista III (1990), en 1990 y con resultados bastante menos diabólicos que este interesantísimo e impactante original.