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HACERLO BIEN Luis Felipe Ulloa. [email protected] |
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Solo imaginemos cómo estaríamos
si pudiésemos tener la plena seguridad de
que cada persona, organización o institución va a hacer a tiempo y bien
lo que le corresponde, y si cada otro tiene la plena seguridad de que usted o
yo vamos a hacer también a tiempo y bien lo que nos corresponde. Pero no es eso lo que tiende a ocurrir.
Creo que a muchos de los lectores o lectoras les ha sucedido que compraron algo
y les salió de mala calidad; mandaron a arreglar una mesa o un aparato y si
no resultó igual o peor que antes, se
dañó otra vez en unos días; algún médico mal-diagnosticó, sobredosificó
o mal-recetó a alguien de la familia; luego de un mes de mala prestación de un
servicio público, la cuenta les llegó más alta que de costumbre; eligieron a
alguien para un cargo y no cumplió su papel. ¿Y qué tal con los abusos sobre
nuestros “tiempos”? Esas reuniones que castigan a los puntuales empezando consistentemente treinta o más minutos luego de la hora
convenida; esas filas en los bancos que duran 40, 60 y más minutos para una simple
transacción.
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El fenómeno se ve también en
muchas organizaciones e instituciones durante los finales de año, que se
convierte en un periodo de excesivo trabajo, porque siendo momento de
evaluaciones e informes se enfrentan al incumplimiento total o al cumplimiento
insuficiente de resultados propuestos y tratan de tomar medidas de emergencia
para aliviar eso... y a la vez explicar de buena manera lo que ocurrió. Todo eso lo hacen “para no salir
aplazados”. Ocurre año tras año y tiene
que ver con la calidad de sus planes y propósitos y la regular priorización que han dado a las actividades propuestas en
la práctica misma. Cualquier parecido con aquel
adolescente que deja para último momento el cumplimiento de sus
compromisos escolares o con la educadora
que improvisa su clase... no es pura coincidencia. Se está generalizando tanto
esa manera de actuar que ya amenaza llenar todos los espacios de
la vida cotidiana con graves consecuencias individuales y colectivas.
Y con el mayor desparpajo, los causantes de no haber hecho
lo suficiente, intentan trasladar su irresponsabilidad a otros factores e incluso a la propia
víctima. Entonces salen culpables el mal
clima, no hubo transporte, se enfermó
Fulano, el mal funcionamiento del teléfono o el Internet, el computador me
borró lo que había hecho, tuve que hacer
otro trabajo, e incluso sale a
bailar la ya tan manida explicación de
“Es que los nicaragüenses (o los colombianos o los salvadoreños) somos
así” Una excusa inexacta, barata y poco
original. No somos por naturaleza incumplidos, ni brutos, ni agresivos, ni corruptos, ni “arañas”... pero de tanto repetirlo las
palabras se pueden hacer realidad.
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Cuando hablamos de ser “sujetos” y ser “ciudadanos” nos referimos a que cumplamos con calidad lo
que nos corresponde y lo que nos comprometemos a hacer, y a que esperemos que
los demás –por su parte- también lo hagan.
Lo primero que “nos corresponde” es lo que establecen las normas y las
leyes si éstas son justas. Recordemos que las leyes usualmente apenas indican el mínimo-mínimo para no-convivir-de-manera-desagradable, pero
se trata de estar por sobre esos mínimos y que
los demás lo estén. Un ejemplo sencillo: quizás las leyes no castigan
botar papeles en la calle, pero no es
síntoma de solidaridad ciudadana, ni de respeto por la naturaleza hacerlo.
Los “demás” son las otras personas, organizaciones, instituciones de
cualquier tipo. Lo que “nos comprometemos” es lo que aceptamos hacer. Cuando cumplimos bien con lo que nos
corresponde y lo que nos comprometemos a hacer, contribuimos a (re-)construir
la confianza que tanto se está perdiendo en nuestros lugares, y cuando no lo
hacemos contribuimos exactamente en destruir lo poco que va quedando. Si no podemos cumplir una tarea hay que ser
claros y decir directamente que no la asumimos. Sin adornos.
Cada acto humano por acción o por omisión importa a los demás en la cadena de relaciones. Lo que hago mal origina que otros a su vez hagan mal u obliga a que ellos deban sobre-trabajar para corregir... y eso también hace daño. ¿Cómo va a funcionar una organización, un municipio, un país, si cada uno hace a medias, hace mal, hace a destiempo, o no hace lo que le corresponde? Si queremos que todos y todas hagan bien lo suyo, empecemos por hacer bien lo nuestro, por pequeño que parezca... y exijamos que los otros y otras también lo hagan. Eso es ser sujetos y ser ciudadanos y eso es un buen propósito para cambiar las cosas a partir de este año, o mejor... de hoy.