NOCIONES DE ESCRITURA CREATIVA



ENTREGA Nº 14

LA GENERACIÓN DEL 98
 
 
La España de finales del Siglo XIX, se caracterizó por el despertar de un intenso anhelo de renacimiento artístico y espiritual, del que fueron portavoces algunos escritores jóvenes: los que componían la llamada generación del 98.

Personalidades como Unamuno (foto a la derecha), Ortega y Gasset (siguiente foto), Azorín, Valle Inclán, Antonio Machado (última foto), Juan Ramón Jiménez y varios más, parecen superar en importancia a sus antecesores. El desastre político del año 1898 sumado a otras realidades como la guerra con los Estados Unidos, provocan este cambio del que tomará el grupo de escritores.

Las corrientes que afluyen a formar la nueva conciencia artística y el pensamiento nuevo son variadas, contradictorias y se entrelazan confusamente. Proceden además de casi todos los países de Europa, aunque en muchos casos lleguen a los escritores españoles a través de París. El artista y el pensador en desacuerdo con el medio que los rodea buscan por encima de las fronteras los espíritus afines.

Es una época de signo individualista, lírico, y en el arte, los valores de la creación estética se ponen por encima de sus fines sociales o ideológicos. Frente al arte por la idea, el arte por el arte. Frente a la observación y la descripción de lo externo - bases del realismo -, la sensación, el subjetivismo, los vagos anhelos del espíritu. El fin del arte no es ya tratar de reproducir con todos sus detalles el mundo que rodea al artista, sino sentir ese mundo y expresar o, mas bien, sugerir por medio de imágenes y símbolos, de percepciones delicadas y sutiles, la atmósfera, el ambiente y los estados de ánimo que esa atmósfera produce en el alma del artista.

El modernismo hispanoamericano bajo la influencia de diversas corretees, en particular francesas, crean las nuevas formas poéticas, que, unificadas por Rubén Darío, influirán en la renovación de la poesía española.

La generación del 98 halló un terreno propicio para que se oyeran sus protestas contra la generación anterior y contra el conformismo de las esferas oficiales y académicas. Su insatisfacción con todo lo que les rodeaba se confundió con la insatisfacción nacional y en ella hallaron estímulos para su afán revisionista y las numerosas interrogaciones que les inquietaban: artísticas, filosóficas, históricas y personales.

Por un momento todas las interrogaciones se funden en una sola: ¿Que es España? Desentendiéndose del pasado inmediato, van a buscar el alma de España en su tradición, en su lengua, en el fondo del pueblo, en sus grandes creaciones literarias, en el ambiente de las viejas ciudades, en el paisaje.

En rigor, aunque creyeron que estaban descubriendo el problema de España y que su busca era radicalmente nueva, se repite en ellos el caso de los ilustrados, de los románticos y de los realistas. Cada época había tratado de encontrar y entender las realidades españolas a su manera: los hombres del siglo XVIII, con afán de reformas concretas; los románticos, con preferencia por lo arqueológico y pintoresco; los realistas, en el estudio de las situaciones, el hombre y los conflictos sociales. Lo nuevo en los jóvenes del 98, es que buscan la realidad a través de su propio espíritu. Y cuando, obedeciendo al subjetivismo que flota en la atmósfera espiritual de la época, tornan los ojos hacia su intimidad, encuentran en ella, como motivo básico de su inquietud angustiada, la angustia de España.
 
 





 




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