La Gravedad de la Beatificación

 

 

Cuando el pontífice romano beatifica a una persona asume la posición de Dios como único Juez Superior. Dios es el único que decide quien puede heredar la vida eterna. El único que puede borrar o añadir nombres en el libro de la vida es el Dios vivo. Al asumir la posición de Dios se cumple la profecía bíblica que habla del que se hace pasar por Dios, sentándose simbólicamente en el trono de Dios como si fuera Dios. Esta doctrina se opone a la verdad bíblica que declara que nadie es santo en la tierra; "ni aun uno": dice el Señor. Se cumple otra profecía que habla del cuerno pequeño que habla palabras "en contra del Altísimo". 

La beatificación produce una inseguridad de salvación al hombre, reduciéndole su fe, pues al combinarla con el dogma conocido como el purgatorio, que establece que el creyente debe pasar por la purificación de fuego, como paso obligatorio para aquellos que "no han llegado a la plenitud de la santidad" para poder heredar la vida eterna, se desvirtúa la misericordia de Dios y la calidad perfecta del sacrificio expiatorio de Cristo, pues Cristo murió una vez por los pecados de muchos y de la manera que Cristo murió una sola vez, así es con el ser humano; muere una vez y después de esto el juicio. 

Otro error que trae la beatificación es que se adora a los muertos, pues la persona beatificada pasa a convertirse en un patrón de la Iglesia, trayendo así la substitución de Cristo como Único Intercesor entre Dios y los hombres. Se puede observar el origen de la beatificación en la "deificación de María, la madre terrenal de Cristo". Al analizar la forma en que la iglesia exalta a María y la expone como intercesora, podemos describir la beatificación de María como el punto de partida y las posteriores como las consecuentes.

Se añade a esto la adoración a los muertos; el engaño más peligroso de Satanás, llevada de la mano con la inmortalidad del alma. El que conoce la verdad de la resurrección debe entender que la "inmortalidad" niega ocultamente la resurrección; "pues donde no hay muerte no hay resurrección". Se descubre aquí como Satanás desea que adoren a Cristo como a un muerto y a María como la Reina del cielo; "el mortal como inmortal y el Inmortal como mortal". 

El Padre de mentira esconde el error lo más cauteloso posible. Al adorar a los "santos patrones y a María" se hace innecesaria la intervención de Cristo en las vidas de estas personas. Se pone a Cristo a un lado y viéndolo a diario como a un muerto Satanás logra su propósito. Satanás es el único que desea ver a Cristo moribundo por la eternidad molido en una cruz, así que busco la forma de que se le concedieran sus deseos y la consiguió en Babilonia la Grande; la única que puede satisfacer al rey de Babilonia. 

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