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Materiales: ·una
caja de cartón abierta, larga y angosta (mientras más larga, mejor) ·
cartulina · cinta adhesiva · pegamento · papel aluminio (del tipo alusa
foil) · un trozo de alambre grueso, muy limpio · una tijera o cuchillo
cartonero · trozos de vienesas · luz solar
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1.
Determina el centro de los lados más largos de la caja. Luego dibuja
a cada lado una curva, de modo que su punto más bajo pase por el centro
de la caja, a unos 10 ó 15 cm del borde. Asegúrate de que ambas curvas
sean idénticas (fíjate en la figura). 2. Corta la caja por las
curvas con la tijera o el cuchillo, con mucha exactitud. Corta un trozo
de cartulina y tapa con él la parte superior de la caja. Pégalo con
la cinta adhesiva, partiendo por el centro (es más fácil). Has construido
una parabólica. 3. Cubre la cartulina con pegamento y pega sobre
ella el papel aluminio, dejando el lado más brillante hacia afuera.
Una vez más, comienza por el medio y estíralo cuidadosamente hacia los
extremos. El papel no debe arrugarse o romperse. 4. Corta dos
trozos de cartulina y pégalos en el centro de cada lado de la parabólica.
Si tu cartulina es muy delgada, puedes pegarlos dobles o triples; deben
soportar el peso del alambre más la vienesa. 5. Pon tu parabólica
a la luz solar. Debería formarse un punto brillante allí donde la luz
se concentra: ése es el punto focal de la parabólica. Marca ese punto
y haz un agujero a esa altura en cada uno de los trozos de cartón. 6.
Pasa el alambre por uno de los agujeros; clava luego un trozo de vienesa
en él y pásalo por el segundo agujero. ¡Ya tienes tu asador! Ubícalo
al Sol y ¡disfruta de tu hot-dog!

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Sol para cocinar
Como ya te contamos en el Libro, la energía que recibe la Tierra desde
el Sol es enorme. En algunas zonas, como el norte de Chile, la radiación
es tan fuerte y constante a lo largo del año que se utiliza para cocinar
¡para familias enteras! Mediante superficies parabólicas cubiertas con
espejos, se concentra la luz solar en un punto, sobre el cual se ubica
el recipiente para cocinar. Los rayos de luz se reflejan en los espejos
(en nuestro experimento, el papel aluminio), y son redirigidos a un punto.
La concentración del calor es tal, que permite hervir agua y cocer alimentos
sin necesidad de otra fuente energética.
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