CENTROAMÉRICA
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30 de diciembre, Puerto Barrios (Guatemala)
No hay puente para cruzar el río Usumacinta, o pasas nadando o pagas al barquero. Nosotros podríamos pero Rocinanta y Morgana son muy reacias a ello y por lo tanto nos subimos los cuatro a una lancha. Hay dos opciones: navegar río arriba hasta Bethel donde se halla el puesto fronterizo guatemalteco, o simplemente cruzar hasta La Técnica, en la orilla opuesta, y desde allí pedalear 13 kms hasta dicho puesto. La diferencia monetaria es abismal y a pesar de la rebaja e insistencia del barquero nos apeamos en la primera estación.
De 173 países Guatemala ocupa el puesto 120 en el índice de desarrollo y lo notamos nada más llegar. La pista por la que transitamos está en un lamentable estado y nos lleva más de una hora en recorrer los 13 kms. Pasamos por unas aldeas de chozas de madera desperdigadas y de niños descalzos. Deben tener las plantas de los pies más duras que pezuñas.
En el puesto fronterizo rellenamos el formulario de rigor y pagamos el equivalente a 5 dólares estadounidenses, lo que nos autoriza a una estancia legal de 90 días. Este remoto lugar es un buen sitio para pasar la tarde descansando y así lo hacemos, tumbados a la sombra en unas confortables hamacas. Los niños bajan a jugar y bañarse al río, y sus madres acuden con barreños llenos de ropa para hacer la colada mientras el sol cae lentamente. Unos terroríficos gritos inundan la selva y los niños, señalando a las copas de los árboles, nos tranquilizan: "Son saraguates" (monos aulladores), ¡¡y nos parecían dinosaurios!!
Por la noche además de los monos otros animalitos más comunes, como son los gallos, no esperan al amanecer para iniciar sus cantos, ¿querrán competir con los saraguates?
La pista sin alfaltar continúa. Las piedras compactadas dejan ver sus aristas amenazando a las ruedas de nuestras bicis. Pasados unos kilómetros mejora el estado y rodamos más tranquilos. ¡También pillamos un tramo asfaltado! Nuestro destino es Flores, un pueblo que ocupa la totalidad de una isla en el lago Petén Itzá. Por su relativa cercanía a las ruínas de Tikal este lugar se ha convertido en un importante nucleo turístico. La calle que rodea la isla es toda de hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos, pero es muy pintoresca pues cada local tiene su fachada de un color distinto. Según nos cuenta un lugareño el lago sufre una crecida cada 50 años y el agua inunda esa calle hasta una altura de medio metro. Nuestra lógica pregunta, al estar hospedados en esa calle, fue: ¿Y cuándo fue la última vez que pasó?
Tikal es uno de esos lugares que todo viejero debe visitar. Rivalizando en altura con los árboles, los mayas levantaron sus templos en la cima de empinadas pirámides. Desde tan privilegiada posición la selva quedaba a sus pies como lo hace ahora a los nuestros. Además de los aulladores no es difícil ver a unos congéneres suyos mucho más ágiles, los monos araña. Sus largas extremidades les permiten desplazarse saltando de rama en rama con una destreza y seguridad admirables. Y el deseo icumplido en Palenque aquí se hace realidad, y no sólo vemos pasar volando a los tucanes sino también parados en los árboles saboreando sus frutos. Son una especie de pequeño tamaño pero llamativo color. Una jornada perfecta en un lugar perfecto.
Parece que todos los perros guatemaltecos son galgos a juzgar por sus estilizados cuerpos (sus huesos a la vista denuncian el hambre), pero no, son archimestizos, tienen sangre de tropecientas razas, lo que normalmente se conoce como chuchos. No son los únicos escuálidos pues los caballos lucen el mismo tipo fino, y estos no será porque les falte hierba para comer. Tanto unos como otros andan sueltos buscándose el sustento, lo mismo que los cerdos, los patos, los pollos... No es raro que algún vehículo haga una carnicería, cosa por otra parte que esperan pacientemente los auras, los carroñeros con plumaje de luto de estas latitudes.
La carretera de Flores a la divisoria beliceña está asfaltada salvo los últimos 25 kms. En las aldeas del camino los niños nos saludan con un hola, otros con un bye bye, y otros con un gringos gringos, pero ninguno se queda indiferente a nuestro paso. En los camiones viaja un copiloto con las manos ocupadas, acariciando una escopeta que ya sólo da miedo con ver el tamaño. En la entrada de muchos negocios y en todos los bancos también hay vigilantes armados. Aunque no lo preguntamos deducimos que los atracos deben ser frecuentes, y que mejor forma de disuadir a los delincuentes que usando sus mismas armas (nunca mejor dicho). A pie de ruta vemos los cementerios, tan coloridos y adornados que hasta parecen divertidos. Loros y periquitos, mujeres lavando la ropa en los ríos, grandes ceibas solitarias... son muchas las cosas que nos distraen a lo largo de una jornada. Melchor de Mencos, a orillas del río Belice, es la última población guatemalteca, y mañana un nuevo país.
BELICE
Antes de cruzar la frontera queremos cambiar los quetzales que nos han sobrado, inútiles al otro lado. Los cambistas están al acecho: "change mister change". Por cada cuatro quetzales nos dan un dólar de Belice. "Hablan ustedes muy bien el español", nos dicen. "Sí, tal vez con un poco de acento manchego, pero nos defendemos bastante bien", respondemos.
En la aduana no pagamos nada por entrar al país pero el oficial nos advierte que si salimos sin las bicicletas deberemos pagar unas tasas. Para que no se nos olvide escribe una anotación en nuestros pasaportes al lado del sello de entrada. "Tranquilo agente que no las venderemos y esperamos que tampoco nos las roben, y no por las tasas sino por el cariño que las tenemos".
San Ignacio o Cayo es un buen lugar para tomar contacto con la nueva nación. No es raro oir a mucha gente hablando español, pues sólo hay 16 kms a la frontera. De hecho Belice pertenecía a Guatemala pero fue cedido al control británico a cambio de la construcción de una carretera que uniese ciudad de Guatemala con ciudad de Belice. El acuerdo incumplido por parte de los ingleses pero siguieron manteniendo la colonia hasta el año 1981 en el que se le concedió la independencia.
8 de enero, Tegucigalpa (Honduras)
Como país caribeño que es muchos de sus turistas acuden buscando el sol y la playa de sus cayos, auque el principal atractivo está bajo la superficie del agua, la segunda barrera coralina más grande del mundo. Muchos submarinistas vienen sólo por bucear el Blue Hole, un agujero circular en medio del arrecife con 300 m de diámetro y una profundidad superior a los 100 m. Debe de ser espectacular pero me conformo con ver los reportajes de Jacques Cousteau. Una cosa es mirar la fauna marina con las gafas y el respirador desde la superficie y otra explorar el fondo.
En 1961 un huracán debastó la ciudad de Belice y se decidió cambiar la ubicación de la capital. Así se fundó Belmopan, una ciudad ¨artificial¨ sin atractivo. Nos desviamos un par de kms para comprobarlo nosotros mismos y al ver que era cierto, sin apearnos de las bicicletas, continuamos camino hacia la costa. Las colinas están comidas por la selva y las zonas más llanas por árboles frutales, un bonito paisaje para disfrutar !y sin apenas tráfico!
Llegamos a Dandriga, bañada por el Caribe, cuyos habitantes son en gran mayoría de raza negra, descendientes de aquellos que llegaron tras la abolición de la esclavitud. Algunos se mezclaron con los indios nativos, reciviendo sus hijos el apelativo de garífunas. Surgió entonces una nueva lengua mezcla de francés, español, inglés y las lenguas mayas. Pero el idioma oficial es el inglés aunque luego cada uno hable lo que quiera. Hasta el chino mandarín pues son muchos los asentados aquí, y como es natural han montado restaurantes y tiendas.
Nuesta ruta sigue rumbo sur donde al final tendremos que tomar los servicios de algún barco pues las carreteras se acaban. La población más meridional es Punta Gorda, enlazada vía Caribe con Guatemala y Honduras. El mar tiene menos oleaje que una bañera y simples lanchas hacen el viaje sin peligro de naufragio. Pero antes de embarcar hay que pasar por la immigration office y aunque no hemos vendido las bicis debemos pagar unas tasas: las de salida. !Y no se escapa ni el gato!
En una horita nos ponemos en el muelle municipal de Puerto Barrios, Guatemala, de donde partiremos a la frontera hondureña, pero antes visitaremos la ciudad de Livingston, supongo, en territorio garífuna. No sólo Belice recivió a los morenos, también las costas caribeñas de Guatemala y Honduras lo hicieron. Pero claro, los negritos aquí hablan español, cosa que sorprende a los redactores de Lonely Planet. !Pues cuando vayan a Brasil van a flipar oyéndoles hablar en portugués! De todos modos esta editorial de guías de viaje es nuestra favorita a pesar de su chominismo anglosajón.
Durante todas fiestas navideñas la diversión principal de grandes y pequeños ha sido jugar con la pólvora. Todos los días con bengalas, petardos y otras bombitas bastante más potentes. Un juego de niños comparado con la "mascletá" del año nuevo. Parecía que Puerto Barrios iba a desaparecer del mapa. Que no se molesten los valencianos pero esta costumbrita del ruido por el ruido me parece egoista pues no respeta la paz autitiva del prójico.
Comenzamos el 2006 como lo hicimos el 2005, pedaleando por tierras lejanas aunque en distinto continente. Plantaciones de bananas y palmeras (aceite de palma) nos acompañan en los últimos kilómetros por Guatemala, y al fondo las montañas hondureñas.
HONDURAS
Entre Puerto Barrios y la frontera de Honduras la carretra está asfaltada. Poquito a poco Guatemala va mejorando su red viaria. Pagamos 60 lempiras (unos 3 euros) de tasas de entrada y nos sellan por 90 días. Seguimos por asfalto por una carretera llana a cuya derecha se eleva un cerro que da miedo. Habrá que hacerse a la idea pues Honduras es un país montañoso y más tarde o más temprano tendremos que escalar. Desde que bajamos del altiplano central mejicano, hace ya tiempo y kms, el terreno ha sido más o menos llano y ahora da como pereza ponerse a currar de verdad. Omoa es nuestra primera parada hondureña, un pequeño pueblo al norte de la nación a orillas del Caribe. Los fines de semana acuden aquí, sobre todo desde San Pedro Sula, los bañistas a relajarse. Sol y mar paro falta arena pues donde no hay un restaurante metido hasta el agua, los vehículos lo utilizan como aparcamiento. Los ocupantes tienen que salir ya con el bañador puesto. "La playa" hasta la bandera, pero de producto nacional, salvo algún despistado como nosotros. El mar en calma chicha y los niños tienen que jugar con las ridículas olas producidas al pasar por las lanchas de recreo. Hay que disfrutar con lo poco que uno tenga pues mañana es lunes y toca "lo otro".
10 de enero, Choluteca (Honduras)
Dejamos el Caribe y ponemos rumbo sur, hacia la costa del Pacífico. Las Rocosas y los Andes no están separadas, otras cadenas montañosas las unen a través de Méjico y Centroamérica. El conjunto forma "la espina dorsal de América" y ahora nos toca atravesarla por tercera vez. Primero fue en Estados Unidos, después en Méjico y ahora en Honduras.
Antes de llegar al lago Yojoa nos desviamos de la carretera principal para ver la catarata de Pulhapanzak, de 443 m según nuestra guía. Con esa altura no dudamos ni un momento en hacer unos kilómetros extra pero a medida que nos acercamos empezamos a dudar sobra la exactitud del dato, y cuando nos plantamos frente a ella vemos que alguien se comió una coma: 44´3 m si puede ser su altura real. El salto es espectacular pero claro, nos esperábamos algo más, diez veces más.
La carretera es asfaltada y lo suficientemente ancha para como no morder la cuneta cuando se cruzan dos camiones a nuestra altura. Subidas y bajadas nos llevan a los distintos valles y en uno de ellos se asienta Comayagua, la que fue capital del país tras la independencia. La ciudad conserva algo de sabor colonial, excusa suficiente para hacer aquí una parada, y parece que no somos los únicos gringos. Ya no tenemos duda sobre el tema, los gringos somos todos los guiris de raza blanca. Los ciudadanos estadounidenses no son todos gringos como pensábamos pues depende del color de su piel, no de la nacionalidad. Es lo que deducimos tras la conversación con un entendido en el asunto.
Unos reporteros nos asaltan micrófono en mano en plena carretera. Son del programa Abriendo Brecha y al vernos sudando la gota gorda en una cuesta han pensado que una pausa nos vendría bien y ellos conseguirían una curiosa entrevista. Además de las preguntas lógicas nos piden animemos a otros posibles interesados. Ánimo seguro que sobra y lo que falta es tiempo, dinero o ambas cosas.
En todo el tiempo que llevamos rodando por Centroamérica no habíamos sentido el extresante acoso del tráfico hasta llegar a las calles de Tegucigalpa. La vieja flota de autobuses urbanos nos envenena con sus escapes. El negro humo es tan denso que parece como si estuvieses masticando regaliz, del negro claro. A casi 1.000 m de altura la temperatura ya no es como en la playa de Omoa, y no es que vaya a helar pero se agradece la sudadera y el pantalón largo. Un aficionado ciclista nos alerta sobre la delincuencia que azota a la capital, pero ya sabíamos algo gracias a la mala experiencia de mi amiga África. Ella vino aquí hace unos meses a trabajar como voluntaria con una ONG y tuvo la oportunidad de observar muy de cerca el cañón de una pistola. Nosotros hemos tenido más suerte que ella y abandonamos Tegus sin sobresaltos.
Al sur siguen las montañas pero dominando las bajadas pues descendemos hasta el nivel del mar, el océano Pacífico, de nuevo al calor. Nuestra última escala hondureña es en Choluteca, donde ya somos conocidos pues son varias las personas que nos vieron en televisión el domingo.
19 de enero, Granada (Nicaragua)
NICARAGUA
Nicaragua es el país más pobre de Centroamérica si exceptuamos Haití que comparte isla con la República Dominicana. Los primeros kilómetros de ruta están en muy mal estado pero luego la carretera se transforma increíblemente. En 1998 el huracán Mitch azotó durante diez días toda esta zona y no quedó un solo puente pero gracias a la ayuda internacional (Japón en este caso) ahora rodamos tranquilamente contemplando los volcanes de la cordillera de los Maridios, paralela a la costa del Pacífico desde el lago Managua al golfo de Fonseca. La forman diez volcanes, alguno aún activo, destacando el de San Cristóbal con 1.745 m de altura.
Morgana venía quejándose desde hace tiempo de su rueda trasera pero se mantenía a base de "primeros auxilios". Al final ha pasado lo predicible: el eje se jodió del todo. Es la primera avería seria en todo el viaje y no nos queda otro remedio que parar un autobús que nos acerque al primer pueblo con un taller. Aquí no hay mayor problema que subir las bicis a la baca y pagar unos córdobas, la moneda nacional, también llamados vulgarmente como pesos. Solucionado el problema seguimos camino hasta León, la segunda ciudad del país tras Managua. En ella nació Rubén Darío y sus restos descansan en la Basílica Catedral de la Asunción custodiados por la estatua de un triste león. Este templo es el mayor de Centroamérica. La primera ubicación de León fue a orillas del lago Managua, muy próxima al volcán Momotombo, siendo su fundador Francisco Hernández de Córdoba en el año 1524. Ochenta y cinco años después dicho volcán entró en "funcionamiento" arrasando el lugar y enterrándolo en cenizas. Desde entonces ha entrado en erupción en 19 ocasiones, la última en el 2000 tras 95 años de silencio.
28 de enero, Liberia (Costa Rica)
Las ruinas de León Viejo son patrimonio de la humanidad y pasando tan cerca no podíamos dejar de visitarlas. Las excavaciones tan sólo han dejado a la vista una mínima parte de los muros de algunos edificios por lo que hay que echarle mucha imaginación para tener una idea de su aspecto original. Este es el primer perro que nos mete la Unesco pero nos quedamos con lo positivo de la visita, la imagen del Momotombo dominando el lago. Es increíble que algo tan bello pueda causar tanto daño.
Hacía tiempo que no echábamos un pulso con Eolo, incluso en Honduras nos ayudó un poco, pero ahora en los llanos del oeste de Nicaragua tiene ganas de juerga. Gracias a que de momento aprieta pero no ahoga, vamos salvando el expediente sin cagarnos en nadie, mejor dicho sin yo cagarme en nadie, pues Gorgo está hecho de otra pasta y no se queja tanto. Lo mismo le da subir o bajar, tierra o asfalto, viento a favor o en contra, 60 kilómetros o 120...
La capital de Nicaragua es Managua por donde pasamos sin pena ni gloria. Como toda gran ciudad el tráfico es un problema pero aquí no nos sentimos tan acosados como en Tegucigalpa. La escasa señalización nos obliga a parar y preguntar la dirección hacia Granada. Una señorita a la que le gusta mucho platicar, según palabras suyas, nos atiende amablemente. Es una cachonda mental y nos avisa de los peligros de su país donde asegura que hay ¡¡hasta violadoras!! Le parecemos verdaderos aventureros y nos envidia mucho pero ella no tiene valor a manejar la bicicleta entre tanto loco al volante.
Las calles de Granada parecen un arco iris, cada casa, cada marco de puerta o ventana, apuesta por un color y el ganador es el conjunto. Asentada a los pies del volcán Mombacho y a orillas del lago Nicaragua (8.600 km2), es otro de los destinos turísticos nicaragüenses. Y sobre este tema, las autoridades se proponen atraer al turista cuyo gasto diario alcance los 300 USD. Flipan, ¿cuánta gente con ese poder adquisitivo creen que hay? Bueno, soñar no está prohibido. En el lado opuesto se hallan los jóvenes de imagen rasta y hippy que venden collares, pulseras, pendientes y otras bisuterías de artesanía propia para subvencionarse el viaje. Esta gente se hospeda y alimenta en locales de muy pocas estrellas, más bien ninguna, cosa poco beneficiosa para los señores de las corbatas, esos que justifican los míseros sueldos de sus empleados con las propinas de los clientes, que incluyen en las facturas como voluntarias. "Servicio no incluido", pague usted a mis trabajadores, ¿se puede tener más jeta?
Teoricamente en el lago Nicaragua vive el único tiburón de agua dulce del mundo. Llegaron aquí desde el Caribe remontando el río San Juan. Durante el régimen de Somoza se pescaron hasta 20.000 ejemplares anualmente con destino al mercado asiático. Si quedó alguno tendrá tanto pánico a los humanos que cuando los vea cerca en lugar de sacar su aleta dorsal amenazante a la superficie se sumergirá hasta lo más profundo del lago. De todas formas al bañarnos en sus aguas una mosca se nos aferra detrás de la oreja.
Los volcanes de Concepción y Maderas en un fraternal abrazo formaron la isla Ometepe, dentro del gran lago nicaragüense. El pequeño barco de madera que nos lleva a ella es zarandeado por las fuertes olas provocadas por un viento incansable. Desde que salimos de León no ha parado de soplar. Hay también un ferry para los camiones salvadoreños que vienen a Ometepe por bananas. ¿Cuánto subirá el precio de éstas para amortizar tal viaje? Nuestra intención era subir al menos al volcán Maderas, cuyo cráter tiene un lago, pero las nubes no quieren despegarse de su cima y caminar ocho horas para no ver nada no nos parece buena idea.
En San Juan del Sur volvemos a tomar contacto con el Pacífico, aunque aquí no haga honor a su nombre. De hecho, el tremendo oleaje atrae a surfistas de todas partes que acuden con sus propias tablas. Las playas de los alrededores, casi vírgenes, son el regalo de despedida que nos brinda Nicaragua.
13 de febrero, Santiago (Panamá)
COSTA RICA
El trámite en la aduana es sencillo, ni formularios ni taxas, un sello en el pasaporte y a tirar millas. Rodamos por la Panamericana, compartiéndola con el numeroso tráfico pesado pero en Liberia cambiamos ruta. Nos adentramos en la península de Nicoya, tierra de ranchos y playas. Asfalto y tierra se alternan en el camino y el viento que sigue de guasa nos lanza el polvo levantado por los carros de alquiler de los gringos. Es época alta y las playas están a tope. En la de Tamarindo hay tanto estadounidense que la han rebautizado como playa Tamagringo. Los precios se disparan y en lugar de colones (la moneda nacional) se usan los dólares. A la playa vecina, situada en un parque nacional, llegan a desovar unas tortugas marinas y lógicamente el asceso está restringido, sólo un pequeño grupo puede pasar cada noche. Una empresa privada se ha quedado con los derechos de explotación turística cobrando la módica cantidad de 40 pavos, tanto si aparecen las tortugas como si no. Nos quedamos flipaos y más aún cuando nos dicen que el cupo está lleno. Seguiremos conformándonos con verlas en los reportajes de televisión.
La mejor vista de la península de Nicoya nos la brinda uno de los muelles de Puntarenas. "Esto no lo teneis en Madrid", nos comenta un tico que contempla el atardecer a nuestro lado. Los últimos rayos de sol tiñen las nubes con tonos rosados y los pelícanos apuran el día intentando en sus zambullidas pescar algo para la cena. El tico tiene razón.
Nuestra ruta corre paralela a la costa del Pacífico donde al final de cada etapa nos espera una bonita playa. De momento los edificios quedan camuflados por la vegetación sin dañar su imagen paradisíaca, pero no sé cuanto durará. El paisaje entra una y otra es todo verde ya que Costa Rica posee una gran y variada flora. Mientras pedaleamos por estos bosques llevamos un ojo en el suelo para esquivar los baches y otro en el cielo para observar la fauna avícola. Los más llamativos son los tucanes con su enorme pico amarillo y los rojos guacamayos, una delicia visual. Menos atractivos pero más imponentes son los cocodrilos que toman el sol a orillas del río Tárcoles. Otro bicho poco agraciado es el perezoso, fácil de ver en Manuel Antonio. Este parque nacional es el más visitado del país y por eso la fauna está acostumbrada a los turistas. Alimentar a los animales está prohibido por lo que algunos monos asaltan a los descuidados que dejan su almuerzo sin vigilancia. Esto me recuerda a los dibujos animados del oso Yogui en versión más "mona".
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