Tercera Edad:

Un lugar especial para recomendar

por Roberto Pfister

Hace unos anos mi padre, Carlos Pfister, vivía en Bariloche, un lugar, como se sabe, maravilloso desde el punto de vista del paisaje. Sin embargo, el clima era un tanto rudo durante largos meses del ano: mucho viento y frió, nada bueno para un septuagenario todavía sano y con ganas de salir a caminar y estar al aire libre... así fue como, sumado esto a la situación de soledad en que vivía, llego el momento de pensar en un lugar con un clima más benigno, lo más bonito posible, donde mi padre pudiera estar cómodo y tener acceso a ciertos servicios que podrían ser necesarios en el futuro. Nos preguntamos cuál podría ser ese lugar, si es que existía... Y lo encontramos.

En Villa General Belgrano, en las sierras cordobesas, encontramos una residencia de características únicas (y esta no es solo una expresión mía, sino que la he oído decir aun de gente que ha venido de Europa y otros continentes a conocer el lugar). Allí, emplazada en un muy amplio terreno con vista a las sierras, se encuentran las instalaciones de la Residencia Privada Fundación Villa Champaquí, perteneciente a la Iglesia Evangélica del Rió de la Plata, a pocas cuadras de la terminal de ómnibus y del centro de ese hermoso pueblo con aires germanos, cuyos alrededores recuerdan en algo ala misma Selva Negra.

Varias opciones se ofrecen allí para personas mayores que buscan estar "contenidas", acompañadas por personas con sus mismos o parecidos intereses: casas de uno o dos dormitorios, living, cocina y baño, diseminadas en el amplio terreno, y departamentos de un ambiente con kitchenette y baño, conexión de TV por cable, con fácil acceso a otros servicios como la enfermería, el comedor, y otros salones de uso múltiple, en los cuales se ofrecen desde proyecciones de películas en video, hasta con-ciertos, clases de gimnasia, disertaciones, momentos de reflexión sobre temas religiosos y otros de interés general.

Existen también servicios de enfermería especial para personas que requieren de cuidado permanente, y hasta la posibilidad de departamentos para ir a pasar unos días o semanas "aprueba", para analizar la posibilidad de mudarse luego allí para siempre. También es posible pasar allí una especie de vacaciones mientras el resto de la familia se va de viaje o vacaciones hacia otros destinos. Paseos programados a los alrededores, algunos más cercanos y otros por periodos de mas días, hacen aun más atractivo el lugar y variados los pasatiempos.

Al principio, mi padre era algo escéptico frente a la alterativa de ir a un lugar así, hasta que llego el DIA en que se sintió "maduro". Gracias a Dios, en ese momento con sus mas de setenta anos, su salud todavía lo acompañaba, y fue así que habiéndose mudado hacia allí con las pertenencias que le eran mas queridas, equipo su nuevo hogar de manera muy, pero muy acogedora.

No paso mucho tiempo desde que llego y estaba fascinado, feliz. Una vez me reprocho: "Me tendrías que haber convencido de que viniera aquí antes". Pero no, esa era una decisión que él debía tomar, sintiéndose seguro y a gusto, y no presionado.

Debía cumplirse el tiempo para ingresar allí. Y muchos coinciden con este pensamiento: aquí no hay que venir cuando "ya no se puede más" (estar solo, o no poder ya valerse por sí mismo). Es un lugar tan maravilloso, que hay que aprovecharlo en lo posible cuando todavía sé esta con posibilidades de emprender algunas cosas propias, o no, de la edad.
Y así se instalo, y durante los anos que estuvo allí, vivió feliz. Cada tanto realizo viajes, algunos cortos, otros de varios meses, que lo llevaron varias veces a Alemania, Estados Unidos, etcétera, inclusive solo. Ya no debía preocuparse por dejar a alguien encargado de pagar cuentas de luz, teléfono, gas, agua, TV por cable... Allí encontró el lugar ideal donde todo eso esta cubierto y organizado sin costos adicionales. Con el transcurso del tiempo, hasta se amigo mucho con su vecina, con quien .compartió muchos hermosos momentos y también viajes. Nunca es tarde para recibir y dar cariño, ¿no?

Y ahora llego a un punto crucial: doy fe de que he ido en reiteradas ocasiones al Hogar, incluso me he quedado a dormir allí, he ido a comer en el comedor, donde la comida siempre es muy sana y sabrosa (elaboración supervisada por una simpática nutricionista), generalmente demasiado abundante, pero con posibilidades de recibir porciones de "dieta" o sin sal si se lo solicita.

Pero lo más importante del lugar son las personas que trabajan allí: desde la gente que trabaja en la cocina, la que limpia los pasillos, los jardines, las casas y departamentos, las enfermeras, la gente de la administración, el hombre multifunción que arregla todos los desperfectos. Y lo no menos importante: quien dirige el hogar, su director, un pastor con paciencia oído abierto a las inquietudes de los habitantes del hogar, quien no solo administra y organiza, sino también provee el necesario momento de reflexión espiritual para aquellos que lo desean. Nada es compulsivo ni obligatorio. Cada uno participa de aquello que le place.

Podría contar mas y más... pero con estas líneas he logrado resumir mi sensación de felicidad de saber que existe un lugar así, el cual puedo recomendar de corazón a quienes necesitan un lugar donde pasar anos de su vida en libertad, con servicios que incluyen no solo lo esencial, sino lo mas importante: el cariño y el amor al prójimo. Es por todo esto que con mis 42 anos me he ofrecido a convertirme en "promotor ad honorem" de la Fundación aquí en Buenos Aires, para que aquellos que deseen información adicional, tengan un contacto cercano aquí.

Alguien que leyó esta carta me dijo que yo pintaba todo demasiado perfecto... como demasiado lindo para ser verdad. Los aliento e invito a que vayan a conocer ese lugar sonado y juzguen si es así como lo describí.

Roberto Pfister

Tel.: Oficina +54-(0)11-4793-4062, particular +54-(0)11-4799-8002.
E-Mail: [email protected]

Publicado en REVISTA PARROQUIAL, Año106, Edición 1/2, Enero/Febrero 2001, Página 19



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