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Dedicado a los jóvenes sin esperanzas |
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Que tragedia atraviesa uno cuando es apenas un
adolescente y empieza a jugar a ser adulto con otra joven de mas o menos su
edad y como consecuencia esta queda embarazada. Así es como empezó la epopeya de Don Juan
Alberto Cajina, dueño de EL HALCON, quien a sus 16
años tuvo que dejar el colegio para buscar desesperadamente un trabajo y
enfrentar el peso que la vida intempestivamente colocaba sobre sus inexpertos
hombros. Conocía remotamente el campo de los negocios a través de los
negocios esporádicos que realizaba su padre Don José Alberto y los pequeños
negocios caseros que realizaba su
madre doña Flor, pero nunca pensó que el arte de la compra-venta iba a ser su gran carrera del futuro. Cuando vinieron los tiempos mas difíciles y con más o menos 17 años de edad, en que lo
botaron del trabajo, se compró unas cuantas yardas de juncos de plásticos
para fabricar cojines para automóviles y los vendía sobre sus hombros de sol
a sol en aquellas calles infernales de Managua bajo el sol inclemente, luego
decidió distribuirlos en las gasolineras ofreciéndoles un porcentaje a los
bomberos. Durante los años ochentas luego de trabajar de contador
privado en el Sistema Sandinista de Televisión en
donde despertó parte de su espíritu creativo y artístico que todo llevamos
dentro; y luego de acogerse al plan de conversión sandinista
volvió nuevamente a sus andanzas del negocio iniciándose nuevamente, pero
ahora como chatarrero, en otras palabras vendedor de chatarra y de todo lo
vendible. Fue durante esta época, que su familia montó un negocio
en el mercado oriental y luego otro en el mercado de mayoreo, de los cuales solo el del oriental
existe actualmente. Fue entonces que
se incorporó al negocio familiar y fue el resurgir de la vena comercial. En
poco tiempo él, en unión de sus hermanos que tampoco son neófitos, levantaron
el negocio y don Juan se hizo cargo de la cartera de las importaciones del
mismo. Esta experiencia fue su graduación definitiva, ya que
para la época de los ochentas hizo su primera gran hazaña. En este tiempo de escasez, los caramelos y sobre todo los chicles eran
muy solicitados y fue Don Juan, el que se convertiría en el Bill Gates de los chicles, ya
que estos eran importados desde Guatemala en donde se había escaseado la
materia prima para los chicles y fue él quien tuvo el despeje mental para
proveer de materia prima y habilitar a los artesanos del dulce para luego
importarlos a Nicaragua. Don Juan, ha
tenido también momentos oscuros en su vida,
serios problemas con el alcohol, a tal punto de ser internado
gravemente en un par de ocasiones en una clínica de Managua, su
vida fue muy desordenada al
punto de llegar al caos, que sigue siendo un orden por definir, pero una de
las maravillas de la fuerza de voluntad junto a una buena mujer como es su
esposa Doña Claudia, es la de ordenar
nuevamente su vida y salir airoso, lo que fue conseguido gracias según él a
dos factores: 1) Se fue del país hacia el Salvador para cortar el círculo del
vicio, 2) El mantenerse concentrado en los negocios en El Salvador con la
premisa de sostener a su familia le permitieron alcanzar el triunfo
definitivo. Es en El Salvador donde surge EL HALCON y es en este
mismo país, que se visionó un HALCON
para Nicaragua. Cabe destacar que cuando
Don Juan estuvo en El Salvador, en la casa donde habitaba no tenía ni luz ni
agua y que al cabo de dos meses y de realizar un par de buenos negocios, ya
había resuelto su situación económica y su estatus de vida. Esta es la historia de Don JUAN “EL HALCON”, es la historia de un hombre que ha podido
salir de las diferentes pruebas y dificultades que da la vida de una forma
amañada y como un prestigitador las viene burlando,
es también la historia de un maldito corajudo, tozudo y terco por la vida que
lleno de ardides supo vencerla y ponerla a sus pies. Juan C. Jarquín R. Gerente Sucursal, El Halcón Estelí |