Sin obediencia no hay santificación

 

Esto será holocausto continuo por vuestras generaciones á la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová, en el cual me concertaré con vosotros, para hablaros allí. Y allí testificaré de mí á los hijos de Israel, y el lugar será santificado con mi gloria. Y santificaré el tabernáculo del testimonio y el altar: santificaré asimismo á Aarón y á sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos: Yo Jehová su Dios.


(Éxodo 29:42-46 Reina Valera Antigua)

Es necesario notar que las ofrendas ofrecidas en el altar, significan un acto de arrepentimiento por el pecado a través del sacrificio de corderos, los cuales representan al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Y esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, sin intermisión. Ofrecerás el un cordero á la mañana, y el otro cordero ofrecerás á la caída de la tarde: Además una décima parte de un epha de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite molido: y la libación será la cuarta parte de un hin de vino con cada cordero.
Y ofrecerás el otro cordero á la caída de la tarde, haciendo conforme á la ofrenda de la mañana, y conforme á su libación, en olor de suavidad; será ofrenda encendida á Jehová. (Éxodo 29:38-41)

 

Es pues necesario notar que estos sacrificios se hacían una y otra vez, de tarde y mañana continuamente. Así que, todo sacerdote se presenta cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados: (Hebreos 10:11)

 

El pueblo era limpiado de pecado a diario, a través de la sangre de estos corderos. Queriendo así decir que estos sacrificios no te limpiaban del todo, pues el pueblo volvía a pecar y volvía a acudir ante la presencia del sacerdote, el cuál fue de antemano santificado por Jehová; recordando que estos sacerdotes eran consagrados por Jehová. (Exodo 29:1-37), (Levítico 8)

 

Es pues necesario notar que al comienzo del sacerdocio levítico Aarón y sus fueron consagrados a Jehová durante siete días;  Así pues harás á Aarón y á sus hijos, conforme á todas las cosas que yo te he mandado: por siete días los consagrarás. (Éxodo 29:35)

 

 

Esta consagración es comparativa con el reposo del séptimo día, pues al culminar su obra consagratoria hacia Aarón y sus hijos, Jehová los santificó; estando ellos entonces preparados para comenzar el sacerdocio levítico.

Por siete días expiarás el altar, y lo santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare al altar, será santificada. (Éxodo 29:37)

 

Era pues, necesaria esta consagración para que las ofrendas por el pecado tuviesen legitimidad. Dios puso su sello de aprobación sobre el altar, para ratificar su pacto. Habló además Jehová á Moisés, diciendo:  Y tú hablarás á los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el sábado, porque santo es á vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos. Seis días se hará obra, mas el día séptimo es sábado de reposo consagrado á Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente. Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo: Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó. Y dio á Moisés, como acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. (Éxodo 31:12-18)

 

El séptimo día es el sello del Dios vivo; "Porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico." De esta manera aprobó el sacerdocio levítico de Aarón y sus hijos. Si esta consagración no se hubiese llevado a cabo, los sacrificios por el pecado no podían limpiar el pecado, porque no había santificación de parte de Jehová. ("cualquiera cosa que tocase el altar, será santificada")

 

Este sacrificio era un "continuo sacrificio", ofrecido de tarde y mañana. En éste, era necesario la presencia de Jehová, para que pudiera haber santificación.

 

Y allí testificaré de mí á los hijos de Israel, y el lugar será santificado con mi gloria. (Éxodo 29:43)

 

Por esta razón era necesario presentar el sacrificio delante de la puerta del tabernáculo de reunión, por que allí estaba la presencia de Jehová para santificarlos, al estos recurrir al arrepentimiento de los pecados, a través de la sangre del Cordero, pues, "sin derramamiento de sangre no se hace remisión." (Hebreos 9:22)

 

Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.
Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos: Yo Jehová su Dios. (Éxodo 29:45-46)

 

El tabernaculo y sus sacerdotes fueron consagrados por Jehová y éste puso su sello de aprobación en el séptimo día, para que pudiera haber santificación atravez de la presencia de Dios; pues sin su presencia no hay santificación.

De la puerta del tabernáculo del testimonio no saldréis en siete días, hasta el día que se cumplieren los días de vuestras consagraciones: porque por siete días seréis consagrados. (Levítico 8:33)

 

"Guardaréis el séptimo día para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado." El séptimo día es un día santificado por Dios y su santificación era necesaria en la consagración del altar para que la ofrenda por los pecados pudiese limpiar de pecado al pueblo arrepentido.

 

Y santificaré el tabernáculo del testimonio y el altar: santificaré asimismo á Aarón y á sus hijos, para que sean mis sacerdotes. (Éxodo 29:44)

 

De manera que, estos sacerdotes fueron ungidos por Dios a través de las vestiduras de Aarón, quien era el único que estaría ante la presencia de Dios en el Lugar Santísimo del Santuario. Los sacerdotes eran consagrados en estas vestiduras que en un momento fueron santificadas por la presencia de Jehová. Y las vestimentas santas, que son de Aarón, serán de sus hijos después de él, para ser ungidos con ellas, y para ser con ellas consagrados. Por siete días las vestirá el sacerdote de sus hijos, que en su lugar viniere al tabernáculo del testimonio á servir en el santuario. (Éxodo 29:29-30)

 

Encontrando así, una relación íntima entre la presencia de Dios y la santificación del séptimo día, debemos analizar profundamente si existe santificación en el primer día de la semana y si la presencia de Dios se encuentra delante de un altar en el cuál se hace un sacrificio que no conlleva derramamiento de sangre, ya que sin derramamiento de sangre no hay remisión o perdón de pecados.

 

Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de la becerra, rociada á los inmundos, santifica para la purificación de la carne, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció á sí mismo sin mancha á Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?
(Hebreos 9:13-14)

 

Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el pontífice, es quemada fuera del real. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta. (Hebreos 13:11-12)

 

De manera que Jesus también santificó al pueblo con su sangre, queriendo decir que sin derramamiento de sangre tampoco hay santificación, recordando que la santificación nunca provino de los sacerdotes terrenales, ya que no puede provenir santificación de parte de sacerdotes que tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, y luego los del pueblo, sino que la santificación proviene de Aquel quien santificó a Aarón y a sus hijos con su propia presencia.

Porque tal pontífice nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y echo más sublime de los cielos;
Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo. (Hebreos 7:26-27)

 

Al relacionar esta santificación con la obediencia al cuarto mandamiento vemos como los sacerdotes terrenales no podían recibir santificación de Jehová si no obedecían su palabra:  A la puerta, pues, del tabernáculo del testimonio estaréis día y noche por siete días, y guardaréis la ordenanza delante de Jehová, para que no muráis; porque así me ha sido mandado. Y Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que mandó Jehová por medio de Moisés.
(Levítico 8:35-36)

De manera que si estos sacerdotes terrenales no hubiesen obedecido al mandato de Jehová, no hubiesen sido santificados, sino muertos. No es de sorprenderse pues hubo dos hijos de Aarón que murieron por desobedecer al mandato de Jehová:

 

Y HABLO Jehová a Moisés, después que murieron los dos hijos de Aarón, cuando se llegaron delante de Jehová, y murieron; (Levítico 16:1)

 

Si no se obedece su palabra, no puede haber santificación. Entonces debemos investigar qué es lo que Dios pide de nosotros.

 

Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, Que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien? He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos: la tierra, y todas las cosas que hay en ella. (Deuteronomio 10:12-14)

 

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena ó mala. (Eclesiastés 12:13-14)

 

¿Con qué prevendré a Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿Vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año?
¿Se Agradará Jehová de millares de carneros, ó de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? OH hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.
(Miqueas 6:6-8)

 

- Hacer Justicia:

Y tendremos justicia cuando cuidáremos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado. (Deuteronomio 6:25)

Que la gracia de Dios sea con vosotros, AMEN.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1