~ PASION ~

Pasión
por Rich Wulf


El dojo estaba bastante tranquilo ese día. El gran señor de los Grulla, Doji Kurohito, había regresado sólo unos pocos días atrás de la guerra contra el Cangrejo y había solicitado intimidad. Durante horas practicó sus formas y katas, moviéndose de una postura a otra, dejando que su mente se desvaneciera ante la perfección de su arte. Los movimientos de sus delgados brazos eran precisos y llenos de gracia. Su largo pelo decolorado giraba siguiendo sus movimientos como la cinta de un bailarín. Era rápido, mortal y hermoso, era todo lo que significaba ser Grulla.


Por primera vez en muchos meses, Kurohito estaba en paz.


Cuando las mamparas de shoji del extremo oeste del dojo se abrieron, Kurohito supo que su paz se iba a terminar. Se dio la vuelta y enfundó su espada con un diestro movimiento en atención a su visitante. Un hombre delgado esperaba en la puerta: Asahina Sekawa, recientemente nombrado para el puesto de Campeón de Jade, el primer shugenja del Imperio.


”Sekawa-san,” dijo Kurohito, sonriendo levemente mientras se inclinaba. “Muy honrado de recibiros en mi casa. Vuestro éxito en la Prueba del Campeón de Jade ha traído gran reconocimiento a la casa de la Grulla. Siento no haber podido asistir. Escuché que había habido... dificultades.”


”Ciertamente,” dijo Sekawa severamente. El hombre no sonrió mientras devolvía la reverencia del señor de la Grulla. “No es lo que he venido a discutir. Vengo por un asunto oficial.”


”¿Sí?” Kurohito paseó a través del dojo hasta colocarse delante de Sekawa. “La misión del Campeón de Jade es perseguir la magia oscura. ¿Piensas encontrarás algo aquí?”


”Quizás. He oído rumores de que no lleváis la Espada Celestial que la Fortuna del Acero forjó para nuestro Clan.”


”Así es.”


”Todos los demás Campeones de los Clanes empuñan el Regalo de la Fortuna. Y vos no?”


”Yo no.” Confirmó Kurohito. “La katana que llevo fue encontrada en la orilla debajo de Kyuden Doji, el día que yo nací, y fue el único presagio prometedor en un tiempo oscuro para nuestro clan. La llevo con la esperanza de que nos guíe al futuro que su descubrimiento sugirió.”

”Ya veo. Quisiera compartir una historia con vos, mi señor, si me lo permitís.” Sekawa lanzó una mirada de reojo a la espada de Kurohito cuando se adentró en el dojo.


”Por supuesto Campeón de Jade," replicó Kurohito, animando a Sekawa a continuar.


”Comienza en los tiempos de Iuchiban. Cuatro espadas corruptoras fueron forjadas para cortar el corazón de un Imperio. El hombre que forjó las espadas era un grulla, y su nombre era Asahina Yajinden. Las espadas fueron llamadas las Espadas de Sangre, y cada una fue creada para alimentarse de los vicios de los hombres, para destruir a los líderes de cuatro Grandes Clanes. Poco tiempo después de recibir Jonetsu, La Espada de Sangre de la Pasión, el campeón de la Grulla demostró su amor a una joven un poco mayor que una niña. Destrozado por la culpa y la vergüenza, este daimyo olvidado se lanzó por los acantilados debajo de Kyuden Doji. La Espada de Sangre estaba en su mano cuando murió, y se perdió en las profundidades del océano. Durante siglos, la espada nunca fue encontrada. Casi nadie sospechaba su verdadero propósito.”


”Ya veo,” replicó Kurohito. “Una historia interesante. Ahora déjame contarte la mía.”


”Hace siglos, cuando el propio Imperio no era más que un niño, había un hombre llamado Yasurugi, un poderoso samurai, y un experto herrero. El forjó a Kunshu, la hoja que Hantei empuñó en la batalla contra el Hermano Oscuro. Forjó Shukujo, la Espada Ancestral que Lady Shinjo llevó a los cielos. Forjó a Naishi, la espada que empuña mi prima Yasuyo, y Kanpeki, la espada que porta Yasuki Hachi. Su mayor obra fue Chukandomono, la “hija intermedia”, una espada forjada después de que su autor hubiera alcanzado la cima de su arte, pero antes de que su búsqueda por la perfección pudiera nublar su juicio.” Kurohito sonrió. “Chukandamono fue forjada como regalo para la familia Matsu, en una época donde un regalo semejante quizás hubiera reparado las divisiones entre nuestros clanes. La espada se perdió en el mar. Su creador fue el hijo de Lady Doji, el Kami cuyo nombre llevo. Su nombre fue Doji Yasurugi, y si la desgracia no hubiera cambiado su destino, habría sido el Trueno de la Grulla.”


”Y vos creéis que la espada que portáis ahora es Chukandomono,” dijo Sekawa.


”Pero vos creéis que la espada que los servidores de mi madre encontraron fue Jonetsu,” respondió Kurohito, fijando su helados ojos azules en el Campeón de Jade.


”No estoy seguro,” respondió Sekawa. “Si me permitís examinarla...”


”No examines a la espada, Sekawa, examina al hombre,” replicó Kurohito. “Eres un shugenja. Mírame. Las leyendas sobre Jonetsu son muy conocidas en mi familia. ¿Parezco el tipo de hombre que sucumbe ante esas tonterías, que cogería un arma tan peligrosa sin darse cuenta del peligro?, ¿Crees que mi esposa, la propia hija del Trueno, me permitiría empuñar semejante arma, tan peligrosa?”


Sekawa permaneció quieto durante largo tiempo. No apartó sus ojos de la fría mirada del Campeón Grulla. Le pareció ver algo allí, en la parte más profunda del alma de Kurohito, y asintió.


”No, no lo creo,” dijo Sekawa, moviendo la cabeza. “Pero estoy confundido. Como vos decís, las leyendas sobre las Espadas de Sangre son muy conocidas. Conocéis lo rápido que vuelan los rumores. Puede que no sea la única persona que sospecha que lleváis la maldición de Iuchiban.”


Kurohito asintió. “Me doy cuenta de ello.”


”Podéis aliviar el miedo de la gente de forma muy sencilla,” dijo Sekawa. “Podéis mostrarles la verdad.”


Kurohito habló con desdén. “¿Porque debería hacerlo? Los otros clanes nos desprecian porque nos ven débiles o nos temen por nuestro verdadero poder. ¿Porqué debo quitarles ese temor? Aquellos a los que dirijo ya conocen que tipo de hombre soy. Saben que mi juicio es puro, mi honor es verdadero. ¿Por los demás? Esos rumores sólo les dan más razones para que recelen de nuestro poder.”


”Ya veo, mi señor,” asintió Sekawa. “Pido disculpas si mi curiosidad os ofendió.”


”Bah,” dijo Kurohito con un brusco movimiento de su mano. “Es vuestro deber. No esperaría menos.” El señor de la Grulla hizo una pausa, sus ojos encontrándose de nuevo con los de Sekawa. “Pero estás avisado Sekawa. Ahora que conoces mi secreto, guárdalo. Es mejor no meterse conmigo.” Ninguna traza de emoción se reflejaba en los ojos de Kurohito, ningún posible atisbo de pasión.


”Por supuesto, mi señor,” replicó Sekawa, su voz reducida a un simple murmullo. Doji Kurohito podía no ser un peón de la magia oscura, pero ciertamente era un hombre al cual temer. Sekawa se disculpó, y mientras cerraba las mamparas de shoji, el campeón de Jade ya estaba recitando el conjuro que lo transportaría a su siguiente destino.


Sin preocuparse ya por él, Kurohito volvió a sus prácticas.

(traducido por Shosuro Gesseri)


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