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Por Juan Miquel Artigas Azas

Enclavado en el desierto de Chihuahua se encuentra un peque�o valle que desde hace varios decenios ha despertado un enorme inter�s biol�gico en su flora y fauna, lo que ha originado incontables estudios por decenas de ci�ntificos y arrojado fascinantes descubrimientos biol�gicos, a tal grado que ha sido llamado con toda raz�n "Un laboratorio viviente". Adem�s de considerarse a este bols�n una de las �reas m�s importantes descubiertas a la fecha en el hemisferio occidental (Minckley, 1978).
Todo empez� cuando en la decada de los cincuenta en el valle de Cuatro Cienegas de Carranza en el estado Mexicano de Coahuila, fue colectada una especie de tortuga hasta entonces desconocida. Esta tortuga des�rtica, llam� la atenci�n a causa de que a pesar de pertenecer a un g�nero inminentemente terrestre, presentaba algunas algas ancladas a su caparaz�n, lo que demostraba que pasaba tiempo sumergida en el agua. Otro aspecto �nico era el hecho de que al cerrar las placas inferiores sobre su caparaz�n, estas cerraban hermeticamente, hecho que no habia sido observado anteriormente en ninguna especie conocida. Estos aspectos llamaron tanto la atenci�n que varios viajes fueron hechos al valle por cient�ficos para estudiar la especie. Se descubrio entonces que la tortuga era end�mica del valle, y se le describio cientificamente como Terrapenne coahuilae.
Esa fue solo la puerta de entrada, posteriores estudios revelaron que el valle albergaba una biologia muy especial de flora y fauna. En el desertico valle llamar�n la atenci�n del ictiologo norteamericano W.L. Minckley sus manantiales termales y su fauna acu�tica, principalmente los peces. Formados por los escurrimientos de las circundantes sierras de San Marcos y Pinos, La madera, Menchaca y la Purisima, brotan de la llana superficie del calc�reo valle unos hermosos manantiales que formando peque�as lagunas albergan representantes de un total de 8 familias de peces (Ictaluridae, Cyprinidae, Centrarchidae, Percidae, Poecilidae, Cyprinodontidae, Characinidae y Cichlidae), con un total de 16 especies de diferentes origenes. Algunos de ascendencia proveniente de la fauna acu�tica de aguas m�s frias del norte (G�neros Cyprinella, Micropterus, Lepomis, Pilodictis, Ictalurus, Dionda y Etheostoma), algunos m�s de la fauna acuatica de la vertiente del golfo (G�neros Cyprinodon y Lucania) y tambi�n, representantes de la fauna acu�tica m�s c�lida de Centroam�rica (Herichthys, Gambusia, Xiphophorus y Astyanax), siendo las especies de zonas c�lidas (g�neros Herichthys, Cyprinodon y Gambusia) las que dominan la fauna de los manantiales.
Aunque la fauna pisc�cola del valle es de suma importancia, se ha determinado que las expecies de invertebrados �ndemicas ahora superan por mucho aquellas de peces, y que tambien una flora muy interesante de plantas vasculares habita en el valle. Se ha considerado a la fecha que de las 16 especies de peces que habitan el valle al menos ocho son end�micas, y futuros estudios podr�an hacer crecer este n�mero, al menos al nivel de sub-especie.
Pero de todas las especies de peces que habitan el valle las que m�s han llamado la atenci�n y han originado un mayor n�mero de estudios y controversia han sido los c�clidos. Habitantes de los manantiales que rodean la punta de la sierra de San Marcos y Pinos estos singulares animales han hecho tambalearse a la taxonomia tradicional, que basaba principalmente en caracteres morfologicos la diferenciaci�n entre las especies.
Estudios iniciales sobre los c�clidos del valle (Labounty, 1974), sugerian que la magnitud de las diferencias morfol�gicas entre las tres formas habitantes de los manantiales de aguas termales indicaban la existencia de al menos tres distintas especies. Lo que parecia l�gico de acuerdo a la taxonomia tradicional. Diferencias mucho menores a las en ellos observadas han servido para diferenciar distintas especies cercanas (Kornfield, Smith, Gacnon & Taylor, 1982). Estos estudios mostraban tres c�clidos de diferente forma y con dos distintos tipos de dentadura faringeal, adem�s de diferentes longitudes del intestino (Kornfield, 1973).
La primera de las formas, la mas abundante, es considerada tambi�n la mas primitiva y el ancestro de las otras dos. Presenta un cuerpo alto y una dentadura faringeal formada por delgados dientes papiliformes, los cuales son apropiados para moler alimentos suaves y sin ninguna especializaci�n, los cuales poseen una musculatura ligera soport�ndolos. Se alimenta principalmente de detritos. Presenta adem�s la distribuci�n m�s amplia en los manantiales (Minckley, 1978) (fig. 1).
La segunda forma, menos abundante que la primera y con distribuci�n mas restringida en los manantiales t�rmicos de alrededor de la punta de la sierra de San Marcos, se estima es descendiente de la forma papilliforme. Presenta un cuerpo alto y una dentadura faringeal soportada por una fuerte y masiva musculatura y formada por gruesos dientes molariformes, los cuales utiliza para moler los duros caparazones de los caracoles del g�nero Mexipyrgus, end�micos de la zona y de los cuales se alimenta principalmente. Presenta adem�s un intestino de entre el 25 y el 50% de la longitud del de la forma de dentadura papiliforme (Kornfield, Smith, Gacnon & Taylor, 1982).
La tercera de las formas, tiene una distribuci�n muy restringida, se limita unicamente a algunos manantiales t�rmicos en la punta de la sierra de San Marcos (Poza la Becerra, Laguna el Mojarral, Poza Churince, y otros). Su principal diferencia es la forma de su cuerpo, la cual es bastante elongada, lo cual le permite lograr mayores velocidades de nado, lo que necesita para obtener el principal de sus alimentos, otros peces, principalmente Axtyanax mexicanus. Presenta los dos tipos de dentadura, papiliforme y molariforme. La longitud de su intestino es mucho menor que el de la forma papiliforme, lo que corresponde a un carn�voro.

Estudios de laboratorio (Labounty, 1974), muestran que los caracteres morfolog�cos de estas tres formas, especialmente en lo referente a la dentadura, no son ecofenot�picos (Esto es, provocados por el medio ambiente en el que viven). Y que pudieran no presentarse cuando las condiciones para las que se utilizan no estan presentes (ej. Alimentar ejemplares de la forma molariforme con alimentos suaves, lo que le podria hacer perder esta caracter�stica). Lo que ha sucedido en otras especies de c�clidos (ej. Archocenthrus labiatus pierde sus grandes labios cuando no los utiliza para rascar algas de las rugosas rocas de su habitat en centro�merica, Herichthys carpintis pierde sus filosos dientes cuando no los utiliza para cortar alga de las superficies rocosas).
El problema en la clasificaci�n de los c�clidos de Cuatro Cienegas surgio cuando el Icti�logo Irving L. Kornfield (Kornfield & Koehn, 1973), llev� a cabo estudios de afinidad gen�tica sobre estas formas, los resultados fueron fascinantes. Pruebas de Electroforosis demostraban que la variaci�n gen�tica entre las tres formas de c�clidos no correspondia a aquella variaci�n que se tendr�a que esperar para diferentes especies, sino que era demasiado peque�a para garantizar especiaci�n. Sin embargo, sorprendidos por sus resultados, concluian que era posible que la especiaci�n en un medio ambiente que no presentaba variaci�n en sus partes hubiera tomado lugar sin presentarse la diferenciaci�n gen�tica. Y que las diferencias morfol�gicas entre las formas eran los suficientemente grandes para garantizar de acuerdo a los estandares taxon�micos aceptados tres diferentes especies. Sin embargo, consideraban como hip�tesis posible pero improbable, que los resultados indicaran que estas formas mostraban una sola especie con diferentes formas (polimorfica), situaci�n que no tendria precedentes.
Posteriormente, en 1975 Richard D. Sage y Robert K. Selander (Sage & Selander, 1975), llevaron a cabo mas estudios gen�ticos y tr�ficos (de forma de alimentarse), obteniendo resultados similares a los de Kornfield. Concluyer�n que la diferenciaci�n habia tomado lugar a trav�s de polimorfismo y no de especiaci�n. Encontraron tambi�n que las parejas de estos c�clidos podian estar formadas por individuos de diferentes formas y que las cr�as pod�an asi mismo pertenecer tambien a distintas formas. Kornfield (Kornfield, Smith, Gacnon & Taylor, 1982), prob� posteriormente por medio de comparaciones g�neticas que aunque en realidad algunas cr�as recogidas de una pareja no pertenec�an a la misma (Una observaci�n com�n en c�clidos centroamericanos, pues se mezclan las crias o incluso los padres las cambian inadvertidamente en su totalidad), En otras parejas en las que las cr�as si les pertenecian se podian esperar especimenes de dos formas distintas. Se observ� tambi�n a machos que simultaneamente atendian dos puestas, cada una con una hembra de una forma distinta). Cr�as con caracteres intermedios se presentaron en un porcentaje insignificante.
Otra medici�n interesante de Kornfield, fue de que del grupo de parejas analizadas (39), el n�mero de parejas entre formas distintas fue mayor de la mitad, lo que muy bien de acuerdo a la aplicaci�n de f�rmulas estad�sticas podia ser resultado de elecci�n de pareja al azar. Aunque esto no se podia asegurar del todo debido al reducido n�mero de parejas incluidas en la muestra.
Sage y Selander hicieron otra sugerencia interesante. Esta en el sentido de que el c�clido de Cuatro Cienegas muy probablemente tenia su ancestro en Herichthys cyanoguttatus. Basandos� para esto en los resultados de sus estudios gen�ticos. Kornfield (Kornfield & Koehn, 1973), habia encontrado para entonces que la variaci�n gen�tica entre estas dos especies correspondia perfectamente a aquella esperada para especies hermanas. Sage y Selander sugirieron que un c�clido ancestral podr�a haber quedado atrapado en los manantiales, un c�clido con una dentadura generalizada (De tipo papiliforme), en un lugar en donde una abundante fauna de carac�les permanecia inexplotada.
Estas �ltimas consideraciones de Sage y Selander coinciden bien con observaciones que he hecho en el lugar. El valle de Ocampo, al norte de Cuatro Cienegas de Carranza y al que se tiene acceso a trav�s de un ca�on inmediatamente al norte del pueblo, corresponde a la parte superior de la cuenca pluvial de Cuatro Cienegas. En este valle existen varios manantiales. Algunos se encuentran protegidos a unos kil�metros al oeste del pueblo de Ocampo dentro del parque municipal "La mota". El habitat presenta car�cteristicas mas cercanas al Rio Salado, cuya cuenca se encuentra inmediatamente al este del Valle de Cuatro Cienegas y que corresponde a la parte inferior de su cuenca pluvial. En estos manantiales habitan precisamente Herichthys cyanoguttatus junto con Axtynax fasciatus y Gambusia marshi, especies habitantes tambi�n de la cuenca del rio Salado. Las dos �ltimas especies presentes tambi�n (Aunque en forma geogr�fica distinta), en los manantiales de Cuatro Cienegas de Carranza. Por supuesto que existe la posibilidad de que estos peces hubiesen sido artificialmente introducidos, aunque el administrador del parque, de origen en el lugar, lo neg� rotundamente a pregunta expresa.
Esto indicaria que el c�clido de Cuatro Cienegas quedo aislado justamente en el medio, en un medio ambiente lo suficientemente distinto de la cuenca del Rio Salado como para garantizar la evoluci�n de la poblaci�n aislada en un sentido distinto. Adem�s, aunque se ha sugerido que el c�clido del Cuatro Cienegas pertenece al grupo de especies de Parapetenia (Kornfield & Taylor, 1983), principalmente debido a su dentadura maxilar (En la quijada). Y que en este sentido pudiera estar mas relacionado con los c�clidos habitantes del Rio P�nuco en la Medialuna (Cichlasoma labridens y Cichlasoma bartoni) que con Herichthys cyanoguttatus. Sin embargo, el patr�n de coloraci�n de cr�a del c�clido de Cuatro Cienegas (Coloraci�n base blanca y manchas en la mitad posterior de los flancos negras) corresponde a la del g�nero Herichthys. A esto se le puede agregar el patr�n de coloraci�n de las cr�as (Con una linea longitudinal negra en el centro de los flancos), la que tambi�n corresponde al patr�n observado en este g�nero.
As� Kornfield y Taylor concluyer�n con la descripci�n cientifica del C�clido de Cuatro Cienegas, consider�ndolo una especie polim�rfica y nombr�ndolo Cichlasoma minckleyi, en honor del cient�fico que m�s y por mas tiempo ha estudiado la fauna pisc�cola del valle. Consideraron tambi�n que Cichlasoma pavonaceum, un c�clido descrito por Samuel Garman en 1881, con una localidad t�pica indicada en un manantial cerca de la ciudad de Monclova (en el �rea). En base a estudios de Jeff N. Taylor y Robert R. Miller, era en realidad un sin�nimo (el mismo pez) de Herichthys cyanoguttatus, y no el C�clido de Cuatro Cienegas de Carranza.
El medio ambiente en donde habita Herichthys minckleyi es muy
particular. Consta de manantiales de agua cristalina con visibilidades generalmente
mayores a 20 metros y con temperaturas termales muy estables. B�stese decir que en
mediciones hechas en la laguna del mojarral en un periodo de 10 a�os, las temperaturas
extremas registradas fueron de 33.5 y 34.0 grados cent�grados, una variaci�n de 0.5
grados! (Arnold, 1972), con variaciones m�ximas de 5 grados en la superficie. Las lagunas
tienen una profundidad m�xima (A la fecha), de alrededor de 5.0 m, y dimensiones
normalmente reducidas (El mojarral 30 x 70 m, La Becerra 50 x 100 m aproximadamente,
Churince 15 x 30 m), aunque estas han sido reducidas a trav�s de los a�os por la
extracci�n de agua para uso humano. En este sentido la observaci�n de la poza de la
becerra desde una vista a�rea (Desde arriba de la sierra de San Marcos) muestra que su
extensi�n se ha reducido a probablemente el 50% de la original.
Los manantiales se encuentran enclavados en un paisaje des�rtico de chaparral, rodeados de las impresionantes sierras rocosas y descubiertas que rodean el valle. Se estima que la precipitaci�n anual no excede de 30 mm. La cual es absorbida r�pidamente por el poroso suelo del valle.
Los manantiales presentan fondos con espesas capas de detritos y en algunas zonas (brotes de agua) rocosos. Algunas rocas calcareas en los m�rgenes tambien pueden ser observadas, la vegetaci�n acu�tica se limita mayormente a plantas del g�nero Nynphea de hojas flotantes y algunos carrizales semiacu�ticos en partes de los margenes de algunas lagunas. Algunas otras plantas acu�ticas sin hoja tambi�n pueden ser observadas en algunos manantiales (Ej. Poza churince).
El pH del agua se encuentra en el lado alkalino, mediciones hechas por mi durante varias visitas han arrojado resultados de 7.6-7.8, con mediciones de dureza de alrededor de 55 grados alemanes.
El n�mero de c�clidos en cada laguna podria ser estimado en alrededor de 1000 ejemplares adultos para las mas grandes (La becerra) y quiz� la mitad o menos para las menores.
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Herichthys minckleyi es un c�clido que presenta una coloraci�n normal que aunque tenue resulta atractiva. El color base del cuerpo en individuos no reproduciendose es variable y presenta tonos que van del gris claro o ocre, pasando por el amarillo verdoso al verde obscuro o gris. Presenta marcas en el cuerpo de color negro, aunque son estas bastante variables de individuo en individuo. Puntos azules o amarillosos se distribuyen sobre los flancos y cabeza de la mayoria de los individuos. Un individuo adulto de la forma detritivora y coloraci�n albina (Amarillo brillante con ojos rojos) fue encontrado por Gary Kratochvil en la poza de la becerra en 1993 (Konings, 1994), a pesar de los esfuerzos esta muy atractiva mutaci�n perecio en el transporte.
La forma de la cabeza de cada una de las tres formas del c�clido es muy distintiva y permite su facil identificaci�n (fig. 2). Adem�s, la cabeza de la forma moluscivora del c�clido se diferencia de la de las otras dos formas desde arriba o desde el frente debido a la masiva musculatura y mayor tama�o del molino faringeal, que la hacen ver significativamente mas ancha. Este aspecto podria jugar un papel importante en la elecci�n de pareja si en el futuro la evoluci�n asi lo marcara.

Otra
observaci�n interesante se refiere a la forma piscivora. Esta se alimenta en forma
solitaria y presenta un corportamiento muy singular. Al alimentarse su coloraci�n se
tornar� en un patr�n contrastante de caf� obscuro o negro y blanco, el pez entonces se
posar� sobre la superficie del detrito generalmente entre algunas piedras y esperar� que
sobre el pase un peque�o pez. En la gran mayoria de las veces que me ha tocado observar
un pez del g�nero Astyanax. En ese momento el cazador se levantar� de la superficie y de
una bocanada tratar� de engullirlo. Lo que solo pocas veces lograr�. Lo interesante de
este patr�n es que es muy similar al observado en los c�clidos del g�nero Nimbochromis
del lago Malawi, los cuales toman una coloraci�n muy similar pretendiendo estar muertos,
con lo que atraen a ellos a peque�os c�clidos que luego engullen. Si la coloraci�n de
los c�clidos de Cuatro Cienegas es para camuflajearse o se trata de dar la impresi�n de
estar muerto no lo podr�a determinar.
Es interesante se�alar que a las diferencias morfol�gicas de los c�clidos de Cuatro Cienegas de Carranza se les ha �nido un patr�n de comportamiento �nico, lo que les permite tomar mejor provecho de su especializaci�n.
Estudios llevados a cabo sobre la alimentaci�n de los c�clidos de Cuatro Ci�negas (Sage & Selander, 1975), muestran que los aparatos digestivos de la mayoria de los c�clidos mostraban solo un tipo de comida, ya sea detritos, moluscos o peces. Aunque algunos peces presentaban mas de un tipo y hasta tres. M�s estudios llevados a cabo por Karel Liem y Leslie Kaufman en 1985 (Liem & Kaufman, 1985) mostraron que cuando la comida es abundante, la especializaci�n de los c�clidos cesa. Esto es, comen de todo. Se encontr� incluso en laboratorio que bajo abundancia de comida la forma molusc�vora considera a los carac�les como el �ltimo platillo a escoger. Esto explica el hecho de que se les han encontrado artr�podos en el aparato digestivo a las tres formas de c�clidos, lo que indica que en forma oportunista cualquier insecto suave que cae al agua es engullido por cualquiera de las formas. Es solo cuando la comida escasea que cada forma de c�clido se concentra en su especialidad. Lo que ha decir verdad debe de suceder frecuentemente debido a que los manantiales son casi unos desiertos submarinos.
Adem�s de los c�clidos, en los territorios del Herichthys minckleyi otros peces habitan en abundancia. La totalidad de la superficie del fondo estar� distribuida en peque�os territorios del Cachorrito del desierto end�mico; Cyprinodon bifasciatus, de los cuales sus hembras se agrupar�n en las zona vegetadas. Grupos de Dionda episcopa y Astyanax mexicanus son tambi�n com�nmente vistos nadando en bancos a trav�s del habitat. Adem�s, la superficie del agua es com�n verla densamente habitada por ejemplares de Gambusia marshi, principalmente en la zona de las orillas.
Los C�clidos de Cuatro Cienegas forman territorios para su reproducci�n. En
esto es de destacar que no existe diferencia alguna entre las formas de la especie. Una
hembra en el territorio har� la corte a el macho dominante, y ambos seleccionar�n un
lugar dentro del mismo para colocar su puesta. El lugar se buscar� generalmente en una
superficie vertical a las orillas del manantial, de no estar disponible, una cueva se
excavar� en el detrito bajo alguna roca hasta obtener una superficie s�lida. Algunos
machos abandonar�n su territorio con este fin. Al momento de la reproducci�n, el macho
obscurecer� a�n mas su coloraci�n dominante y la hembra sufrir� un cambio asombroso;
la coloraci�n de su cuerpo y aletas se tornar� completamente blanca, y solamente las
manchas negras en la mitad posterior del centro de sus flancos (Tres o cuatro) y una en la
base de la aleta caudal, se tornar�n de un negro intenso. Mostrando un hermoso contraste
de blanco y negro. Varios centenares de huevecillos ovoides y adhesivos de color
amarilloso y con una longitud aproximada de 2 mm en su eje mayor ser�n adheridos a la
superficie escogida. Depositados en hileras por la hembra seguida inmediatamente por el
macho que los fertiliza. He observado que en algunos casos y en contraparte con la mayoria
de los c�clidos centroamericanos, los huevecillos se colocan en forma muy junta y algunas
veces unos sobre de otros. Estos seran cuidados por la hembra retirando con la boca
aquellos que resulten ser inf�rtiles y haciendo circular agua limpia por medio de sus
aletas pectorales. La hembra, de ser necesario despu�s de haber depositado los huevos en
forma expuesta excavar� algunas depresiones en el fondo de detrito para colocar a los
alevines reci�n nacidos. Los huevecillos tomar�n dos dias para eclosionar (En aquario),
y ser�n colocados y cuidados por la hembra en alguna de las depresiones previamente
excavadas o en la cueva de desove. Ahi pasar�n otros cuatro o cinco dias. El macho, que
solo cuidaba el perimetro del territorio de cr�a y que pudo muy bien haber estado
atendiendo dos hembras del territorio al mismo tiempo. Solo pasar� con la hembra los
primeros dias en su cuidado de los alevines y posteriormente la abandonar�. Un
comportamiento �nico entre los c�clidos Centro Americanos.
La hembra solitaria guiar� con movimientos espasm�dicos de abrir y cerrar sus aletas a los alevines por los alrededores del habitat, y estos se alimentar�n principalmente de detritos. La hembra permanecer� intimamente ligada a sus alevines sin separarse de ellos por ning�n motivo. Cuando unas semanas despu�s estos tengan suficiente tama�o (alrededor de dos cent�metros) para excursionar por su cuenta, estos comenzar�n a desobedecer las se�ales de la hembra, y finalmente se refugieran en las zonas poco profundas y vegetadas en donde pasar�n su vida juvenil.
Ha sido sugerido (Sage & Selander, 1975), que el c�clido de Cuatro Cienegas pudiera encontarse en una etapa temprana de especiaci�n, y que al paso del tiempo las formas podr�an cada vez m�s escoger en la reproducci�n a consortes iguales, hasta separarse completamente en especies. lo que nos es descabellado de pensar. En relaci�n a esto podr�a existir un precedente. En las aguas del Rio Gallinas, un afluente del rio P�nuco que drena el valle de Rasc�n en San Luis Potos�, habitan dos formas de c�clidos del complejo de especies de Cichlasoma labridens, que aparentemente tomaron ese camino (C. Sp. Labridens "blanco" y C. steindachneri). Probablemente ante la falta de un eficiente pedrador de los carac�nidos del g�nero Astyanax, se desarrollo en la parte intermedia del habitat (Bajo las cascadas en Tamasopo y hasta las cascadas de Tamul), un c�clido piscivoro de apariencia muy similar al moluscivor� Cichlasoma sp. Labridens que habita el rio. Este, aunque es muy escaso en n�mero en comparaci�n con su cong�nere. Muestra diferencias significativas de forma del cuerpo, dentadura y coloraci�n de cria, y sin embargo, aunque en la mayor parte de los casos ambas especies escogen individuos de su especie para procrearse. Ha sido tambi�n observado por mi y otras personas (Ad Konings, 1992, con una fotografia) que pares mixtos hibridizan, encontr�ndose algunos individuos de forma intermedia en el rio.
Pensando en que de acuerdo a la historia geol�gica este habitat nunca estuvo separado y que la forma piscivora se desarroll� en el medio del rango de la forma molusc�vora. Se puede hipotetizar que la forma pisc�vora se desarroll� con ascendencia en la molusc�vora y se fue separando primero troficamente y luego reproductivamente hasta que en nuestros dias la hibridizaci�n es rara pero presente entre las dos.
El valle de Cuatro Cienegas, es sin lugar a dudas un patrimonio de la humanidad. Muchos m�s estudios tendr�n que ser llevados a cabo para comprender la fauna y la evoluci�n del valle, los que podrian arrojar m�s resultados sorprendentes que pongan a prueba las teorias establecidas. Recientemente (A finales de 1994), el valle a sido nombrado por el gobierno de M�xico como "Zona de protecci�n de flora y fauna". Lo que probablemente no sea suficiente para evitar los riegos que afrenta la vida en el valle. Es probablemente cuesti�n de tiempo el que alg�n acuarista bien intencionado pero mal informado introduzca alguna especie ex�tica dentro de los manantiales, lo que podr�a tener un efecto desastroso en la ecolog�a de los mismos. El abatimiento de los niveles de los manantiales es tambi�n un riesgo inminente debido a la sobre-explotaci�n por el hombre del agua de los mismos, lo que ya ha causado efectos ecol�gicos importantes. En este sentido existen en el valle especies de peces que solo pueden competir en aguas muy poco profundas (Cyprinodom atrorus, Lucania interioris y Gambusia longispinis), las cuales son muy suceptibles de verse afectadas y desaparecer. Finalmente, la operaci�n de una planta yesera sin los controles de contaminaci�n adecuados esparce sobre una gran �rea sus residuos que afectan la vegetaci�n de la zona. Adem�s de que existe la intenci�n inminente de construir otra mayor, mas cerca de los manantiales.
Es por todo esto que este valle merece nuestra atenci�n y comprensi�n. La naturaleza y las generaciones futuras nos lo agradecer�n.
� Copyright 1995, Juan Miguel Artigas Azas
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