~ DARK SECRETS~

Secretos Oscuros, por Rich Wulf

"Habla rápido," le dijo en tono seco Tsudao al mensajero. "Hoy tengo mucho por hacer."

"Desde luego, mi señora," le contesto Haru, un emisario del Clan Ox. "He sido enviado por mi señor Morito, con una oferta de ayuda."

Tsudao arqueó una ceja, mientras paseaba por su tienda de campaña. "¿Ayuda?" preguntó, mirando al pequeño correo. "Yo dirijo las Legiones Imperiales. Todos los samurai de Rokugan están a mi disposición. Ya tengo todas las tropas que necesito. Si desease la Caballería Ox, ya lo sabría tu Señor Morito."

"Los Ox ofrecen más que simple caballería," replicó Haru con una leve sonrisa. "Ofrecemos información."

Tsudao miró detenidamente a Haru. "¿Información?" le preguntó.

Haru asintió rápidamente. "Le ofrecemos nuestros ojos, para que se haga justicia," dijo con otra profunda reverencia. "El Buey es un clan joven, pero nuestra herencia es poderosa. Nuestras monturas provienen de las más rápidas monturas Shinjo. Nuestros diplomáticos has sido entrenados en las astutas maneras de los Ide. Una generación viviendo entre las tierras de los Dragones y los Fénix nos han abierto los ojos ante las sutilezas del mundo. Vemos muchas cosas que otros pueden no advertir, Señora del Sol.

"¿Y queréis ayudarme?" preguntó Tsudao. "¿Por qué?"

"Usted busca justicia," le contestó. "Nosotros queremos ayudarle."

"¿Para que el Imperio pueda estar en paz?" rió Akodo Kaneka. "No tengo ninguna necesidad de paz, pequeño Buey. Soy un guerrero. La Guerra hace fuerte al Imperio." El hijo mayor de Toturi le dio la espalda a Haru, mirando a las líneas de estudiantes que entrenaban por parejas en el Dojo Akodo. Kaneka las observó disgustado, mientras golpeaba impacientemente su hombro con su bokken, como si estuviera eligiendo cual de entre los jóvenes inútiles era el que más necesitaba un rapapolvo.

"Quizás esté en lo cierto," dijo Haru, "pero el heredero que una el Imperio ganará mucho apoyo en las cortes."

"No ofreces unidad," le contestó Kaneka. "Corrígeme si me equivoco, pero me parece que lo que ofreces es chantaje. Me darás lo que necesito saber para volver a un Clan en contra de otro, causando más caos."

"El caos es como el fuego," replicó Haru. "Puede ser destructivo, o puede forjar algo nuevo. Demuestra a los clanes que no te pueden desafiar, y se darán cuenta de que las disputas entre ellos no tienen, al final, ninguna importancia," contestó Haru. "Aunque, si lo que deseas es la Guerra, la información que te ofrezco puede producir guerra en abundancia."

Kaneka tosió. "Un samurai no provoca conflictos, escondido entre las sombras. Sugieres que retuerza las palabras en mi favor. Deseas que destruya la verdad, y despoje del Trono de Hierro a su cadáver."

"No sugiero nada de eso," replicó Haru, con una pequeña nota de haber sido ofendido en su voz. "Aquí no hay mentiras. Solo sugiero que uses adecuadamente la información que ya ha sido descubierta."

"¿Y que información es esa?" preguntó Kaneka, mirando al joven Buey.

"Un secreto oscuro," susurró Hantei Naseru. "Un secreto oscuro relativo a un Daimyo de un Gran Clan, y a su familia." El Anvil tamborileó con sus dedos, mientras contemplaba la Bahía del Sol Dorado. El sol chispeaba en las aguas al este de Otosan Uchi, un brillante mosaico de luz refractada, que superaba a cualquier obra de los grandes artesanos que decoraban el Palacio Imperial. "¿Y que te hace pensar que no conozco ya, aquello que estas ofreciendo revelar?" preguntó.

"Si crees que mi información es pobre, puedes tomar mi vida si así lo deseas," contestó Haru.

"¿Y crees que tu vida no me pertenece ya, para quitártela... ninja?" preguntó Naseru.

Un breve gesto de sorpresa cruzó por los rasgos del joven correo. Haru abrió la boca nerviosamente.

"No gastes palabras, Haru," dijo Naseru, con un gesto de indiferencia. "Tu profesión no me importa, a no ser que hayas sido mandado para asesinarme. En cuyo caso, te dejaría en manos de Isei."

El Yojimbo de Naseru miró despectivamente al correo. Sus ojos eran aún más fríos que el de su señor.

"Cuatro herederos," susurró Naseru para sí, ignorando ahora a Haru. "Un trono. Durante meses esta lucha ha continuado, y aún ninguno de nosotros tiene la ventaja decisiva. Cada uno de nosotros tiene sus aliados, pero nadie que quiera desafiar a los otros clanes apoyándonos. Esto no puede continuar. Algo debe cambiar. Los Clanes deben de saber que sus luchas propias no significan nada - Un Emperador debe de ser elegido.."

"Tu tienes que ser elegido," dijo Haru.

El ojo de Naseru se encontró con los del correo. La mirada del Yunque era dura, su rostro severo. "Mi principal interés no es el de mi grandeza personal, sino el equilibrio," dijo Naseru. "Si esta cuña que ofreces es tan fuerte como quieres dar a entender, deberíamos de tener cuidado para insertarla con sutileza; Solo es necesario sembrar la duda, no incitar para que haya más guerra."

"Yo soy siempre cuidadoso, Hantei-sama," Haru hizo una profunda reverencia. "Por eso he venido a ti."

"¿Y a ningún otro?" preguntó Naseru.

"Por supuesto que eres el único al que pensé en contárselo," dijo Haru.

Toturi Sezaru miró fríamente al hombre. El Wolf era un oasis de calma entre el bullicio de la repleta casa de té, rodeado por los bushis, shugenjas, y cortesanos que siempre le servían. "Mientes," dijo Sezaru, como si eso fuera más curioso que insultante. "Ya les has ofrecido lo mismo a cada uno de mis hermanos."

"Como me ordenó mi daimyo, Toturi-sama," contestó Haru. "Pero en mi corazón, tú eras el único al que consideré digno. Por eso dejé nuestro encuentro para el final."

Sezaru giró un poco su cabeza, y sus extraños ojos sin fondo parecían diseccionar al Ox donde se encontraba. "¿Como me localizaste aquí?" preguntó. "Estoy cumpliendo la misión de encontrar a los Oráculos de la Luz. Podría haber estado en cualquier pueblo o ciudad de entre los miles que hay en Rokugan."

Haru asintió, bajando respetuosamente su mirada. "Como una roca grande lanzada a un estanque tranquilo, tu grandeza manda ondas a través del Imperio, Toturi-sama," contestó Haru. "Como he dicho, mi clan tiene una perspectiva única y singular del Imperio. Vemos más de lo que la mayoría percibe."

Sezaru suspiró. "Juegas con la verdad y la mentira como si ambas fueran igual de insignificantes," dijo. "¿Por qué me debería importar lo que ofreces?"

Haru simplemente sonrió. "Si rechazas mi oferta," contestó, "seguro que algún otro la acepta..."

Los secretos abundan en Rokugan, y todo el mundo tiene alguno, que no quisiera que su vecino descubriera nunca. El Viento jugado por el ganador del torneo (asistido por el Clan con el que juega), descubrirá una información potencialmente peligrosa sobre el Campeón del Clan que juegue el que quede en segundo lugar.

Traducción de Pedro de Burashana / Shosuro Gesseri




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