Abyss
(The Abyss)
1989
Un submarino nuclear de la marina estadounidense sufre un extraño fallo de tensión y se estrella contra el fondo oceánico. El equipo de Virgil Brigman, especialista en perforaciones submarinas, es requerido para acudir en ayuda de los posibles supervivientes. No obstante, bajo las aguas sólo les esperan cadáveres y un extraño ser gelatinoso; para colmo de males, un violento huracán en la superficie corta toda comunicación y posibilidad de huida.
Surca James Cameron los procelosos mares de la megalomanía, con mayor o menor grado de éxito, en gran parte de su obra. Antes, no obstante, de autoproclamarse "rey del mundo" gracias a Titanic (1997), su formación subacuática había comenzado con este irregular pero espectacular film de aventuras que significó un paso adelante en el campo de los efectos visuales –efectos que fueron inmediatamente corregidos y ampliados con el cyborg de metal líquido de su siguiente proyecto: Terminator 2: el juicio final (1991). De complicadísimo rodaje, en el que se utilizaron dos tanques con capacidad para 37 millones de litros de agua en total, Abyss (1989) obligó a sus técnicos a hallar innovadoras soluciones, tanto fotográficas como estéticas, para aquellos planos que transcurrían a cientos de metros de profundidad. Dos años después de su estreno comercial –que se saldó como uno de los pocos fracasos en la carrera del realizador canadiense-, una nueva versión de la película, con un metraje aumentado en veintisiete minutos, llegó al mercado videográfico. Desde entonces, Abyss (1989) no ha dejado de sumar adeptos a sus desmedidos pero siempre efectivos planteamientos.