| Rencor del abandono El veneno alimenta la noche de las velas, el humo del incienso que perfuma el entorno reviste densamente mi piel entumecida de tanto falso abrazo y palabras vac�as. No queda de la hoguera ni cenizas sombr�as, ni restos de las llamas, ni ramas carcomidas, s�lo queda la piedra que no late en mi pecho y el veneno en los labios que besaron tu trampa. La noche en que las sombras derritan los espejos estar� aguardando, como astuta casandra, acechando tu aliento, divisando tus pasos, hasta que abras, silente, tu negra caja negra. All� donde presumes atesorar corales, cuarzos llenos de brillos y metales preciosos, no habr� m�s que mentiras, habr�... no, no habr� nada, nada existe en el pecho de una estatua de m�rmol. Por eso he celebrado con incienso y con mirra el gran conocimiento de tu lleno vac�o, guarda tu arc�n, la llave, mentiras de hojalata, huye de los espejos que no muestran tu imagen. Que ya la noche incierta, es cierta en el olvido, despu�s de haber quemado tu madera de sauce; yo, medusa nocturna, te dejar� de piedra, sortilegio de sue�os, y veneno en tu sangre. Kala |