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LA OBESIDAD EN LOS NIÑOS |
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La obesidad durante la infancia y
adolescencia es el resultado de una compleja interacción entre los factores
genéticos, psicológicos, ambientales, y factores socioeconómicos. Factores
como el estado de salud y el ambiente en que se desarrolla el niño, juegan un
papel principal en la génesis de la obesidad. Factores predisponentes
para que un niño se convierta en obeso son: 1)que
los padres sean gordos, 2)inadecuados hábitos de alimentación en la familia, quees más frecuente cuando la madre es la obesa, en
virtud de que ella es la que convive mayor tiempo con el niño. Actitudes
sedentarias como comer golosinas delante del televisor, en el vehículo y
durante los juegos de salón o de mesa la favorecen. La obesidad en el niño se puede
prevenir a través de modificar los hábitos nutricionales de la familia,
principalmente en los padres, quienes a pesar de no ser obesos deben vigilar
estrechamente la alimentación de sus hijos y limitar el consumo exagerado de
alimentos. El ejemplo de qué alimentos, cómo y cuándo es la mejor forma para
educar a los hijos. Ya que compartir los alimentos constituye una actividad
social y trascendente en la relación familiar, esta oportunidad debe
aprovecharse para prevenir la obesidad infantil y evitar llegar al
tratamiento que es muy complejo y prolongado. La adecuada introducción de
alimentos diferentes de la leche materna entre los cuatro y seis meses de
edad es indispensable para prevenir la obesidad, iniciar con un solo
alimento; ofrecerlo por dos o tres días seguidos para conocer su tolerancia;
no mezclar alimentos; no forzar su aceptación; ofrecer primero los sólidos y
después los líquidos; incrementar progresivamente la cantidad ofrecida;
promover el consumo de alimentos naturales, prepararlos sin la adición de
condimentos y especies; ofrecer alimentos en textura adecuada para la edad,
primero papillas, seguidas de picados y trozos. Hay que recordar que la
alimentación es un hábito por lo que deberá adaptarse al horario y al menú
familiar, lo que favorece socialización y aprendizaje. Las reglas para la alimentación,
como horarios fijos específicos para los tiempos de comida, determinar el
lugar para el consumo de alimentos, indicar cuál es el comportamiento que se
debe tener en la mesa, promover una masticación adecuada y marcar el tiempo
disponible para el consumo de alimentos, entre otras, serán las bases de los
hábitos de alimentación. Utilizar algunos alimentos y principalmente las
golosinas como premios no es conveniente, ya que se encuentran fuera de las
reglas, esto puede originar que el niño empiece a tener una preferencia
marcada por estos alimentos, al relacionarlos con actos y conductas que ante
sus padres fueron positivos. Los padres debemos vigilar que el
niño al bajar de peso no presente alteraciones en su crecimiento y
desarrollo, no causarle alteraciones metabólicas, disminuir el apetito y
tratar de evitar los problemas psicológicos, objetivos todos ellos que se
persiguen durante el tratamiento. Una forma práctica para lograrlos
es a través de los siguientes pasos: 1. Cambiar el hábito alimentario del
niño y la familia. 2. Dieta adecuada para su etapa de crecimiento y
desarrollo. 3. Ejercicio y actividad física rutinaria. 4. Participación
activa de los padres y la familia. 1.- Educar a su hijo y modificar
los hábitos alimentarios familiares, no es tarea fácil, sin embargo se pueden
utilizar diferentes técnicas que lo harán más sencillo, y que a continuación
recomendamos: a) Control diario. Consiste en que el niño lleve un registro
semanal del consumo de alimentos, especificando la cantidad de cada uno de
ellos, así como la actividad física que realiza y por cuánto tiempo. Evitar
las actividades que condicionan el consumo de alimentos fuera de los horarios
de comida, como el ir de compras al supermercado antes de haber comido.
Consumir alimentos que por costumbre se acompañen de otros hipercalóricos, como hamburguesas con papas y refresco,
pizzas, hot dogs y especialmente lo que se conoce
como «comida rápida». Comprometer al niño en la observación de su dieta y
actividad física, lo hará más responsable y consciente de su problema. b)
Modificar los hábitos dietéticos: Es la etapa más difícil de lograr, ésta
puede conseguirse al reforzar los buenos hábitos, como la masticación, el
comer despacio, disminuir la cantidad de alimentos, balancear la dieta,
evitar las golosinas, tomar agua en lugar de refrescos, no realizar otra
actividad simultánea como ver la televisión o distraerlo con juguetes,
cambiar los hábitos de toda la familia, plantear metas semanales para
evaluarlas e incrementar la actividad física diaria. 2.- Dieta adecuada: Bajo
prescripción médica se aportarán los requerimientos calóricos diarios del
niño, de acuerdo a su etapa de crecimiento y desarrollo. Es conveniente
sugerir los alimentos que habitualmente se consumen y particularmente
aquellos que más le agradan al niño, así el médico podrá seleccionar de ellos
aquellos que sean adecuados para la nueva dieta. En la medida de lo posible y
de acuerdo con su edad individualizar la dieta, fraccionarla en las comidas
del día y de preferencia con el sistema de intercambios para elegir
alimentos. Recordar que la prescripción dietética es sólo una parte del
tratamiento nutricional. Las dietas muy bajas en calorías no están indicadas
para niños ni adolescentes, generalmente son dietas que se emplean por
periodos muy cortos y que no modifican la conducta alimentaria,
lo que tampoco se recomienda en niños. No olvidar que el niño pertenece a un
entorno social en el que la alimentación juega un papel trascendental. Los
malos hábitos alimentarios de los padres los aprenden los hijos, agregar sal
antes de probar los alimentos, usar azúcar en exceso, condimentos, salsas y
aceites, son algunos de los ejemplos que durante las comidas del día, el niño
adquiere, inicialmente por imitación y que posteriormente repite, lo que
generará un mal hábito para su vida futura. 3.- Ejercicio rutinario.- Este
favorece el gasto de energía y contribuye a disminuir de peso. Incorporar al
niño y adolescente a la actividad física diaria es un principio
indispensable. Se recomienda que esta actividad la realice acompañado de los
padres, hermanos o amigos con una frecuencia de 3 a 5 días por semana,
iniciarlo con una duración de 15 minutos e incrementarlo hasta una hora.
Actividades como caminata, natación, ciclismo, o bien, algún deporte de
interés y diversión para el niño como jugar football o patinar son siempre un
ejercicio. Por otra parte, se debe propiciar la actividad física diaria en
casa, tratar de caminar más, subir escaleras en lugar de utilizar elevador y
andar en bicicleta. Disminuir las actividades sedentarias por largos
periodos, como son ver televisión, usar la computadora y juegos de video. 4.- Participación de los padres.-
Esta es la acción más importante de todo el tratamiento. De los padres
depende en gran medida el tipo, cantidad y la preparación de los alimentos
que comerá el niño. Es muy útil modificar los hábitos alimentarios de toda la
familia, no comprar alimentos que el niño no puede consumir, utilizar platos
pequeños, ofrecer porciones pequeñas, mantener los alimentos fuera de la
vista del niño y educar con el ejemplo. En ocasiones los padres condicionan
indirectamente la obesidad de sus hijos, al ofrecer alimentos para distraer
la atención de los niños, les brindan golosinas en los momentos en que están
«ocupados» y no pueden atenderlos o los premian con pasteles, dulces,
chocolates y helados. Convivir durante la alimentación del niño, poner
límites y compartir los alimentos en familia, favorece el instituir buenos
hábitos. A partir de la edad escolar es conveniente hacer responsable al niño
de seguir las recomendaciones de la dieta, siempre supervisado por los
padres, quienes deben estar convencidos y de mutuo acuerdo con todas las
medidas que se llevarán a cabo para alcanzar el éxito del tratamiento.
«Recordar que la alimentación es un hábito que se adquiere en el seno
familiar». Dra. Bernarda Tinoco * Cel # 6115812. |