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La sencillez
de los grandes… Nelson
Flores Chavarría Gerente,
Llandlur
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Hace un tiempo, mientras observaba
un vistoso partido de baseball de la Liga “Mayor A” en el estadio Rufo Marín
de esta ciudad, una persona muy sencilla me señalo lo siguiente: -Hombre fíjese que ese jugador
que esta allí, es un desperdicio… - ¿Cuál?, le interrogué con
curiosidad mientras mis ojos husmeaban el terreno de juego. - ¡Ese grandote que está en la caja de
bateo!, ¿lo ve?, mientras señala apuntando con su dedo al jugador en
cuestión, recalcando con el seño fruncido y una voz tan aguda y fuerte que
casi hace explotar mis pobrecillos tímpanos: - ¡Nunca va a llegar a la primera! (la
primera división del baseball mayor por supuesto). - ¿Por qué?, le increpé
inmediatamente y él, acomodándose plácidamente en su lugar, me contestó lo
siguiente: - Pues mire joven, fíjese bien,
no le hace caso a las señas del couch, y no corre
cuando pega un machuconcito, es altanero y no le habla a nadie y el hombre
que no es humilde en su corazón, nunca llega a ser grande de verdad. - ¡Amen!, fue mi respuesta, mientras
él se disponía a disfrutar de otro trago de “wisky”...
La verdad de fondo no tiene
discusión. He notado muy frecuentemente que los más grandes personajes del
arte, las ciencias, los deportes y lógicamente de la religión, tienen un
carisma excepcional y un altruismo enorme, aunque eso no quiere decir que
deban ser amistosos, algunos lo son, otros sencillamente no. Las personas
tenemos la tendencia natural de catalogar o encasillar en uno u otro grupo a
los demás, pero simplemente somos diferentes. Barry
Bonds, un pelotero consumado y posiblemente el
mejor bateador del planeta y de todos los tiempos, tiene fama de engreído
pero no hay nadie como él. En tanto el boxeador México-Americano Oscar de La
Hoya el “golden boy” es todo lo contrario, tiene
fundaciones para niños y gimnasios donde hasta él mismo enseña de vez en
cuando sobre boxeo. Pero Barry Bonds
no es mala gente, sencillamente es “introvertido”, desgraciadamente este
aspecto de su vida personal le quita un poco de humanidad, lo recordarán
siempre como un gran jugador, nunca como un gran ser humano.
En nuestro deporte pasa igual,
algunos de nuestros jugadores son risueños y cómicos, son el alma de los
clubes y “son muy buena gente” como decimos en nuestro argot, otros en cambio
son una tumba (cerrada, no abierta si me permite la ironía), pero a la hora
de las jugadas, los batazos, las pichadas o las
goleadas, nos interesa mucho lo que hacen, no lo que aparentan, la presunción
se convierte en elegancia, y la humildad le da “grandeza”, ¿no es así?. Cada vez que observo un partido
de baseball, de football, baloncesto o una competencia de judo o tae kwon-do, se ve claramente
el gran sentido de compañerismo que existe entre los integrantes de cada
Club, y hasta las buenas relaciones con los miembros del equipo contrincante. El deporte se creó para
competir sanamente y para unir a las gentes. Sin embargo, una pizca de
humildad te da el poder más grande de todos, “el poder de escuchar para
aprender, y la sencillez para crecer hasta los niveles más altos de
desempeño…” ¡SI A LA VIDA, SI AL DEPORTE,
NO A LAS DROGAS!... |