NOCIONES DE ESCRITURA CREATIVA



ENTREGA Nº 13

EL MODERNISMO
 
 
La historia del modernismo va de 1880 a 1910 y ha sido contada muchas veces, He aquí lo esencial. El Romanticismo español e hispanoamericano , con dos o tres excepciones menores, dio pocas obras notables. Ninguno de nuestros poetas románticos tuvo conciencia clara de la verdadera significación de ese gran cambio. El romanticismo de lengua castellana fue una escuela de rebeldía y declamación, no una visión ( llamamos visión de especie superior a la creación poética ). Vemos que entre nosotros tampoco aparece la alianza entre sueño y vigilia; ni el presentimiento de que la realidad es una constelación de símbolos; ni la creencia en la imaginación creadora como la facultad más alta del entendimiento. En suma, falta la conciencia del ser dividido y la aspiración hacia la unidad.

 

Francia había sido la fuente de inspiración de nuestros románticos. Aunque en ese país el romanticismo no cuenta con figuras comparables a las de los germanos y sajones ( si se exceptúa a Nerval-foto en el tope de página- y a Victor Hugo del Fin de Satán ), la generación siguiente nos ha dejado un grupo de obras que, simultáneamente, consuman la tentativa romántica y la trascienden. Baudelaire y sus grandes descendientes dan una conciencia al romanticismo; además, y sobre todo, hacen de la poesía una experiencia total, a un tiempo verbal y espiritual. La palabra no sólo dice al mundo sino que lo funda. El poema se vuelve un espacio poblado de signos vivientes. En el último tercio del Siglo XIX las fronteras de la poesía, las fronteras con lo desconocido, están en Francia. En las obras de sus poetas la inspiración romántica se vuelve sobre sí misma y se contempla. El entusiasmo, origen de la poesía para Novalis (segunda ilustración), se convierte en la reflexión de Mallarmé: la conciencia dividida se venga de la opacidad de ese centro magnético que era la poesía francesa
( o tal vez por eso mismo) no se sintieron atraídos por la aventura de esos años. En cambio, insatisfechos con la tiesura imperante en España, los hispanoamericanos comprendieron que nada personal podía decirse en un lenguaje que había perdido el secreto de la metamorfosis y la sorpresa. Se sienten distintos a los españoles y se vuelven, casi instintivamente, hacia Francia. Adivinan que allá se gesta no un mundo nuevo sino un nuevo lenguaje. Lo harán suyo para ser más ellos mismos, para decir mejor lo que quieren decir.

 

En su primera etapa el modernismo no se presenta como un movimiento concertado. En lugares distintos, casi al mismo tiempo, surgen personalidades aisladas: José Martí, Julián del Casal (última ilustración), Rubén Darío, etc. No tardan en conocerse entre ellos y en advertir que sus tentativas individuales forman parte de un cambio general en la sensibilidad y el lenguaje. Poco a poco se forman pequeños grupos y cenáculos; brotan publicaciones periódicas; las tendencias difusas cristalizan y se constituyen dos centros de actividad, uno en Buenos Aires y otro en México. La muerte prematura ( acaso existen otras?) de la mayoría de los iniciadores, y sus dones de crítico animador convierten a Rubén Darío en la cabeza visible del movimiento.

 
 






 




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