| NOCIONES DE ESCRITURA CREATIVA |
ENTREGA Nº 5
EL ARTE
COMO ARTIFICIO
La poesía es una manera particular de pensar: un pensamiento
por imágenes; de esta manera permite cierta economía de fuerzas mentales,
una "sensación de ligereza relativa", y el sentimiento estético no es más
que un reflejo de esta economía. Para Potebnia y sus numerosos discípulos,
las imágenes tienen la función de permitir agrupar los objetos y las
acciones heterogéneas y explicar lo desconocido por lo conocido. La
conclusión de Potebnia se podría reducir a una ecuación: "poesía=
imagen".-
Potebnia no distinguía la lengua de la poesía de la
lengua de la prosa; a causa de esto no pudo percibir que existen dos tipos
de imágenes: la imagen como medio práctico de pensar, como medio de
agrupar los objetos, y la imagen poética, medio de refuerzo de la
impresión. La imagen fábula, la imagen - pensamiento, que nos ejemplifica
la niñita que llama a una bola "pequeña sandía", no es más que la
abstracción de una cualidad del objeto y no hay ninguna diferencia entre:
cabeza-bola y sandía-bola. Es un pensamiento, pero esta abstracción no
tiene nada que ver con la poesía.
La ley de la economía de las fuerzas creadoras pertenece también al grupo de leyes admitidas universalmente, pero estas fuerzas son limitadas, cabe pensar que el alma trata de realizar el proceso de percepción lo más racionalmente posible, es decir, con el máximo resultado. Esta ley es tal vez verdadera en un caso particular del lenguaje, esto es, en la lengua cotidiana a las de la lengua poética. Por este motivo debemos tratar las leyes de gasto y de economía en la lengua poética dentro de su propio marco, y no por analogía con la lengua prosaica.
Si examinamos las leyes generales de la percepción, vemos
que una vez que las acciones llegan a ser habituales, se transforman en
automáticas. Las leyes de nuestro discurso prosaico, con sus frases
inacabadas y sus palabras pronunciadas a medias, se explican por el
proceso de automatización. Los objetos no son vistos, sino reconocidos a
partir de sus primeros rasgos. Bajo la influencia de una percepción de ese
tipo el objeto se debilita, primero como percepción y luego en su
reproducción. En el proceso de automatización del objeto, obtenemos la
economía máxima de las fuerzas perceptivas: los objetos están dados por
uno solo de sus rasgos. La automatización devora los objetos, los hábitos,
las personas. Para dar sensación de vida, para sentir los objetos, para
percibir que la piedra es piedra, existe lo que se llama arte. La
finalidad del arte es dar una sensación del objeto como visión y no como
reconocimiento. El arte es un medio de experimentar el devenir del objeto:
lo que ya está "realizado" no interesa para el arte.
Al examinar la lengua poética, tanto en sus constituyentes fonéticos y lexicales como en la disposición de las palabras y de las construcciones semánticas constituidas por ellas, percibimos que el carácter estético se revela siempre por los mismos signos. Está creada conscientemente para liberar la percepción, del automatismo. El objeto no es percibido como una parte del espacio, sino, por así decirlo, en su continuidad. De este modo llegamos a definir la poesía como un discurso difícil, tortuoso. El discurso poético es un discurso elaborado. La prosa permanece como un discurso ordinario, económico, fácil, correcto.
PARTE PRACTICA
Otra vez 2x1 (es re-negocio)
A partir de la anterior entrega empezamos a publicar dos autores de los conocidos y uno que por ahora no. El primero va con un análisis de un maestro de escritores, mi maestro, Felix Della Paolera que publicara en la Reviste Sur hace unos 40 años. Con Ustedes, Dylan Thomas, Robert Frost, Flavio Crescenzi.
LA ELEGÍA
INCONCLUSA DE DYLAN THOMAS
Felix Della
Paolera
Dylan Thomas tenía la imagen de un padre inflexible, duro,
escéptico, distante. En verdad, siempre se sintió cohibido ante esa rígida
personalidad que, desde su infancia, le impuso una infranqueable lejanía.
Pero, antes de morir, esas ásperas notas fueron desdibujándose y se
trocaron en serena mansedumbre.
Dylan Thomas interpretó esa mutación como anticipo del final: su padre ya franqueaba el dominio de la muerte, esa lenta víspera en que se borra la personalidad antes de borrarse la persona. Hubiera preferido verlo encarnando hasta el último momento a aquel hombre rebelde y obstinado, con el que casi nunca pudo dialogar.
Y en unos hermosos endecasílabos instó a su padre a retomas su orgullos bravura, su agresivo desdén. El poema, compuesto en tercetos, se titulaba "NO VAYAS DÓCIL HACIA ESA BUENA NOCHE" y pertenece al período en que el autor buscaba un lenguaje más directo y acudía a la versificación tradicional.
La Elegía que hoy se publica y que, en cierto modo, completa el poema anterior, fue comenzada por Thomas poco después de expirar su padre. No se trata, sin embargo, de otra invocación a la rebeldía en el morir, sino que alude concretamente a la vida y a los días finales del anciano, lejos ya de su soberbia y sus vehementes arrebatos, resignado al cansancio, al cansancio, al olvido de sí mismo y al ámbito sombrío que su ceguera inicia.
Dylan Thomas murió sin acabar esta Elegía, pero sus manuscritos sirvieron para que pudiese reconstruirla Vernon Watkins, poeta también galés y entrañables amigo suyo.
Los primeros diecisiete versos estaban escritos por Thomas en el orden que aquí tienen; los restantes resumen innumerables borradores y para reordenarlos hubo que ceñirse al esquema formal de los primeros. Watkins admite que el ordenamiento pudo haber sido cualquier otro, y distinta también la longitud del poema; pero subraya la autenticidad de su versión al afirmar que no transcribe palabras ajenas a los manuscritos.
Debe concederse que el trabajo resulta coherente y que los
siete tercetos armados por Watkins se articulan sin violencia con el
estilo de los cinco primeros. La presente traducción apenas supone una
guía, un módico acercamiento a figuras estéticas casi intransferibles. Por
otra parte el ejercicio de un deliberado formalismo agrava aún más las
dificultades que la poesía de Dylan Thomas suele plantear al traductor.
Las aliteraciones ( "grass"/"grow"), las rimas internas ("...Young among
the long..."), el empleo simultáneo de estos procedimientos ("...Too proud
to die..."/"...too proud to cry.") y su alternativa ubicación en el
primero o segundo hemistiquio de los distintos versos, son valores que
solo se realizan plenamente en la lectura del texto inglés.
La versión en alejandrinos permite distribuir los acentos en forma bastante análoga a la del original, aunque lógicamente se debilita el efecto rítmico de un metro menor, en el que prevalecen los monosílabos. Con todo, es la métrica más breve en que el poema puede ser traducido, sin sacrificar conceptos y en función a una estricta fidelidad al sentido de la obra.
| ELEGÍA |
| Altivo hasta
morirse, murió quebrado y ciego del modo más oscuro, y ya no se
volvió, un afable hombre frío, bravo en su estrecho
orgullo |
| en tan oscuro
día. Oh, que al fin pueda siempre yacer, leve, en la última colina
atravesada, bajo la hierba, amando, y allí
reverdecer |
| entre largas
manadas, y ya nunca extraviarse ni cesar en los días sin cifra de su
muerte, aunque ansiaba ante todo el seno de su
madre |
| que era descanso
y polvo, y en el afable suelo la oscura ley mortal, ciego y sin
bendición. -Que no encuentre descanso, pero sí patria y sitio-
|
| rogué en su
humilde cuarto, junto a su lecho ciego en la callada casa, bordeando
el mediodía y la noche y la luz. Los ríos de los
muertos |
| inervaban su mano sobre la mía, y vi tras sus ojos cegados
las raíces del mar. (Un viejo atormentado casi del todo
ciego. |
| Yo no
soy tan altivo que no pueda gritar que Él y él nunca, nunca, de mi
mente se irán. Sólo llanto sus huesos, y escaso, salvo en
penas, |
| él
temía, inocente, morirse detestando a su Dios; pero él era algo que
era muy claro: un afable hombre anciano, bravo en su ardiente
orgullo. |
| Suyos
eran los muebles; sus libros eran de él. Ni aún siendo criatura se
sabe que llorase, ni tampoco esta vez, salvo a su oculta
herida. |
| De sus
ojos vi el último destello resbalar. Aquí entre la luz clara del
cielo señorial un anciano hombre ciego junto conmigo
va |
| transitando los prados del ojo de su hijo sobre quien mil
desdichas como nieve cayeron. Lloró al morir, al fin, temiendo el
son final |
| de los
cielos, el irse del mundo sin respiro: altivo hasta en llorar, débil
para ocultarlo, y preso entre dos noches, la ceguera y la
muerte. |
| Oh,
herida más profunda que todas, que muriese en tan oscuro día. Y
hasta pudo ocultar el llanto de sus ojos, altivo en
llorar. |
| Hasta
mi muerte, nunca de mi lado se irá. ) |
|
DYLAN
THOMAS |
| EL RUIDO DE LOS ÁRBOLES |
|
Me
asombran los árboles |
|
ROBERT FROST (traducción Enrique
Revol) |
Robert Frost nació en San Francisco, California, el 26 de marzo de 1874 Murió el 29 de enero de 1963. Obras publicadas "A boys'will", "A Witness Tree", " A masque of mercy", "In the clearing"
| NO
SEAS MUJER CONMIGO Por Flavio Crescenzi (Argentino contemporáneo) |
| No
seas mujer conmigo. Se alma, duende sirena, se fiebre así deliro, se trigo. |
| No
seas mujer conmigo. Las mujeres hieden, desaparecen, se quebrantan, hasta se alquilan. |
| Se un
amanecer romántico anhelado por mundos y jamás contemplado. Se frío, no importa. |
| No
seas mujer conmigo. S espacio, el respaldo donde pueda perpetuar mi muerte y morir sin saberlo. |
| Se
catedral, polen, flor y hasta abeja muerta heroicamente en espina por amar más de la cuenta a la inalcanzable rosa. |
| No
seas mujer conmigo. Se sexo sugerido, dame la posibilidad de hacerte el amor por los poros pensándote mar, hasta costa. |
| Se
cualquier cosa pero no seas mujer conmigo que yo hace mucho que dejé de ser hombre por vos. |
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