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Por Javier Su�rez.
El g�nero Cyphotilapia esta constituido por una �nica especie C. frontosa, sin embargo, tiene una ampl�sima distribuci�n a trav�s del lago, poseyendo m�ltiples razas geogr�ficas.
Las primeras exportadas por Brichar a principio de los setenta, proced�an de Burundi, siendo esta una de las muchas variedades de seis bandas. Poco mas tarde se comenz� a exportar una raza con siete franjas, procedente de Kigoma, Tanzania, siendo hasta el momento la �nica conocida con esta caracter�stica.
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Algunos j�venes de Ciphotilapia frontosa de entre 5 y 7 cms de la variedad de Kigoma. � Javier Su�rez |
Las posteriores variedades que fueron d�ndose a conocer, se caracterizan todas ellas por pertenecer al grupo de seis bandas; con cinco franjas negras verticales en el cuerpo y una que atraviesa el ojo. Pero todas ellas, poseen peque�os matices que las hacen diferenciables entre si. En Zambia, por ejemplo, adem�s de tener un azul mas intenso que las del norte, poseen unas franjas horizontales en el espacio comprendido entre las fosas nasales y los ojos. Max Poll describi� en Tumbure (Congo), otra variedad en la que las franjas verticales desaparecen, adelgaz�ndose antes de alcanzar la regi�n ventral.
En 1990 se descubri� quiz�s, la variedad m�s codiciada entre los aficionados, la "Blue Zaire". Esta variedad se encuentra distribuida a lo largo de la costa rocosa entre Mtoto y Kapampa, en el sur de la franja costera perteneciente al Congo. Se caracteriza principalmente, por el intenso azul de todas sus aletas y el madre perla de la protuberancia frontal y zona superior del dorso, en los ejemplares de gran tama�o. Los juveniles son tambi�n muy atractivos, mostrando el intenso azul en cuerpo y aletas. Sin embargo, su h�bitat se encuentra a gran profundidad, entre los 25 y los 70 metros, siendo mas abundante seg�n aumenta esta, con lo se quieren al menos tres d�as de descompresi�n, para poder traerlos vivos a la superficie.
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| Joven Cyphotilapia frontosa de 7 cm perteneciente a la variedad de 7 bandas, procedente de Kigoma. � Javier Su�rez |
Lo complejo y arriesgado de su captura, unido a su espectacular porte, han hecho de esta la variedad mas cara del mercado. Lamentablemente, este ya de por si elevado precio, se ha venido a encarecer mas en los �ltimos tiempos, al ser toda la costa del Congo zona de guerra, lo que ha hecho muy arriesgado su captura y limitado su oferta.
La �ltima de las variedades en ser exportada, es otra extraordinaria Cypho, denominada como Blue Mpimbwe y procede del cabo con este mismo nombre situado en Tanzania. Esta Cypho posee tambi�n un brillante azul en sus aletas, pero le caracteriza el nacarado de las escamas de la regi�n frontal de los grandes machos. Curiosamente Cape Mpimbwe y la zona de distribuci�n de la Blue Zaire, se encuentra una frente a la otra, lo que ha llevado a pensar en un origen derivado de la migraci�n de una de ellas.
H�BITAT NATURAL.
En su h�bitat natural suelen encontrarse a partir de los 15 metros de profundidad, siendo mas abundantes sus poblaciones entre los 40 y 60 metros. Aun as�, hay alguna excepci�n, como la poblaci�n del archipi�lago de Kavala, donde se pueden encontrar densas poblaciones a tan solo 5 metros de profundidad. De cualquier modo, lo habitual es encontrar a los j�venes y subadultos en aguas someras, y los ejemplares adultos a mayor profundidad
Habitualmente se encuentra formando grupos, que se desplazan lentamente por los fondos rocosos o las paredes de los acantilados. Estos grupos pueden ser en ocasiones muy numerosos, lleg�ndose ha hablar en algunos casos de miles de ejemplares.
CONDUCTA.
Nos encontramos ante un c�clido totalmente at�pico, el cual tiene una tolerancia absoluta hacia los miembros de su propia especie, a�n siendo del mismo sexo. Este comportamiento es observable tambi�n cuando es mantenido en acuario, pero evidentemente, respetando una serie de reglas b�sicas, como son: la disposici�n de espacio suficiente y la no introducci�n de nuevos ejemplares dentro de grupos consolidados. Si alguno de estos aspectos no es tenido en cuenta, lo mas probable es que tengamos un disgusto. Actualmente mantengo 17 Cyphos de Kigoma en un acuario de 500 litros sin decoraci�n de ning�n tipo, donde se encuentran un macho adulto de mas de 30 cms., otros 6 machos, todos ellos de mas de 20 cms. y 10 hembras de diversas de tallas comprendidas entre los 15 y 25 cms.. Jamas he observado una pelea entre estos peces, y en los casi 10 a�os que mantengo Cyphotilapias, solo he conocido un caso de agresi�n con fatales consecuencias, ocurrido en el acuario de un buen amigo y ciclid�filo de mucho tiempo. En este caso se instalo una peque�a colonia de 5 o 6 j�venes, en un acuario de unos 150 l. decorado con abundantes rocas. Durante casi dos a�os, estos j�venes no dieron absolutamente ning�n problema, pero lamentablemente, mi amigo se conf�o, viendo tan tranquilos a los peces y no se apresuro a darles otro recipiente mas acorde al tama�o de las j�venes, que ahora pod�an tener entre 15 y 17 cms. Un nefasto d�a, y sin previo aviso encontr� a todos sus ejemplares muertos, exceptuando al macho dominante. De cualquier modo, quiero insistir en que b�sicamente se trata de una especie sorprendentemente afable y social, y dar� alg�n ejemplo mas adelante.
Finalmente decir que debido a su car�cter, tranquilo en extremo, seria adecuado evitar instalar a las Cyphos, junto a peces excesivamente inquietos como Tropheus, Petrochromis, grandes Lepiolamprologus, etc... Este tipo de compa�eros, no solo podr�an desagradar a los adultos, sino que en el caso de tener alguna hembra incubando (generalmente j�venes) podr�a provocar el abandono de la incubaci�n.
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Macho adulto de la variedad de 7 bandas.� Javier Su�rez |
ALIMENTACI�N.
En su h�bitat natural, C. frontosa es b�sicamente icti�faga, aunque puede alimentarse de peque�os invertebrados, sobre todo en lo que se refiere a los j�venes. Los estudios de contenido estomacal realizados por Poll en 1956, revelaron que prioritariamente se encontraban restos de peces. Esto resulta chocante cuando se observa a las Cyphos, ya que ni se comportan como un depredador en velocidad, ni como un cazador al acecho. De hecho, como hemos manifestado anteriormente, este pez, parece no tener nunca prisa, siendo sus movimientos parsimoniosos. Siendo as�, la pregunta es......�Como consigue capturar a otros peces, un pez cuya m�xima parece, el ahorro energ�tico por encima de todo?. La respuesta a esta cuesti�n, se haya en los inmensos bancos de Cyprichromis que nadan durante el d�a en la columna de agua, sobre las Cyphos. Al caer la noche, estos bancos descienden a dormir sobre el substrato y este es el momento que aprovechan las astutas Cyphos para engullir a algunos de ellos, ya sea aprovechando la tenue luz del ocaso o del crep�sculo.
Esta conducta es tambi�n observable en acuario. En mi caso, cuando manten�a algunas Cyphos en un acuario comunitario junto con otras especies, introduje un grupo de j�venes Cyathopharynx furcifer de unos 5 o 6 cms.. Al principio casi ni me di cuenta, pero al cabo de unos d�as me fije, que el grupo de ocho peces, hab�a menguado y solo quedaban cinco. En este acuario se encontraba un macho, el mayor que tenia en ese momento, de unos 25 cms. y tres hembras adultas. Mi confianza en que estos peces no se comer�an a los �giles Cyathopharynx, la basaba en que ya con anterioridad, hab�a probado a ofrecerles guppys, rechaz�ndolos por completo, a pesar de dejarlos durante semanas en el acuario o de ofrec�rselos ya muertos. En otra ocasi�n, hab�a sucedido, que una pareja de Julidochromis marlieri hab�a escogido como nido un hueco muy pr�ximo a la cueva del macho. En cuanto los alevines de Julidochromis ten�an un par de semanas, iban teniendo menor dependencia del substrato y comenzaban a atravesar la entrada de la cueva de lado a lado, y jamas vi a la Cypho, hacer el menor gesto por capturar a estos alevines. Para mayor desconcierto, en este acuario se encontraba un grupo de 13 Cyprichromis leptosoma Mpulumgu y 8 Paracyprichromis nigripinnis, los que a pesar de ser sus presas naturales, nunca fueron atacados. Sin embargo, los j�venes Cyathopharynx, despertaron el instinto depredador de estos peces, ya que solo las Cyphos eran los �nicos peces en el acuario, con tama�o suficiente como para poder engullirlos. Por otro lado, sabia que no hab�an muerto, ya que no encontr� jamas ni rastro de los que desaparecieron y aun as�, a la ma�ana siguiente de darme cuenta de lo que ocurr�a, volvi� a desaparecer otro de los Cyatho, con lo que solo me quedaba intentar retirar a los supervivientes. As� y todo, creo que aun los mayores ejemplares, si est�n bien alimentados, no le prestaran atenci�n a aquellos otros vecinos de menor tama�o. Lamentablemente los Cyathopharynx tienen los mismos h�bitos nocturnos que los Cyprichromis y descansan sobre la arena en el espacio abierto, de lo que se aprovechaba el gran macho, para dar un bocado en su paseo matinal.
En cautividad las Cyphos son tremendamente voraces, comiendo absolutamente de todo: alimentos secos en escamas y sticks, trozos de pescado o marisco, mezclas congeladas caseras, artemias, krill, mysis, etc...
MANTENIMIENTO EN ACUARIO.
Debido a su tama�o, es evidente que no es un c�clido aconsejable para todo el mundo. Los machos adultos pueden alcanzar los 36 cm., mientras que las hembras tienen una talla m�xima que no supera los 25 cm.. En el caso de la variedad de 7 bandas, parece ser que los machos son algo mas peque�os, pero aun as� superaran f�cilmente los 30 cm. Yo poseo un macho de 9 a�os de esta variedad, que ahora mismo tiene unos 33 cm. Este detalle, tendr�a que tenerse en cuenta, en el momento de adquirir las peque�as y atractivas j�venes de Cyphotilapia. Teniendo en cuenta su car�cter comunal y pensando que rara vez se adquieren ejemplares adultos, tendremos la necesidad de adquirir al menos, media docena de j�venes, que requerir�n no menos de 500 litros una vez completado su desarrollo. Aun manteniendo una poblaci�n m�nima de un macho y dos o tres hembras, seguiremos necesitando un volumen no inferior a los 400 litros para conseguir alojarlas con cierta comodidad.
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Macho adulto de unos 30 cm, de seis bandas. � Javier Su�rez |
Contrariamente a lo que ocurre en la naturaleza, si se mantienen peque�os grupos de 5 o 6 ejemplares, resulta conveniente decorar el acuario con formaciones rocosas que creen cuevas donde los peces puedan refugiarse. Como peces de profundidad, no gustan de las luces excesivamente intensas, con lo que se mantendr�n casi todo el tiempo en el interior de sus moradas, abandon�ndolas solo para comer o para buscar pareja con la que desovar. Estas cuevas ayudaran en el caso de que el acuario este algo escaso de espacio, para inhibir posibles brotes de violencia. Si el grupo es numeroso, como es mi caso, podemos prescindir de las piedras y solo dejar un lecho de arena en el fondo, moderando la iluminaci�n del acuario. Como dije, mantengo 17 Cyphos en un acuario de 500 litros (200 x 50 x 50), con la esperanza de que en breve pueda ofrecerles un deposito mayor.
En mis comienzos con esta especie, los alojaba en acuarios comunitarios de este mismo volumen, donde tenia dos o tres machos, y de cuatro a seis hembras por tanque, junto a otros c�clidos como: Neolamprologus, Cyprichromis, Paracyprichromis, Chalinochromis, Cyathopharynx, Julidochromis y alg�n otro mas. Todos los compa�eros de acuario son completamente ignorados, sobre todo si han crecido junto a las Cyphos. Si alguna otra especie es introducida posteriormente y su talla hace de ella un bocado apetecible, puede dar como resultado la perdida total o parcial de los reci�n llegados, como he expuesto anteriormente en el caso de mis j�venes Cyathopharynx.
En lo referente a la filtraci�n, utilizo siempre el mismo montaje en todos mis acuarios: dos filtros de vaso Eheim 2217 de 1000 l./h., con una masa filtrante constituida por conchas trituradas, cuyas salidas desembocan en un seco-h�medo situado sobre el acuario, con un soporte bacteriano de bio-bolas de flujo lento de la casa Aqua-Medic.
El pH se mantiene entre 8.0 y 8.2. El valor de dH (dureza total: cantidades de Ca y Mg ligadas a carbonatos, bicarbonatos y sulfatos) no tiene mayor transcendencia para los peces procedentes de los grandes lagos africanos, siempre y cuando se mantengan dentro de los valores establecidos como aptos para el abasto humano, entre 0 y 25 grados dH. Sin embargo, si resulta interesante el tener una dureza de carbonatos, kH (tasas de Ca y Mg ligadas exclusivamente a carbonatos y bicarbonatos) alta, de 13 grados hacia arriba, ya que este valor nos ser� muy �til, debido a su influencia directa en la estabilidad del pH. La posibilidad de mantener un pH estable por encima de 8.0, favorece la mas r�pida eliminaci�n de CO2 presente en el agua, lo que unido a la alta capacidad de oxigenaci�n del filtro seco-humedo, hace casi inexistentes los niveles de este. Esto evidentemente hace muy complicado el mantenimiento de plantas en estos acuarios, pero estas �ltimas ni son necesarias para los peces, ni son propias de su medio natural.
Aquellos que no puedan hacerse con un soporte filtrante que pueda suministrar estos carbonatos (arena coralina, conchas, dolomita, etc...), pueden recurrir al tradicional recurso de a�adir bicarbonato al acuario, pero eso si, siempre que los niveles de pH se encuentren por encima de 7.0 . El a�adir este bicarbonato en un agua �cida, para elevar bruscamente el pH, significar�a condenar a muerte a los residentes. En el caso de haber tenido un descuido en el mantenimiento de nuestro acuario, y que el pH haya descendido por debajo de 7.0, lo mejor es hacer un cambio importante (40-50 %), reponiendo con agua fresca, y llenando el tanque lo mas lentamente posible. En mi caso suelo dejar una manguera que vierta un chorrito muy fino, casi goteando, con lo que el acuario puede estar entre 6 y 10 horas para llenarse. Si una vez hecho este cambio, el pH aun fuese bajo, pero por encima de la neutralidad, por ejemplo 7.5, a�adiremos el bicarbonato poco a poco, esperaremos unos minutos y mediremos los niveles de pH, hasta ajustarlo a los valores requeridos.
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Hembra subadulta de unos 10 cm. � Javier Su�rez |
Para acabar con este tema y por si alguien tiene curiosidad, decir que los valores naturales de pH en el lago son muy altos, entre 8.5 y 9.3, en tanto que los valores de dureza total est�n entre los 11� y los 17� dH, o sea medianamente dura y la dureza de carbonatos es bastante elevada, entre 16� y 19� kH. Por si a alguno tiene la tentaci�n de llevar los valores de su acuario hasta estos extremos, sobre todo en lo referente al pH, solo decir que para un medio tan peque�o e inestable como es el caso un acuario, nunca convendr�a sobrepasar un pH de 8.5, ya que podr�a reportarnos mas inconvenientes que beneficios.
LA REPRODUCCI�N
Para llegar a este punto, lo primero es disponer de una pareja adulta, lo que puede llevar de dos a tres a�os, si se adquieren con la talla m�nima de venta, mas o menos entre los 3 y 5 cms. Las hembras mas precoces, pueden empezar a poner con 12-13 cms., mientras que los machos se muestran sexualmente activos con 16-17 cms.
El dimorfismo sexual en los adultos es bastante aparente, por el prominente chich�n que suelen poseer los machos, aunque algunos autores hablan tambi�n de hembras con elocuentes protuberancias frontales. Esta protuberancia esta formada por la extensi�n de los m�sculos dorsales y se piensa que juega un importante papel en el reconocimiento sexual. El verdadero problema, radica en que generalmente, se suelen adquirir ejemplares muy j�venes y aparentemente id�nticos. Esto no deber�a de suponer ning�n problema para el aficionado serio, ya que estos generalmente se curan en salud, adquiriendo un n�mero razonable de ejemplares, que pueda asegurar la obtenci�n de machos y hembras. Adem�s, como ya hemos comentado, un correcto mantenimiento de estos peces requiere el hacernos con al menos media docena de individuos. Hay una regla, que generalmente se aplica a la selecci�n de cualquier grupo de j�venes c�clidos; seleccionar entre los mas grandes y los mas peque�os del cardumen, suponiendo que habr� una alta probabilidad de que los primeros sean machos y que de entre los segundos aumente la expectativa de obtener alguna hembra. En el caso de la Cyphotilapia, esta regla es totalmente valida y ser� muy raro que de alg�n error. A partir de los cinco cent�metros, suele empezar a observarse una notable diferencia de tama�o entre los ejemplares procedentes de un mismo desove. En el 99% de los casos, los mayores ser�n todos machos y los mas peque�os ser�n todos hembras.
Aprovechando la coyuntura, de encontrarnos hablando de la selecci�n de los j�venes en su adquisici�n, me gustar�a comentar la importancia, de fijarse que los ejemplares que hemos seleccionado, pertenecen todos a una misma variedad, comparando a todos los individuos del tanque entre si. Buscar que no hayan detalles muy aparentes que los diferencie, como el n�mero de bandas negras laterales, o que estas no se encuentren fusionadas o partidas, o simplemente que su n�mero sea distinto en cada costado. En definitiva, eliminar en lo posible a todos aquellos ejemplares que puedan tener alg�n tipo de defecto producido por la endogamia o por hibridaci�n. Es evidente, que la decisi�n final de adquirir o no alguno de estos ejemplares "tarados" corre a cuenta de cada uno, pero permiti�ndome emitir una opini�n muy personal, YO NO COMPRAR�A NING�N PEZ, EN ESE LUGAR. Exigirle al comerciante, es la mejor manera para que este exija calidad a su proveedor, y para que este �ltimo se preocupe de ofertarla.
Habiendo solventado el tema de la elecci�n y desarrollo de los peces, pueden darse dos posibilidades: 1-.que los reproductores se encuentren en un acuario comunitario, junto a otras especies. 2-. que se encuentre en un acuario especifico. En el primero la supervivencia de los alevines puede ser muy baja o nula. En mi caso, en pocas ocasiones consiguieron sobrevivir mas de dos o tres alevines, y solo si las piedras de la decoraci�n eran muy irregulares (roca volc�nica). Cuando empleaba como base del arrecife rocoso cantos rodados y pizarras, la supervivencia era nula. Si esta misma decoraci�n, era empleada en un acuario especifico, las bajas era despreciables.
Partiendo de la base, de que mayoritariamente, se suele mantener a estos peces en comunidad con otras especies del lago, expondremos las posibilidades que ofrece la reproducci�n en una instalaci�n de este tipo.
Partiremos del modelo que dimos para el mantenimiento de un peque�o grupo de 5 o 6 ejemplares. Necesitaremos un deposito de no menos de 400 l.. La totalidad de la pared posterior de acuario, estar� ocupada de rocas formando los refugios de los adultos, y donde al menos, procuraremos que las rocas alcancen la mitad de la altura del acuario. El sustrato, ser� preferiblemente una capa de fina arena.
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Ciphotilapia frontosa, macho adulto. � Javier Su�rez |
Las hembras suelen mostrar el tubo ovipositor, uno o dos d�as antes del desove, siendo muy aparente pocas horas antes de la puesta por su tama�o. Probablemente liberan alg�n tipo de feromona en el agua, ya que los machos, que habitualmente pasan su tiempo en la cueva que ocupan, pasan a abandonarla y a frecuentar la entrada de la cueva de la hembra que muestra signos de un inminente desove. Pr�cticamente todos los desoves, se produjeron en horas de la noche, entre las 22 y las 24 horas. Mayoritariamente se producen en la cueva del macho, aunque tambi�n puede suceder en la de la hembra y menos frecuentemente en una zona neutral. Cuando la hembra esta preparada, suele ser ella la que vaya a la b�squeda del macho. Hay una extra�a tendencia entre las hembras a desovar siempre con un mismo macho, y no necesariamente el dominante.
Se da un curioso comportamiento, cuando el macho elegido es de rango inferior. En este caso, el macho dominante, se mantendr� a cierta distancia, con sus colores mas vistosos, y extendidas sus aletas, pero sin hacer el mas m�nimo gesto de intentar desplazar de su tarea al otro macho. Yo tuve oportunidad de observar este comportamiento entre dos machos; el dominante de unos 30 cms. y un joven macho, que escasamente pod�a tener una veintena de cent�metros.
El proceso de desove, no tiene nada que ver con el t�pico que manifiestan la mayor�a de incubadores bucales, como los Tropheus o Mbunas. Generalmente, los peces nunca est�n juntos en el interior de la cueva, sino que se van turnado para entrar y salir una y otra vez. El primero en tomar la iniciativa es el macho, el cual deja su esperma sobre el fondo de arena, generalmente en una peque�a, casi insignificante depresi�n en la arena y acto seguido abandonara la cueva (o el nido, si el desove se produce en el exterior, cosa rara... pero puede ocurrir). Despu�s entrara la hembra, que pondr� en cada tanda uno o dos huevos, bastante grandes, entre 5 y 7 mm. de di�metro. Una vez los huevos est�n en la arena, la hembra no gira sobre si misma, sino que nadara hacia atr�s, hasta dejar los huevos al alcance de su boca, y proceder� a recogerlos, abandonando la cueva para que el macho vuelva a entrar. El proceso puede prolongarse, dependiendo del tama�o de la hembra, entre 45 minutos y 2 horas, pudiendo depositar entre 10 y 50 huevos de un color blanco amarilloso. En mi caso, nunca liberaron mas 28 alevines, siendo la menos productiva de solo 8.
Terminado el desove, la hembra se retirara a incubar a su cueva. Los huevos eclosionan a los 10 d�as y al igual que ocurre con los Tropheus y otros incubadores bucales, las hembras de Cypho pueden comer peque�as part�culas de alimento, despu�s de las dos primeras semanas de incubaci�n, aunque hembras experimentadas, comer�n incluso al cabo de tan solo unas horas despu�s del desove. Esto debe de tenerse en cuenta, si se opta por separar a la hembra, dej�ndola sola en un acuario de cr�a. Este suplemento alimenticio, aunque escaso, no solo tiene un efecto positivo en el estado de las hembras al terminar la incubaci�n, sino que adem�s los propios alevines tienen mejor aspecto, con lo que tambi�n podr�an sacar partido de este aporte alimenticio adicional.
Dependiendo de la temperatura, los alevines pueden ser liberados entre los 24 y 35 d�as. A una temperatura de 26�C, los primeros alevines aparecer�n a los 28 d�as y si la temperatura es tan extremadamente baja como 21�C, la incubaci�n puede prolongarse hasta 45 d�as. La alimentaci�n de estos alevines, no es nada complicada, ya que debido a su extraordinario tama�o, unos 20 mm. est�n capacitados para comer pr�cticamente cualquiera de los alimentos habituales.
Si se quiere obtener una producci�n elevada de alevines, no quedara mas remedio, que intentar aislar a la hembra a un acuario aparte. El mejor momento para hacerlo es durante la noche, una hora mas o menos, despu�s de haber apagado la luz del acuario y dejando la habitaci�n en completa oscuridad. Para esta tarea, necesitaremos de un salabre de tama�o adecuado, una varilla de pl�stico o madera y un recipiente que se pueda introducir en el acuario, y en el que por supuesto quepa la hembra. Preferentemente dejaremos todo este material preparado junto al acuario antes de apagar la luz. De igual modo, dejaremos la tapa del tanque abierta o en su defecto si esta fuese demasiado peque�a o incomoda, procederemos a quitarla.
Cuando encendamos la luz del acuario o la habitaci�n, encontraremos a la hembra generalmente dentro de su cueva, rara vez hay algo mas de suerte y se encuentra en el exterior, descansando sobre la arena. Procederemos con suavidad a capturar a la hembra antes de que despierte. Si se encuentra en el interior de la cueva, introduciremos la varilla y con suavidad la iremos guiando hacia el exterior. Si se hace con el suficiente cuidado, el pez nadara lentamente hacia la entrada, donde tendremos el salabre preparado. Una vez dentro del salabre, llevaremos este a la superficie, sin sacarlo del agua y colocaremos debajo el recipiente y lo levantaremos con el pez dentro del salabre para trasladarlo hasta el acuario que tendremos preparado con agua del mismo acuario comunitario. El mejor momento para transferir a la hembra, es a partir de la tercera semana de incubaci�n, ya que habr� menos posibilidades de que escupa las larvas, pero aun as�, siempre resultara mas f�cil sacar adelante a los alevines cuanto mas desarrollados est�n estos, con lo que yo recomiendo hacerlo sobre los 25 d�as de incubaci�n.
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Joven hembra de unos 15 cm de la variedad de seis bandas, probablemente tiene su origen en Burundi. � Javier Su�rez |
Cuando las hembras son aisladas, suelen prodigar mayores cuidados a los alevines, solt�ndolos y recogi�ndolos en la boca ante alg�n peligro, o simplemente para pasar la noche. En contrapartida, la reintroducci�n de estas hembras puede ser algo traum�tica, por lo que conviene alimentarlas generosamente durante algunos d�as antes de devolverla al acuario comunitario, y vigilar su reintroducci�n durante al menos otras 24 horas. Es posible que se lleve alg�n bocado, sobre todo de otras hembras, pero si todo va bien no tardara en encontrar su cueva. Si por el contrario, aparece da�ada en la superficie o sobre la arena, lo mejor es volver a dejarla sola e intentar reintroducirla mas adelante. Esto es generalmente un problema exclusivo de acuarios muy peque�os.
Para concluir, solo decir que se trata de un magnifico pez, al que Walter Deproost, no sin motivo, califico hace tiempo como el Disco africano. Por su elegancia, espectacularidad y extraordinario comportamiento tanto especifico, como interespecifico. Siendo una especie altamente recomendable para aquellos amantes de los grandes c�clidos africanos y del Tanganica en particular, que posean, eso si... un gran deposito.
BIBLIOGRAF�A
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Javier Su�rez, enero 2000
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