HACER NACER LIBROS, LECTORES Y LECTORAS

Luís Felipe Ulloa. [email protected]

 

Cada vez que nace un nuevo libro es ocasión de regocijo.  El 23 de Noviembre fui invitado a comentar “Trazos de un proceso: Asociatividad Campesina”  que cuenta cómo, aunando esfuerzos, el Instituto Juan XXIII y mujeres y hombres del campo lograron hacer evolucionar un conjunto de núcleos ejecutores primero en una red de organizaciones campesinas, más tarde en redes y consejos locales; luego -reaccionando ante el Mitch-  dieron el paso de constituir legalmente organizaciones, que en Estelí y en León se han agrupado como Federaciones. Aquí, a Federación para el Desarrollo Integral  entre Campesinos y Campesinas (FEDICAMP)  es la forma concreta de esta evolución.  Quien esté interesado o interesada en conocer más de ello o en consultar el libro puede dirigirse a sus oficinas, teléfono 713-2868 y correo electrónico [email protected].  

 

Pero no  era mi intención conversar del contenido del libro... sino sobre las reflexiones que me produjo.   

 

Hay diversos tipos de libros. Los libros como “Trazos...”, que cuentan historias actuales, reales y exitosas -cuyos protagonistas aún viven- tienen un sentido especial para un país que necesita hacer crecer la esperanza. Podríamos pensar que quienes hacen las historias, es decir sus protagonistas, y quienes la llevan a libro, son dueños de esa historia y por ende del libro... pero no es así. En el momento de poner esa historia en las páginas de un libro dejan de ser solo  protagonistas y autores para convertirse en una historia compartida... una historia de todos. Al ocurrir eso, el libro, ya hace parte del tesoro nacional, al que se tiene libre acceso para aprovechar sus enseñanzas.

 

Se trata no solamente de producir un buen libro, sino de ponerlo al servicio de aquellos que podrían leerlo y usarlo. Los libros que cuentan bien historias importantes deben ir a dar a la Biblioteca Nacional de Nicaragua, a bibliotecas universitarias,  a bibliotecas municipales y a otras bibliotecas públicas. De esta manera cada obra se convierte en una especie de caja chica, para ir sacando ideas cuando las necesitemos.

 

Protagonistas de las historias en los libros y quienes los autoran hacen bien en tener presente que al estar esas obras al alcance de otras gentes –no importa dónde- ellos y ellas también estarán presentes en esos sitios. Que cuando alguien use una idea del libro, la vivencia de los protagonistas y el esfuerzo de autores y otros personajes que intervienen en la producción del libro se estarán proyectando y sus beneficios se irán multiplicando. La buena semilla también se propaga.  

 

Y está la otra cara de la rucaca: Para que un libro sea útil, la gente ha de saber leer y debe gustarle leer. Ya hemos hablado en esta revista de la importancia de promover la lectura por placer en los colegios y en las escuelas. También ha de hacerse en las familias y en los trabajos. La gente que lee buenas obras y lo hace frecuentemente  tiene más posibilidades de dar buenas ideas. De eso no quepa duda.  No puedo imaginar un educador o educadora u otro profesional que no  lea al menos, por poquito,  un libro de literatura quincenal, sea cual sea su especialidad.  Es cierto que el costo influye... pero tenemos bibliotecas y centros de documentación, más conocidos como CEDOC's. Sí... en Estelí, rápidamente pienso en la biblioteca municipal (en la nueva, la que “ya va que quiere”), el CEDOC de ADESO, la biblioteca de SINSLANI, el CEDOC del centro de la Ciencia de ASDENIC, que merecen, cada una un artículo en estas páginas. Entre más usemos las bibliotecas, más posibilidades hay de que ellas adquieran otras obras y creen nuevos servicios. Los lectores y lectoras también pueden organizarse.

 

Y también tenemos  ocasiones para poner nuestro granito de arena en estimular la lectura. Precisamente estamos entrando en una de ellas: La navidad y los regalos del amigo secreto de fin de año.  Regalemos libros; regalemos bonos para adquirir libros; regalemos suscripciones para buenas revistas; propongamos auto-regalarnos colectivamente un libro bueno, aunque sea costoso, aunando reales.

 

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