MAS ASESINOS EN SERIE


ALBERT FISH: "EL MANIACO DE LA LUNA"

Qué alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado..." Nadie podía imaginarse que Albert Fish, un abuelito de más de 65 años, de rostro demacrado y cuerpo encogido, podía esconder una personalidad como la que revela su informe psiquiátrico: sadismo, masoquismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyerismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo e hiperhedonismo. Fish nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental, empezando por su madre que oye voces por la calle y experimenta alucinaciones. Desde muy niño se siente atraído por el sadomasoquismo, se divierte inflingiendo dolor a los demás y sobre todo a él mismo. A los 20 años mantiene relaciones homosexuales y ejerce la prostitución gay en Washington, donde viola a un niño y asesina a su primera víctima. En esa época comienza a sufrir alucinaciones de tipo religioso, viviendo obsesionado con la idea del pecado. En alguna ocasión afirma ser Jesucristo, y que el mismo Dios le ordena cometer sacrificios humanos. Una vez detenido se confiesa autor de muchos crímenes y demás aberraciones cometidas a lo largo de toda su vida. Como por ejemplo, su deseo irresistible de comer carne cruda las noches de luna llena, que le valdría el apodo de "El Maníaco de la Luna". Es condenado a la silla eléctrica y ejecutado en la prisión de Sing Sing el 16 de enero de 1936. Fish se llevaría a la tumba su mayor secreto: el número de personas que habría asesinado. Cuando se le preguntaba por la cifra exacta, respondía sonriendo: "Por lo menos 100".


ERZSÉBET BÁTHORY: "LA CONDESA SANGRIENTA"

Me he bañado en ese fluído cálido y viscoso afín de conservar mi hermosura y lozanía" Su sed de belleza eterna vino a coronar su perversión sádica y sexual, ya que tenía tendencia al lesbianismo, por lo que todas sus víctimas fueron jóvenes doncellas. La Condesa Erzsébet sentía especial atracción por la sangre, y no sólo se contentaba con beberla, como es habitual en los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de impedir que su piel envejeciese con el paso de los años. Los crímes sádicos de Báthory habían durado aproximadamente 10 años. Finalmente fue condenada a una muerte lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña ranura por la cual le daban algunos desperdicios de comida y un poco de agua. Murió a los 4 años de permanecer en esa tumba. Fue una especie de suicidio, dejó de tocar alimento alguno y falleció en 1614 a la edad de 54 años.


JACK EL DESTRIPADOR

Su arma el cuchillo, su nombre Jack, El Destripador. La historia de Jack El Destripador, quien es quizás el más legendario asesino de la historia, ha tenido de cabeza a expertos e investigadores policiales por más de cien años. La Leyenda se forjó tras las sanguinarias muertes de 5 prostitutas en el turbio, sombrío y mísero barrio de Whitechapel, en el East End londinense durante 1888-89. Las víctimas, Mary Ann Nichols, Mary Jane Kelly, Annie Chapman, Elizabeth Stride (44), Catherine Eddowes (46), todas relativamente jóvenes y hermosas fueron literalmente destrozadas por el destripador, quien dejaba acertijos e iniciales en el lugar de los hechos o sobre el cuerpo de las desdichadas, junto con desafiantes cartas que enviaba a la policia, institución que por su ineptitud para dar con el asesino se convirtió en blanco del sarcasmo de la prensa de la época. Sin duda que Jack era inteligente y lo fue hasta el día de su muerte. A pesar de que la lista de sospechosos fue amplísima e involucró incluso a altas personalidades de ese entonces, nunca se pudo conocer el rostro tras la virtual máscara de Jack. Bueno, eso hasta hoy, cuando algunos serios investigadores se encuentran aún en el proceso de autentificación del supuesto diario de la vida de Jack -pseudónimo tras el que se escondería James Maybrick , un comerciante de algodón de la ciudad de Liverpool - y donde se narra el escalofriante proceso de muerte que albergaba dicha mente, asolada por los celos y la locura.


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