RIESGOS Y COMPLICACIONES DE LA ANESTESIA LOCAL EN LA CONSULTA DENTAL.
Introducción
La administración de anestesia lo-cal es el acto profesional más frecuente en la
práctica diaria dental.
Las complicaciones de la anestesia local en la clínica dental diaria suelen ser
pocas, ya que las concentraciones de las soluciones anestésicas y los volúmenes
usados son escasos; no obstante, cualquier procedimiento, hasta el más banal, no
está exento de riesgos y es obligatorio que el profesional esté formado para
prevenirlos, reconocerlos y para, en la mayoría de los casos, tratarlos.
La morbimortalidad con la anestesia local es muy baja; a pesar de que esta
aseveración es cierta, hay descritos algunos casos en los que sobrevino la
muerte por motivos anestésicos locales. Es conocida la experiencia de
Massachusetts: después de tratar 1.500.000 pacientes en la consulta dental tras
cinco años, no hubo una sola muerte. La complicación más común fue el síncope,
que ocurrió en uno de cada 142 pacientes que recibió anestesia local.
La incidencia de la mayor parte de los efectos colaterales menores asociados con
la anestesia dental es del 4,5%, comparado con el 7,6-23,2% para la anestesia
general y el 0,2-19,6% para la anestesia regional. Tales efectos colaterales
fueron observa-dos en el 5,7% de los pacientes de riesgo, comparados con el 3,5%
de los pacientes sin riesgo (ASA I). Los pacientes que se automedican tienen un
significativo aumento de riesgo para desarrollar efectos colaterales (9,1%).
Adicionalmente, los pacientes automedicados requieren reinyección más
frecuentemente (28,6%) y reciben más altas dosis de anestesico local (3,4 ml).
Además, aquellos pacientes que usan AINES, analgésicos, aspirina o antibióticos
no alcanzan suficiente profundidad anestésica, requiriendo mayores dosis, y son
más proclives a sufrir mas comúnmente reacciones psicógenas. Se recomienda,
también, que el tratamiento para cualquier paciente de alto riesgo, debe
limitarse a 30 minutos, dado que hay un significativo incremento de incidencia
de complicaciones, desde 2,9 para tratamientos menores de 20 minutos, al 15%
para tratamientos que alcanzan los 90 minutos o más.
La piedra angular de la prevención de complicaciones es la realización de una
historia clínica correcta y completa.
Se recomienda, por lo tanto:
* adecuada historia médica
* dosis en relación con peso y no sobrepasar la dosis máxima. A este respecto es
importantísimo adecuar la dosis al peso en los niños menores de 50 Kg.
* anestésicos con las más bajas dosis de epinefrina posible, ya que se minimizan
los efectos simpáticomiméticos.
* individualizar la anestesia para cada paciente: tipo y duración del
procedimiento, así como los factores de riesgo.
Fracasos de la anestesia
Existen unos datos estándares sobre el período de latencia, duración y otros
efectos de la anestesia que se hallan relacionados con cada producto anestésico,
cada técnica anestésica y según el lugar a anestesiar. En lineas generales, la
base del éxito de la anestesia reside en el depósito de suficiente cantidad de
producto anestésico lo más cerca posible del nervio a anestesiar.
Los signos objetivos de la anestesia son bien conocidos, sea cual sea el
territorio de la cavidad oral a que nos refiramos y, cuando estos no están
presentes, ha de pensarse que el objetivo anestésico ha fracasado.
La anestesia falla en porcentajes variables según el autor consultado. Se cifra
en aproximadamente un 10% en los casos de bloqueo del nervio alvéolo-dentario
inferior y en un 7% en la anestesia general en la práctica dental general.
Se sabe que cuando más falla la anestesia local es en casos de endodoncias y
drenaje e incisión de abscesos. Cuando están presentes infección e inflamación,
la reabsorción intravascular del anestésico se ve acelerada y el bajo pH influye
negativamente en su difusión. La aplicación repetida de anestesia puede inducir
el fenómeno de taquifilaxia o tolerancia aguda manifestada por una disminución
de respuesta a una dosis estándar de anestésico local, requiriéndose incrementar
la dosis para mantener el mismo efecto analgésico; este es un fenómeno que
interfiere a la hora de utilizar anestésicos locales durante largo tiempo en la
práctica clínica. Aunque este efecto ha sido imputado al pH, no ha sido
demostrado en todos los casos.
La anestesia falla muy poco en el bloqueo del nervio infraorbitario, algo más en
la anestesia infiltrativa y es alta en el bloqueo del nervio mandibular.
Sistematizaremos a continuación las causas del fracaso de la anestesia.
A) Técnica incorrecta.
Generalmente este apartado se refiere al hecho de depositar la anestesia en el
lugar equivocado. Este hecho se encuentra en relación con un conocimiento
deficiente de la anatomía de la región. Sobre todo en la anestesia del nervio
alvéolo-dentario inferior, se debe inyectar una cantidad suficiente de solución
anestésica lo más cerca posible de la espina de Spix o mejor algo por encima y
detrás de ella. Keetley y Moles1, estudiaron el éxito de 580 punciones para la
anestesia del nervio alvéolo-dentario inferior, encontrando que tuvieron éxito
en el 91,9% (533) y que los fallos fueron sencillamente debidos a mala técnica
por parte del propio dentista.
Concretamente, en el caso de la anestesia del nervio alvéolo-dentario inferior
en el foramen mandibular hay detalles que son importantes atener en cuenta:
1) Aguja: a) La dirección de la aguja (demasiado inferior, demasiado anterior,
demasiado posterior, paralela a la rama ascendente, medial al ligamento ptérigo-maxilar,
muy alta, demasiado interna, demasiado alta y demasiado posterior). b) Longitud
de la aguja: basta con usar agujas de 38 mm, ya que aunque es flexible, no se
rompe y, además, con una aguja larga se llega a lo cercano y a lo lejano. c)
Algunos autores preconizan agujas tipo intramuscular, por ser rígidas ya que
algún fallo de la anestesia, sobre todo del nervio alveolo-dentario inferior
está relacionado con la desviación de la aguja durante la punción. Hochman y
Friedman2, encontraron que esta desviación es uno de los elementos que puede
reducir la exactitud y la capacidad de predicción del bloqueo del nervio
alveolo-dentario inferior, demostrando que el uso de una técnica de inserción de
rotación bidireccional minimiza la flexión de la aguja.
2) La rama ascendente con anormalidades de orientación o anchura anteroposterior.
3) El orificio del conducto dentario. En el niño está situado más bajo que en el
adulto, por lo que deberá puncionarse a menor altura o inclinar la aguja hacia
abajo. En el desdentado, por el contrario, está más alto con respecto a la
apófisis alveolar remanente, que en el adulto dentado.
4) Variaciones nerviosas. Lo más importante de este apartado son los trayectos
nerviosos, por ejemplo, anastomosis nerviosas, como ocurre en las regiones
centrales de ambos maxilares, en que hay anastomosis con los mismos nervios,
pero del lado opuesto. En los últimos años se han hecho revisiones que
actualizan algunos detalles sobre la distribución de las ramas del nervio
trigémino.
Para la anestesia del nervio inferior mediante la técnica convencional se han
descrito tres posibles fallos de la anestesia: los dientes inferiores
ipsilaterales no se anestesian completamente (ya se ha explicado la posible
mediación en la recogida de la sensibilidad del nervio milohioideo), el tercer
molar inferior ipsilateral se encuentra incompletamente anestesiado algunas
veces (se cita que, a veces, hay una rama aberrante del nervio dentario inferior
que se desprende por encima del foramen mandibular y que entraría en uno
anterosuperior de la rama para, recorriendo su propio conducto, recoger la
sensibilidad del tercer molar), anestesia incompleta de todos los dientes
ipsilaterales mandibulares (esto se explicaria por una eventual posición del
foramen mandibular más alto de lo habitual).
La bifurcación del nervio mandibular, raramente mencionada en la literatura,
puede ser causa de anestesia inadecuada en un pequeño porcentaje de casos. Hay
inervaciones aberrantes que proceden de nervio alveolar posterosuperior,
auriculo-temporal o ramas del nervio lingual, o de una rama retromolar aberrante
del nervio mandibular que puede inervar el tercer molar, sugiriéndose al tiempo
inyecciones en lugares adicionales, como inyecciones bucales o sublinguales,
otras técnicas de bloqueo que no sea la de la espina de Spix o inyecciones
intraligamentosas. Poca atención se ha dado a un dentario inferior bífido con un
segundo conducto dentario situado inferiormente al habitual. Esta rama podrá no
ser anestesiada mediante el bloqueo tradicional en la espina de Spix.
La técnica de Gow-Gates tiene, a este respecto, algunas ventajas sobre la
técnica convencional de anestesia del nervio alvéolo-dentario inferior en el
foramen mandibular.
Ventajas
* Anestesia profunda de las pulpas mandibulares, encías y mucosa alveolar, desde
el tercer molar al incisivo central con una sola inyección.
* Infrecuente inyección intravascular (parece que se debe al depósito de la
anestesia en el lado anterolateral del cuello mandibular ya que para llegar a
esta posición, la aguja pasa lateral a las posiciones usuales de las arterias
maxilar interna, alveolar inferior y arteria meníngea media, e inferior a la
arteria maseterina). El número de aspiraciones positivas, va desde un 1,6 a un
1,9 %, mientras que en el bloqueo tradicional hay entre un 10 y un 15%.
* Menor casuística de trismo que con la técnica convencional.
* Mayor grado de éxito.
* Referencias anatómicas constantes (surco intertragiano).
* Raro hallazgo de problemas de anestesia parcial o incompleta de la región
posterior mandibular.
* Con la anestesia de Gow-Gates se anestesia también el nervio milohioideo, por
lo que sí este nervio contribuyese a la inervación en algún punto del arco
mandibular, quedaría bloqueado mediante esta técnica.
* Rara presentación de reacciones adversas (síncopes, lipotimias).
* Vasoconstrictores innecesarios en el anestésico.
* Ausencia de paresias faciales.
Inconvenientes
*Falta de anestesia del nervio bucal, probablemente debido a que el nervio bucal
está más distante del lugar donde se deposita la anestesia de lo que se creía y
de lo que describían los tratados anatómicos, ya que cuando se deposita la
anestesia con la boca muy abierta (apertura inherente a la propia técnica
anestésica), se halla separado del lugar de depósito por el músculo pterigoideo
externo y su fascia. También se ha atribuido que para la anestesia del bucal
sería necesaria más cantidad de producto anestésico, o que el paciente tendría
que estar en posición supina; parece que lo primero es más definitivo para el
éxito, que la posición del paciente.
* Período de latencia largo (5-7 minutos).
* Cierto grado de desconfianza por parte del dentista durante el período de
aprendizaje (1-2 semanas). Con la experiencia y, en algunos casos,
perseverancia, se obtendrá un grado de éxito del 95%.
Se hace necesario recordar el área de anestesia es la zona anterolateral del
cuello del cóndilo, y no la zona anteromedial. Este error contribuye a que no se
contacte con hueso, así como a producir anestesia del nervio auriculotemporal,
asociado a un bloqueo deficiente del nervio bucal.
5) Gran densidad ósea, como causa de fallo de las técnicas infiltrativas.
6) Ya se han citado las alteraciones anatómicas de disposición de la rama
ascendente para la técnica del bloqueo convencional del nervio alvéolo-dentario.
7) Gran abultamiento muscular.
8) Gran tejido adiposo.
B. Dependientes del individuo
La anestesia, también, puede fracasar por factores relacionados con el individuo
o por el terreno.
La anestesia puede fracasar en paciente muy ansiosos o pacientes con experiencia
de anestesia subóptima. Guisado Moya y cols3, estudiaron el comportamiento de
los pacientes y encontraron una relación significativa entre ansiedad dental,
mala higiene oral, intensidad del dolor a la anestesia local y eficiencia de los
procedimientos dentales rutinarios.
Por sensibilidad al anestésico lo que, aparte de los problemas alérgicos,
conducirá a un fracaso de la anestesia.
Si la acción amortiguadora del tejido se encuentra disminuida o si el pH es
menor de lo normal (por ejemplo, en el medio ácido de la inflamación) entonces
se encuentra disponible menor cantidad de base libre para la difusión a través
de los tejidos y, por consiguiente, el anestésico local tiene menor actividad.
Otros piensan que la inflamación modifica la actividad de los nervios
sensoriales periféricos. La inflamación produce un área de hiperestesia primaria
mediada por sustancias químicas que disminuyen el umbral de los receptores
sensoriales. Dado que la inflamación induce hiperestesia, un estimulo dado
produce una sensibilidad incrementada. Esta respuesta nerviosa incrementada es
bloqueada de forma menos efectiva por una cantidad dada de anestesia. Este
problema puede ser resuelto simplemente mediante el incremento de la
concentración (no necesariamente del volumen) de anestésico para disminuir el
potencial de acción de los nervios.
C. Dependientes del producto
Con relación al producto anestésico, la anestesia también puede fracasar por que
el producto este caducado o en malas condiciones. Otros motivos de fracaso son:
la hipodosificación del anestésico, el calentamiento inadecuado y la
contaminación de la solución anestésica. Aunque se han intentado encontrar
potenciadores de la acción anestésica, sólo los vasoconstrictores han cumplido
con esta función. En algún momento se pensó que la hialuronidasa, al añadirse al
anestésico, produciría mayor extensión y penetración en los tejidos.
La buena elección del producto es esencial. Si se elige mal un producto en
relación con el tipo y la duración de la intervención, el resultado puede ser un
fracaso, sino total, puede que sí parcial. Parámetros como el período de
latencia, la profundidad, la duración, la tolerancia y la ausencia de efectos
colaterales son los especialmente valorados a la hora de seleccionar un
anestésico local, pero en dicha selección, no parece tener nada que ver el tipo
de nervio a bloquear.
Los anestésicos de larga duración han probado su efectividad para la supresión
del dolor intra y postoperatoriamente sobre todo en procedimientos quirúrgicos y
con pocos efectos colaterales cuando se usan a las dosis adecuadas. Sin embargo,
presentan algunos efectos potenciales, como ocurre, por ejemplo, con la
bupivacaina que puede causar depresión cardiaca y disrritmias, o la etidocaina
que produce menos efectos sobre el sistema cardiovascular que la anterior pero a
cambio, su uso está asociado con dificultad para el control intraoperatorio del
sangrado.
La anestesia intraligamentosa puede ser muy útil, no sólo cuando fracasan las
técnicas de bloqueo nervioso, sino también en otras circunstancias. Puede ser
conveniente el uso de la anestesia intraligamentosa e intraseptal para pacientes
hemofilícos o con otros desórdenes hemorrágicos y en niños, así como en personas
física o mentalmente discapacitadas en las que puede aparecer mayor riesgo de
infección tras trauma del labio inferior o de la lengua. Además puede estar
indicada para controlar el dolor en regiones aisladas de la mandíbula para
cortos procedimientos o en uno o dos dientes sin tener que anestesiar todo el
cuadrante ni los tejidos blandos. Hay quien manifiesta que el uso de la
anestesia intraligamentosa en el diagnóstico endodóncico puede ser de ayuda
inestimable. Se piensa que la anestesia intraligamentosa ejerce su efecto
extendiéndose por las mismas vías que la intraósea y que el daño inducido por la
aguja de inyección y/o por la solución anestésica (inyectada bajo alta presión)
es de tipo inflamatorio, pero localizado, menor y reversible, probablemente en
relación con la poca cantidad de anestésico inyectado y su rápida infiltración
en los espacios del hueso esponjoso.
A veces, el hecho de duplicar la dosis del anestésico ocasiona mayor dolor
postoperatorio, como describen Jorkjend y Skoglund4.
Hay métodos anestésicos que tienen sus limitaciones, como la EMLA y la anestesia
electrónica dental. Según señalan McMillan y cols5, el EMLA (mezcla eutéctica de
prilocaina y lidocaina) es un agente tópico anestésico más eficaz que el gel de
lidocaina aislado, aunque la duración de su acción es relativamente corta, es
adecuado para operaciones menores en la encía.
Accidentes y complicaciones locales
A) Accidentes inmediatos
1. Dolor
El dolor a la inyección persiste co-mo una frecuente fuente de ansiedad para
algunos pacientes. Los anestésicos tipo amida, por ejemplo la lidocaina y la
bupivacaina, son conocidos por su propensión a causar disconfort cuando son
infiltrados.
El dolor durante la administración del líquido anestésico puede estar producido
por diferentes motivos: la punción y lesión de un determinado nervio ocasionará
un dolor que persistirá horas o días, el desgarro de los tejidos gingivales y
sobre todo del periostio es causa de molestias postoperatorias de intensidad
variable; estos dolores postanestésicos hay que distinguirlos de los dolores
postoperatorios.
El dolor de la punción, sobre todo en algunas zonas, por ejemplo, en la región
labial superior puede ser disimulado mediante alguna maniobra distractora, como
puede ser la tracción del mismo. Se han comprobado los efectos de la distracción
en el control del dolor en niños de entre 3 y 7 años, encontrándose que
determinadas técnicas, como respiraciones profundas y soplar el aire, tienen
algunas ventajas durante la administración del anestésico local en niños (meno-
res movimientos de torso y manos, menor arqueamiento de las cejas y menor
expresión de dolor).
Lo más solicitado por los pacientes para evitar dicho dolor, es la anestesia
tópica.
Se ha demostrado que el dolor a la punción es ligeramente menor cuando se
inyecta lentamente el producto anestésico, pero no se elimina totalmente.
Algunos profesionales usan y recomiendan la utilización de anestésicos
tamponados para disminuir el dolor, diluyendo la solución anestesica al 1:10, es
decir una parte de NaHCO3 por 10 de lidocaina estándar o bu-pivacaina (con o sin
epinefrina), so- bre todo, en pacientes especialmente aprensivos o niños.
La inyección subperióstica ocasiona un desgarro del periostio, con el
consiguiente dolor.
Algunos autores describen sus técnicas para no producir dolor al punzar la
región palatina, como Aslin6.
Otro problema a considerar es el dolor postoperatorio en función de la solución
anestésica utilizada. Jorkjend y Skoglund4, realizaron un estudio sobre el dolor
postoperatorio tras la realización de gingivectomía de forma bilateral en
función de la cantidad de anestésico que se utilice. En un lado se inyectó un
volumen estándar de solución conteniendo lidocaina al 2% con epinefrina al
1/80.000 y en el otro lado el doble del volumen; encontraron que en el lugar
donde se había duplicado la dosis, la intensidad de dolor agudo postoperatorio
(entre 2 y 8 horas) se incrementó después de la gingivectomia.
Se cita que a menor diámetro de la aguja, menor dolor a la punción.
2. Rotura de la aguja de inyección
La rotura de la aguja de punción, en el momento actual, puede considerarse un
accidente excepcional. La extracción tardía de una aguja rota que ha
desaparecido en el interior de los tejidos, es francamente dificultosa y se
realizará siempre bajo control radiológico y objetos radioopacos guía.
Se impone, por lo tanto, usar agujas de buena cualidad, que el paciente no
realice movimientos bruscos inesperados, que usemos una técnica correcta, que no
perdamos de vista el lugar de la punción, que intentemos extraerla cuanto antes,
que informemos al paciente del accidente y que, si no podemos extraerla,
enviemos al paciente al hospital, donde decidirán si conviene o no la extracción
inmediata o por el contrario, diferirla. En cualquier caso, la extracción suele
ser, por lo general, laboriosa.
Dentro de esta excepcionalidad, el lugar de más frecuente rotura es en la
punción a nivel mandibular, concretamente en la anestesia del nervio
alvéolo-dentario inferior, aunque también hay casos descritos de rotura en la
parte posterior del maxilar superior que, además, fue seguido de infección de la
zona.
3. Hematoma
A veces, durante la punción de la solución anestésica, se producen heridas
vasculares y se desgarran vasos, aunque este accidente es poco frecuente. La
simple punción de un vaso sanguíneo origina una salida de sangre de intensidad
variable según la región inyectada y las características del paciente. Puede
aparecer un hematoma, especialmente cuando el paciente presenta algún trastorno
de la hemostasia, que drenará siguiendo las vías naturales ya sea hacia la
región geniana, la celda submaxilar o hacia el cuello.
Es sobradamente conocida la recomendación de la inyección intraligamentosa del
anestésico en todos los pacientes que sufran de hemofilia. De este modo, no se
presentan las temidas complicaciones de hemorragia o formación de hematoma y se
ofrece una buena calidad anestésica sin necesitar la administración del factor
ausente.
Epidemiológicamente, es especialmente frecuente en mujeres, de piel muy blanca y
rubias.
En las inyecciones retrotuberositarias, el hematoma suele ser instantáneo y
alarmante. El derrame sanguíneo tarda varios días en su resolución. No tiene
consecuencias, a no ser su infección.
4. Parálisis facial
Cuando en la anestesia del nervio dentario inferior se ha penetrado con la aguja
por detrás de la rama ascendente, se inyecta la solución en la glándula
parótida. Con esto aparece una parálisis facial que durará tanto como la
anestesia dure, aunque sin duda es un accidente alarmante para el paciente. Éste
es un accidente francamente raro. Keetley y Moles1, sin embargo, tras 580
punciones tras el foramen mandibular, para la anestesia del nervio
alvéolo-dentario inferior, encontraron una incidencia de parálisis facial mucho
más alta de lo esperado: un 0,3%.
Los ejemplos de parálisis facial son citados relacionados, en su mayor par- te,
con la anestesia del nervio alveolo-dentario inferior. La parálisis puede ser
inmediata o diferida; en el tipo inmediato la parálisis ocurre en los primeros
minutos después de la inyección, recuperándose la función cuando han desparecido
los efectos anestésicos, aproximadamente a las 3 horas o menos. En el tipo
diferido, el comienzo de la parálisis puede aparecer varias horas o varios días
después de la inyección. La recuperación puede suceder después de 24 horas a 6
semanas dependiendo del grado de daño del nervio. Parece que la causa de la
parálisis es la misma solución anestésica.
En el tipo inmediato, la solución anestesia afecta al nervio facial en el
espacio retromandibular o bien dentro de la fascia parotídea. La afectación del
nervio por la solución anestésica es, pues, excepcional y sólo se explica por
variaciones anatómicas individuales. De otro modo, es necesario que el punto de
inyección se sitúe muy alto y muy cerca del borde posterior de la rama
ascendente. No obstante, el nervio facial está fuera del alcance de la aguja más
larga, por lo que este accidente, se atribuye a la penetración del líquido en el
interior de la glándula, afectándose el nervio por difusion.
En el tipo retardado la solución probablemente estimula el plexo simpático
conectado con la arteria carótida externa, la cual a su vez, tiene comunicación
con el plexo que recubre la arteria estilomastoidea. Esta estimulación simpática
causa un espasmo reflejo de los vasa nervorum del nervio facial, conduciendo a
una neuritis isquémica y edema secundario.
5. Parálisis del velo del paladar
Si la punción y depósito de la solución anestésica se realizan en la zona
posterior al conducto palatino posterior o se bloquean los nervios palatinos
medio y posterior se producirán molestias deglutorías y fonatorias por anestesia
del paladar blando; de igual modo, se producirá la anestesia de los músculos
estafilinos con parálisis del velo del paladar y trastornos fonatorios y de la
respiración.
6. Isquemia de la piel de la cara
En algunas ocasiones a raíz de cualquier anestesia se nota sobre la piel de la
cara del paciente zonas de intensa palidez debidas a la isquemia sobre esta
región.
El blanqueamiento suele aparecer en el mismo instante de la inyección,
generalmente en el maxilar superior y sobre todo en las punciones de los nervios
alveolares superiores posteriores o del nervio palatino anterior.
Existen tres explicaciones teóricas:
* La epinefrina en la solución anestésica causa vasoconstricción a lo largo de
las ramas de los vasos próximos al lugar de inyección.
* El anestésico se inyectaría dentro de un vaso y conducido a la periferia
donde, debido a la epinefrina y su vasoconstricción, aparecería el
blanqueamiento cutáneo.
* La aguja dañaría o excitaría las fibras simpáticas asociadas a vasos
arteriales del lugar de la inyección, induciendo un reflejo que termina en las
ramas periféricas de un determinado vaso; la excitación conduce a una
vasoconstricción localizada de los vasos cutáneos periféricos.
Muchas veces se acompaña de dolor orbitario y, en estos casos, el paciente se
alarma profundamente; la duración de dicho dolor, suele ser corta.
El blanqueamiento se resuelve, por lo general, antes de la desaparición del
efecto anestésico.
7. Inyección de las soluciones anestésicas en los órganos vecinos
Es un accidente raro.
El líquido puede inyectarse en las fosas nasales durante la anestesia del nervio
nasopalatino, ocasionando una pequeña hemorragia, sin más problemas, pero que
suele alarmar al paciente.
La inyección en la órbita durante la anestesia de los nervios dentarios
anteriores o maxilar superior puede acarrear diplopía y estrabismos que duran lo
que el efecto anestésico.
Ya nos hemos referido anteriormente a la inyección en la parótida.
8. Accidentes oculares
Los accidentes oculares relacionados con las técnicas de anestesia local para
uso dental son extremadamente infrecuentes y la literatura exhibe algunas
publicaciones.
Hay varias teorías que explican este problema.
La descripción de la visión doble (diplopia) que sigue a la anestesia del nervio
alvéolo-dentario inferior está descrita desde hace tiempo en la literatura. La
explicación generalmente aceptada para este fenómeno es que la solución del
anestésico se inyectó inadvertidamente directamente en la arteria alveolar
inferior y que, debido a la velocidad de inyección, apareció un flujo retrógrado
de la solución anestésica. El flujo propuesto atraviesa la primera división de
la arteria maxilar y después superiormente llega a la arteria meningea media y
accede al cráneo. Se acepta la conexión entre la arteria meníngea media y la
arteria lagrimal, a través de la fisura orbitaria superior por medio de una rama
lagrinal recurrente. El mecanismo propuesto de la visión doble, por
consiguiente, se relaciona con la vasoconstriccion de ramas que afectan al
músculo recto externo. Además, hay una rica anastomosis entre la rama lacrimal
recurrente y ramas de la arteria oftálmica.
Se propone también, otro mecanismo. Existe un trauma al plexo simpático que
rodea la carótida primitiva, las carótidas externas e internas y todas sus ramas
cuando la aguja anestésica inadvertidamente irrita la pared de una arteria. En
el caso de anestesia alveolar inferior, la arteria alveolar inferior estaría
involucrada. En el caso de una infiltración maxilar, estarían involucradas las
arterias alveolares superiores posteriores. En ambas instancias el trauma podría
ocasionar un impulso que viajaría a lo largo de la arteria maxilar en la fosa
pterigopalatina. De allí, el impulso simpático pasaría a lo largo del nervio
petroso profundo al plexo carotideo interno, luego a lo largo de la arteria
carótida interna y finalmente a la artería oftálmica, en la órbita. Dado que la
respuesta secundaria al daño traumático disminuye la actividad simpá- tica,
entonces, el parasimpático vería aumentada su acción, con los consiguientes
signos de lagrimeo, salivación y blanqueamiento de los tejidos.
Peñarrocha Diago y Sanchís Bielsa7**, publican una serie de 14 complicaciones
oftalmológicas después de la anestesia intraoral del nervio alveolar superior
posterior. Los síntomas normalmente encontrados fueron diplopía, midriasis,
ptosis palpebral y dificultades de abducción del ojo afectado. En todos los
casos, estos efectos ocurrieron unos minutos después de la inyección del
anestésico, seguida por la resolución completa sin secuelas una vez que cesó el
efecto anestésico. Sugieren, como mecanismo de producción, una posible difusión
de la solución anestésica hacia la región orbitaria.
9. Inyección intravascular
La inyección intravascular es un accidente indeseable de la aplicación de la
anestesia local; las reacciones adversas que sobrevienen a este método pueden
ser graves.
Cuando es necesario inyectar en un vaso sanguíneo (por ejemplo, durante la
sedación intravenosa) es esencial aspirar sangre hacia la jeringa para comprobar
que estamos en una vena. Por el mismo motivo, cuando se intenta que la inyección
sea extravascular, lo lógico seria aspirar para comprobar que no entra sangre en
el cartucho antes de la administración de la droga. Pues bien, este
razonamiento, que es empleado sistemáticamente por médicos y enfermeras, no es
universalmente aceptado por los dentistas antes de la administración de
anestesia local.
Puede haber falsos negativos. La jeringa de autoaspiración de Evers es, según
nuestra experiencia, un sistema seguro de aspiración y no se halla en relación
con una determinada marca de anestésico local.
La frecuencia de aspiraciones positivas es algo variable según el autor
consultado y llegan a citarse cifras del 8,9%, o del 67,2% de niños entre 8 y 10
años. El lugar de más frecuente aspiración es durante la anestesia en el foramen
mandibular.
La incidencia de reacciones clínicamente observadas a la inyección intravascular
se cifra en una reacción cada 450 inyecciones, pero algunos autores sospechan
una incidencia aún mayor, sobre todo en los niños. Se estima que la inyección
intravascular aumenta en 200 veces la toxicidad de los anestésicos locales.
Es muy importante estar atentos al realizar la aspiración, ya que si la sangre
aspirada es arterial y por lo tanto entra en el cartucho a mucha presión, el
color rojo sanguíneo puede percibirse con más dificultad que si la sangre es
venosa y penetra en el cartucho a una presión menor.
Las investigaciones sobre la extensión de las soluciones anestésicas
administradas de forma intraligamentosa han revelado hallazgos conflictivos.
Algunos estudios demuestran que la solución anestésica alcanza la cresta
alveolar, profundiza bajo el periostio y entra en el hueso esponjoso a lo largo
de los canales vasculares, ocurriendo una penetración vascular. Parece haber una
entrada universal en los vasos, más que una simple difusión en el tejido
alveolar. Este hallazgo es clínicamente significativo, dado que está bien
documentado que las reacciones de toxicidad transitorias pueden ocurrir incluso
con bajos niveles de anestésicos locales en sangre.
La presencia de epinefrina (1:100.000) en las soluciones anestésicas que se
administran vía intraósea, intraligamentosa e intravenosa causan rápidos pero
transitorios períodos de hipotensión y taquicardia que probablemente son
significativas. Dado que la lámina dura alveolar es realmente un hueso de tipo
críbiforme, parece lógico que las soluciones inyectadas en el espacio
periodontal bajo presión puedan fluir rápidamente a los espacios medulares
adyacentes que contienen vénulas que se anastomosan con los vasos del espacio y
ligamento periodontal. Las altas presiones pueden forzar el fluido hacia la
microcirculacion antes de que músculo liso vascular pueda reaccionar a la
epinefrina. Se demuestra claramente que la epinefrina es el agente responsable
de las respuestas sistémicas a estas inyecciones. Así pues, las soluciones
anestésicas que contienen catecolaminas no deben ser usadas de forma intraósea
en pacientes médícamente comprometidos.
10. Otras complicaciones inmediatas.
Parálisis facial que puede acompañarse de alteraciones del gusto en la parte
anterior de la lengua, lo que indicaría afectación de la cuerda del tímpano, que
es una anastomosis entre los nervios facial y lingual; la infiltración de la
cuerda del tímpano podría ser responsable de esta anestesia.
Hay bacteriemia tras la inyección intraligamentosa y la anestesia infiltratíva.
Se ha descrito un caso de facticia gingival tras aplicación de anestesia tópica.
B) Accidentes mediatos
1. Persistencia de la anestesia:
Puede ocurrir después de una lesión nerviosa en la punción. El nervio se
regenera lentamente y después de un periodo de tiempo variable se recupera la
sensibilidad.
Pogrel y Thamby8, deducen que la incidencia se sitúa entre 1:26.762 y 1:160.571.
De los agentes anestésicos usados, la prilocaina parece ser el agente más
frecuentemente involucrado en este estudio. En la mayoría de los casos sólo hay
daño parcial, pero la recuperación es incompleta.
Como publican Haas y Lermon9, el Programa de Responsabilidad Canadiense entre
1973 y 1993 incluye 143 casos de parestesia no asociados con la cirugía. No hay
diferencias significativas en lo que respecta a la edad del paciente, sexo o
aguja usada. Todos los casos involucran la anestesia del arco mandibular, siendo
la zona más sintomática la lengua, seguida del labio. Se acompañó de dolor en el
22% de los casos. Solamente en 1993 hubo 14 casos de parestesia no asociada con
cirugía, lo que proyectado, arroja una incidencia de 1:785.000 inyecciones. Los
productos anestésicos más involucrados en la parestesia fueron la articaina y la
prilocaina. La articaina fue responsable de 10 de esos casos y la prilocaina de
los otros cuatro. Estos resultados sugieren que los anestésicos locales en sí
mismos tienen cierto potencial de neurotoxicidad.
2. Infección en el lugar de la punción.
El riesgo de introducir microorganismos en los tejidos profundos está
ciertamente incrementado en la cavidad oral, donde la esterilización es
imposible y donde una gran variedad de microorganismos potencialmente
patogénicos constituyen la flora normal de la boca. Los microorganismos
patógenos pueden ser inoculados cuando la droga está siendo administrada,
causando infección en los tejidos en que ha sido introducida «cultivo por
punción».
La bacteria que causa la infección del tracto de la aguja puede proceder de tres
fuentes: la misma sustancia que se inyecta, el ambiente de la consulta dental y
la propia microflora del paciente.
El desarrollo de la infección del tracto de la aguja depende del status de los
mecanismos de las defensas del paciente y del número y virulencia de las
bacterias inoculadas. Los síntomas de la infección van desde una mialgia
prolongada y disfunción muscular a la infección aguda de los espacios tisulares
y septicemia.
3. Dolor.
Este fenómeno ocurre generalmente cuando se lesiona el periostio; el ejemplo
típico de ello, es la anestesia subperóstica o cuando sin ser así, en una
anestesia infiltrativa supraperióstica se coloca mal el bisel de la aguja.
Puede haber dolor, también, en la inyección anestésica de los músculos.
La lesión de los troncos nerviosos por la punta de la aguja puede originar
también neuritis persistentes.
4. Necrosis.
Se trata de un accidente raro, aunque en otro tiempo no infrecuente. La necrosis
más típica era la de la fibromucosa palatina, en relación fundamentalmente con
la utilización de un determinado producto anestésico (fosfato de butanilicaina)
o con la inyección de excesiva cantidad de solución anestésica que además
contuviese una gran concentración de vasoconstrictor. La escara (a veces alar-
mante) se desprende en unos cuantos días, dependiendo de la extensión y,
postenormente, comienza un dilatado proceso de granulación por segunda
intención.
5. Sindrome de Frey.
Es un síndrome de etiología dudosa, por irritación de la cara interna
mandibular, que cursa con signos de sudoración, calor y rubor en la región
auriculotemporal en el momento de la ingestión.
6. Irritación por contaminación iónica.
Cuando la jeringa permanece cargada durante mucho tiempo antes de la inyección,
la solución anestésica puede contaminarse con los iones de cobre del interior de
la aguja, con la manifestación clínica de edemas al cabo de dos o tres días o de
persistencia anormalmente larga de los efectos anestésicos.
7. Automordeduras
Es relativamente frecuente, sobre todo en los niños, la automordedura de los
labios, generalmente el inferior, aunque también en la mucosa yugal, lengua o
incluso arañazos en la piel, durante el tiempo en que éstas zonas permanecen
insensibles tras la administración de una solución anestésica local.
Bastará con que el niño esté informado del problema y que los padres estén
atentos durante el tiempo que dure la sensación de insensibilidad.
8. Trismus y afectación muscular
La aparición de trismus es poco común, pero se presenta más cuando se bloquean
los nervios alveolodentario y lingual y se infiltra la región posterior del
maxilar superior. Se sabe que la lidocaina con epinefrina, cloroprocaina y
piperocaina producen daño a las fibras musculares y también a la vasculatura y
que la bupivacaina produce daño primariamente tan sólo a las fibras musculares.
La administración de múltiples inyecciones aumenta el riesgo de sangrado del
músculo o de daño de los vasos sanguíneos.
El hematoma puede a su vez provocar la formación de tejido fibroso; el trismus
aparece después de un periodo de latencia de 24 horas, suele ser indoloro y
puede persistir varias semanas.
Como hemos señalado anteriormente, el trauma muscular o de los vasos sanguíneos
en el espacio infatemporal es el factor etiológico más común tras inyecciones
dentales. En la fase aguda, el dolor por la hemorragia conduce al espasmo
muscular y a la limitación del movimiento. Sí no se instaura el tratamiento,
habrá una progresión hacia la limitación crónica del movimiento; esta
hipomovilidad es secundaria a la organización del hematoma con la consiguiente
fibrosis y contractura por la cicatrización. La infección del hematoma en el
espacio infatemporal puede además contribuir a la hipomovilidad debido al
incremento del dolor y por último a más reacción tisular y a la cicatriz. El
tratamiento temprano debe ir dirigido hacia la prevención de la hipomovilidad
crónica (calor, analgésicos y relajantes musculares), con lo que se previene la
organización, fibrosis y contracción. Si el paciente, tras 48 horas, no responde
y el dolor continúa, puede haber una infección del espacio infatemporal. A todo
el tratamiento anterior hay que añadir antibióticos. Además hay que realizar un
estudio con TAC y RM para comprobar que no está ocurriendo algo distinto a lo
esperado. Una vez que la hipomovilidad crónica mandibular se desarrolla, se
requiere intervención quirúrgica.
Cuando la concentración de epinefrina es alta, el daño muscular puede ser
atribuido a ella debido a la isquemia muscular local. Adicionalmente se sabe que
la epinefrina deprime el glucógeno muscular e incrementa el consumo de oxígeno.
Estos efectos combinados con la isquemia pueden inducir la necrosis muscular.
Cuando además la epinefrina se une al anestésico local puede haber un efecto
aditivo. Hay un significativo aumento en suero de creatínfosfoquinasa (CPK)
entre 8 y 48 horas después de una simple inyección intramuscular de lidocaina al
10%.
9. Alveolitis
Con la anestesia intraligamentosa no hay mayor incidencia de alveolitis que con
la anestesia infiltrativa o troncular normal. Sin embargo, se ha publicado que
la incidencia de alveolitis es significativamente más alta después del uso de
lidocaina comparada con la prilocaina y que el uso de repetidas inyecciones o de
técnicas intraligamentosas incrementa la probabilidad de este doloroso problema
post-extraccion.
10. Otras complicaciones tardías
Como reacciones tisulares de carácter local hay descritos casos de
tromboflebitis tras la administración de lidocaina, así como cambios
histológicos en los músculos esqueléticos al usar lidocaina, mepivacaina,
prilocaina, bupivacaina y etidocaina pero siempre reversibles, con regeneración
muscular completa a las dos semanas.
Complicaciones sistémicas
Los efectos sistémicos de los agentes anestésicos locales pueden dividirse en
tres grandes categorías: toxicidad del medicamento, reacciones alérgicas y
reacciones psicógenas. La gran mayoría de las reacciones sistémicas están
relacionadas con los medicamentos o son de naturaleza psicogénica.
1) Reacciones sistémicas
A) Toxicidad
A pesar de la gran seguridad que ofrecen estos fármacos, hay evidencia de
reacciones adversas que van desde el 2,5 al 11%. La mayoría de las reacciones
adversas ocurren inmediatamente a la inyección o dentro de las dos primeras
horas tras ella. Para Kaufman y cols10, la mayoría de las reacciones adversas
ocurren dentro de los dos primeras horas tras la inyección.
En condiciones estándar, y para que la administración de soluciones de
anestésicos locales de lugar a la aparición de síntomas tóxicos, es necesario
sobrepasar ampliamente las dosis terapéuticas habitualmente recomendadas, de tal
manera que las reacciones tóxicas son extraordinariamente raras. Estas
complicaciones cuando aparecen suelen ser debidas a sobredosis, a dosis
terapéuticas administradas intravascularmente, o por el contrario, dosis
habituales empleadas en pacientes muy sensibles.
Una de las condiciones de un anestésico ideal es poseer un bajo grado de
toxicidad sistémica y estar libre de efectos colaterales indeseables. Sí dos
anestésicos tienen la misma toxicidad general, pero uno de ellos es más eficaz a
menor concentración, éste proporciona un mayor margen de seguridad. Aún cuando
un anestésico sea tóxico cuando su concentración pasa de cierto nivel en sangre,
la adición de un vasoconstrictor permite la administración de una dosis mayor y
más segura del anestésico. Esto es debido, como ya se sabe, a que el
vasoconstrictor retarda la absorción del anestésico desde su lugar de
aplicación, y, por lo tanto, la concentración del anestésico en la sangre
circulante no puede llegar a un nivel elevado. Sin embargo, si el anestésico
local es inyectado accidentalmente por vía intravascular, la presencia del
vasoconstrictor no podrá reducir su toxicidad.
A mayor vascularización (velocidad de drenaje venoso y linfático) de la zona
donde se deposita el anestésico, mayor rapidez en su absorción, por lo que su
acción será de corta duración y la concentración en el plasma será alta,
aumentando, por lo tanto, su toxicidad. En consecuencia, la misma dosis puede
ser segura en un lugar, pero peligrosa en otro.
Otro factor del que se sabe afecta a la absorción del anestésico local es la
acidez, que causa vasodilatación y, en consecuencia, no son predecibles los
efectos cuando las inyecciones se aplican en tejidos con acidosis local.
La naturaleza del tejido además de su vascularización también es importante en
la absorción de un anestésico local. El tejido adiposo requiere agentes
liposolubles, reduciéndose la tasa de absorción vascular. Así pues, la duración
del bloqueo nervioso puede prolongarse cuando los nervios se hallan en tejido
adiposo.
Los anestésicos locales se excretan por la orina, principalmente en forma de sus
metabolitos, pero también en forma inalterada. Por esto, aquellos pacientes con
alteración en la función renal pueden acumular estos productos, debiendo,
precautoriamente para evitar su toxicidad, disminuir la dosis límite de los
anestésicos. La acidificación de la orina facilita la eliminación del anestésico
local, lo que sugiere que la resorción tubular se efectúa por difusión no
iónica.
Los anestésicos locales amino-éster son hidrolizados por la colinesterasa
plasmática. Obviamente cualquier factor que pudiera contribuir a una disminución
de la actividad de dicho enzima, permitiría un aumento de las concentraciones
séricas de los anestésicos locales de enlace éster, lo que elevaría la toxicidad
sistémica. La causa más frecuente de la actividad deficiente de la colinesterasa
plasmática es la utilización crónica del yoduro de ecotiofato para el
tratamiento del glaucoma, y una deficiencia genética (colinesterasa atipica) que
está asociada con actividad muy baja de la colinesterasa plasmática. Siempre que
sea posible debe evitarse la utilización de los anestésicos locales tipo
amino-éster cuando se sospeche que la actividad de la colinesterasa es
deficiente (por ejemplo, en la miastenia gravis).
Los anestésicos locales amino-amida son metabolizados principalmente en el
hígado por los enzimas microsómicos.
El anestésico local de enlace amida que se metaboliza más rápidamente es la
prilocaina, lo que explica en parte su baja toxicidad sistémica.
La bupivacaina, el más potente anestésico local amino-amida, es el de
metabolismo más lento. Esto, junto con su probada potencia, explica la
relativamente alta toxicidad sistémica de la bupivacaina.
El metabolismo hepático de los anestésicos de enlace amida puede verse afectado
por cualquier factor que altere la función hepática. Esto puede incluir, desde
una enfermedad hepática a los medicamentos que afectan el flujo sanguíneo
hepático, o una alteración de la actividad enzimática hepática. Por ejemplo, la
cimetidina, aumenta la vida media plasmática de la lidocaina en las ratas hasta
un 38%.
El peligro es directamente proporcional a la concentración del anestésico
circulante, lo cual depende del agente administrado, dosis empleada, lugar de
administración y técnica anestésica. Por ello, cuando exista sobredosificación,
inyección intravascular accidental o rápida absorción, puede aparecer alguna
acción farmacológica adversa. En cualquier caso, la incidencia y gravedad de
estos efectos, es por lo general, tanto más frecuente cuanto mayor es la
potencia anestésica del fármaco. A diferencia de la mayoría de los fármacos, que
producen su efecto terapéutico una vez que alcanzan la circulación sistémica, la
acción analgésica de los anestésicos locales desaparece según el fármaco
disminuye en el punto de inyección y pasa a la circulación general. Por eso,
estos efectos indeseables suelen aparecer al cabo de varios minutos después de
haberlo administrado. Se producen las concentraciones arteriales máximas del
anestésico de 10 a 25 minutos después de la inyección, por lo que la vigilancia
al individuo debe ser realizada fundamentalmente en la primera media hora tras
la administración del mismo.
En Odontología, el número de reacciones adversas, particularmente reacciones
tóxicas, es extraordinariamente bajo. Hay casos en que la reacción tóxica se
produce por la nebulización transoral/transfaríngea con lidocaina
preoperatoriamente durante la preparación para anestesia general.
La sobredosis por anestésicos en la práctica dental es rara, pero puede ocurrir
e incluso en algunos casos puede ser fatal. Normalmente el uso de una buena
técnica que emplee pequeñas cantidades de solución, limita la toxicidad. Además,
una buena historia puede ayudarnos a descubrir problemas pasados.
Se recomienda no sobrepasar la dosis de 25 ml (500 mg) de lidocaina al 2% con
1:80.000 de adrenalina para un adulto sano. Las recomendaciones son: 1.- En
mezclas de dos drogas farmacológicamente activas (formulaciones duales), la base
del limite de seguridad de niveles circulantes es la lidocaina, más que la
cantidad de adrenalina contenida en el volumen inyectado. 2.- El limite superior
sugerido es de cuatro cartuchos y medio de lidocaina con adrenalina (180-198 mg
lidocaina o 2,57-2,82 mg/Kg.) 3.- Para algunos pacientes médicamente
comprometidos, deben ser usadas dosis mínimas de lídocaina con adrenalina
(alrededor de un cartucho) y hay que prestar atención a la posible reacción a la
adrenalina exógena en esta formulación dual. 4.- Tanto para niños como para
adultos, las dosis deben ser adaptadas al tamaño corporal y hay que prestar
atención a otras formas de aplicación tópica del anestésico como pastas, cremas
o sprays. Las dosis de anestésicos deben ser las mínimas necesarias para
realizar el procedimiento previsto; si es preciso, es mejor citar al paciente
varias veces, a inyectar un volumen elevado de anestésico y realizar todo el
tratamiento en una visita.
La seguridad de la lidocaina resulta incrementada por la adición de epinefrina
lo cual inhibe la absorción sistémica de la preparación de lidocaina. Hay que
hacer notar que la epinefrina también puede tener efectos tóxicos. En los
volúmenes y concentración de los anestésicos usualmente usados en odontología,
las sobredosis no tienen por qué ocurrir. Sin embargo, niveles excesivos en
plasma pueden también resultar de una rápida absorción debido a una inadvertida
inyección intravascular o a una inyección demasiado rápida.
La lídocaina en aplicación tópica (enjuagues) para el tratamiento de la
mucositis oral en pacientes a los que se les ha hecho trasplante de médula ósea,
se absorbe sistémicamente de forma mínima.
Los factores que influyen en la toxicidad son: el lugar de la inyección
(intravascular o extravascular) y las tasas de absorción, distribución,
metabolismo y excreción, pero hay una serie de situaciones que pueden modificar
y aumentar la toxicidad de los anestésicos locales: fármacos que pueden competir
con ellos, estados de hipoproteinemia, insuficiencia renal o cardiaca, estados
de hipotermia y factores que modifican la velocidad de absorción.
2) Sistema nervioso central
Las reacciones sobre el SNC pueden producir excitación y/o depresión yendo desde
nerviosismo hasta parada respiratoria.
Se piensa que la estimulación y depresión sucesivas producidas por los
anestésicos locales en el SNC, son en realidad consecuencia de la depresión
neuronal y que la estimulación del SNC seria la consecuencia de la depresión
selectiva de las neuronas inhibidoras. Las reacciones en principio serán de
estimulación; si la concentración hemática sigue aumentando se afectan las
excitatorias apareciendo depresión central.
La sintomatología clínica del cuadro tóxico puede aparecer inmediatamente a la
administración o unos minutos después como reacción más retardada. Se inicia con
desorientación, palabras incoherentes, zumbidos de oídos, cefalea, náuseas,
vómitos y tremulación muscular. Posteriormente puede sobrevenir la pérdida de
conciencia con un estado convulsivo crónico que alterna con períodos de
contractura tónica. La respiración es insuficiente e ineficaz y el paciente se
vuelve cianótico. Esta fase, que dura uno o dos minutos, puede terminar con la
muerte del paciente por asfixia o depresión cardiovascular.
Si sobrepasa esta fase de excitación del SNC se pasa a una fase de depresión, en
la cual el paciente inconsciente muestra una arreflexia y relajación muscular
con tensión arterial baja, taquicardia, pulso blando, respiración débil
irregular y a veces boqueadas. Finalmente puede de-sembocar en un paro
respiratorio, en parte porque ha habido estimulación central excesiva que da
como resultado depresión del centro respiratorio, y por otra parte porque la
respiración no se puede efectuar si los músculos intercostales y el diafragma se
encuentran en estado convulsivo.
La fase de excitación puede tratarse administrando por vía IV diazepam (0,1
mg/Kg. o 5-10 mg, IV, sin pasar de 5 mg/mm; puede repetirse a intervalos de
10-15 minutos si no cede, hasta una dosis máxima de 30 mg, vigilando en todo
momento las constantes respiratorias) o barbitúricos (tiopental, 25-50 mg). La
hipercapnia y la acidosis facilitan la aparición de convulsiones, mientras que
la administración de oxígeno es beneficiosa, aunque su administración no las
suprima. Las manifestaciones musculares se pueden suprimir con succinilcolina
(0,5-1 mg/Kg, IV) o con suxametonio. De hecho, en presencia de convulsiones
graves, la intubación traqueal combinada con la administración de succinilcolina
y la respiración artificial previenen la aspiración pulmonar y facilitan la
hiperventilación. Estudios realizados sobre primates, aconsejan el uso de
diazepam para aliviar las convulsiones, sin la depresión respiratoria que
producen los barbitúricos. Si bien la succinilcolina, agente bloqueante muscular
de acción corta, puede controlar las contracciones musculares y facilitar la
ventilación, la parálisis respiratoria que induce puede resultar más peligrosa
que el ataque mismo.
La inyección perineural puede ser una causa frecuente de accidente en el sillón
dental, y ha recibido poca atención en la literatura. El perineuro de los
nervios periféricos es una continuación de la pia y aracnoides que rodea la
médula espinal. Si una aguja fina es insertada en el perineuro de los nervios
periféricos, el líquido in-yectado viaja centrípetamente hacia el neuroeje. Es
posible, pues, por esta vía que pequeñas cantidades de anestésicos locales
puedan alcanzar el cerebro. Esto puede ocurrir en clínica humana, si se utilizan
agujas muy finas, para bloquear nervios que están relativamente fijos, como es
el caso del nervio dentario inferior, en la vecindad del foramen mandibular. En
este caso, aún con pequeñas cantidades, como por ejemplo 2 cc de lidocaina al
2%, o sea 40 mg, pueden producir un bloqueo transitorio, medular y
mesencefálico.
A dosis altas, al bloquear la conducción nerviosa, pueden inhibir tanto el
sistema simpático como el parasimpático.
El sistema nervioso central es más susceptible que el cardiovascular a los
efectos sistémicos del anestésico local. Sin embargo, en el caso de la lidocaina
el efecto tóxico más común es la estimulación del sistema nervioso central
seguida por depresión, o depresión solamente. Las muertes atribuidas a
sobredosis de lidocaina son generalmente debidas a los efectos depresores del
sistema nervioso central.
3) Sistema cardiovascular
Los efectos tóxicos sobre el sistema cardiovascular se van a producir en líneas
generales por el siguiente orden: depresión de la contractilidad, excitabilidad
y velocidad de conducción, disminución del volumen/minuto, hipotensión
ligera-moderada, vaso- dilatación periférica, hipotensión severa, bradicardia
sinusal y colapso cardiovascular.
Las reacciones sobre el sistema cardiovascular van desde cambios ligeros en la
presión sanguínea a parada cardiaca. Casi todos los agentes anestésicos locales
poseen in vitro una acción vasodilatadora a excepción de la prilocaina y
mepivacaina, pero esto al parecer contribuye poco a la hipotensión que producen.
Las acciones sobre el sistema cardiovascular ocurren sólo con dosis
relativamente altas y de manera primordial son de tipo quinidinico sobre el
miocardio para provocar una disminución de la excitabilidad, de la velocidad de
conducción, del inotropismo y del periodo refractario, efectos que pueden ser
visualizados en el EGG.
Son fármacos con acciones antiarritmicas comportándose como estabilizadores de
membrana, suprimiendo reentradas por bloqueo bidireccional. La procaína,
procainamida y la lidocaina se han usado por vía intravenosa por sus efectos
quinidinicos para controlar las arritmias cardíacas.
A nivel vascular producen vasodilatación arterial e hipotensión, tanto por
acción directa vascular como por bloquear la conducción de los impulsos
nerviosos simpáticos y la transmisión ganglionar.
Aunque los efectos cardiodepresores sólo aparecen en altas concentraciones, se
ha observado que en raras ocasiones, pequeñas concentraciones de anestésico
pueden provocar colapso circulatorio y muerte. Ello podría deberse a una parada
de la actividad sinusal o fibrilación ventricular. Este riesgo aumenta tras la
administración intravascular del anestésico y en particular el de la fibrilación
ventricular si se usa anestésico con adrenalina.
La bupivacaina ejerce un descenso en la presión sistólica dosis-dependiente,
pero no ocasiona otros cambios cardiovasculares significativos.
Stabile y cols11, encontraron que la mayoría de los pacientes que reciben una
inyección de etidocaina intraósea, tienen un incremento transitorio de la
frecuencia cardiaca. La mayoría de los pacientes que reciben una inye- cción
intraósea de lidocaina-epinefrina experimentan un transitorio incremento de la
frecuencia cardiaca, hecho que no sucede cuando se aplica mepivacaina al 3% por
la misma vía.
Replogle y cols12, estudiaron los efectos cardiovasculares de las inyecciones
intraóseas y concluyeron que la mayoría de los pacientes que reciben una
inyección intraósea de lidocaina-epinefrina experimentan un transitorio
incremento de la frecuencia cardiaca, hecho que no sucede cuando se aplica
mepivacaina al 3% por la misma vía.
La dosis de seguridad de felipresina para pacientes que padecen hipertensión
esencial es aproximadamente de 0,18 UI. Aunque no se ha notado efecto isquémico,
se recomienda precaución en los pacientes con severa hipertensión, en los cuales
puede desarrollarse una isquemia miocárdica.
Una tensión arterial sistólica mayor de 200 mm Hg y diastólica mayor de 115 mm
Hg es una contraindicación absoluta para cualquier procedimiento dental.
La información obtenida de la convencional monitorización, como es la medida de
tensión arterial y frecuencia cardíaca y electrocardiografia, es inadecuada para
explicar los cambios patofisiologicos que ocurren en el paciente dental que
tiene la enfermedad cardiaca. Sin embargo, la ecocardiografia, un método no
invasivo de examen cardíaco, proporciona información excelente sobre los cambios
funcionales del corazón.
El uso de EMLA de forma tópica en la encía puede ser elegido para procesos
quirúrgicos cortos y menores; la máxima analgesia tras la aplicación de 4 mg del
anestésico se alcanza a los 14 minutos; 30 minutos después, la sensación
gingival retorna a lo normal. La duración de la analgesia es similar a la
obtenida con spray tópico de lidocaina al 10% (200 mg). Altas concentraciones se
han asociado con síntomas tóxicos del SNC o sistema cardiovascular. En pacientes
con enfermedad hepática o insuficiencia cardiaca, el EMLA ha de ser usado con
precaución.
4) Reacciones debidas al uso de vasoconstrictores
Los efectos tóxicos producidos por los vasoconstrictores a menudo se desarrollan
antes que la toxicidad anestésica local y pueden de esta forma constituir un
factor que limita la dosis total del anestésico suministrado. La dosis de
epinefrina y levonordefrina deben limitarse a 3 microgramos por Kg y no exceder
de 0,2 mg para los pacientes con buena salud.
Los efectos locales producidos por un vasoconstrictor dependen del tipo de
tejido en el que se inyecta. Por ejemplo, la epinefrina, produce vasodilatación
local cuando se inyecta en el músculo esquelético debido a que contiene sobre
todo receptores betaadrenérgicos. En este caso la epinefrina puede activar la
absorción sistémica del anestésico local, aumentando así la posibilidad de que
se produzcan efectos colaterales sistémicos no deseables. La actividad de los
vasoconstrictores se reduce, como ya habíamos dicho anteriormente, en ambientes
acidóticos (lugares de infección o de inflamación). Se desconoce el mecanismo
exacto de la inactivación simpaticomimética de la amina con un pH bajo.
La única contraindicación absoluta para la utilización de los vasoconstrictores
se da en los pacientes con tirotoxicosis. Esto puede presentarse en pacientes
con hipertirodismo primario o secundario o inducida por el uso excesivo de los
suplementos tiroideos. Las aminas simpaticomiméticas administradas exógenamente
o liberadas endógenamente como respuesta al stress pueden precipitar una crisis
cuyos resultados serian hipertensión, delirio y eventualmente colapso vasomotor.
La tasa de mortalidad asociada con esta crisis aguda puede ser hasta del 70%.
La adrenalina es el prototipo de los vasoconstrictores adrenérgicos. Los agentes
adrenérgicos actúan por estimulación de dos sistemas receptores farmacológicos
distintos: los receptores adrenérgicos alfa y beta. La estimulación de los
receptores adrenérgicos alfa produce los efectos vasoconstrictores deseados. La
estimulación de los receptores adrenérgicos beta es responsable de la acción
estimulante cardiaca y broncodilatadora que muestran muchos agentes de este tipo
de drogas. Las drogas adrenérgicas varían individualmente en su capacidad de
estimular estos dos sistemas receptores a partir de la acción estimulante alfa
pura de la fenilefrina, pasando por las drogas con acciones alfa y beta
mezcladas (adrenalina, no-radrenalina y levonordefrina) hasta la acción
estimulante beta pura del isoproterenol.
Si se absorben rápidamente en el sistema circulatorio, los agentes adrenérgicos
producen varias acciones cardiovasculares importantes. Los efectos de la
estimulación beta adrenérgica sobre el corazón son: mayor frecuencia, mayor
intensidad de contracción, mayor velocidad de conducción y mayor irritabilidad.
La administración submucosa de un cartucho de anestésico local que contenga
epinefrina al 1:100.000 aumenta la capacidad cardiaca aproximadamente un 10%. El
efecto sistémico de la estimulación alfa adrenérgica es la constricción de la
musculatura lisa de los vasos, lo que aumenta la presión sanguínea.
A continuación de la inyección submucosa intraoral de una solución anestésica
local que contenga epinefrina, los efectos alfa-adrenérgicos predominan
localmente y se produce vasoconstricción. Este efecto es normalmente inmediato y
dura aproximadamente de 30 a 90 minutos después de la inyección. Gradualmente,
la concentración tisular local de epinefrina disminuye hasta un nivel que ya no
produce efecto alfa-adrenérgico (vasoconstricción) y predomina la respuesta
beta-adrenérgica (vasodilatación). El flujo sanguíneo local aumenta y los
efectos hemostáticos de la epinefrina desaparecen. El efecto hiperémico puede
mantenerse durante dos horas.
En tanto que la acción predominante de la noradrenalina causa aumento de la
presión arterial, la adrenalina aumenta la frecuencia cardiaca, lo que es un
efecto colateral más seguro.
Además en los tejidos inflamados aumenta el flujo sanguíneo tisular, lo que
induce a una mayor absorción sistémica del vasoconstrictor y pueden presentarse
efectos colaterales sistémicos no deseados (estimulación cardiovascular).
La tensión y el dolor pueden producir un incremento endógeno en los niveles de
adrenalina hasta un grado peligroso para el paciente, y es mejor aplicar un
anestésico local con dicha sustancia, que evite el dolor durante la sesión del
tratamiento; esto incluye a pacientes con enfermedad cardiaca conocida, según
dictamen de un Comité especial de la Asociación de Cardiología de Nueva York.
La noradrenalina es menos eficaz como vasoconstrictor que la adrenalina, aunque
su vasoconstricción es de mayor duración. La dosis total de la noradrenalina, no
debe exceder de 0,34 mg. Actualmente debido a la cantidad de reacciones
adversas, se ha desestimado su uso.
La fenilefrina, parecido a la adrenalina y que también tiene acciones
simpaticomiméticas, es muy estable, de menor acción presora, carece de los
efectos centrales de la adrenalina y es bastante segura, aunque su toxicidad es
semejante a la de la adrenalina. Se emplea en concentraciones de 1:2.500.
Posiblemente reemplace a la adrenalina como vasoconstrictor de rutina.
Calatayud y cols13**, hacen una excelente revisión del uso de los
vasconstrictores en Odontología en España.
Se han llevado a cabo muchos intentos para descubrir vasoconstrictores más
seguros que las aminas simpaticomiméticas, adrenalina y noradrenalina,
estudiándose las vasopresinas (hormonas del lóbulo posterior de la hipófisis)
entre las que se incluyen: vasopresina, felipresina y ornipresina.
Para el tratamiento de un paciente con cardiopatía isquémica en la consulta se
recomienda:
* Control del dolor mediante una buena técnica anestésica, ya que constituye uno
de los principales motivos del estrés durante el tratamiento odontológico. Se
utilizará un anestésico local con vasoconstrictor, ya que el riesgo de crisis
anginosa es mayor por la liberación endógena de epinefrina secundaria al estrés
que el que resulta de la pequeña cantidad de vasoconstrictor usada en los
anestésicos locales.
* Debe intentarse conseguir una profunda y prolongada anestesia con la menor
dosis posible de vasoconstrictor. Se recomienda no sobrepasar los 0,04 mg de
epinefrina en una sola visita (una dosis máxima de 2 o 3 carpules con una
concentración de epinefrina del 1/100.000), aunque no hay datos objetivos que
apoyen una dosis límite absoluta. Como norma general, el uso de epinefrina a
concentraciones superiores de 1/100.000 se considera arriesgado. La anestesia se
administrará lentamente y con aspiración periódica.
* Anestésicos de larga duración como la bupivacaina o etidocaina, están
disponibles con cantidades reducidas de vasoconstrictor (1/200.000) y pueden ser
útiles en procedimientos de larga duración o aquellos que engloban áreas
extensas de la cavidad bucal. En cambio para otros autores no estaría indicado
este tipo de anestésicos, ya que consideran que a mayor potencia anestésica
mayor toxicidad.
* Algunos autores contraindican el uso de anestesia intraligamentosa e
intraósea, así como el uso de hilos retractores gingivales impregnados de
epinefrina, mientras que otros consideran que solamente sería una
contraindicación relativa.
* El uso de pequeñas cantidades de vasoconstrictor es un tema controvertido.
Algunos autores contraindican su uso en este tipo de pacientes, ya que
consideran que mientras un aumento súbito mínimo de epinefrina en el plasma en
pacientes sanos tiene un efecto insignificante, en pacientes con angina
inestable puede ocasionar serias consecuencias -ya que aumenta el consumo de
oxígeno miocárdico-. Otros autores, sin embargo, presentan un protocolo de
tratamiento de pacientes cardíacos de alto riesgo usando como anestésico local
lido- caina al 2% con adrenalina 1/100.000, realizando una terapia incremental
para prevenir la ansiedad y la aparición de una posible angina de pecho; a estos
pacientes se les administraba 10 mg de oxacepam o 5 mg de diazepam por vía oral
la noche anterior y una hora antes del tratamiento odontológico y durante el
mismo se realizaba una sedación con óxido nitroso o sedación intravenosa con
midazolam; además se administraba 5 mg de nitroglicerina sublingual o por
inhalación de forma preventiva.
En los casos de Síndrome de Marfan, los anestésicos que contengan epinefrina
deben ser manejados con cuidado ya que provocan alteraciones cardíacas.
Perusse y cols14**, entienden que las contraindicaciones absolutas de los
vasoconstrictores en relación con enfermedades cardíacas son: angina inestable,
infarto de miocardio reciente (6 meses), cirugía reciente para bypass coronario,
arritmias refractarias, hipertensión severa no tratada o incontrolada e
insuficiencia cardiaca congestiva no tratada o incontrolada. Como
contraindicación relativa relacionada con el corazón citan a aquellos pacientes
medicados con beta-bloqueantes no selectivos.
El uso de un anestésico local que contenga vasoconstrictor debe ser evitado en
pacientes que tomen medicación beta-bloqueante debido a una posible reacción
medicamentosa adversa. Sin embargo, cuando un vasoconstrictor esta indicado por
su acción hemostática, la solución anestésica debe ser administrada lentamente y
en pequeñas cantidades, monitorizando el pulso y la presión arterial. El
paciente debe ser advertido de que la duración de la anestesia puede ser
prolongada.
Cuando un paciente está siendo medicado con betabloqueantes no selectivos hay
varias opciones para evitar las interacciones:
lª) Si la hemostasia no es esencial, considerar el uso de anestésico local sin
vasoconstrictor.
2ª) Consultar con el médico y preguntar si la medicación puede ser interrumpida
un día antes del procedimiento y restaurada inmediatamente después del mismo.
3ª) Administrar un cartucho y volver a tomar tensión y pulso después de 3-4
minutos, repitiendo este protocolo para cada cartucho.
Mask15, señala que la epinefrina debe ser usada con cautela en pacientes con
marcapasos o dispositivos defibriladores automáticos debido a la posibilidad de
aparición de una arritmia refractaria; debe consultarse con el cardiólogo del
paciente.
El momento del día en el que la epinefrina ocasiona más efecto en las variables
cardiovasculares coincide con el momento en que las mayores elevaciones de la
presión arterial ocurrían a las ocho de la mañana y las menores elevaciones
sucedían a las dos de la tarde.
Meechan y cols16, publican que los pacientes con trasplante cardiaco
experimentan una taquicardia significativa 10 minutos antes de la inyección de
una solución que contenga epinefrina. No se encontró significativo cambio en la
frecuencia cardiaca después de la inyección de una solución sin epinefrina. De
ahí que pueda deducirse que la respuesta cardiovascular a la anestesia dental
local en pacientes trasplantados de corazón es gobernada por la solución
inyectada.
Se sabe que no acelera la cicatrización tras extracciones el uso de un
anestésico sin vasoconstrictor y que tampoco el uso de epinefrina no solo no
prolonga, sino que parece promocionar la curación de la herida.
Meechan y cols17, estudiaron los cambios de presión arterial en niños cuando se
utiliza lidocaina con epinefrina para procedimientos restauradores, de modo que
sí influencia la respuesta hemodinámica de tal modo que la presión diastólica
cayó 20 minutos después de la inyección.
Niwa y cols18, midieron las respuestas hemodinámicas a la inyección intraoral de
1,8 ml de lidocaina al 2% con 1:80.000 de epinefrina mediante
impedancio-cardiogarfia, concluyendo que la solución de lidocaina y epinefrina
es segura y que ocasiona pocas consecuencias hemodinámica en pacientes con
enfermedad cardiovascular.
Gallatin y cols19, demuestran que la mepivacaina al 3% tiene un mínimo efecto en
la frecuencia cardiaca y que puede ser usada en pacientes en los que la
epinefrina esté contraindicada.
La combinación prilocaina-felipresina parece tener escaso efecto en la actuación
cardiaca.
Carrera y cols20, estudian algunos parámetros cardiovasculares usando articaina
al 4% más epinefrina a 1:200.000, mepivacaina al 3% sin vasoconstrictor y
prilocaina al 3% con felipresina al 1:1,850,000 concluyendo que los pacientes
estaban más estables con articaina más epinefrina al 1:200.000, pero que ninguna
de las tres soluciones estudiadas causan cambios hemodinámicos significativos
con respecto a los valores basales cuando se administran a pacientes sanos
sujetos a tratamiento quirúrgico para la extracción del tercer molar.
Además de las contraindicaciones expresadas anteriormente, Perusse y cols14**,
insisten en que los vasoconstrictores deben ser evitados de forma absoluta en
aquellos pacientes con: hipertiroidismo incontrolado, diabetes incontrolada,
sensibilidad a sulfitos, asma dependiente de esteroides y feocromocitoma. Las
contraindicaciones relativas serian en: pacientes medicados con antidepresivos
triciclicos, pacientes medicados con compuestos fenotiacínicos, pacientes
medicados con IMAO y en los adictos a cocaína.
Sin embargo, este tema es muy discutido, y no todo el mundo está de acuerdo y
algunos piensan que los anestésicos locales formulados con epinefrina, o
norepinefrina como vasoconstrictores pueden usarse sin reserva especial en
pacientes que toman inhibidores de MAO o fenotiacinas. La epinefrina es el
vasoconstrictor adrenérgico de opción en los pacientes que toman medicación
antidepresiva triciclica, pero la prudencia indica que debe reducirse su
dosificación maxima.
Es bien conocido que la epinefrina puede producir hipokalemia.
La primera consideración en el tratamiento de una reacción tóxica sistémica es
el mantener permeables las vías aéreas mediante ventilación asistida o
controlada con oxigeno y tratar los signos de excitación del SNC con diazepam
(5-10 mg IV) o con un barbitúrico de acción rápida, tiopental sódico (dosis de
50 mg IV hasta el cese de las convulsiones). Un relajante neuromuscular
despolarizante tipo succinilcolina (1 mg/Kg), puede estar indicado si no ceden
las convulsiones con las medidas anteriores, siendo necesaria la intubación
endotraqueal.
Hay que corregir los estados hipotensivos: elevación de los miembros inferiores,
fluidoterapia, vasopresores (metoxamina, efedrina, entre otros). Si existe
bradicardia, aplicar atropina (0,6 mg IV).
B) Reacciones alérgicas
A pesar de que las reacciones alérgicas a los anestésicos locales son muy raras,
al parecer existe un gran número de pacientes que asegura ser alérgico a estos
agentes.
Las reacciones alérgicas se dan principalmente con los anestésicos tipo éster
(procaína, dibucaina, tetracaina) y van desde dermatitis hasta reacciones de
respuesta anafiláctica, que cuando aparecen suelen ser de extrema gravedad. Los
signos clínicos más típicos son: eritema, prurito, urticaria o dermatitis
exfoliativa, edema oral, facial o circunorbitario; una cuarta parte de los casos
cursa con distress respiratorio y posible muerte; puede haber convulsiones,
síntomas gastrointestinales, shock y coma. Se debe sospechar que existe alergia
si cualquiera de los síntomas señala- dos se presenta a continuación de la
administración de los anestésicos locales, pero no es normal en su ausencia.
Conviene recordar que la hipersensibilidad a la procaína implica
hipersensibilidad a otros anestésicos locales tipo éster así como a otros
derivados del ácido paraaminobenzoico.
Muchas de las soluciones anestésicas locales tipo amida han contenido
metilparabeno como conservante. El metilparabeno es un éster alquilo del ácido
parahidroxibenzoico y por lo tanto es estructuralmente parecido al PABA. Esta
similitud sugiere que el metilparabeno puede también producir hipersensibilidad.
La FDA exige la eliminación del metilparabeno de los anestésicos que contengan
una dosis única, como los cartuchos dentales. La lidocaina preparada para uso
tópico puede contener, asimismo, metilparabeno o clorocresol como conservantes
que pueden producir sensibilización.
Es necesario insistir en que los test intracutáneos no permiten asegurar con
fiabilidad la hipersensibilidad a los anestésicos locales, pues se han observado
reacciones falsas, tanto positivas como negativas.
A veces, en el organismo, se desencadenan reacciones inmunes exageradas frente a
una determinada partícula considerada como extraña y potencialmente peligrosa.
Esta reacción, denominada de hipersensibilidad, se puede presentar en cuatro
formas según la clasificación de Gell y Coombs (1963, 1975). La forma más
peligrosa es la reacción anafiláctica.
Como especifica Bourrain21, los accidentes alérgicos relacionados con
anestésicos locales que pueden aparecer son generalmente de tipo IV y I. Los de
tipo IV son las reacciones de hipersensibilidad retardada mediadas por células.
El prototipo es la reacción de Mantoux.
Todas estas reacciones inflamatorias o de «hipersensibilidad» tienen en común el
hecho de estar iniciadas por una reacción inmunológica contra un antígeno y
ocurrir en un individuo sensibilizado (es decir, son el resultado de una
reestimulación antigénica en una persona que ya ha desarrollado una respuesta
inmune celular frente a dicho antígeno).
En el caso de los anestésicos locales suele expresarse en la piel por un eczema.
Los síntomas aparecen de forma retardada, yendo desde unas horas a 48 horas,
principalmente cercano al lugar de aplicación, aunque cuando el alergeno ha sido
inyectado las lesiones pueden aparecer a distancia. Se manifiestan como lesiones
eritematosas, habitualmente vesiculosas y pruriginosas. La curación es lenta,
durando bastantes días y se acelera por la aplicación de un dermocorticoide.
Este tipo de alergias era debido sobre todo a anestésicos tipo éster. La alergia
a los anestésicos tipo amida es muy rara y para algunos no existe; en cualquier
caso, la mayor parte de las veces se manifiestan tras la aplicación de geles y
cremas y raramente cuando son inyectados.
El problema importante es que en caso de sobrevenir una alergia, es posible la
existencia de sensibilizaciones cruzadas. A veces la alergia es a la lidocaina y
a la vez, a la mepivacaina, prilocaina y bupivacaina. Por el contrario, el
riesgo de reacciones cruzadas de la lidocaina con la articaina parece menos
posible y ausente con los ésteres.
Tipo I. Hipersensibilidad inmediata o alergia atópica. Constituyen reacciones
inflamatorias de instauración inmediata, aunque a veces semirretardada, causada
por la liberación masiva de mediadores inflamatorios (histamina, triptasa,
prostaglandinas y leucotrienos) por leucocitos basófilos y mastocitos. Tales
mediadores son los causantes de las manifestaciones clínicas, las cuales, según
la vía de acceso y el grado de difusión intracorporal del alergeno, pueden
adoptar una forma localizada -como la rinitis o el asma-, o generalizada -como
las reacciones anafilácticas desencadenadas por medicamentos, picaduras de
insectos o ciertos alimentos-.
La determinación de los alergenos particulares con respecto a los anestésicos
locales puede representar una dificultad especial en la clínica odontológica.
Las alergias y reacciones pseudoalérgicas pueden estar asociadas con toda clase
de drogas usadas en la práctica dental.
Rood22, como otros muchos autores consultados, opina también que la mayor parte
de las veces las reacciones adversas son reacciones psicógenas.
Es dificil saber con exactitud con qué frecuencia se presentan las reacciones de
hipersensibilidad, ya que no seria normal que todos los casos fueran publicados.
Otro problema es que los signos y síntomas observados durante una reacción
adversa son generalmente inespecificos y pueden conducir a un mal diagnóstico y
a etiquetar erróneamente de que un paciente es alérgico.
Estamos de acuerdo con Wilson y cols23, en que una historia detallada es
esencial para evitar riesgos a un paciente con un agente ante el cual hay
probada intolerancia. Las alergias verdaderas a los anestésicos locales son
raras, pero es común diagnosticarías mal y pensar que cualquier evento adverso
serio sea una reacción alérgica. Las causas más frecuentes son los conservantes,
antioxidantes o metabólicos, y no precisamente el mismo anestésico. Campbell y
cols24, enfatizan la necesidad de que los odontólogos y estomatólogos generales
realicen correctos diagnósticos en este tipo de situaciones.
Brown y cols25, presentan un caso de un paciente que con diversos regímenes de
anestésicos locales presentaba siempre eritema dérmico y prurito,
aproximadamente 36 horas después del tratamiento.
Otra reacción adversa es la idiosincrasia. La idiosincrasia a la lidocaina es
poco común. Las manifestaciones más usuales son taquicardia e hipertensión con
pequeñas cantidades de droga. Otra forma de reacción adversa es la intolerancia
o disminución de la tolerancia. Factores como enfermedad miocárdica, acidosis,
anemia o variación en la actividad de un sistema enzimático específico pueden
ser responsables por tolerancia disminuida a los anestésicos locales. La
intolerancia a un anestésico local se caracteriza usualmente por depresión
circulatoria más que por depresión del sistema nervioso central como se observa
en las reacciones tóxicas.
Algún caso hay descrito de alergia a la articaina. El paciente toleró bien el
tratamiento con lidocaina.
Malamed26, sugiere que cuando el paciente es incapaz de proporcionar de forma
segura información sobre si es o no alérgico a algún anestésico, el odontólogo o
estomatólogo puede intentar hablar con el anterior den- tista implicado. Si esto
falla, hay dos opciones: 1) se puede utilizar un antihistamínico
(difenhidramina) como anestésico local o 2) se puede remitir el paciente a un
alergólogo para que realice una prueba de provocación. Con frecuencia, (en
América), la opción más práctica es utilizar la difenhidramina. El farmacéutico
puede preparar una solución al 1% de difenhidramina que contenga adrenalina al
1:100.000, sin conservante. Esta solución induce una anestesia de unos 30
minutos de duración y se puede utilizar mediante infiltración o inyección de
bloqueo. Cuando se utiliza en un bloqueo mandibular, se necesitan 1-4 ml de
solución. Algunos pacientes han notado una sensación de quemazón, tumefacción o
eritema tras un bloqueo mandibular con difenhidramina al 1%, pero estos efectos
no fueron graves y desaparecieron en 1-2 días. No se deben administrar más de 50
mg de difenhidramina en una sola sesión.
El odontólogo o estomatólogo puede preferir remitir al paciente a un alergólogo
para que lo evalúe y realice las pruebas necesarias, que suelen ser pruebas
cutáneas y pruebas de provocación (PP). La mayor parte de los investigadores
están de acuerdo en que realizar únicamente pruebas cutáneas a los anestésicos
locales tiene escaso interés, ya que son frecuentes los falsos positivos; por
tanto, el alergólogo realizará también una PP. Es muy útil enviar también para
las pruebas especificas muestras de sus agentes anestésicos habituales sin
vasoconstrictor.
Cuando se administra un anestésico alternativo a un paciente con antecedentes de
alergia a los anestésicos locales, el odontólogo o estomatólogo debe seguir
estos pasos:
1) Inyectar lentamente, aspirando primero para estar seguro de no administrar el
fármaco en un vaso.
2) Inyectar una gota de la solución en los tejidos.
3) Retirar la aguja y esperar 5 minutos a la espera de que se produzca o no
alguna reacción. Si no aparece una reacción alérgica, puede depositarse la
cantidad de anestésico que sea necesaria. Hay que estar seguro de aspirar antes
de realizar la segunda inyección.
El choque anafiláctico se caracteriza por la aparición brusca de manifestaciones
clínicas en el árbol respiratorio, el sistema cardiovascular, la piel y el
tracto digestivo, con broncoespasmo, hipotensión arterial, urticaria-angioedema,
vómitos y diarrea, en su forma clínica completa. Los síntomas se presentan de
forma inmediata (5-20 minutos) tras la exposición al alergeno o agente
desencadenante. El paciente nota prurito, malestar general profundo, angustia,
rinitis y conjuntivitis, opresión torácica, vómitos y diarrea. Los síntomas
pueden progresar y aparecer edema laríngeo, broncoespasmo e hipotensión.
El diagnóstico es absolutamente clínico, estableciéndose a veces cuando los
síntomas ya remiten. Ningún dato de laboratorio que pueda obtenerse de forma
rápida es específico de anafilaxia. Cuando junto a la hipotensión hay otras
manifestaciones, no se plantean problemas diagnósticos, sobre todo si existe un
antecedente inmediato de administración de un fármaco u otra forma de exposición
a un alergeno u otro tipo de agente desencadenante sospechoso. Cuando aparece
hipotensión como manifestación aislada, se plantean problemas de diagnóstico
diferencial con cualquier otra circunstancia capaz de originar una hipotensión
brusca.
Se trata de un cuadro potencialmente muy grave que, si no se trata de inmediato
de forma apropiada, puede causar la muerte del paciente.
Kemp y Lockey27, basándose en la literatura, recomiendan el siguiente
tratamiento del shock anafiláctico, que nosotros transcribimos de forma
modificada y resumida:
a) Intervención inmediata:
- Soporte vital básico (ABC).
- Administrar epinefrina acuosa en dilución al 1:1000, 0,3-0,5 ml (0,01 mg/Kg
peso en niños; dosis máxima, 0,3 mg), intramuscular, en el brazo (deltoides),
cada cinco minutos, tantas veces como sea necesario, hasta controlar los
síntomas y la presión arterial. Sin embargo, y aunque se cita la inyección en el
brazo, la administración intramuscular en la cara anterolateral del muslo
(vastus medialis) produce más altos y rápidos niveles en plasma que en el brazo
y será el lugar de elección.
- Administrar epinefrina acuosa al 1:1000, 0,1-0,3 ml en 10 ml de suero salino
(dilución entre 1:100.000 y 1:33.000) intravenosamente. Podría repetirse si no
hay respuesta. La monitorización hemodinámica continua es esencial.
b) Medidas generales:
- Posición de decúbito supino con las piernas elevadas
- Establecer y mantener la vía aérea (tubo endotraqueal, cricotiroidectomia o
traqueotomía).
- Administrar oxígeno a razón de 6-8 L/min.
- Tomar una vía venosa y administrar suero salino fisiológico para reposición de
fluidos. Si existe hipotensión severa, administrar expansores del plasma si son
necesanos.
c) Medidas específicas:
- Difenhidramina, 50 mg o más, oral o intravenosamente, con un máximo diario de
300 mg para los niños y 400 mg para adultos.
- Otras medidas: ranitidina o cimetidina, albuterol, aminofilina, glucagon,
glucocorticoides.
En todos los casos, pues, el manejo debe comenzar con la norma ABC estandar y
suplemento de oxígeno. La duración de acción de la epinefrina es relativamente
breve (10-30 minutos) ya que se biotransforma muy pronto y las dosis pueden
necesitar ser repetidas si los síntomas recurren.
En la literatura odontológica se menciona insistentemente la posible utilización
del suelo de la boca o de la lengua para administrar la epinefrina.
C) Reacciones psicógenas
Las reacciones psicógenas son, probablemente, las reacciones adversas más
comúnmente asociadas con la administración de los anestésicos locales. Debido a
la naturaleza insidiosa de estas reacciones, a menudo se atribuyen
equivocadamente a la toxicidad o a reacciones de hipersensibilidad.
La fuente de este tipo de reacciones se encuentra en la ansiedad ante el
tratamiento o la punción anestésica.
Como reacciones psicógenas suelen presentarse dos cuadros:
1) El síncope vasovagal o síncope vasodepresor es la reacción psicogénica más
común y se caracteriza por signos prodrómicos como sudoración, palidez, náuseas,
confusión mental, mareo, taquicardia, hipotensión y, a veces, contracciones
tónico-clónicas.
Este cuadro responde bien a medidas posturales (decúbito supino con elevación de
las extremidades inferiores). Hay que monitorizar los signos vitales y además de
mantener el tránsito aéreo, se administrará oxígeno al 100%, lo cual es
fundamental para corregir la acidosis que agravaría la toxicidad de los
anestésicos locales; por esto, además, hay que inyectar bicarbonato intravenoso,
continuando por esta vía la infusión de líquidos (Ringer lactato, expansores del
plasma, etc.) según el estado de la tensión arterial. El tratamiento de la
hipotensión suele hacerse con aminas simpáticomiméticas de acción directa tipo
metoxamina, 10-15 mg, IM o IV, que es estimulante alfa específico, sin acción
sobre el músculo cardíaco, efedrina o fenilefrina. También puede ser útil la
administración de un corticoide vía parenteral.
Se aconseja también, en las reacciones vasodepresoras, la administración de
atropina, 0,3-05 mg (0,02 mg/Kg) subcutáneamente cada 10 minutos (dosis máxima,
2 mg para adultos y 1 mg para niños)27.
2) El síndrome de hiperventilación se ve precipitado por una ansiedad excesiva y
se caracteriza por una respiración rápida y poco profunda. Esto lleva a una
disminución de las tensiones del dióxido de carbono arterial y puede ocasionar
una disminución de la oxigenación cerebral e inconsciencia. El tratamiento debe
orientarse a la restauración de los niveles normales de dióxido de carbono
sanguíneo. Esto puede conseguirse haciendo que los pacientes vuelvan a respirar
su propio dióxido de carbono en una bolsa de papel.
D) Metahemoglobinemia
La metahemoglobina está normalmente presente en la sangre a niveles menores del
1%. Los niveles pueden tomarse tóxicos cuando la hemoglobina es oxidada hacia
metahemoglobina después de ser administrados anestésicos con la benzocaina y la
prilocaina.
La dosis máxima admitida es variable según los autores consultados. Las dosis
máximas para un niño de 22 Kg no deben exceder de 150-200 mg y la dosis máxima
para un adulto estará entre 450 y 600 mg. Esto corresponde aproximadamente a 7
cartuchos con un 4% de prilocaina para un individuo de 70 Kg de peso.
Una dosis de 500 mg de prilocaina convertiría el 5% de la hemoglobina en
metahemogloblina. En los pacientes sanos esto es insignificante; sin embargo,
una reducción del 5% de la capacidad de transporte de oxígeno puede ser muy
perniciosa para los pacientes con limitación de la reserva cardiopulmonar,
anemia drepanocitica o deficiencia en deshidrogenasa-6-fosfato.
Se cita un caso de cianosis bajo anestesia general debido a metahemoglobinemia,
a causa de la aplicación tópica de benzocaina en la faringe y tráquea. Se
resuelve el problema me-diante administración de oxígeno y de 1,5 mg/Kg de azul
de metileno, lentamente, en 5 minutos, aunque el ácido ascórbico puede ser
utilizado también para revertir tal situación. Se recomienda que el azul de
metileno se halle en el kit de emergencia del odontólogo, sobre todo si se usa
habitualmente la prilocaina.
E) Otras complicaciones sistémicas
Se ha publicado la aparición de una severa dermatomiositis en un niño de 11 años
pocos días después de la inyección de un anestésico local, cosa que ya le había
ocurrido a su abuela por el mismo mecanismo cuando tenía 34 años.
5) Otras acciones
Para Nakamura y cols28, la administración de anestesia local y la extracción
dentaria activan las glándulas suprarrenales resultando un incremento del nivel
de glucosa en suero en pacientes normotensos.
Acción sobre el feto. La mayoría de los anestésicos locales atraviesan la
barrera placentaria por difusión pasiva concentrándose especialmente en el
hígado, cerebro y miocardio del feto por lo que pueden aparecer convulsiones y
arritmias tras su empleo en obstetricia. La felipresina no debe usarse en
pacientes embarazadas, ya que tiene un efecto oxitócico moderado que puede
impedir la circulación placentaria al bloquear el tono del útero. Esta
contraindicación es doblemente válida ya que la felipresina por lo regular está
disponible con prilocaina, que pasa la barrera placentaria y, como ya sabemos,
una dosis elevada puede producir metahemoglobinemia fetal.
La monoetilglicinexilidina, uno de los principales metabolitos de la lidocaina,
tiene una potencia equivalente a 1/80 de la del compuesto principal. La sedación
que se suele observar a la terminación de los procedimientos dentales que
requieren múltiples inyecciones de lidocaina, puede ser debida al efecto
depresivo que este metabolito activo ejerce sobre el SNC.
La intoxicación crónica se presenta fundamentalmente con la adición a la cocaína
(cocainomanía) que conduce a deterioro emocional, mental y físico; el
cocainómano se vuelve un desadaptado social. La cocaína, por otra parte, es de
prescripción controlada.
En alguna ocasión se han citado propiedades antitrombóticas de la lidocaina, por
inhibición de la formación del trombo; también se ha publicado que la adherencia
leucocitaria está reducida en presencia de lidocaina, por lo que se piensa
tendría efectos antiinflamatorios.
En el embarazo y periodo de lactancia, como hemos citado anteriormente, es
preferible no administrar anestésicos locales, sobre todo en los tres primeros
meses. En cualquier caso se evitará la prilocaina y más si está asociada con
felipresina.
El estudio de Giuliani y cols29, sugiere que aun cuando una madre lactante sufra
el tratamiento dental con anestesia local usando lidocaina sin adrenalina, ella
puede continuar la alimentación de su hijo con toda seguridad.
Con la excepción de reacciones alérgicas muy raras, los niveles de exposición
infantil a la lidocaina y sus metabolitos, son sumamente bajos y de ninguna
importancia toxicológica.
Se sabe que los pacientes ancianos tienen un período de latencia mucho menor que
los pacientes jóvenes. Debido a que la población anciana tiene baja tolerancia a
las drogas, parece que el mejor anestésico que se puede utilizar es la
prilocaina con felipresina.
Lovera-Prado y cols30, hacen una excelente revisión del tratamiento dental en
los pacientes con insuficiencia renal. Recuerdan que no se debe sobrepasar el
25% de la «dosis total máxima» admitida en el paciente normal para el paciente
médicamente controlado con una disminución de la función renal y no más de un
50% de la «dosis total máxima» para el paciente con insuficiencia renal.
Complicaciones relacionadas con determinadas técnicas anestésicas
1) Anestesia de los nervios dentarios anteriores.- Son raras las complicaciones
con esta inyección.
Hay que evitar la penetración en el músculo canino, que se inserta en la fosa
del mismo nombre. La punción de este músculo origina equimosis y hematomas
dolorosos y la inyección de la solución anestésica a su nivel conduce a un
fracaso de la anestesia.
La punción de los vasos infraorbitarios origina también hematomas extensos y
alarmantes.
Cuando se introduce la aguja profundamente se puede conducir el anestésico al
interior de la órbita con las posibles complicaciones de diplopía y/o
estrabismo.
2) Anestesia retrotuberositaria.- Se debe evitar la punción del plexo venoso
pterigoideo y el maxilar interno o la bola adiposa de Bichat. En caso contrario
se formará un hematoma, muy aparatoso y con gran trascendencia hacia la piel que
requiere varios días para resolverse. Para reducir la posibilidad de que se
forme un hematoma, se recomienda la penetración lenta de la aguja con pausas de
tiempo en tiempo para permitir que el vasoconstrictor haga efecto y los vasos
sanguíneos se contraigan antes de que la aguja llegue a ellos.
3) Anestesia del nervio nasopalatino.- La inyección profunda conducirá al paso
de la solución anestésica a la cavidad nasal y a la hemorragia correspondiente
de esta zona.
4) Anestesia del nervio palatino anterior.- Si la punción y depósito de la
solución anestésica se realizan en la zona posterior del conducto o se bloquean
los nervios palatinos medio y posterior se producirán molestias deglutorias y
fonatorias por anestesia del paladar blando.
Hoy día es muy infrecuente la necrosis de la fibromucosa palatina, complicación
inherente al uso de ciertos productos anestésicos (ya sin presencia en el
mercado), a la elevada concentración de vasoconstrictor, así como al depósito de
una excesiva cantidad de solución anestésica.
Conclusiones
El mejor modo de tratar una complicación es que ésta no se produzca.
La anestesia local tiene que ocasionar respecto, aunque no miedo.
La historia clínica detallada es el mejor modo de prevenir la complicación.
El odontólogo o estomatólogo tiene que estar formado para reconocer los síntomas
y signos de las complicaciones aquí citadas, debe estar al día sobre los avances
en el tratamiento de estas complicaciones y debe ensayar en su consulta, las
técnicas de resucitación cardiopulmonar en colaboración con sus ayudantes
habituales, a los que habrá instruido previamente.
Bibliografía recomendada
Para profundizar en la lectura de este tema, el/los autor/es considera/an
interesantes los artículos que aparecen señalados del siguiente modo: *de
interés **de especial interés.
1. Keetley A, Moles DR. A clinical audit into the success rate of inferior
alveolar nerve block analgesia in general dental practice. Prim Dent Care
2001;8:139-42.
2. Hochman MN, Friedman MJ. Un estudio in vitro de la flexión de la aguja. La
técnica de inserción lineal frente a la técnica de inserción de rotación
bidireccional. Quintessence (ed. Esp.) 2000;13:641-7
3. Guisado Moya B, Manso Platero FJ, Calatayud Sierra J, Carrillo Baracaldo JS.
Influencia de las características personales de los pacientes en el nivel de
ansiedad, higiene oral, intensidad del dolor a la punción de la anestesia
infiltrativa y tratamiento dental. Av Odontoestomatol 1991;7:519-21.
4. Jorkjend L, Skoglund LA. Increase in volume of
lignocaineladrenaline-containing local anaesthetic solution causes increase in
acute postoperative pain after gingivectomy. Br J Oral Maxillofac Surg
2000;38(3):230-4
5. McMillan AS, Walsaw D, Meechan JG. The efficacy of Emla aud 5% lignocaine gel
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Radiol Endod 2000;90(1).21-4
Artículo especialemente interesante en el que los autores explican las disversas
teorías sobre las complicaciones oftalmológicas, hacen una revisión de la
literatura y aportan casos propios.
8. Pogrel MA, Thamby S. Permanent nerve involvement resulting from inferior
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Revisión muy completa de la literatura acerca de la interrelación entre
vasoconstrictores y soluciones anestésicas.
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En este artículo, que significa el final de una serie de ellos sobre
interacciones anestésicas, los autores puntualizan de forma pormenorizada, las
contraindicaciones absolutas y relativas del uso de los vasoconstrictores y los
antidepresivos.
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En este trabajo, los autores, hacen una revisión y puesta al día sobre el
fenómeno de la anafilaxia, enfatizando la pauta de tratamiento actual donde la
aplicación de adrenalina toma un protagonismo primordial.
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