1 ¿QUÉ ES LA BIOPSICOLOGÍA?

 

La biopsicología es el estudio científico de la biología del comportamiento. Algunos se refieren a este campo como a la biopsicología, biología del comportamiento o neurociencia del comportamiento; pero yo prefiero el término biopsicología, porque denota un enfoque biológico del estudio de la psicología más que una perspectiva psicológica del estudio de la biología.

 

La psicología gobierna el grueso de este texto. La psicología es el estudio científico del comportamiento, el estudio científico de todas las actividades manifiestas del organismo, así como de todos los procesos internos que presumiblemente subyacen a estas actividades (por ejemplo, el aprendizaje, la memoria, la motivación, la percepción y la emoción).

 

El estudio de la biología del comportamiento tiene una larga historia, pero la biopsicología no se convirtió en una disciplina neurocientífica importante hasta este siglo. Aunque no sea posible determinar la fecha exacta del nacimiento de la biopsicología, la publicación de The Organization of Behavior (La Organización del Comportamiento) en 1949 por Donald O. Hebb, desempeñó un papel clave en su aparición.

 

En su libro, Hebb desarrolló la primera teoría comprensible sobre el modo en que fenómenos psicológicos tan complejos como las percepciones, las emociones, los pensamientos y la memoria, pueden ser producidos por la actividad cerebral. Al hacerlo, la teoría de Hebb hizo mucho por desacreditar la idea de que el funcionamiento psicológico es demasiado complejo como para encontrar sus raíces en la fisiología y la química del cerebro.

 

Hebb basó su teoría en experimentos, tanto con seres humanos como con animales de laboratorio, en estudios clínicos y en argumentos lógicos desarrollados a partir de sus propias observaciones de la vida. Este enfoque ecléctico se ha convertido en una marca distintiva de la investigación en biopsicología.

 

En comparación con la física, la química y la biología, la biopsicología es un bebé, un niño chillón, sano y en crecimiento, pero un bebé al fin y al cabo. (De “Biopsicología” de John P.J. Pinel – Editorial Prentice-Hall)

 

 

 

2 UN ENFOQUE CONDUCTUAL

 

Por Donald O. Hebb

 

Estoy básicamente de acuerdo con las conclusiones del profesor Bunge sobre la naturaleza de la mente. Pero, así y todo, puedo aventurarme a sugerir algunas modificaciones al modo como él concibe la contribución de la ciencia de la conducta. La psicología puede ser, desde el punto de vista de la ciencia, más sofisticada y gozar de mejor salud de lo que aquí parece (y, también, en muchas discusiones filosóficas sobre este campo).

 

Yo soy, igual que Bunge, un monista psiconeutral. Su tratamiento del problema mente-cerebro me parece estimulante y clarificador, pero él y yo hemos llegado a idénticas conclusiones desde direcciones diferentes, por lo que me parece interesante ocuparnos de saber qué le parece la situación a alguien que sitúe sus bases en la ciencia física, y no en la biológica.

 

Es obvio que al monista le ha de ser posible, en último extremo, averiguar que los mecanismos de pensamiento y conciencia de las actividades del cerebro se pueden formular en términos neurológicos. Y que ésta es una tarea fundamentalmente psicológica. ¿Cómo puede progresar la psicología con esta tarea? Para Bunge la respuesta es clara: la psicología no lo está haciendo demasiado bien. Parece que el «Conductismo» es un error desmesurado; la mente y la conciencia habían, sin duda, sido perdidas para la psicología en los tiempos modernos, hasta que recientemente las redescubrieron; y la teoría era, y es, poco efectiva, porque no es matemática en su forma ni neurológica en su sustancia. ¿Qué puede replicar un psicólogo a una evaluación tan negativa?

 

Comenzaremos por el Conductismo, echando una ojeada a su historia. John B. Watson fundó, en 1913, el conductismo, y para entender esto es absolutamente esencial fijarse en que él hizo dos cosas, no una. Su contribución principal fue una reorientación fundamental del método psicológico. Un intento subsidiario, distinto desde el punto de vista lógico, fue idear una teoría compatible con el nuevo método. Esta teoría es la que provoca la confusión, única cosa por la que parece que Watson continúa siendo conocido hoy día. Que esta teoría se haya transformado eventualmente en insatisfactoria  no nos debe hacer olvidar que Watson consiguió por si mismo transformar la psicología en una ciencia biológica objetiva, negando la validez de la introspección y mostrando, como ejemplo, el modo de enfrentarse, en su lugar, con la conducta. K. S. Lashley invirtió la mayor parte de su tiempo en refutar la teoría de la conducta de Watson, y sin embargo afirmó que toda la psicología moderna se encuentra en una profunda deuda con Watson en lo que se refiere al método fundamental.

 

Finalmente la teoría fue rechazada, pero no con facilidad porque demostró ser mucho más fuerte, desde el punto de vista lógico, de lo que se podría haber pensado. Ni su negación de la mente y de los procesos mentales, ni su afirmación de que todos son ilusorios, eran una negación obvia de la verdad revelada. La mente y la tentación no son datos primarios, fenómenos dados inmediatamente. C. S. Peirce fue el primero en observar que se trata de datos conocidos no directamente, sino por inferencia. Por tanto, se trata de cosas teóricas o eventos [sucesos, acontecimientos]. Además, y debido a esto, no tenía sentido proponer una teoría alternativa, y si tenemos en cuenta que la neurología de aquel momento se consideraba, casi con unanimidad, que el cerebro era un transmisor que utilizaba caminos fijos para llevar la información a los músculos y las glándulas, y que no tenía actividad interna independiente que pudiera constituir pensamiento, nos podemos dar cuenta que Watson tenía buenas razones para proponer una teoría de la conducta basada exclusivamente en el estímulo-respuesta. La teoría estaba equivocada, pero al mostrar que lo estaba aumentó enormemente nuestra comprensión de la mente y de los procesos mentales.

 

Yo me considero un conductista, habiendo sido convencido sobre todo por George Humphrey (Thinking, [Pensamiento] 1951) de que el conocimiento introspectivo es, a lo sumo, ilusorio, y yo recalco que hay conductistas y conductistas. Estoy orgulloso de alinearme junto con Lashley y E. C. Tolman, los cuales se llaman a sí mismo conductistas y combaten el conductismo en sentido estricto. Los términos «mente» y «conciencia» casi desaparecen de la psicología durante veinte o treinta años en los últimos tiempos debido a sus connotaciones dualistas; pero la concepción correspondiente de procesos cognitivos controlados permaneció vigorosamente activa. El propio Lashley estaba dispuesto a utilizar los términos, pero otros prefirieron hablar de «variables intervinientes», «respuestas sustitutas» o «procesos mediadores». El problema no desapareció. Durante los años treinta y cuarenta se desarrolló la controversia «continuidad-no continuidad» entre los que, siguiendo todavía a Watson, negaban que la comprensión y el pensamiento jugaran un papel en el aprendizaje del animal (teoría de la continuidad), y los que afirmaban que sí lo jugaban, que estaban encabezados por Tolman y Lashley. El problema era si la actividad cognitiva podría afectar a la forma de la curva de aprendizaje (Teoría de la discontinuidad). El debate finalizó con el artículo de Paul Meehl y Kenneth MacCorquodale, de 1951, una demostración pacificadora de que la expectativa (una variable mental) no era en realidad incompatible con la posición neowatsoniana de C. L. Hull.

 

Durante este periodo los neowatsonianos eran una minoría poco extendida, pero muy activa. Sus concepciones se extendieron enormemente. Las de la mayoría eran menos excitantes, pero lo importante era que la mente, el pensamiento y la conciencia se encontraban presentes en el pensamiento de muchos psicólogos durante este periodo, pero estaba de incógnito.

 

El rápido desarrollo que el conocimiento psicológico tuvo en los años cincuenta no fue debido a que los psicólogos cambiaran sus «presupuestos ontológicos referentes a lo mental», sino a que obtuvieron nuevos datos y adoptaron técnicas nuevas. Mi libro The Organization of Behavior [La Organización de la Conducta], puso algunos de estos a disposición de los psicólogos de 1949; por ejemplo, el de Adrian referente a la excitación espontánea de células neurales y el de Lorente de sobre circuitos cerrados del cerebro y la importancia de la suma de sinapsis. Estos eran desarrollos que se habían producido en los años treinta, pero, debido a la guerra, sólo llegaron a nosotros a finales de los cuarenta, cuando la nueva tecnología electrónica ya estaba a disposición de los experimentadores. Una vez más el desarrollo de lads ciencias biológicas dependió del desarrollo previo de la ciencia física.

 

Respecto a la idea de que la teoría psicológica sería mejor si fuera más neurológica y más matemática, yo mismo soy bastante escéptico. Pienso que las formaciones no neurológicas tipo «caja negra» deben poderse traducir en términos neurológicos si es que la conciencia y el pensamiento son, como pienso, estados o actividades del cerebro; en el estado actual del conocimiento pienso que las teorías tipo «caja negra» pueden ser en ocasiones el modo más efectivo de realizar progresos.

 

Cuando Tolman propuso hace treinta años la idea de lo que llamaba mapa cognitivo, contribuyó significativamente a nuestra comprensión de la inteligencia animal –en un momento en el que, simplemente, no había manera de apelar a mecanismos neurológicos. John O Keefe y Lynn Nadel, en The Hippocampus as a Cognitive Map [El hipocampo como mapa cognitivo], 1978, utilizan, ahora, las relaciones conductistas incorporadas en la idea teórica de Tolman para establecer las bases neurológicas de su idea. Su existencia, aunque sea en una formulación tipo caja negra, facilita sin ninguna duda la investigación neurofisiológica. Existen más ejemplos. A lo largo de este libro repetidamente nos encontramos con ejemplos de formulaciones que precedieron históricamente a sus traducciones en conocimiento específicamente neurológico. La formulación matemática es una abstracción que casi necesariamente debe funcionar de ese modo. La psicología no ha carecido de cuantificación para sus variables de conducta, esto es, no ha carecido de cuantificación con respecto a los datos; pero la teoría ha sido otra cosa.

 

Mi argumento es, en resumen, que la psicología no está en el mal camino y que la teoría de las asambleas celulares –por ejemplo en Theory of Intelligent Behavior [Teoría de la conducta inteligente] de Dalbir Bindra- está consiguiendo un poder explicativo considerable. Se trata de una teoría basada en la neurología, pero no de una teoría matemática, y yo diría que esta es la línea que han de tomar desarrollos posteriores. Lo que no quita para que esté impresionado por la efectividad del estilo proposicional más formal adoptado en este libro, como también lo estoy por el de Alwyn C. Scott, Neurophysics [Neurofísica] 1977. ­ ¡Hay más de un camino que conduce a la salvación! Los dualistas y los interaccionistas no la podrán alcanzar; como afirma el profesor Bunge, eliminan el problema esencial del campo del método científico. Pero dentro del universo de pensamiento monista el matematizador y el no matematizador pueden apoyarse uno en el otro, y hasta las teorías tipo caja negra tienen un papel efectivo que jugar. (De “El problema mente-cerebro” de Mario Bunge – Ediciones Altaya SA)

 

 

 

 

 

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