El viaje más lindo de mi vida.

Para ser franco no sé como empezar esto, lo único que tengo claro es que quiero manifestar lo feliz que me sentí y que me siento por haber vivido el "viaje" más lindo de mi vida. A todo el mundo le he manifestado lo grandioso que viví y con sólo mirarme creo que entienden que no es algo reproducible pero trataré en lo posible de explicarlo.

Lo que viene a continuación lo escribí estando allá (la familia Porfiri es testigo) y lo hice pensando en mi pareja y en el amor que le tengo a Central. Cuando digo amor no es por hacerme el lindo (como se dice en Chile) sino que es para manifestar lo que siento por ella y por el canalla.

Todo empezó en Febrero, en el instante mismo luego del partido contra el cuervo me llamó Gerardo, estando yo de vacaciones en la cuarta región, y me dijo: "prepárate para semana santa porque nos vamos a Rosario". Desde ahí comencé a preparar todo en términos de permisos en el trabajo y en la casa. No hubo ningún problema afortunadamente.

Al comenzar el viaje junto a la espectacular familia de Gerardo, sentí que a partir de ahí mi vida cambiaría, y no me equivoqué. En el agotador trayecto nos tocó mucha lluvia pero en ningún caso enfrió (como lo haría un pingüino) mi entusiasmo ni mi corazón por estar pronto en la tierra bendita que vió nacer a Central. Al momento de llegar a la gran Villa Amelia, que todo el mundo debería conocer, sentí el calor inmediato de su gente. No tardaron ni un solo segundo en manifestarme su afecto. Estaré siempre agradecido.

Al día siguiente, Gerardo me llevó a Rosario porque nos íbamos a encontrar con el Colorado Vasquez. Desde ahí partió un paseo por la ciudad sin antes pasar a buscar a otro gran personaje canalla, Rubén Lancieri. Todos juntos fuimos por los barrios rosarinos y en cada esquina donde hubiera un mural relacionado a Central, nos bajábamos del auto y nos tomamos las fotografías correspondientes. Al llegar al barrio de Pichincha, tanto el Colo como Lancieri me ilustraban acerca de la antigua vida que alguna vez tambien frecuentaron. Posteriormente llegamos al Templo Sagrado de Central y la emoción que me inundó fue algo realmente inexplicable. Por primera vez estaba en el estadio mundialista con el que tantas veces soñé. Traté de grabar cada instante y cada rincón del lugar con la firme idea de hacerlas mías y compenetrarme con todas las alegrías que de él emanan. Fue todo fantástico.

Prosiguiendo con el relato, llegamos a visitar el Complejo donde juegan las inferiores, el viento calaba los huesos pero debo reconocer que al ingresar sólo percibía una cosa, la sensación de agradecimiento y reconocimiento a todos aquellos que hicieron posible que yo estuviera ahí. No existe nada comparable.

Siendo ya día sábado compartí junto a la nutrida, entretenida y acogedora familia Porfiri lo que es comer un verdadero asado de un lechón que sabía a algo exquisito, jamás había probado algo así, pero estoy claro que la compañía influyó ciertamente en que éste fuera más exquisito aún. Debo hacer un alto en este punto, porque también conocí a los suegros de Gerardo, con quienes compartimos unas botellas de Ganzia (para ser franco fueron más de unas cuantas) pero lo más enriquecedor fueron las prolongada conversaciones sobre las respectivas situaciones políticas, sobre los personajes particulares de cada país y obviamente de cómo me había convertido en CANALLA. Esa noche fue espectacular y al momento de ir a dormir ya sentía lo que se venía para el día siguiente: el tan esperado bautismo canalla, y mejor que eso todavía, se trataba de MI BAUTISMO CANALLA.

A la mañana siguiente desperté antes de lo frecuentado para ser domingo, y nos encontramos con el gran amigo Ricardo Piazzi, había llegado desde Santiago el día anterior y nos llevó el periódico donde salió la nota de la caravana chilena que salía rumbo a Rosario. Supongo que todos ya la habrán visto. Luego me llevó a una localidad cercana llamada Coronel Dominguez, donde conocí a personas tan acogedoras como las que ya había conocido, y de ahí partimos a la casa de Ricardo donde almorzaríamos con su familia y posteriormente partir al Gigante. Un gran agradecimiento a cada uno de ellos por su hospitalidad y por el presente que me entregaron al volver del Estadio.

En caravana partimos al partido y por la ruta ya se sentía la pasión que se vive en la ciudad cada vez que juega Central. Todos de azul y amarillo, aunque no faltaban los gallinas cacareando por ahí. Al ingresar al templo canalla, se me erizaron los pelos y la emoción que me llenó por dentro fue la más grande que he sentido en mi vida futbolera. Insisto en decir que es algo inexplicable, jamás lo olvidaré, y al volver a Chile he tratado por todos los medios de hacer entender lo que fue estar ahí. En estos instantes se me ha vuelto a poner la piel de gallina (ojo que no es por River) y me emociono con tan solo recordarlo. Lo más grandioso fue la entrada del equipo a la cancha, los papeles picados que me recordaron mi niñez viendo los partidos del Mundial, las banderas y principalmente la gigante haciendo alusión al 3º grande, pero lo que más me llamó la atención fue el fervor de la gente, la pasión y la incondicionalidad posterior al ver que el partido no resultaba como queríamos. En cierto modo el resultado fue una anécdota porque lo que sentí no puede ser igualado y ni siquiera comparado con emoción alguna.

De verdad que este ha sido el "viaje" más lindo y más emocionante que he realizado, y todo se lo debo a la gente, a quienes hacen a Central la institución más maravillosa del mundo. GRACIAS TOTALES y VAMOS CENTRAL MIERDA!!!!!!!

René Esteban Briones Bahamondes, chileno y canalla de corazón.

Rene en la ciudad deportiva

La cancha donde juegan nuestras inferiores en la ciudad deportiva.

El caribe canalla. El gigante de fondo.

Abriendo la puerta para ver el gigante por primera vez en vivo.

Dentro del estacionamiento del gigante de Arroyito.

Junto a Ruben Lancieri en el barrio de Pichincha de Rosario.

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