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Mariana Hern�ndez
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                                              Abril, 28, 2002.

Lo que acaba de ocurrir en Venezuela requiere ser examinado con mucho cuidado, no s�lo y no tanto por sus implicaciones sobre las circunstancias locales, sino ante todo respecto del contexto global y  de sus tendencias y opciones alternativas.

Si aquellos sucesos han desembocado en un resultado dif�cilmente esperado por la mayor�a de los observadores del mundo y de Am�rica Latina, se debe a que su elemento clave era - en el escenario armado por la victoriosa contrarrevoluci�n mundial que se llama globalizaci�n � a�n m�s dif�cilmente esperado: la decidida acci�n de las masas populares que logr� la alianza de determinadas fracciones militares para derrotar a la quiz�s m�s feroz reacci�n burguesa de hoy en toda Am�rica Latina.

Es necesario no perderlo de vista: es la primera victoria de las masas populares en Am�rica y en el mundo en muchos a�os. Eso es sin duda mucho m�s importante que todo lo dem�s en la escena venezolana, incluido el propio Ch�vez. Por eso, sostener, afirmar y ahondar esa victoria es no s�lo importante para lo que venga en Venezuela, sino, por encima de todo, porque de ese modo podr�a constituirse en el preludio y el  s�mbolo del comienzo de un nuevo horizonte para las v�ctimas de la voracidad
capitalista neoliberal y de la imposici�n del imperialismo global.           
                 --

 
  La escena Mundial

En la escena mundial, las m�s perversas y oscuras fuerzas del actual patr�n de poder avanzan, hasta aqu� sin resistencia eficaz, barriendo a su paso todos los derechos sociales conquistados por los trabajadores en cientos de a�os, desmantelando los parapetos institucionales que hab�an sido establecidos para defenderlos, fragmentando y dispersando sus agrupamientos sociales y pol�ticos, des-democratizando y des-nacionalizando sociedades y estados, polarizando de modo extremo la poblaci�n mundial entre un pu�ado de ricos y una creciente mayor�a de pobres cada vez m�s empobrecidos, todo a favor de la voracidad
predatoria de la especulaci�n financiera y del control imperial de la autoridad pol�tica mundial por un peque�o grupo de estados y de grupos capitalistas imperialistas.

Dichos estados y grupos capitalistas forman ahora un Bloque Imperial  Global, una suerte de gobierno mundial invisible bajo la total  hegemon�a de Estados Unidos y procuran reducir a los dem�s estados a servir de correas de transmisi�n y de administraci�n local de los intereses imperialistas, como en Argentina o como en Per� durante los �ltimos 15 a�os, sin duda los m�s flagrantes ejemplos en Am�rica Latina.

La pregunta obvia en todo el mundo es si estas fuerzas van a continuar indefinidamente concentrando bajo su control los recursos, las riquezas, los productos, los ingresos, la libertad del mundo, mientras del otro lado crece una poblaci�n cuya mayor�a ya no dispone inclusive de medios de sobrevivencia, ya que cientos de miles de sus ni�os mueren diariamente de hambre.

Y si, de otro lado, sus obvios designios de re-colonizaci�n global del mundo, acelerados despu�s del infausto 11 de setiembre pasado, no podr�n ser detenidos; si el holocausto palestino y la re-colonizaci�n de los pueblos de esa regi�n no ser�n contenidos; si los planes de control directo de regiones enteras en Am�rica Latina como la andino-amaz�nica, usando como plataformas los propios territorios de estados ahora virtualmente satelizados o en pleno curso de serlo, como Per� , tampoco
podr�n ser contenidos.
EL LUGAR DEL "CHAVISMO" EN LA RESISTENCIA MUNDIAL Y LA NUEVA DERECHA VENEZOLANA.
An�bal Quijano. Soci�logo peruano.
VENEZUELA:
�UN NUEVO COMIENZO?
Los enemigos del Chavismo.


Por otra parte, los enemigos locales del "chavismo" forman una nueva derecha en Am�rica Latina. Hay que recordar que en Venezuela, antes de la elecci�n de Ch�vez, la "derecha" era, en t�rminos generales, socialdem�crata, aunque diferenciada en los dos partidos que se alternaban en el gobierno durante casi 50 a�os, Acci�n Democr�tica, una parte del "aprismo" latinoamericano adherida a la Segunda Internacional despu�s de la Segunda Guerra Mundial, y COPEI, parte de la Democracia Cristiana, tambi�n socialdem�crata en los hechos aunque con discurso, estilo y algunas acciones algo m�s a la derecha que la de AD.

Mientras lo permit�a la renta petrolera de un pa�s que ocupa el cuarto lugar entre los pa�ses productores de petr�leo, unos 16 mil millones de d�lares anuales en los �ureos a�os de aquella socialdemocracia criolla, esa pol�tica se reprodujo sin sobresaltos hasta fines de los 80. Y no fueron desde�ables sus realizaciones, en la producci�n y distribuci�n universal de servicios sociales p�blicos, en la distribuci�n de ingresos, desigual pero universal durante d�cadas, la expansi�n de una clase media rentista y de un salariado conformista, ya que razonablemente bien pagado en sus capas altas, petroleras sobre todo, claro est�; la formaci�n de una burgues�a principalmente rentista y especuladora, bajo el manto del estado y de la renta petrolera.

En breve, una estructura social producida por y adherida a la  democracia pol�tica y a la pol�tica socialdem�crata. Sin embargo, no se expand�a  al mismo tiempo, ni en verdad se organizaba, una estructura productiva donde pudiera demandarse empleo masivo, producir una masa salarial importante y duradera, absorci�n y producci�n de tecnolog�a actual, generar mercado interno y en torno de todo ello una estructura social capaz de sostener la democracia burguesa en el pa�s. Por eso, la  debacle producida a fines de los 80 cort� bruscamente la reproducci�n de esa estructura de relaciones sociales, que se revel�, de ese modo, como casi epid�rmica.
La debacle

Fue producida por la succi�n de las rentas fiscales por los servicios de la deuda externa, por la desaforada corrupci�n fiscal, que no serv�a en este caso como un mecanismo de acumulaci�n interna, como  en el M�xico anterior a 1980, sino como un mecanismo paralelo de succi�n de la riqueza del pa�s. La "globalizaci�n" implic�, como en todas partes, la contracci�n de la capacidad productiva, otra que el petr�leo, y la disputa extrema por la distribuci�n de ingresos y del acceso al mercado de bienes y de servicios. Las consecuencias pol�ticas de esa tendencia fueron el "caracazo" de 1989, los intentos de golpe militar y el ascenso de la figura pol�tica de Ch�vez.

A primera vista pareciera que el "chavismo" es solamente el "estilo" de Ch�vez, vocal, estridente, prepotente, amenazante, y que por eso es percibido como un peligroso enemigo para la burgues�a, las capas medias asociadas y el salariado petrolero. Pero el discurso amenazante no es  un problema real o mayor en Am�rica Latina, menos a�n si es muy estridente.

Puede ser un buen pretexto para polarizar las diferencias, pero en Am�rica Latina hay una larga experiencia de c�mo manejarlo y domesticarlo, o, si no es posible, derrotarlo y castigarlo, como en el caso paradigm�tico de Alan Garc�a.

Por eso, la amenaza real en Venezuela no es Ch�vez, ni el estilo de sus discursos, tan pr�ximo al que manejan los "sanadores" que congregan a grandes multitudes populares en los estadios y plazas de Am�rica  Latina. La amenaza emergi� cuando ese discurso fue apropiado por las masas populares, por las v�ctimas de la polarizante distribuci�n de ingresos  y de acceso al mercado.
El Chavismo Actual.

El "chavismo" actual es la confluencia de las necesidades urgentes de las masas movilizadas con el estridente discurso del caudillo. Y eso, sin duda, s� es una amenaza real para los due�os del poder.

Dada la reducci�n de las riquezas a ser distribuidas y la concentraci�n regresiva de esa distribuci�n, como cuadran a la globalizaci�n y a su neoliberalismo, para la burgues�a global y sus socios locales es indispensable lograr la m�xima y m�s r�pida concentraci�n de ingresos. Para ello se requiere el control de la renta petrolera, ya que ninguna otra fuente de beneficios tiene la misma importancia en el pa�s, y la reducci�n del gasto fiscal en servicios p�blicos. Para eso necesitan el total control del estado.

Esa es la explicaci�n principal de porqu� la antes democr�tica, flexible y civil burgues�a local y sus capas medias en la prensa y en las instituciones p�blicas, se han convertido a toda velocidad en una fauna racista, pervadida de odio y de furia contra todo lo que signifique el desaf�o social "chavista".

Todo lo cual, por supuesto, es una ideal arena de manipulaci�n del imperialismo global. Y esa nueva derecha, ahora radicalmente antidemocr�tica, es precisamente la que se mostr�, desprendida de todo antifaz porque estaba segura de su victoria, durante el ef�mero control del gobierno que posibilit� el golpe de estado.


No quer�an dejar en pie ninguna instituci�n pol�tica producida por el "chavismo", no a pesar de que eran el producto de elecciones y decisiones democr�ticas genuinas, sino exactamente por eso: la democracia genuina, hoy, en Venezuela es lo que apoyan o conquistan las masas explotadas al extremo y a las que hay que dominar en extremo tambi�n para que contin�en sometidas.
LAS PERSPECTIVAS Y LAS OPCIONES
La profundidad y la violencia ahora inherentes al conflicto en y respecto de Venezuela, no han hecho sino acumularse m�s desde el  fallido golpe de estado, precisamente porque el imperialismo y sus socios y agentes locales no se enfrentan ahora a Ch�vez, sino a las masas populares aliadas a fracciones de las fuerzas armadas.

No hay que ser adivinos para saber que la ocupaci�n actual de la  alianza imperialista (el gobierno de Estados Unidos y la nueva derecha venezolana) es preparar las condiciones para un nuevo y exitoso asalto al control del estado.

Si la alianza imperialista tiene total �xito, las masas venezolanas y sus aliados, "chavistas" o no, ser�n sometidos, sin duda alguna, a un escarmiento. Esta afirmaci�n suena a exageraci�n, como en cada ocasi�n anterior. Pero no hay excepci�n hist�rica conocida a esa regla de los dominadores. Los colmillos que ense�aron en el fallido golpe crecer�n y la pr�xima vez estar�n m�s sedientos.

Preocupaciones

Como es obvio, la primera preocupaci�n de la posible nueva alianza popular (masas movilizadas, fracciones militares e intelectuales) emergida en esta ocasi�n tendr�a que ser impedir ese nuevo asalto de la nueva derecha venezolana y de sus aliados o, en todo caso, impedir su �xito. Respecto de eso, los comentarios, si no los an�lisis, que
circulan en la prensa de parte de los adversarios de esa nueva derecha, en su generalidad llaman a Ch�vez y al "chavismo" a una pol�tica m�s conciliadora con los adversarios.

Y tienen raz�n en un sentido muy preciso: no hay que ir desnudo a  morder al tigre. Esa fue, exactamente, la soberana estupidez pol�tica que cometi� Alan Garc�a el 28 de Julio de 1987. La historia posterior es conocida. En el caso peruano no estaban en juego las circunstancias mundiales, ni locales, que caracterizan la actual situaci�n venezolana.

La violencia F�sica.

La violencia f�sica no estaba, a�n, en la escena del conflicto social y pol�tico del Per�. Pero el capital, sobre todo financiero, destruy� la econom�a peruana totalmente y gener� una hiperinflaci�n elevada.

Fueron las consecuencias de ese procedimiento capitalista las que permitieron la elecci�n de Fujimori y la entrega total del pa�s a las fauces de la especulaci�n financiera y a la m�s amplia corrupci�n de su historia, y a los trabajadores a la dictadura, a la represi�n sangrienta, a la destrucci�n total de sus conquistas, inclusive de sus derechos b�sicos, durante una d�cada entera, mientras se desmantelaba la estructura productiva no-primaria, se desarticulaba y destru�a la estructura social que se hab�a ido formando desde
la Segunda Guerra Mundial y que trataba de encaminarse a la democratizaci�n y a la nacionalizaci�n de la sociedad y del estado.

Eso es, precisamente, lo mismo que ahora conduce, bajo un nuevo r�gimen salido de las urnas pero igualmente libre de masas pol�ticamente organizadas de manera aut�noma, a la satelizaci�n del estado peruano respecto del imperialismo global. En suma, las implicaciones de ese acto de estupidez pol�tica no son, finalmente, menos violentas. No tienen raz�n, sin embargo, si aseguran que esa conciliaci�n es lo que caracteriza la democracia.

Destruidas las condiciones sociales y econ�micas de la socialdemocracia en Venezuela, all� la democracia liberal no se podr� defender, menos estabilizar, sin una poderosa organizaci�n pol�tica de las masas populares venezolanas, y, por supuesto, sin ella podr�a ser a�n menos posible avanzar en la redistribuci�n del poder en que consiste, �nicamente, la afirmaci�n y la profundizaci�n de la democracia.

Las Masas populares Venezolanas.

Las masas populares venezolanas, como las de cualquier otro lugar del mundo actual sometido al pillaje imperialista globalizado, son, por cierto, un heterog�neo conglomerado de las v�ctimas de ese pillaje: desempleados, subempleados, trabajadores empobrecidos, sirvientes dom�sticos, gentes procedentes de las capas medias empobrecidas, incluidas gentes cuya vida tiene que hacerse en el gris espacio entre lo legal e ilegal, en su mayor�a habitantes delos "rancher�os" de los cerros.

A�n no abundan entre ellos, si ya los hay, trabajadores forzados, esclavos o para esclavos, como en las regiones m�s empobrecidas y m�s pobladas del mundo. Pero este es el nuevo proletariado emergente del actual estadio del capitalismo.

El hecho de que no se trate del "proletariado industrial" que estaba en formaci�n o en expansi�n en el per�odo anterior y en algunos pa�ses, no lo hace menos v�ctima del pillaje globalizado, ni lo hace menos interesado en la lucha contra los due�os del mundo, ni menos apto para organizarse y movilizarse, si bien las formas de organizaci�n y de movilizaci�n ser�n muy diferentes de las organizaciones centralizadas, verticales, burocratizadas, cuyas fracciones se disputaban el control, tambi�n caracter�sticas del largo per�odo anterior.
La Organizaci�n de las Masas es urgente.

La organizaci�n de esas masas es urgente e indispensable tambi�n para convertir el "chavismo" en una posibilidad genuinamente democr�tica, liber�ndolo de la relaci�n mistificada y mistificatoria de una parte delas masas dispersas e inorg�nicas con un caudillo con el peculiar estilo de Ch�vez.

Es indispensable igualmente para defender el proceso de los graves obst�culos, tropiezos y riesgos entra�ados en la arbitrariedad caudillesca y en el "estilo" personal de Ch�vez. Si se deja en manos de �ste el control absoluto del proceso en adelante, la derrota de la democracia de las masas es, casi seguramente, un desenlace pr�ximo, sea bajo esa nueva y ferozmente antidemocr�tica derecha venezolana, sea bajo un nuevo autoritarismo vertical del propio Ch�vez que lo lleve a enfrentarse a las presiones de las masas.

La organizaci�n pol�tica, aut�noma, de las masas, es sin duda tambi�n la manera real de permitir al propio Ch�vez la otra oportunidad que algunos comentaristas le proponen, que en verdad no puede ser diferente de aprender a trabajar con masas organizadas, negociar con ellas, avanzar con ellas, no s�lo hacer con masas pol�ticamente dispersas rituales "populistas" en las plazas. Esa es, finalmente, tambi�n la condici�n sine qua non para sostener, profundizar y ampliar la alianza de fracciones militares e intelectuales con los trabajadores pol�ticamente organizados del "chavismo".

De otro modo, la presi�n, el chantaje, la corrupci�n, sobre todo ejercidos sobre y entre los militares, ampliar�n pronto y sin remedio el campo del adversario.
Y quien Olvida


Nadie debe olvidar que las fuerzas armadas son el esqueleto mismo de la dominaci�n estatal, ni tampoco la vieja y difundida frase atribuida a Tayllerand: con las bayonetas se puede hacer muchas cosas, excepto sentarse sobre ellas.

Por todo eso, para que la experiencia reciente de Venezuela sea, de verdad, el momento del arco iris, del comienzo de un nuevo horizonte delas v�ctimas del capitalismo y del imperialismo, la organizaci�n pol�tica aut�noma de las masas empobrecidas, es el punto de partida, la condici�n misma de la trayectoria pol�tica que se requiere, que es indispensable ensanchar y profundizar, ahora, en ese pa�s. Por supuesto esta es tambi�n una tarea que corresponde a todos los otros pa�ses. Pero en Venezuela est�n a�n vigentes las especiales condiciones que debieran permitir su desarrollo.


Los venezolanos tienen, pues, una especial responsabilidad en esta historia. Si algo en verdad quiere decir lo bolivariano en la historia de Am�rica Latina, hoy no puede ser sino un nuevo momento del proceso de liberaci�n social de nuestros pueblos.
El puebllo reclama su presidente
El apoyo a la revolucion fue masivo
Los golpistas cayeron en la trampa de su propias mentiras
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