| NOCIONES DE ESCRITURA CREATIVA |
ENTREGA Nº 8
EL
SIMBOLISMO
La escuela simbolista se caracterizó por su verso
libre o casi libre, íntimamente musical, de ritmo psicológico, y la
expresión fluctuante y vaga, el contorno impreciso, la voluntaria niebla.
La palabra símbolo tiene actualmente un sentido muy distinto del que
tenía. En primer término, símbolo tuvo un sentido tradicional, amplio y al
mismo tiempo vago, que es el que podemos encontrar en libros del pasado.
Brunetiere lo define así: " El símbolo poético, es una ficción concreta,
representada, plástica, coloreada y movible, animada con vida propia,
personal, independiente, capaz en caso necesario de bastarse a sí misma,
de organizarse y desarrollarse; pero una ficción que tiene entera
correspondencia con una idea o sentimiento que envuelve, como las leyendas
de las antiguas mitologías".
En este caso aparece identificado
con una comparación prolongada, una serie de metáforas que se convierten
en alegoría.
El símbolo asume distintas funciones. A veces una
idea, otras un estado del alma y a menudo será el eco del mundo
inconsciente. Podrá ser una sola palabra un verso, una frase, una estrofa
o un poema entero.
El simbolismo llevaba en sus entrañas el
suprarrealismo.
Sus iniciadores
Tres grandes
poetas abren en Francia y en todo el mundo occidental los caminos de la
poesía contemporánea: Baudelaire, Mallarmé (foto en tope de página) y Rimbaud (ver próxima foto). Y sin embargo, sus
contribuciones son muy diferentes entre sí. Pero hay algo que los vincula
de alguna manera, que es común a todos ellos: el valor, a veces infinito,
que asignaron a las palabras; su intuición reveladora de la existencia de
un lenguaje específicamente poético.
Fuera de los
caminos que ellos trazaron no existe en realidad "la cuestión de la
poesía" como algo que valga la pena discutir y que tenga esencial
importancia para nosotros en nuestro tiempo. Antes de que los poetas
simbolistas hicieran su aparición sólo existía la poesía como arte
prosódico más bien convencional y decorativo, en el que a lo sumo, por una
especie de accidente, se escribieron algunas crónicas o se expresaron
algunos intentos de explicación de la realidad, o algunos preceptos
morales, o se estamparon sentimientos cívicos, patrióticos, eróticos,
metafísicos o religiosos.
Las revoluciones europeas de 1848
señalan el momento culminante a la vez que el fracaso del romanticismo
como movimiento estético, político y social. Esto coincide con el
desarrollo cada vez más acelerado de la revolución industrial y la
difusión del positivismo como fundamento de una visión científica,
filosófica y estética del mundo. Tal es la circunstancia histórica
cuando Baudelaire publica en 1857, "Las flores del mal". La Poesía ha
comenzado ha tener una voz, y esa voz es la del mal, por una singular
inversión que hace reaparecer, bajo un signo negativo, aquellas potencias
que la razón había rechazado como inquietantes o desintegradoras. Que la
palabra "mal" esté incluida en el título no es mera casualidad: ella
define la connotación que tendrá desde entonces esta poesía que halla sus
raíces en "el horror de la vida y el éxtasis de la vida", que se yergue
contra una mentalidad que quiere ver y quiere construir en el universo una
tecnología en la que se halla descartado o controlado todo elemento
aleatorio, donde "lo extraño", "lo irracional", "lo inconsciente", carece
de realidad efectiva en tanto sea "aclarado" por la razón, es decir,
asimilado a un contexto de interrelaciones conocidas, explicado,
incorporado a la racionalidad.
Para
Baudelaire (vea foto a su izquierda) , la belleza es "algo ardiente y triste", un estigma que el
poeta se ve constreñido a sobrellevar y que hace de él un ser
esencialmente demoníaco por cuanto está irremediablemente condenado, por
definición , a rebelarse contra una sociedad que ha sacrificado el libre
fluir de la vida a un orden establecido sólo con miras a la eficacia y la
utilidad. Es cierto que podemos encontrar antecedentes de esta actitud en
las reacciones contra el iluminismo del siglo XVIII en las motivaciones
más profundas del romanticismo, pero ella surge ahora con mayor nitidez ya
que son aún más concretas y definidas las condiciones históricas que ha
impuesto la civilización tecnológica. Esta tecnología, inclusive, ha de
tener en este momento se expresión como escuela poética con los
parnasianos, positivistas convencidos y artífices del verso fonéticamente
perfecto.
En las "Flores del mal" hay un soneto en el que luego
se verá el acta de fundación del simbolismo. Es el que se titula
"correspondencias". El tema es caro a Baudelaire, quien se había referido
a él ya en otras oportunidades: misteriosos vínculos unen en el universo
aquello que nuestros sentidos sólo perciben por separado. Pero el poeta
puede percibir esa ·unidad profunda" a través de símbolos que la expresan,
los simbolistas encontrarán más tarde en la búsqueda de "correspondencias"
la razón de ser de la poesía.
Para él todo el
universo es símbolo y así lo proclama en su soneto Correspondencias;
soneto que quince años después de su muerte fue vibrante evangelio
poético, porque encerraba en sus catorce versos las dos grandes conquistas
de Baudelaire: el símbolo y las correspondencias.
| CORRESPONDENCIAS |
| Naturaleza es templo donde vivos pilares dejan salir a veces tal cual palabras oscuras entre bosques de símbolos va el hombre a la ventura, que lo contemplan con miradas familiares. |
| Como
ecos prolongados, desde lejos fundidos en una tenebrosa y profunda unidad, vasta como la noche y cual la claridad se responden perfumes, colores y sonidos. |
| Así
hay perfumes frescos como carnes de infantes, verdes como praderas, dulces como el oboe, y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes, |
| de una
expansión de cosas infinitas henchidos como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe, que cantan los transportes del alma y los sentidos. |
Correspondencias: Baudelaire llevó al plano de la conciencia
un fenómeno psíquico antes simplemente presentido. Es decir, utilizado
rarísimas veces por los poetas de modo subconsciente. Esto equivale a
descubrirlo.
El fenómeno correspondencias cabe en estas
palabras: sensaciones diferentes -color y sentido- pueden expresar la
misma y única realidad esencial, sugerir un mismo sentimiento, evocar un
mismo recuerdo. Una nota baja en el piano, tiene parentesco con un color
sombrío, casi negro. Por lo tanto, ambas, nota y color, pueden evocar la
idea o el sentimiento de la Muerte, del Dolor, del Misterio. Son hermanas.
Los cinco sentidos humanos son distintas vías de acceso a un centro de
vibración íntimo y único, dentro del alma.
La búsqueda de
"correspondencias" será llevada a términos absolutos por Stéphane
Mallarmé, como también la noción de primacía del lenguaje y el
reconocimiento de la creación poética como acto esencial del ser humano.
Pudo superar la limitación de los parnasianos pero sin renunciar a la
perfección formal. Para él, escribir es obrar: un acto superior a los
demás actos. Las palabras pueden crear la realidad o por lo menos una
realidad superior. Y al conjugar este proyecto con el de "la explicación
órfica de la Tierra", el poeta se propone una tareas que roza los límites
de lo irrealizable.
Mallarmé busca expresar el misterio del
mundo mediante las correspondencias, las analogías, los símbolos. Pero
estos símbolos no son, en sí, expresivos, no son claves que designen una
idea u objeto. Por ello admiten diversas interpretaciones y en rigor de
verdad ninguna en particular.
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