12 LA TRANSFORMACIÓN DE LA MEMORIA
Consideremos un modelo de red simplificada para almacenar y recoger
una entrada sensorial. Supongamos que en esta disposición, las neuronas se unen
entre sí con unos débiles zarcillos:
x x x x x x x
x x x x x x x
x x x x x x x
x x x x x x x
Esta red está preparada para recibir experiencia pero no ha registrado
ninguna. Llega una entrada sensorial
H
Un pianista transforma el críptico remolino de puntos y líneas de
partitura que tiene delante en un revoloteo de los dedos, y después en algo
bello. Aquí ocurre lo contrario: la riqueza de una experiencia sensorial se
traduce en el sistema de notación peculiar del cerebro, sin pentagramas ni
semicorcheas; en lugar de eso dispara las neuronas.
x x x x x x x
x x x
x x x
x
x x x x x x
x
x x x x x x x
No es necesario entretenerse con los detalles de esta conversión: ¿Por
qué esta neurona y no esa otra? En algún lugar, una disposición de neuronas que
describen datos sensoriales sobre el estímulo, cobrarán vida brevemente. Un
cerebro necesita millones de neuronas para representar este símbolo, pero este
ejemplo lo hará más cómodamente a menor escala; en esta red neural,
para registrar estas líneas interseccionadas se
necesitan sólo ocho. Para elaborar un recuerdo, la red inmortaliza la
asociación de este grupo particular
fortaleciendo sus enlaces anteriormente débiles.
x x x x x x x
x-x-x x x x x
x x x-x x x x
x x x x-x x x
Cuando la figura se deja ver y las células se
calman, sigue quedando el esqueleto.
Las conjunciones forzadas permiten que estas
neuronas disparen juntas otra vez. Cuando unas cuantas se disparan, lanzan a
sus compañeras inactivas por los caminos ligeramente gastados que las separan.
Como una fila de piezas de dominó, caen arrastrándose unas a otras hacia un
destino común. Se rejuvenece la antigua pauta, y con ello, se hace una
recapitulación del personaje original.
Este esquema de almacenaje, el invento del
psicólogo Donald Hebb, es
una central eléctrica. Hebb propuso el mecanismo unos
años después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los investigadores no
han explorado sus presupuestos matemáticos y han construido modelos de
ordenador a gran escala de aprendizaje hebbiano hasta
estos últimos quince años. Las dos empresas –la visión matemática y su
implantación en simulaciones de ordenador- han iluminado a más de uno sobre los
misterios del porqué las personas piensan y sienten como lo hacen.
La propuesta central de Hebb
siguió siendo teoría hasta la llegada de técnicas experimentales para tomar
medidas eléctricas de células cerebrales individuales. En una refrescante
afirmación física de la abstracción matemática, los datos demuestran que las
neuronas del cerebro vivo se comportan como predijo Hebb.
El cerebro elabora recuerdos intensificando los apareamientos entre las
neuronas que disparan de forma concurrente.
Una página impresa en este libro puede
sobrevivir centenares de años. Los CD tienen una vida de una o dos décadas y
los garabatos a tiza en una pizarra viven unos minutos de promedio, como mucho.
El estado «on» de una neurona dura una milésima de
segundo. El alcance efímero de sus señales fuerza al cerebro a representar los
datos del presente y el pasado de forma diferente. En todo momento, la configuración
precisa de las neuronas que disparan especifica qué está representando un
cerebro ahora. Pero el pasado yace dormido en la estructura de la red, formado
por enlaces acumulados de potencia variable. Cada constelación de conexiones
silenciosas personifica el potencial para que una agrupación previa se reanime
y recuerde. Esta separación de pasado y presente convierte a la red en una
máquina de tiempo viva y excéntrica.
Cada fragmento de vida que se introduce en el
cerebro cambia algunos de sus enlaces, aunque todos los datos individuales
afectan sólo a una minúscula fracción de la innumerable totalidad. A medida que
aumentan los cambios sutiles, la experiencia reconecta la estructura
microscópica del cerebro, transformándonos de lo que éramos en lo que somos. A
nivel liliputiense, el cerebro es un traductor que cambia una corriente se
sensación entrante en unas estructuras neurales que
evolucionan silenciosamente. Los sucesos menores sólo ejercen una alteración
transitoria en unos pocos lazos neuronales remotos, mientras que las
experiencias formativas conforman pautas duraderas que prevalecen toda la vida.
Y el cerebro límbico,
donde residen algunas pautas criptográficas, puede llegar más allá de los
frágiles límites de una mente a otra: un hecho que tiene consecuencias de gran
alcance.
(De “Una teoría general del amor” de T. Lewis, F. Amini y R. Lannon – RBA Libros SA)
13 EL ANILLO DEL ECO
Construyamos una red neural
y pongámosla en movimiento, y su curioso mecanismo de memoria empieza a poner
en práctica su magia divisionista. Las neuronas que disparan juntas una vez
tienden a hacerlo de nuevo porque se vinculan unas a otras con lazos cada vez
más estrechos. Las células que nunca se encienden a la vez empiezan a
eliminarse unas a otras. La red anteriormente homogénea se fractura
espontáneamente en camarillas enfrentadas. Los miembros de cada equipo se
encienden unos a otros para disparar en masse. Las escuadrillas opuestas pelean para tener la
oportunidad de estar activas. En cualquier momento, una sola neurona recibe
estimulación de las compatriotas y señales inhibitorias de los enemigos. A
medida que las células intercambian su torbellino de pros
y contras, cada una encuentra su propio nivel de
actividad. La red como un todo se aposenta en una conformidad segura de
unidades activas e inactivas. Una red es más estable cuando una serie de
aliados está disparando: cuando un equipo vence.
En el cerebro, algunas neuronas reciben entradas
de otras diez mil neuronas y pueden entregar mensajes a diez mil más. Con una
difusión tan amplia de señales, no sería raro presumir de un modo simple un
enmarañamiento total. Al igual que las células que pertenecen a un equipo se
incitan entre ellas para excitarse, las redes
compatibles se motivan unas a otras en el cerebro. Del mismo modo, las
redes disonantes compiten y se empujan para eliminarse. El resultado
imprevisible de este discurso es que la memoria emocional bordea el flujo
lineal del tiempo.
Cuando una red se enciende, inmediatamente
dispensa un impulso eléctrico a cualquier otra red concordante. Y las
secundarias se encienden en proporción directa a la afinidad compartida. Si la
red A dispara, y B es muy compatible, entonces A sacudirá a B. Esta coactivación entre compañeros tiene su eco: con B
despierto, sus aliados también despertarán, y así sucesivamente. Como ondas que
se expanden desde un centro, las redes de la memoria se extienden a lo largo de
líneas de similitud, haciendo revivir lo que es más congruente mutuamente, y
van disminuyendo en influencia a medida que la correspondencia se desvanece.
Pensemos en la palabra perro, y los circuitos codificados para pastor alemán y golden retriever se empiezan a calentar en nuestra mente, y
los de paseo y hueso y pulga lo hacen un
poco más tarde. La fuerte activación de perro
deja a plan de pensiones en
hibernación (excepto en el caso improbable de que exista una conexión
idiosincrásica: hoy Fido se ha zampado los informes
del accionario, pongamos por caso). Las redes neurales
basadas en el ordenador operan de esta manera, y asimismo lo hacen los seres
humanos. Mostrar a una persona la palabra
perro de hecho hace que responda más rápidamente a palabras como hueso y pulga, mientras que el tiempo de reacción a plan de pensiones sigue siendo el mismo.
Para los animales con un cerebro límbico, la emocionalidad
constituye una dimensión primordial de esta red asociativa. En lugar de perro recuperando hueso, paseo y pulga, una emoción concreta revive todos
los recuerdos de estas ejemplificaciones previas. Cada sentimiento (después del
primero) es una experiencia de múltiples capas, que refleja sólo en parte el
presente, el mundo sensorial.
Antes vimos que la evanescencia de las
emociones, su propensión a pulsar y desvanecerse, es casi musical. Ahora la metáfora
se acerca aún más. Un tono musical hace vibrar a los objetos físicos con su
frecuencia: es el fenómeno de la reverberación
comprensiva. Una soprano rompe una copa de vino con la nota adecuada del
mismo modo que hace temblar el vidrio con su voz. Los tonos emocionales del
cerebro establecen una armonía viva con el pasado de una forma parecida. El
cerebro no está compuesto de cuerda, y no hay fibras oscilantes dentro del cráneo.
Pero en el sistema nervioso, la información resuena en los filamentos que unen
redes neurales armoniosas. Cuando se toca una cuerda
emocional, cobran vida recuerdos del pasado del mismo sentimiento.
Una manifestación de estas evocaciones orquestales
es la inmediata selectividad de la memoria emocional. Las personas alegres automáticamente
recuerdan tiempos felices, mientras que alguien deprimido recuerda sin esfuerzo
incidentes de pérdidas, abandonos y desesperación. La gente con ansiedad no se
desprende de las amenazas pasadas; la paranoia infunde una preocupación retrospectiva
por las situaciones de persecución.
14 ATRACTORES
Un cerebro puede perder una neurona aquí y allá
y los datos almacenados sufren relativamente poco, una propiedad de la memoria
de red neural bautizada como degradación elegante. La ventaja de la distribución es la
seguridad; la desventaja, la infidelidad.
El hábito del cerebro de concentrar la
experiencia en los atractores convierte, pues, a la
mente en una tela flexible einsteniana salpicada de
accidentes. En el fondo de cada campo de fuerza hay un atractor,
que llena de recovecos la llanura, verdadera línea de pensamiento, y a punto
para ejercer su influencia sobre las pautas de información que se aventuran lo
bastante cerca para que los desvíen o los atrapen. Incluso el tiempo fluye de
forma diferente en las cercanías de una masa, como también en la vecindad de un
fuerte atractor.
El alcance de los atractores
límbicos va más allá del momento. El sine qua non de una red neuronal es su
tendencia a fortalecer pautas neuronales en proporción directa a su uso. Cuanto
más haces, piensas o imaginas una cosa, más probable es que tu mente revisite su punto de parada previo. Cuando los circuitos
están suficientemente gastados para que los pensamientos vuelen por ellos sin
fricción ni resistencia, ese sendero mental forma parte de ti, ya es un hábito
del habla, el pensamiento, la acción o la actitud. La exposición continua a los
atractores de una persona no sólo activa las pautas neurales del otro, sino que los refuerza. El estar juntos
mucho tiempo escribe cambios permanentes en el libro abierto de un cerebro.
En una relación, una mente revisa a la otra;
un corazón cambia a su compañero. Este asombroso legado de nuestra posición
combinada como mamíferos y seres neurales es la revisión límbica:
el poder de remodelar las partes emocionales de las personas que amamos, a
medida que nuestros atractores activan ciertos
caminos límbicos, y el mecanismo de la memoria
inexorable del cerebro los refuerza. Quiénes somos y en quiénes nos convertiremos
depende, en parte, de a quiénes amamos.